¿Queremos una vejez productiva? ¡Comencemos hoy!

“Es desdichada la vejez que necesita defenderse con discurso. Ni las canas ni las arrugas pueden adquirir autoridad de repente, si no que es la vida anterior vivida  con honestidad la que recoge los frutos del prestigio.” Cicerón (106 a. C – 43 a. C)

Los principios son leyes naturales entretejidas en la trama de todas la sociedades a lo largo de la historia, y que incluyen las raíces de toda familia que haya perdurado,  y el grado de certeza que le demos a nuestras creencias y creaciones mentales, no altera su existencia. Tales principio son evidentes por sí mismos y existen en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de que éstos los reconozcan o no.

Ahora bien, los principios no son prácticas. Una práctica es una actividad o acción específica, y una práctica que da resultado en cierta circunstancia no necesariamente lo dará en otra. Por ello, mientras que las prácticas son específicas de las situaciones, los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación universal. Y se aplican a los individuos, y a las familias, de todo tipo.

No podemos quebrar los  principios o leyes naturales. Lo que podemos hacer es quebrarnos nosotros mismos intentando quebrarlos. En cambio, una vida centrada en principios es el fundamento más estable sobre el que podemos formarnos. Poner en primer lugar los  principios, es la llave para lograr lo mejor en todas las demás áreas de nuestra vida.

Para captar rápidamente su naturaleza evidente y permanente, basta con considerar el absurdo de tratar de vivir una vida efectiva basada en sus opuestos. Considerar seriamente que la mala fe, el engaño, la bajeza, la inutilidad, la mediocridad o la degeneración sean una base sólida para la felicidad o el éxito duraderos.

La integridad y la honestidad son principios que crean los cimientos de la confianza, que es esencial para la cooperación y el desarrollo personal a largo plazo. La rectitud, a su vez es un principio a partir del cual se desarrolla todo nuestro concepto de la equidad y la justicia. El servicio o la idea de contribuir también lo es. Otro principio es la dignidad humana; todos los hombres han sido creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, contándose entre ellos los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Existe también el principio del potencial, la idea de que tenemos una capacidad embrionaria y de que podemos crecer y desarrollarnos, liberando cada vez más potencial, desarrollando cada vez más nuestros talentos. Y muy relacionado con el potencial está el principio del crecimiento, que es el proceso de liberar ese potencial y desarrollar esos  talentos, con la necesidad correlativa de principios tales como la paciencia, la educación y el estímulo.

Asimismo el proceso de desarrollo es un principio básico. Simplemente es imposible violar, ignorar o abreviar el proceso de desarrollo. Ello es contrario a la naturaleza, y los presuntos atajos a los que accedamos no pueden conducir más que a la decepción y la frustración. Y a una vida desperdiciada.

El momento de construir nuestra vejez es AQUÍ Y AHORA, paso a paso con nuestros haceres cotidianos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Transformar el dolor en acción y crecimiento.

“Las tragedias de la vida debieran ser vistas como  parte de un sistema cósmico de desafío y trabajo que nos permite alcanzar los niveles más altos de felicidad y bondad” Menajen Mendel Schnnerson*

Creo que cuando aparece en mi vida una situación inesperada que además me causa dolor, está sucediendo algo similar a cuando se rinde un examen. Pero a diferencia de un examen académico, en los de la vida, sólo conoceré cual es la materia o el tema que debo rendir, recién cuando pueda responderme a mí mismo: ¿Qué me quiere enseñar lo que me está sucediendo? ¿Que debo aprender de esta situación?.

Recién entonces, cuando comienzo a fijar mi atención en en el ¿Para qué?, y no en el ¿por qué?, habré comenzado a superar mi examen o situación inesperada, y a manejar el dolor que me produce esa situación

En lo personal, para tales ocasiones recurro a mi manual básico para lidiar con situaciones inesperadas y dolorosas, que es “La historia de Manu”.

Manu, a los 8 años de edad sufrió un inesperado y muy grave accidente al traspasar corriendo una puerta ventana de vidrio más de dos metros de alto y otro tanto de ancho. Y que desde ese momento especialmente para Manu, pero también para sus padres, se sucedieron una serie de otras situaciones que incluyeron además de dolor, muchísimo miedo. Las múltiples heridas y los primeros auxilios sin saber el verdadero riesgo de las mismas; el raid desesperado en una ciudad desconocida en búsqueda de un hospital y las atenciones médicas durante las muchas horas de espera en una sala de guardia para finalmente ser intervenido quirúrgicamente; el traslado urgente a un centro de atención de mayor complejidad a casi mil kilómetros de distancia, y los tratamientos especializados; y los trabajos de recuperación, fueron algunas de ellas.

Pero Manu siempre permaneció, desde el principio, sin quejarse, sin desesperarse, atendiendo a las indicaciones, aclarando sus dudas, y manifestando una actitud hasta alegre ante lo que sucedía, diciendo que “Prefería ir a la colonia que estar lastimado en vacaciones”, o que “si fuese un súper héroe, volvería el tiempo para atrás para no chocar contra el ventanal”.

Sin embargo, los padres de Manu, quienes fueron acompañantes inseparables de su hijo y espectadores atentos a todo lo que sucedía, les impidió en principio reflexionar sobre el dolor, el miedo, la frustración, y hasta sobre la ira que sentían por todo lo sucedido.

Pero luego, poco a poco, comenzaron con el trabajo de intentar encontrarle un sentido a todo lo que les había sucedido. Y señalaban que observar a su hijo en la situación más dura de su joven vida, ver lo que hacía él con lo que le sucedía, su entereza y su disposición a los tratamientos, les había sido de utilidad para tomar consciencia de que el aquí y ahora es el momento válido para ser compartido con quienes se ama.

Que lo que puede soportar un niño en la adversidad hizo que revalorizaran más adecuadamente el significado de aquello que pensaban que eran el valor personal, la valentía, el coraje, el manejo del miedo, o como se llame a lidiar con el dolor y la desesperación.

Que el entorno de familiares y amigos en momentos de angustia y tensión les sirvió para ubicar el lugar de privilegio que se merecen la familia y la amistad en la escala de valores de cualquier persona.

Que la sucesión de personas desconocidas -tal vez en apariencia- que fueron apareciendo haciendo su aporte positivo, les sirvió para que seguir confiando en los seres humanos en general.

En definitiva, que todo les había servido también para sumir que si bien no pudieron salvar a Manu del accidente y sus consecuencias, sí pudieron ayudarlo, cuidarlo, y estar a su lado cuando más los necesitó, y que esa es la tarea más significativa que se puede experimentar como padres.

!Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

* “Hacia una vida plena de sentido”. Printing Books, 1999.
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Amigo del Alma.

Uno de los anhelos más profundos del ser humano es el de ser visto. Sólo nuestro Amigo del Alma, o según la cultura Celta, nuestro “Anam Cara”,  es el espejo más fiel en el que podemos reflejarnos, y sólo la integridad y la claridad de esa amistad verdadera dibuja el contorno real de nuestro espíritu.

“Anam Cara” significa alma gemela, amigo espiritual e íntimo, una persona a quien puedes revelar las intimidades más ocultas de tu vida, enmarcado por la creencia Celta espiritual de que hay almas en constante conexión y unión. En la tradición Celta cuando alguien se conecta con otra persona entregándose de forma íntegra y abierta (sabiendo que dispone de la confianza total de esa persona), sus dos almas comienzan a fluir juntas.

Por tanto, esta “simbiosis” significa un acto de reconocimiento y pertenencia que trasciende las convenciones establecidas por los hombres (como la moral) y las categorías definidas en la sociedad para cualquier tipo de relación entre dos personas. Uno está unido de manera remota y eterna con el “Anam Cara” y ese nexo despierta y fomenta una complicidad profunda y especial entre ambos que transforma su vínculo de unión en indisoluble.

Un rasgo significativo acerca del “Anam Cara” es que sólo aparece cuando hemos llegado a una determinada fase de madurez que involucra necesariamente la capacidad de reconocer nuestra propia luz interior. Esa capacidad nos hace reconocerla de forma inmediata.

Mientras que un aspecto místico de la verdadera alma gemela es que el inicio de estas relaciones requieren muy poco esfuerzo porque, por lo general, desde el primer contacto existe una sensación de conocer a esa otra persona, cosas sobre ella que no podrías saber ni entender sin haber tenido un contacto previo con esta persona.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:
John O´Donohue – Anam Cara “El libro de la sabiduría celta.
http://annlovereiki.blogspot.com.ar
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Hacer de Amigo.

“La única manera de encontrar un amigo es serlo”
Ralph Waldo Emerson

La amistad es una actitud. No se tienen amigos; sino que se “es amigo”. Impica siempre un Hacer. Hacer de Amigo. La vida es un acto que ejecutamos. Una actitud que adoptamos. Y en definitiva es una opción. Y tal como podemos elegir cómo vivir, también elegimos “ser amigables”.

Claro que hay niveles de amistad. Grados distintos. Pero la actitud amigable, el “hacer de amigo” crea el terreno adecuado para que la amistad nazca y crezca. Hacer amigos es donde germinan todas las amistades.

Hacer de amigo incluye transmitir confianza a cada uno y en cada encuentro. Regalar calidez por medio de nuestros gestos y palabras al tratar a los demás. Alegrarse por lo que al otro le alegra. Que nos importa el otro y su situación. Y que el otro puede “descansar”, porque lo aceptamos. No lo juzgamos ni criticamos. Nos involucramos en sus problemas sin dar consejos, y opinamos sólo si se nos solicita.

¡Seamos amigables!

No seríamos lo que somos sin los amigos.


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Hacer siempre lo mejor que podemos, es la cuestión.

Había una vez un hombre que quería superar su sufrimiento, de modo que se fue á un templo budista para encontrarse con un maestro que le ayudase. Una vez allí prguntó: «Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». El maestro le miró y le respondió: «Sí meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años». El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». A lo que el maestro respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años». Sin entender lo que había escuchado, el hombre preguntó:«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?», El maestro contestó al final: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz».

Bajo cualquier circunstancia, hagamos siempre lo mejor que podemos, ni más ni menos. Sin esfuerzo. Si intentamos esforzarnos demasiado para hacer más de lo que podemos, gastaremos más energía de la necesaria, y al final nuestro rendimiento no será suficiente.

Cuándo nos excedemos en lo que hacemos  nos agotamos y por consiguiente nos resulta más difícil y más duro alcanzar nuestros objetivos. Por otro lado, si hacemos menos de lo que podemos hacer, nos someteremos a nosotros mismos a frustraciones, juicios, culpas y reproches. Por ello limitémonos a hacer lo mejor que podamos, en cualquier circunstancia. Pero si hacemos lo mejor que podemos, no nos juzgaremos a nosotros mismos en modo alguno. Y si no nos juzgamos, no nos reprocharemos ni nos culparemos ni nos castigaremos .

Pero además si hacemos lo mejor que podemos, viviremos con gran intensidad. Estaremos actuando porque amamos hacerlo, no porque esperamos una recompensa. Emprender acciones cuándo esperamos una recompensa, es el motivo por el que no hacemos lo mejor que podemos. En cambio, si emprendemos la acción por el puro placer de hacerlo, disfrutaremos de cada cosa que llevamos a cabo. Es posible que incluso lleguemos a conseguir más de lo que hubiésemos imaginado, además de divertimos.

Se tratan de hacer, de actuar lo mejor que podemos y de intentar todo lo que podemos.

Debemos tener en cuenta que puede que tengamos grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditamos. O sea que, en principio, debemos ponernos en pie y actuar; y luego, aunque podemos fracasar, debemos levantarnos y recomenzar la acción y seguir adelante. No debemos compadecernos de nosotros mismos ni debemos ser duros con nosotros  mismos.

Levantémonos y establezcamos la siguiente regla: “Está bien, empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener lo acordado sólo por hoy. Hoy haré lo mejor que pueda”.

Empecemos de nuevo cada mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día nos parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubriremos que dirigimos nuestra vida hacia el desarrollo pleno como personas capaces de descubrir todo lo bueno que hay en mundo, gozarlo y defenderlo.

Hagamos siempre lo MEJOR QUE PODEMOS.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Extraído de  “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”, escrito por  el Dr. Miquel Ruiz quien sostiene que nuestra vida está gobernada por “acuerdos”, y que si nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar tales “acuerdos”. Afirma que existen cuatro “acuerdos” muy poderosos que nos ayudarán a romper aquellos otros que necesitamos cambiar. Los cuatro acuerdos son: Ser impecables con nuestras palabras. No tomarse nada personal. No dar nada por supuesto. Y hacer siempre lo mejor que podamos. Afirma que si bien se necesita una gran voluntad para adoptar los Cuatro Acuerdos, si eres capaz de empezar a vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa
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Cuatro acuerdos con los que nos conviene estar de acuerdo.

Un milagro no es más que un cambio de percepción. Marianne Williamson

Nuestra vida está gobernada por modelos, patrones o creencias que afectan la forma en que percibimos la realidad y la forma en que respondemos a esa percepción.

Todo lo que hacemos, decimos y sentimos esta relacionado con esos modelos. A tal punto esto es así, que si nuestra vida tal como la estamos viviendo no nos gusta, entonces necesitamos modificar nuestras creencias para cambiar nuestra vida.

Podemos, si queremos, y si deseamos el cambio, comenzar comprometiéndonos con nosotros mismos, acordando básicamente con cuatro acciones:

  • Ser impecables con nuestras palabras.
  • No dar nada por supuesto.
  • No tomarnos nada en forma personal.
  • Y hacer siempre lo mejor que podamos.

Ser impecable con nuestras palabras, estar atentos siempre a lo que decimos, es acordar que lo que salga de nuestra boca es lo que somos.
 Por lo tanto honrar nuestras palabras es honrarnos a nosotros mismos. Base del respeto ante los demás y ante nosotros mismos.

No dar nada por supuesto es acordar que si tenemos duda de o sobre algo, lo aclaramos.
 Si sospechamos, entonces preguntamos.
 Suponer nos hace inventar historias increíbles que sólo envenenan nuestra alma y que no tienen fundamento. Nos quita tranquilidad y muchos momentos felices.

No tomarnos nada personalmente es acordar que ni la peor ofensa, ni el peor desaire, ni la más grave herida, debemos tomarla personalmente. Quien ofende tiene una presión propia que descarga contra el ofendido, ya que no sabe cómo deshacerse de ella.
 Por ello en la medida que alguien nos quiere lastimar, en esa medida ese alguien se está lastimando a sí mismo. Básicamente debemos acordar que los demás hacen, y no nos hacen.

Hacer siempre lo mejor que podamos, es acordar hacer siempre lo mejor que podamos, de esta forma nunca podremos recriminarnos nada o arrepentirnos de nada.

Seguramente se necesitaremos de decisión y disciplina para suscribir y cumplir tales acuerdos, pero si somos capaces de vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa.

Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:   “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”, escrito por  el Dr. Miquel Ruiz

 

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La amabilidad siempre vuelve en forma de sonrisa. Si lo deseamos se converte en la mejor forma de convivir.

Seguramente alguna vez nos sentimos ofendidos al ser tratado de un modo poco

cortés por otra persona. Y también, en alguna oportunidad la amabilidad de alguien nos ayudó a mejorar nuestro estado de ánimo.

Diariamente nos encontramos con personas en un permanente estado de mal humor, que no encuentran un motivo para sonreír y nunca se muestran cordiales y receptivos ante las peticiones de los demás. Y también nos encontramos con otras personas quienes tienen una predisposición natural a ayudar a todo el mundo, a escuchar pacientemente y ser amables en la mayoría de las ocasiones.

La cuestión es que tenemos el derecho de ser tratado con la máxima cortesía y amabilidad. Y es nuestra responsabilidad hacer lo mismo con los demás.

No tenemos  derecho a hacer sufrir a otros por el simple hecho de que estemos mal o irritables. Tampoco de manipular a los demás para que se responsabilicen por lo que a nosotros nos toca, ni de exigir que las personas que salgan siempre al encuentro de nuestras necesidades, expectativas o deseos.

Ser amables es vivir una actitud cordial, abierta y afectuosa conquienes nos rodean. Es un hacer cariñoso, afectuoso, gentil, cortés, agradable, servicial, afable, incluso gracioso y risueño. Y también es brindar atención y respeto a los demás.

Pero además la amabilidad es una virtud que muestra claramente la grandeza de quien la posee y que, por el contrario, resta humanidad a quien no se esfuerza en desarrollarla.

Utilicemos palabras y gestos amables. Destaquemos las cosas bien hechas de los demás. Escuchemos sus ideas y llegado el caso, no recriminemos de manera brusca ni violenta, expresemos en cambio nuestra disconformidad sin ofender.

Tengamos siempre a flor de boca palabras y frases mágicas como: “gracias”, “por favor”, “permiso”, “¿en que puedo ayudarte?”, “¿en que puedo serte útil?”. Y sonriamos, y miremos a los ojos al saludar en cada encuentro.

Un sencillo acto de amabilidad repercute en la toda red de relaciones que nos unen al mundo.

Llevar a la práctica una disposición afectuosa, complaciente y afable, no tardará en convertirse en una firme actitud que nos predisponga cotidianamente a pensar, sentir y comportarnos con amabilidad.

La amabilidad es de los valores que nos debe intresar adherir. son aquellas cualidades  trascendentes -que nos traspasan y elevan- que favorecen el desarrollo pleno como personas capaces de descubrir todo lo bueno y grande que existe en este mundo actual, de disfrutarlo, y en definitiva de encontrar el camino de la felicidad.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:
Javier Barragán – “Un gran valor individual: La Amabilidad”. http://publicalpha.com/un-gran-valor-individual-la-amabilidad/
Ricardo Arrieta Castañeda – “Derecho a la amabilidad”. Santa Marta, noviembre 17 de 2008. http://iusconstifil.blogspot.com/2008/11/derecho-la-amabilidad.html
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Mostrar a los jóvenes el camino ascendente es mostrar lo que hacemos en nuestro camino.

Coincido con quienes sostienen que, en general, los jóvenes de hoy representan la generación mas brillante y con mas talento que ha vivido en nuestro planeta. Tienen más capacidad de adaptación, más conocimientos, y más recursos que cualquier otra generación.

Ahora bien, el mundo en el que actúan estos jóvenes también es un mundo que podemos calificar como una aventura sin igual a otra anterior. Este mundo, el de ellos, exige competencias y cualidades indispensables en la personalidad de los jóvenes que les ayuden a encarar con éxito los constantes desafíos de su actualidad de cambios permanentes.

Es necesario que los jóvenes, básicamente, perciban que valen la pena ya desde chicos, que puedan hablar con confianza de sus problemas, y a que alberguen siempre sueños de grandeza. Pero no con la grandeza que se mide por la comparación entre las personas y se refiere a los cargos o los títulos, a premios, riqueza, fama, las graduaciones o los logros poco corrientes. Sino con la grandeza que tiene que  ver con la ética del trabajo, la integridad, el tratamiento de los demás, la motivación y el grado de iniciativa de una persona. Y que está relacionada con la personalidad, la colaboración, el talento, la creatividad y la disciplina.

Ello no sólo tiene que ver solamente con los aspectos académicos de una buena educación formal, sino que mucho esta relacionado con fomentar el desarrollo de la personalidad y el conocimiento de las capacidades básicas de la vida cotidiana. Con la valoración adecuada de sí mismo, del autocontrol, del manjeo de las emociones, de la adaptabilidad, la iniciativa, y el optimismo. Y en lo social, con el desarrollo de la empatía, del  servicio, de la creación de vínculos, el trabajo en equipo, la colaboración y la gestión de los cambios.

Ese es el desafío de los jóvenes actuales. Pero, ¿estamos atentos a reconocer y aceptar cual es el nuestro?, el de los adultos.

El panorama nos obliga a no quedarnos de brazos cruzados. Los adultos debemos comprometernos en ayudar a los jóvenes a desarrollar esas herramientas. No podemos esperar a que los jóvenes reconozcan sus problemas para recién mostrarles cual es el mejor camino que les permita relacionarse adecuadamente con los demás; enseñarles como deben organizar sus vidas, marcarse objetivos, cual es el modo de ser mas responsables.

Esa es la tarea de los adultos. La cual tiene posibilidades de éxito solamente si mostramos a los jóvenes el camino mostrándoles lo que hacemos nosotros en el el nuestro. Y ese es el verdadero desafío del adulto responsable. Porque no podremos mostrar lo que no hacemos

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Proveer el apoyo adecuado a la óptima transformación del adolescente en adulto incluye necesariamente la prevención y el manejo del consumo de alcohol durante la adolescencia.

Las experiencias que se tienen durante la adolescencia ayudan a “cablear” el cerebro para gestionar eficazmente las emociones e impulsos a lo largo de toda la vida adulta. 

Somos principalmente los padres quienes proporcionaremos o no, el ambiente de convivencia adecuado en el que las experiencias nuevas se conviertan  en “cableados” adecuados en el cerebro de nuestros hijos.

Por ello es primordial tener presente que consumir alcohol en la infancia y en la adolescencia es nocivo, independientemente de la cantidad o la frecuencia con que se haga. El alcohol genera daños en su organismo, los expone a mayores riesgos, y además es ilegal.

Sin perjuicio de que el consumo de alcohol afecta la memoria y el aprendizaje de los adolescentes, quienes tienden a obtener los más bajos resultados en su rendimiento escolar. Iniciar el consumo de alcohol antes de los 18 años aumenta la probabilidad del continuarlo en la adultez, así como la de recurrir a otras formas de adicciones.

Quienes inician el consumo de alcohol a los 14 años o antes, tienen un riesgo 4 veces mayor de presentar consumo problemático de alcohol y 10 veces más de utilizar otras sustancias, en comparación con los que empiezan a beber después de los 21 años

Pero además, la evidencia científica* señala, ya sin lugar a dudas, que el consumo de alcohol en menores de 18 años influye de manera negativa en el desarrollo del cerebro.

El cerebro termina su maduración alrededor de los 21 años. La corteza prefrontal del cerebro es la última en desarrollarse. Esta área se encarga de tareas como el control de impulsos, el raciocinio, el juicio, entre otras. Por ello no es lo mismo que un adulto se tome un trago de vez en cuando, a que un niño o un joven lo haga, pues el cerebro de de niños y adolescentes todavía no se ha desarrollado y por lo tanto no puede asimilar el alcohol de la misma manera que un adulto.

Los adolescentes que toman alcohol de forma abusiva, poseen un hipocampo, que es el órgano del cerebro encargado de la memoria, 10% más pequeño en comparación con jóvenes que no toman nunca, lo cual se evidencia en dificultades para aprender y almacenar nueva información.

Asimismo, como el alcohol llega a todo el cuerpo a través de la sangre, cuando el adolescente toma y además abusa del alcohol, el consumo puede hacerlo vulnerable a otros riesgos que afecten su salud y bienestar. Desde sufrir alteraciones en su desarrollo y crecimiento, hasta mayor probabilidad de ser víctima de delitos. El inicio del consumo a temprana edad aumenta las probabilidades de ser víctimas o estar vinculados con crímenes violentos

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

* Bellis MD, Clark DB, Beers SR. Hippocampal volume in adolescent-onset alcohol use disorders. Am J Psychiatry. 2000; (157). www.redpapaz.org 
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Convivir con adolescentes.

La adolescencia es el período en el que aprendemos a convertirnos en un adulto”

Los adolescentes se manifiestan con ferecuencia con impertinencia y falta de respeto.

Es que cuando transitamos la adolescencia las afirmaciones de independencia se presentan  con la falta del lenguaje necesario para expresar la complejidad de nuestras emociones. Por ello es habitual la respuesta automática de ¡No! o ¡Eso no es justo!, cuando se nos pide hacer algo o no estamos de acuerdo con lo decidido por un adulto.

Parece ser cierto que la sociedad actual refleja y fomenta estos comportamientos. Por ejemplo hay programas televisivos que muy a menudo muestran a descaradas estrellas adolescentes que reciben risas y aplausos a sus comentarios groseros dirigidos a los adultos, que a menudo son retratados como irrazonables y/o menos listos que los adolescentes. Y en muchos casos, esa clase de adultos son educadores.

Pero también es cierto que ante este panorama, la mayoría de los  adultos, nos conducimos entre estar preocupados por sofocar el reclamo desbordado de independencia de los adolescentes; por participar en una lucha de poder con ellos; sentirnos impotentes frente a las emociones bruscamente expresadas por los adolescentes, o simplemente no hacer nada al respecto.

Es importante que los adultos tengamos presente que los adolescentes, durante su adolescencia, deben aprender formas de detectar y controlar el comportamiento impulsivo y grosero. No sólo para hacer la vida más agradable para aquellos que los rodean actualmente, sino porque las experiencias que se tienen durante la adolescencia ayudan a “cablear” el cerebro para gestionar eficazmente las emociones e impulsos a lo largo de la vida.

Pero debemos comprender también que los adolescentes no tienen el mismo control de sus impulsos (auto-control) que los adultos, ya que aún está en pleno desarrollo la corteza prefrontal del cerebro, que es la que ayuda a pensar en el futuro y ajustar el comportamiento basado en las posibles consecuencias.

Los adultos podemos hacer mucho al respecto. Somos (principalmente los padres) quienes proporcionaremos o no, el apoyo y orientación para convertir experiencias nuevas en “cableados” adecuados en el cerebro. Y creo que podemos comenzar aceptando que parte de ese apoyo y orientación consiste en establecer límites claros acerca de qué tipo de comportamiento será aceptado, y qué consecuencias existen por involucrarse en conductas que no están permitidas.

Por ello pienso en algunas maneras de proveer, como adulto, el apoyo adecuado a la óptima  transformación del adolescente en adulto.

  • Asegurarnos de que las reglas sean claras y específicas. Es posible que tengamos que decirle a un adolescente impertinente e irrespetuoso: “Tenemos que sentarnos y aclarar lo que son mis reglas básicas para tu comportamiento y cuáles son las consecuencias por romper dichas reglas”. Mantener la calma y pensar en lo que vayamos a decir. No amenazar o gritar. Basta con indicar el comportamiento y recordar las consecuencias.
  • Tener confianza, ser firmes y consistentes. No negociar sobre las consecuencias. Las consecuencias son las consecuencias, y no deben ser objeto de debate o discusión. Tampoco dar discursos prolijos, el adolescente simplemente “se desconecta” si no se considera involucrado.
  • Estar dispuestos a tener conversaciones, en lugar de argumentar. Conversar sobre el ajuste de las reglas y las consecuencias dejando claro que si bien el adolescente puede siempre presentar su posición sin ser grosero, no significa que estamos obligados a cambiar la regla o la posición sobre la misma. Al final, es el adulto quien posee la experiencia necesaria para tomar buenas decisiones, así como que es la persona responsable de bienestar del adolescente.
  • En la medida de lo posible, permitir que los adolescentes sean responsables de su propio comportamiento. Incluso si esto significa que tienen que lidiar con las consecuencias negativas (esto a menudo puede ser la mejor experiencia de aprendizaje de los mismos). Pero quedando claro que no existe una elección y que no se está dispuesto a negociar.
  • Cuando el adolescente usa palabras groseras para etiquetar a las personas, pedir que sea específico. Por ejemplo decir: “Cuando me llamas…, no sólo es grosero y no lo acepto, sino que también no ayuda a entender lo que quieres decir. Dime por favor porque estás molesto”. Una frase común de los adolescentes es, ¡No entiendes!; a lo que no es bueno contestar diciendo: ¡Sí, yo lo sé! o ¡Yo ya pasé exactamente lo que estás pasando ahora!. En cambio ayuda responder: “Puedo no entender, pero quiero tratar de entender lo que estás sintiendo. ¿Podemos hablar de eso más tarde, cuando los dos estamos más tranquilos?” O “Puedes escribirlo y me envías un correo electrónico, si lo deseas.”
  • Observar cómo hablamos, sea con un adolescente, o con otros adultos. Conscientizarnos sobre Con qué frecuencia estamos siendo sarcásticos o grosersos. Tratar de ajustar el propio comportamiento y recordar que los padres, son la mayor influencia de un adolescente en términos de contagiar los tipos adecuados de comportamiento. Considerar la posibilidad de decir, de reconocer, que hemos notado que pudimos ser groseros con los demás, y que vamos a tratar de modificar nuestro comportamiento. Es admitir que se puede cometer errores. Y ello hace toda la diferencia en términos de comunicación.
  • Dar al adolescente el mismo respeto que le gustaría con que se nos trate como adultos. Y abstenernos de insultar o “etiquetar” al adolescente con menciones tales como “Eres un nene de Mamá”, “Eres un vago”, o similares.
  • Y finalmente, si el adolescente parece estar fuera de control o que desafía de manera que pongan en peligro su propia seguridad o la de los demás, busquemos ayuda profesional.

En última instancia, ayudar al adolescente a lidiar con los hábitos de impertinencia y falta de respeto puede hacer toda la diferencia en el nivel de adquisición de su capacidad de relacionarse con los demás, y en las posibilidades de tener éxito en la vida

D.O.

Fuente: http://www.education.com/
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