Ya no se trata de tolerancia, sino de aceptación. Tolerar es otra cara de la discriminacion.

El vocablo “Tolerancia” brota de todos lados estos días. Jefes de Estado y grandes dignatarios promueven la tolerancia, grupos religiosos practican la tolerancia, educadores en universidades y aulas de todo el mundo predican la importancia de la tolerancia.  Y no importa quien sea el que practica o predica tolerancia, el efecto parece ser siempre el mismo: tanto los individuos como los grupos asumen una superioridad moral por ser tolerantes.

Por ejemplo, un grupo de individuos ligados por una ideología compartida, en realidad se jacta de ser tolerante hacia otro grupo que coexiste en la sociedad. Es más, en alguno contextos el tolerante se declara superior al grupo tolerado. Y en ocasiones, la palabra tiene connotaciones de falta de respeto y a menudo desprecio hacia quienes son tolerados. Entonces, tolerar, ya sea a una persona, a un grupo o a una línea de pensamiento o ideología, implica en el fondo, que se trata de algo defectuoso, e imperfecto. Y la calificación de defectuoso o imperfecto deriva de la medida en que esa persona, ese grupo o ese pensamiento difiere de las creencias de uno.

Si bien la idea implícita en el concepto de tolerancia es que al permitir que grupos en conflicto puedan coexistir uno junto al otro, en lugar de ello la tolerancia capacita a grupos e individuos simplemente a reconocer que hay diferencias, pero sin examinarlas o explorarlas. De esta forma, la tolerancia niega a “los otros” una posición equiparable dentro de la sociedad, su legitimidad para la convivencia. Por consiguiente, antes que crear nódulos de solidaridad, el concepto de tolerancia proscribe la solidaridad al impedir la igualdad, y al hacerlo así promueve una relación entre dominante y  dominado.

Así, en lugar de hacer frente a prejuicios y discriminaciones, es la tolerancia la que promueve a los dos, en la medida que no sólo enfoca la atención, por ejemplo, sobre incompatibles posturas ideológicas, sino que también, tanto tácita como explícitamente, repudia a quienes son “los ideológicamente distintos”.

Acaso la solución sea practicar y predicar la aceptación antes que postular la tolerancia. De lo que se trata hoy es de crear un entimietno de solidadridad. Tal vez entonces, debiéramos poner menos atención en lo que hemos de tolerar y no tolerar y, en cambio, enfocar y examinar las diferencias como un medio de aceptarlas, antes que ocultarlas tras un concepto que las califica de inferior y las segrega.

La idea de tolerancia legitima nuestros prejuicios y, al hacerlo destruye todos los objetivos que persigue una sociedad democrática: igualdad para toda la gente, fraternidad y libertad. Aceptemosló!

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


Fuente: “Separados y Desiguales: La Virtud Irritante” en http://www.raoulwallenberg.net el 30 de agosto de 2004.
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2 respuestas a Ya no se trata de tolerancia, sino de aceptación. Tolerar es otra cara de la discriminacion.

  1. kathy dice:

    la tolerancia es un valor muy bueno porque nosotros debemos tolerar a los que nos toleran a nosotros

  2. daniel dice:

    La tolerancia en uno de los valores principales

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