Día Mundial del Síndrome de Down. 21 de marzo


Con esta celebración, se recuerda la dignidad, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual, como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades.  De todo ello no tengo dudas. Pero creo que lo maravilloso de la presencia de estas personas, es que precisamente, quienes no sean totalmente capaces de cuidar de sí mismos,  estén aquí para enseñarnos algo sobre la perfección del ser humano.

Creo que cuando un niño con capacidad diferente llega al mundo, por ejemplo con síndrome de Down, la perfección está en la forma de reaccionar de la gente ante ese niño.

Una tarde, un niño con síndrome de Down y su padre paseaban por un parque en el que estaban jugando un partido de béisbol unos chicos que el niño conocía del barrio. Y el niño le preguntó a su padre si lo dejarán jugar.

El padre sabía que la mayoría de los chicos no iban a quererlo en su equipo, pero ante la insistencia del niño y sabiendo que si po dejaban jugar le haría sentir bien, se acercó a uno de los chicos que estaban en el campo y le preguntó si podía jugar su hijo.  El chico interrogado miró a todos sus compañeros como buscando apoyo. Y como nadie dijo nada, lo decidió él solo y dijo: -Vamos perdiendo por seis carreras, y el partido está en la octava entrada. Supongo que puede venir con nuestro equipo, e intentaremos ponerlo a batear en la novena entrada.

El padre se quedó extasiado al ver la radiante sonrisa de su hijo. Al chico le dijeron que se pusiera un guante y que fuera a jugar al centro del campo. Todo había salido bien. Pero al comenzar la novena entrada la situación del partido había cambiado sustancialmente. Su equipo había remontado el partido, y su resultado final se decidiría en la última carrera. Si lograban batear y correr las bases ganaban un partido que parecía, un rato antes, totalmente perdido. ¡Pero ahora le tocaba batear al niño recién ingresado!

¿Dejaría el equipo que el niño bateara en tal situación y perder así la posibilidad de ganar el partido?

Sorpresa: al niño le dieron un bate y lo enviasron a batear. Todos sabían que era prácticamente imposible, porque si ni siquiera sabía sujetar el bate como era debido, mucho menos batear la pelota.

Sin embargo, el niño fue hasta la base del bateador y se aperstó a batear. Asombrosametne, el lanzador avanzó unos pasos para lanzar la pelota con suavidad para que el niño al menos pudiera tocarla. Llegó el primer lanzamiento; el niño blandió el bate torpemente y falló. Entonces, uno de sus compañeros de equipo se acercó a él y entre los dos sujetaron el bate a la espera del siguiente lanzamiento. Ninguno de los demás jugadores que estaban en la cancha dijo nada al respecto.

El lanzador nuevamente se adelantó unos pasos, esta vez un par más que antes para disparar con mayor suavidad. Así, cuando llegaba la pelota, el niño y su compañero de equipo balancearon el bate y juntos le pegaron a la pelota, que salió devuelta lentamente hacia el lanzador.

El chico lanzador recogió el tiro y fácilmente podría haber lanzado la pelota al jugador de primera base y el niño habría quedado fuera y habría acabado el partido, ganándolo. Pero el lanzador cogió la pelota y la disparó describiendo un alto arco, muy lejos del alcance del jugador de primera base. Todos se pusieron a gritarle al niño: -¡Corre a la primera base! ¡Corre a la primera!

El niño no había hecho semejante cosa en toda su vida. Correteó por la línea con los ojos como platos, asustado. Y cuando llegó a la primera base, el jugador extremo derecha tenía ya la pelota y podría haberla lanzado al jugador de la segunda base, que habría sacado al niño del juego, y que seguía corriendo. Pero hizo lo mismo que el lanzador y lanzó muy por encima de la cabeza del jugador de segunda base. Todos gritaron: -¡Corre a la segunda!

El niño se dirigió a la segunda base mientras los corredores que iban delante de él daban vueltas como locos en dirección a la meta. Cuando el niño alcanzó la segunda, el parador contrario corrió hacia él en dirección a la tercera base y gritó: ¡Corre a la tercera!.

Mientras el niño daba la vuelta a la tercera, todos los chicos de los dos equipos gritaron: -¡Corre a la base de meta!. El niño entró en la base de meta, y los dieciocho chicos lo llevaron a hombros, todo un héroe, como si fuera un auténtico «barrebases» que había hecho ganar a su equipo.

Ese día los dieciocho chicos, de ambos equipos, alcanzaron el nivel de perfección del ser humano.

¡Piensa Bien y saldrá bien!
D.O.

Fuente: Wayne W. Dyer  – El poder de la intención – Ed. Grijalbo.
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¿Te estas valorando positivamente?

“La manera que te tratas a ti mismo establece los parámetros de los demás para tratarte a ti”

Debemos tener en cuenta que valorarnos inadecuadamente puede llevarnos a situaciones que implican un grave riesgo para el bien-estar en  la vida (trizteza, depresión, alcoholismo, uso indebido de fármacos, etc.) y que dañan más frecuentemente a las personas que no se creen merecedoras de la felicidad.

La autoestima es la capacidad que tenemos las personas de valorarnos a nosotros mismos en una justa medida. Aprender a apreciarse a uno mismo consiste en reconocer las virtudes que nos caracterizan y a un mismo tiempo saber asumir los defectos.

La clave de la autoestima reside en comprender que ningún ser humano es perfecto y que a la vez, en todos existe un potencial positivo por desarrollar. Reconocer cada uno de nuestros valores positivos es un esfuerzo de autonomía que nos permite formarnos una idea clara de nosotros y saber cuáles son nuestros mejores recursos para avanzar en la vida y resolver los problemas que debemos enfrentar.

El principal requisito es la sinceridad: saber cuáles son nuestras ventajas y desventajas reales nos permite situarnos en el mundo, orientar bien nuestros esfuerzos y tomar decisiones. Al mismo tiempo nos ayuda a saber que somos mucho más de lo que pueden pensar los demás.

¿Cómo te ves tú a ti mismo? ¿Qué piensas de tu aspecto y tu cuerpo? ¿Cómo consideras tus propias capacidades?, son preguntas que deberíamos hacernos para comenzar a reconocernos. También debemos cuestionarnos ¿Qué hacemos cuando tenemos en las manos algo muy valioso e importante? Seguramente que lo trataremos con mucha responsabilidad y cuidado. Eso mismo debe ocurrir con nosotros.

Sin duda, que a  partir de que  reconocemos nuestro valor como personas, nos cuidaremos y  protegeremos para ser cada día mejor, conquistar nuestras metas y vivir nuestros sueños.  En otras palabras, iremos adquiriendo cariño y control sobre nuestra propia persona.

Por el solo hecho de vivir  nos merecemos todo lo mejor, y tenemos  derecho a las máximas oportunidades. Una buena forma de comenzar es reflexionar respondiendo a la pregunta:

¿Me estoy valorando positivamente?.

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Para vivir bien, conviene no olvidar que somos responsables.

“El cómo somos es siempre el presente de nuestra historia. Somos como hemos vivido.” H. Maturana.

Conviene no olvidar:

Que la Libertad es la facultad que tenemos todos los seres humanos de actuar de una manera o de otra, y de no actuar.

Que si bien no somos libres de elegir lo que nos pasa, como haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, somos libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo. Por ejemplo elegir obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, hacer las cosas bien o mal, hacer o no hacer, etc.

Que el “poder” que tenemos para elegir el que nos hace responsables, es decir, ser capaces de responder adecuadamente a todo lo que nos pide una respuesta de nuestra parte.

Que por lo tanto, somos los únicos responsables de hacer de nuestra vida un lugar mejor, favorable y conveniente.

Y que entonces,  ¡NO TENEMOS MÁS EXCUSAS! Podríamos tener temor, porque casi todo depende de nosotros, pero no EXCUSAS para no hacer lo que tenemos que hacer y que nos conviene hacer para vivir bien.

Prof. Daniel Olguin.

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¿Sabes qué?…, ¡la vida es una maravilla!.

“Y al final, ¿cómo es la cosa? ¿Uno lleva la vida por delante o la vida se lleva por delante a uno?” Mafalfda[i]

Nadia, era conocida por ser una persona religiosa y practicante de su fe, y por su participación voluntaria en cuanta actividad se realizara en la parroquia y el colegio religioso de su pueblo.

Nadia era parte del coro de adultos,  del bingo mensual para recaudar fondos, de  las celebraciones litúrgicas, de la limpieza de la iglesia, y de los festejos parroquiales. Era más fácil encontrar a Nadia en la parroquia, que en su propia casa.

Pero además Nadia era conocida por utilizar frecuentemente la frase “la vida es una maravilla”. Siempre que se le preguntaba sobre la vida. Nadia contestaba invariablemente“¿Sabes qué?…, ¡la vida es una maravilla!”.  Nadia no aceptaba jamás un concepto menor para definir la vida.

Y cuando se le preguntaba ¿que sentía siendo tan servicial?, Nadia contestaba: ¿Sabes qué?…, ¡la vida es una maravilla!.

Una vez, Pedro, el asesor espiritual del colegio, padeció una grave enfermedad que lo arrastró a una crisis espiritual. Y lo apartó  de sus gratificantes tareas habituales, las que además le proporcionaban su único sustento económico.

Nadia, quien siempre parecía estar atenta a participar en cualquier actividad de servicio, se ofreció a brindarle compañía, contención y sostén en esos malos momentos. Y Pedro aceptó gustoso su ayuda.

Cuando le preguntaron a Nadia ¿Porqué creía que Pedro había aceptado su ayuda, siendo él un líder espiritual de la comunidad? Ella sentenció escuetamente: ¿Sabes qué?..,¡la vida es una maravilla!.

Nadia pasaba su tiempo con Pedro conversando sobre la forma de encontrar un lado positivo a lo que le estaba pasando. Así,  le señalaba a Pedro lo maravillosa que puede ser la vida si se la sabe ver con la mirada adecuada. Lo exhortaba a preguntarse el “Para qué” de su situación y no sólo el “Porqué”. Le repetía constantemente que debía aprender algo importante de lo que le sucedía. Que debía intentar superar el obstáculo para lograr ser mejor persona, además de sanar físicamente.  Pedro, a su vez hacía un gran esfuerzo para salir de su difícil situación. Y la sola actitud de lucha le permitió mostrar lo que parecía un avance en su convalecencia.

Cuando se le preguntó a Nadia sobre su tarea y la aparente mejoría de Pedro, contestó pontificando,  ¿sabes qué?…, ¡La vida es una maravilla!

Al poco tiempo, Nadia convenció a las autoridades del colegio de que además de ayudar a Pedro, también podía reemplazarlo en el colegio y así no descuidar él importante trabajo que éste había realizado hasta caer enfermo. Nadia ocupó entonces el puesto de Pedro en el colegio, y comenzó a cobrar por su trabajo un salario similar al que aquel percibía.

Cuando le preguntaron ¿A qué atribuía que le hubieran aceptado la propuesta de reemplazar a Pedro en sus importantes tareas? Nadia  volvió a señalar firmemente: ¿Sabes qué?..,¡la vida es una maravilla!.

Nadia por un tiempo realizó su asistencia a Pedro a la vez que también ocupaba su cargo de docente rentado. Pero Nadia disfrutaba cada vez más de su trabajo en el colegio, de los beneficios económicos que le brindaba, y del prestigio que ella creía haber adquirido a partir de su contratación. Después de todo estaba reemplazando al líder espiritual de la comunidad. Así, al cabo de dos meses ya se dedicaba exclusivamente a sus nuevas e importantes tareas.

Cuando le preguntaron a que atribuía su nuevo status, Nadia por supuesto contestó: ¿sabes qué?…, ¡la vida es una maravilla!

Al cabo del cuarto mes las cosas volvieron a ser como al principio. Felizmente Pedro se repuso de sus dolencias tanto físicas como espirituales, y pudo retomar su trabajo.  Todos esperaban ver a Nadia nuevamente en lo que habían sido sus anteriores tareas comunitarias, pero en cambio Nadia no volvió a participar de actividad alguna en su comunidad.

Y cuando le preguntaron ¿A que se debía su alejamiento?, Nadia contestó con firmeza y convicción: ¿Sabes que?.., ¡La vida es una porquería!.

Daniel Olguin.


[i] Ilustraciones y textos de Joaquín Salvador Lavado más conocido como Quino. Pensador, humorista gráfico y creador de historietas. Creador de Mafalda y de tantas otras caricaturas que durante varias décadas han encantado el mundo con un humor crítico, inteligente y siempre actual. Quino, nació en el año 1932 en la ciudad de Mendoza (Argentina). Recibió el sobrenombre desde chico, para diferenciarlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y dibujante publicitario con quien a los 3 años descubrió su vocación. En la década de 40, pierde su madre y su padre. Termina la escuela primaria y decide inscribirse en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, la cual abandonaría años después para dedicarse a dibujar historietas y humor. En 1954, luego de instalase precariamente en Buenos Aires y deambula por las redacciones de todos los diarios y revistas en busca de empleo. La revista “Esto Es” publica su primera página de humor gráfico. Desde entonces y hasta el día de hoy continúan siendo publicados ininterrumpidamente sus dibujos humorísticos en una infinidad de diarios y revistas de América Latina y Europa. En 1963 lanza su primer libro de humor, Mundo Quino, una recopilación de dibujos de humor gráfico mudos. En 1964 aparece Mafalda por primera vez y a partir de entonces fueron lanzados varios libros en la Argentina y en el extranjero. Viajó a varios países divulgando su trabajo y recibió diversos premios de nivel internacional, entre ellos el de dibujante del año, en 1982. Actualmente publica dibujos inéditos en la revista semanal del diario Clarín.
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¿Queremos una vejez productiva? ¡Comencemos hoy!

“Es desdichada la vejez que necesita defenderse con discurso. Ni las canas ni las arrugas pueden adquirir autoridad de repente, si no que es la vida anterior vivida  con honestidad la que recoge los frutos del prestigio.” Cicerón (106 a. C – 43 a. C)

Los principios son leyes naturales entretejidas en la trama de todas la sociedades a lo largo de la historia, y que incluyen las raíces de toda familia que haya perdurado,  y el grado de certeza que le demos a nuestras creencias y creaciones mentales, no altera su existencia. Tales principio son evidentes por sí mismos y existen en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de que éstos los reconozcan o no.

Ahora bien, los principios no son prácticas. Una práctica es una actividad o acción específica, y una práctica que da resultado en cierta circunstancia no necesariamente lo dará en otra. Por ello, mientras que las prácticas son específicas de las situaciones, los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación universal. Y se aplican a los individuos, y a las familias, de todo tipo.

No podemos quebrar los  principios o leyes naturales. Lo que podemos hacer es quebrarnos nosotros mismos intentando quebrarlos. En cambio, una vida centrada en principios es el fundamento más estable sobre el que podemos formarnos. Poner en primer lugar los  principios, es la llave para lograr lo mejor en todas las demás áreas de nuestra vida.

Para captar rápidamente su naturaleza evidente y permanente, basta con considerar el absurdo de tratar de vivir una vida efectiva basada en sus opuestos. Considerar seriamente que la mala fe, el engaño, la bajeza, la inutilidad, la mediocridad o la degeneración sean una base sólida para la felicidad o el éxito duraderos.

La integridad y la honestidad son principios que crean los cimientos de la confianza, que es esencial para la cooperación y el desarrollo personal a largo plazo. La rectitud, a su vez es un principio a partir del cual se desarrolla todo nuestro concepto de la equidad y la justicia. El servicio o la idea de contribuir también lo es. Otro principio es la dignidad humana; todos los hombres han sido creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, contándose entre ellos los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Existe también el principio del potencial, la idea de que tenemos una capacidad embrionaria y de que podemos crecer y desarrollarnos, liberando cada vez más potencial, desarrollando cada vez más nuestros talentos. Y muy relacionado con el potencial está el principio del crecimiento, que es el proceso de liberar ese potencial y desarrollar esos  talentos, con la necesidad correlativa de principios tales como la paciencia, la educación y el estímulo.

Asimismo el proceso de desarrollo es un principio básico. Simplemente es imposible violar, ignorar o abreviar el proceso de desarrollo. Ello es contrario a la naturaleza, y los presuntos atajos a los que accedamos no pueden conducir más que a la decepción y la frustración. Y a una vida desperdiciada.

El momento de construir nuestra vejez es AQUÍ Y AHORA, paso a paso con nuestros haceres cotidianos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Transformar el dolor en acción y crecimiento.

“Las tragedias de la vida debieran ser vistas como  parte de un sistema cósmico de desafío y trabajo que nos permite alcanzar los niveles más altos de felicidad y bondad” Menajen Mendel Schnnerson*

Creo que cuando aparece en mi vida una situación inesperada que además me causa dolor, está sucediendo algo similar a cuando se rinde un examen. Pero a diferencia de un examen académico, en los de la vida, sólo conoceré cual es la materia o el tema que debo rendir, recién cuando pueda responderme a mí mismo: ¿Qué me quiere enseñar lo que me está sucediendo? ¿Que debo aprender de esta situación?.

Recién entonces, cuando comienzo a fijar mi atención en en el ¿Para qué?, y no en el ¿por qué?, habré comenzado a superar mi examen o situación inesperada, y a manejar el dolor que me produce esa situación

En lo personal, para tales ocasiones recurro a mi manual básico para lidiar con situaciones inesperadas y dolorosas, que es “La historia de Manu”.

Manu, a los 8 años de edad sufrió un inesperado y muy grave accidente al traspasar corriendo una puerta ventana de vidrio más de dos metros de alto y otro tanto de ancho. Y que desde ese momento especialmente para Manu, pero también para sus padres, se sucedieron una serie de otras situaciones que incluyeron además de dolor, muchísimo miedo. Las múltiples heridas y los primeros auxilios sin saber el verdadero riesgo de las mismas; el raid desesperado en una ciudad desconocida en búsqueda de un hospital y las atenciones médicas durante las muchas horas de espera en una sala de guardia para finalmente ser intervenido quirúrgicamente; el traslado urgente a un centro de atención de mayor complejidad a casi mil kilómetros de distancia, y los tratamientos especializados; y los trabajos de recuperación, fueron algunas de ellas.

Pero Manu siempre permaneció, desde el principio, sin quejarse, sin desesperarse, atendiendo a las indicaciones, aclarando sus dudas, y manifestando una actitud hasta alegre ante lo que sucedía, diciendo que “Prefería ir a la colonia que estar lastimado en vacaciones”, o que “si fuese un súper héroe, volvería el tiempo para atrás para no chocar contra el ventanal”.

Sin embargo, los padres de Manu, quienes fueron acompañantes inseparables de su hijo y espectadores atentos a todo lo que sucedía, les impidió en principio reflexionar sobre el dolor, el miedo, la frustración, y hasta sobre la ira que sentían por todo lo sucedido.

Pero luego, poco a poco, comenzaron con el trabajo de intentar encontrarle un sentido a todo lo que les había sucedido. Y señalaban que observar a su hijo en la situación más dura de su joven vida, ver lo que hacía él con lo que le sucedía, su entereza y su disposición a los tratamientos, les había sido de utilidad para tomar consciencia de que el aquí y ahora es el momento válido para ser compartido con quienes se ama.

Que lo que puede soportar un niño en la adversidad hizo que revalorizaran más adecuadamente el significado de aquello que pensaban que eran el valor personal, la valentía, el coraje, el manejo del miedo, o como se llame a lidiar con el dolor y la desesperación.

Que el entorno de familiares y amigos en momentos de angustia y tensión les sirvió para ubicar el lugar de privilegio que se merecen la familia y la amistad en la escala de valores de cualquier persona.

Que la sucesión de personas desconocidas -tal vez en apariencia- que fueron apareciendo haciendo su aporte positivo, les sirvió para que seguir confiando en los seres humanos en general.

En definitiva, que todo les había servido también para sumir que si bien no pudieron salvar a Manu del accidente y sus consecuencias, sí pudieron ayudarlo, cuidarlo, y estar a su lado cuando más los necesitó, y que esa es la tarea más significativa que se puede experimentar como padres.

!Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

* “Hacia una vida plena de sentido”. Printing Books, 1999.
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Amigo del Alma.

Uno de los anhelos más profundos del ser humano es el de ser visto. Sólo nuestro Amigo del Alma, o según la cultura Celta, nuestro “Anam Cara”,  es el espejo más fiel en el que podemos reflejarnos, y sólo la integridad y la claridad de esa amistad verdadera dibuja el contorno real de nuestro espíritu.

“Anam Cara” significa alma gemela, amigo espiritual e íntimo, una persona a quien puedes revelar las intimidades más ocultas de tu vida, enmarcado por la creencia Celta espiritual de que hay almas en constante conexión y unión. En la tradición Celta cuando alguien se conecta con otra persona entregándose de forma íntegra y abierta (sabiendo que dispone de la confianza total de esa persona), sus dos almas comienzan a fluir juntas.

Por tanto, esta “simbiosis” significa un acto de reconocimiento y pertenencia que trasciende las convenciones establecidas por los hombres (como la moral) y las categorías definidas en la sociedad para cualquier tipo de relación entre dos personas. Uno está unido de manera remota y eterna con el “Anam Cara” y ese nexo despierta y fomenta una complicidad profunda y especial entre ambos que transforma su vínculo de unión en indisoluble.

Un rasgo significativo acerca del “Anam Cara” es que sólo aparece cuando hemos llegado a una determinada fase de madurez que involucra necesariamente la capacidad de reconocer nuestra propia luz interior. Esa capacidad nos hace reconocerla de forma inmediata.

Mientras que un aspecto místico de la verdadera alma gemela es que el inicio de estas relaciones requieren muy poco esfuerzo porque, por lo general, desde el primer contacto existe una sensación de conocer a esa otra persona, cosas sobre ella que no podrías saber ni entender sin haber tenido un contacto previo con esta persona.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:
John O´Donohue – Anam Cara “El libro de la sabiduría celta.
http://annlovereiki.blogspot.com.ar
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Hacer de Amigo.

“La única manera de encontrar un amigo es serlo”
Ralph Waldo Emerson

La amistad es una actitud. No se tienen amigos; sino que se “es amigo”. Impica siempre un Hacer. Hacer de Amigo. La vida es un acto que ejecutamos. Una actitud que adoptamos. Y en definitiva es una opción. Y tal como podemos elegir cómo vivir, también elegimos “ser amigables”.

Claro que hay niveles de amistad. Grados distintos. Pero la actitud amigable, el “hacer de amigo” crea el terreno adecuado para que la amistad nazca y crezca. Hacer amigos es donde germinan todas las amistades.

Hacer de amigo incluye transmitir confianza a cada uno y en cada encuentro. Regalar calidez por medio de nuestros gestos y palabras al tratar a los demás. Alegrarse por lo que al otro le alegra. Que nos importa el otro y su situación. Y que el otro puede “descansar”, porque lo aceptamos. No lo juzgamos ni criticamos. Nos involucramos en sus problemas sin dar consejos, y opinamos sólo si se nos solicita.

¡Seamos amigables!

No seríamos lo que somos sin los amigos.


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Hacer siempre lo mejor que podemos, es la cuestión.

Había una vez un hombre que quería superar su sufrimiento, de modo que se fue á un templo budista para encontrarse con un maestro que le ayudase. Una vez allí prguntó: «Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». El maestro le miró y le respondió: «Sí meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años». El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». A lo que el maestro respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años». Sin entender lo que había escuchado, el hombre preguntó:«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?», El maestro contestó al final: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz».

Bajo cualquier circunstancia, hagamos siempre lo mejor que podemos, ni más ni menos. Sin esfuerzo. Si intentamos esforzarnos demasiado para hacer más de lo que podemos, gastaremos más energía de la necesaria, y al final nuestro rendimiento no será suficiente.

Cuándo nos excedemos en lo que hacemos  nos agotamos y por consiguiente nos resulta más difícil y más duro alcanzar nuestros objetivos. Por otro lado, si hacemos menos de lo que podemos hacer, nos someteremos a nosotros mismos a frustraciones, juicios, culpas y reproches. Por ello limitémonos a hacer lo mejor que podamos, en cualquier circunstancia. Pero si hacemos lo mejor que podemos, no nos juzgaremos a nosotros mismos en modo alguno. Y si no nos juzgamos, no nos reprocharemos ni nos culparemos ni nos castigaremos .

Pero además si hacemos lo mejor que podemos, viviremos con gran intensidad. Estaremos actuando porque amamos hacerlo, no porque esperamos una recompensa. Emprender acciones cuándo esperamos una recompensa, es el motivo por el que no hacemos lo mejor que podemos. En cambio, si emprendemos la acción por el puro placer de hacerlo, disfrutaremos de cada cosa que llevamos a cabo. Es posible que incluso lleguemos a conseguir más de lo que hubiésemos imaginado, además de divertimos.

Se tratan de hacer, de actuar lo mejor que podemos y de intentar todo lo que podemos.

Debemos tener en cuenta que puede que tengamos grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditamos. O sea que, en principio, debemos ponernos en pie y actuar; y luego, aunque podemos fracasar, debemos levantarnos y recomenzar la acción y seguir adelante. No debemos compadecernos de nosotros mismos ni debemos ser duros con nosotros  mismos.

Levantémonos y establezcamos la siguiente regla: “Está bien, empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener lo acordado sólo por hoy. Hoy haré lo mejor que pueda”.

Empecemos de nuevo cada mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día nos parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubriremos que dirigimos nuestra vida hacia el desarrollo pleno como personas capaces de descubrir todo lo bueno que hay en mundo, gozarlo y defenderlo.

Hagamos siempre lo MEJOR QUE PODEMOS.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Extraído de  “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”, escrito por  el Dr. Miquel Ruiz quien sostiene que nuestra vida está gobernada por “acuerdos”, y que si nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar tales “acuerdos”. Afirma que existen cuatro “acuerdos” muy poderosos que nos ayudarán a romper aquellos otros que necesitamos cambiar. Los cuatro acuerdos son: Ser impecables con nuestras palabras. No tomarse nada personal. No dar nada por supuesto. Y hacer siempre lo mejor que podamos. Afirma que si bien se necesita una gran voluntad para adoptar los Cuatro Acuerdos, si eres capaz de empezar a vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa
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Cuatro acuerdos con los que nos conviene estar de acuerdo.

Un milagro no es más que un cambio de percepción. Marianne Williamson

Nuestra vida está gobernada por modelos, patrones o creencias que afectan la forma en que percibimos la realidad y la forma en que respondemos a esa percepción.

Todo lo que hacemos, decimos y sentimos esta relacionado con esos modelos. A tal punto esto es así, que si nuestra vida tal como la estamos viviendo no nos gusta, entonces necesitamos modificar nuestras creencias para cambiar nuestra vida.

Podemos, si queremos, y si deseamos el cambio, comenzar comprometiéndonos con nosotros mismos, acordando básicamente con cuatro acciones:

  • Ser impecables con nuestras palabras.
  • No dar nada por supuesto.
  • No tomarnos nada en forma personal.
  • Y hacer siempre lo mejor que podamos.

Ser impecable con nuestras palabras, estar atentos siempre a lo que decimos, es acordar que lo que salga de nuestra boca es lo que somos.
 Por lo tanto honrar nuestras palabras es honrarnos a nosotros mismos. Base del respeto ante los demás y ante nosotros mismos.

No dar nada por supuesto es acordar que si tenemos duda de o sobre algo, lo aclaramos.
 Si sospechamos, entonces preguntamos.
 Suponer nos hace inventar historias increíbles que sólo envenenan nuestra alma y que no tienen fundamento. Nos quita tranquilidad y muchos momentos felices.

No tomarnos nada personalmente es acordar que ni la peor ofensa, ni el peor desaire, ni la más grave herida, debemos tomarla personalmente. Quien ofende tiene una presión propia que descarga contra el ofendido, ya que no sabe cómo deshacerse de ella.
 Por ello en la medida que alguien nos quiere lastimar, en esa medida ese alguien se está lastimando a sí mismo. Básicamente debemos acordar que los demás hacen, y no nos hacen.

Hacer siempre lo mejor que podamos, es acordar hacer siempre lo mejor que podamos, de esta forma nunca podremos recriminarnos nada o arrepentirnos de nada.

Seguramente se necesitaremos de decisión y disciplina para suscribir y cumplir tales acuerdos, pero si somos capaces de vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa.

Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:   “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”, escrito por  el Dr. Miquel Ruiz

 

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