¿Es el mero deprecio por la norma o la absoluta negación del otro?

La inobservancia de las normas es un rasgo arraigado en nuestra sociedad. Pero, no es la ausencia de normas lo que explica tal característica sino el acentuado desprecio a la normatividad.

Por ejemplo, es clara y precisa la normativa que, ante la emergencia sanitaria nacional y mundial, y a fin de proteger la salud pública, declaró el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” en sus hogares, para todas las personas que habitan o se encuentran en el país.

No obstante, hay ciudadanos que se empeñan en no acatarla, encontrándose entre ellos, no sólo los que opinan sobre la legalidad o interpretan su operatividad, sino los que directamente no cumplen con la cuarentena dispuesta poniendo en serio riesgo la salud de todos los otros que conviven con ellos, además de continuar reafirmando su imbecilidad.

Lo llamativo de esta actitud, si bien por minoritaria, no altamente peligrosa, es que no sólo supera el desprecio por la norma, sino que está dando por tierra ademas con una tendencia natural de los seres humanos de que, en todas las situaciones de crisis humanas, de situaciones extremas de la humanidad, las personas se encuentran en un nivel básico humano donde la solidaridad está siempre presente. Sin siquiera reclamarla y mucho menos imponerla.

¿Qué es lo que esta sucediendo en estas personas? Es evidente que no incluyen a los demás en su propio mundo. Por lo tanto, no pueden ocuparse del bienestar de esos otros con quienes conviven. No ven a los otros aunque los miren, y no les importa lo que a esos otros les sucede, ni se preocupan las consecuencias de sus acciones sobre estos.

Sin perjuicio de que no son inocentes por su actitud y son absolutamente responsables de sus consecuencias, es imperioso hacer del país una unidad con un propósito común, dentro de la cual todos los argentinos seamos aceptados como miembros. Todos.

Es la intención de convivencia la que define un país. No necesitamos estar de acuerdo en todo para aceptarnos para convivir. Pero, sólo si aceptamos a los otros, éstos tendrán presencia para nosotros y podremos a partir de allí, preocuparnos genuinamente por los que les sucede. Y si queremos también desde ese punto de partida, si queremos, podremos hacer algo por ese otro que lo necesita. No antes.

En nuestra hisoria como país hemos jugado demasiado con los discursos que justifican la negación del otro, por diferente, por su pensamiento, por su idea, por lo que sea. Se ha constituido en un ejercicio estúpido y  macabro a la vez deteniendo e impidiendo la aceptación mutua.  La negación del otro se nos ha impregnado hasta insensibilizarnos profundamente aún en la grave situación, que nos acucia y reclama rápida e imperiosamente una posición amorosa y solidaria basada en la comunión de intereses y deseos.

Ha llegado el momento, y todo comienza con aceptar  a cualquier argentino como un  legítimo otro para convivir, aunque no lo conozcamos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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En la EMERGENCIA entrenemos el hábito de acatar las normas con preocupación ética.

“No creo que la ética sirva para zanjar ningún debate, aunque su oficio sea colaborar a iniciarlos todos…” Fernando Savater. Ética para Amador.

En la emergencia especialmente, la norma aplicable y vigente emanada de una autoridad competente, debe ser acatada. Nuestra opinión o su interpretación debe ser pospuesta para otro mejor momento. Ello es lo que debería ocurrir en una sociedad INTELIGENTE, que es aquella que se adapta rápidamente a las distintas situaciones.  

No obstante, pero especialmente cuando nos cuesta acatar y ser responsables, podemos ejercitar el acto de libertad individual por excelencia, que es el de reflexionar. Por ejemplo sobre los mecanismos éticos de la toma de decisiones. En definitiva, sobre cómo hacemos lo que hacemos.

La ética es la encargada de discutir y fundamentar reflexivamente ese conjunto de principios o normas que constituyen la moral. La ética pretende dar explicación de las normas morales, teniendo fundamentalmente en cuenta el marco de preocupación ética, que es la preocupación por las consecuencias de nuestras acciones en la vida de otros seres humanos.

Por lo tanto la ética se pregunta por qué las reglas nos deben parecer justas y obligatorias teniendo en cuenta a ese otro con el que convivimos, y que, en realidad, se extiende a toda la humanidad. 

Por ejemplo, si la norma dice que no se debe salir de nuestros hogares manteniéndonos en cuarentena por la emergencia sanitaria, la ética se pregunta por qué no se debe salir atendiendo a las consecuencias que no acatar la norma traerá sobre aquél o aquellos que comparten nuestra vida y con los que convivimos.

La  Moral por su parte alude a las reglas o normas aceptadas y dictadas por una sociedad y por extensión por los individuos que viven en ella.

La Moral entonces aportará las pautas que nos orienten sobre lo que hay que hacer, y  la ética los principios éticos que indican cómo decidir entre reglas y valores alternativos para hacer lo correcto. 

Este ejercicio de reflexion, en realidad resulta si se constituye en una ética de todos los días, que marca todo un estilo de vida, un modo de ser que se hace habitual en la persona que la practica, y gracias a la cual, dicha persona actuará siempre de una manera justa y recta que le es como natural, y estando atento a las consecuencias de sus actos sobre los demás.

Podemos comenzar hoy. En la emergencia. Preguntándonos porqué hacemos lo que hacemos.¿Cual es la emoción que posibilita o dispara ese accionar de nuestra parte?

Si queremos, si lo deseamos, encontraremos una respuesta para reflexionar.

Los seres humanos, por el sólo hecho de serlo, tenemos una vocación genérica o potencial para vivir en el bien-estar y cooperando.  Usémosla.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


Publicado en El Razonamiento Moral, Política y Ciudadanía 2014, Textos Cátedras 2014 | 2 comentarios

EL Coronavirus y nuestra propia Epidemia.

“… en situaciones extremas como las que estamos viviendo no podemos evitar ser víctimas del mayor de los flagelos que desde siempre nos aqueja como sociedad. Un mal que se suma al tema del coronavirus y lo complica todo: los pelotudos.”

Por Alejandro Borensztein. Publicado el 14/03/2020 en Diario Clarín.  https://www.clarin.com/opinion/coronavirus-pelotudos_0_fUhAqW05.html.

 

Dice Borensztein: “Estamos hablando, por ejemplo, de los pelotudos que aún en estos días salen de un baño público sin lavarse las manos o los pelotudos que te hablan encima de la comida en los bares y restaurantes o los pelotudos que salen a la calle con fiebre o los pelotudos que van a laburar con tos o los pelotudos que mandan a sus hijos al colegio con mocos o los pelotudos que vuelven de sus viajes y se van al casino, como el pelotudo ese de Córdoba que lo tuvo que sacar la policía de las orejas, por pelotudo… los pelotudos que cuando te los cruzás te siguen abrazando fuerte como si fueras un hermano que no ve hace años. Pero también están los pelotudos que no sólo te abrazan, sino que primero te chocan la mano, te besan y te hablan con entusiasmo a 30 centímetros de distancia para no errar ningún microbio.”

Evidentemente que la lista se amplía momento a momento conforme van surgiendo mayores restricciones y por lo tanto mayores obligaciones respecto de esto de cuidarnos entre todos y disminuir al máximo posible el contacto con los demás para no contagiarnos y contagiar un virus que sabido es, no tiene a la fecha otra forma de disminuir su presencia y la mortalidad que produce en los seres humanos.

Nuestro país sufre un desarrollo sostenido de pelotudos hace muchas décadas. Pero, en realidad, la pelotudez es uno de los modos de vivir relacionándonos unos con otros. Así, los pelotudos viven una propia cultura en el estilo de pensar, de relacionarse, de sentir, en la que la pelotudez surge naturalmente configurando un modo de convivir en el que las conductas pelotudas se viven como algo natural y que son invisibles para los propios pelotudos que las llevan a cabo.

Es por ello por lo que un pelotudo no puede reflexionar sobre sus actos pelotudos dentro de su propia cultura e intentar comenzar a cambiar su pelotudo modo de relacionarse. En cualquier cultura sólo surgen reflexiones propias de esa cultura y, por lo tanto, surgen sólo explicaciones que la justifican, y la cultura de pelotudos no es la excepción.

Pero nuestro verdadero problema es la dificultad que tenemos para cambiar esa cultura y comenzar a vivir relacionándonos en un espacio de convivencia en el que la pelotudez de no importarme el otro, no surja como el modo natural de convivir.

Tal vez sean las graves actuales circunstancias las que nos permitan comenzar a apuntar definitivamente hacia una nueva cultura de vivir relacionándonos en el respeto mutuo, en la colaboración, en la responsabilidad de observar las consecuencias de nuestras acciones, y en la preocupación por el modo en que repercuten en los demás.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

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Jóvenes violentos.

Un grave problema con un principio de solución por medio del correcto ejercicio de la comprensión y de la autoridad por parte de los adultos auténticos, competentes y considerados con quienes conviven.

En general los jóvenes ejercen sin problemas la capacidad de tener sentimientos positivos hacia otras personas, de compartir, cooperar o ser útiles a un grupo. Pero, los hay también quienes van en contra de todo eso, que hacen sufrir a los demás, que provocan daños a sus pares, y que rechazan hasta las más básicas normas de convivencia. Jóvenes que, no obstante, parecen seguir normas específicas de los deportes que practican, y de los ámbitos a los que concurren voluntariamente como los clubes deportivos a los que pertenecen.

Entre éstos jóvenes, puede haber jóvenes que hacen daño a los demás simplemente porque quieren ver sufrir a otra persona. Los hay también quienes imitan la violencia implícita o explícita que les proveen los medios de comunicación y juegos electrónicos. También aquellos motivados por conseguir una posición de poder en sus grupos. Y, en general, porque observan que los resultados de tales conductas son posibles de realizar, muchas veces impunemente.

Es importante estar conscientes de que nos encontramos ante una problemática educativa, más que psicológica. Si bien los jóvenes se pueden deprimir, tener problemas psicológicos y hasta sufrir enfermedades mentales; no es atinado psiquiatrizar ni pscicologizar todos los malestares de sus vidas. No todos los problemas de conducta que manifiestan estos jóvenes violentos son atribuibles a problemas psicológicos.

Cierto es que cada vez es más habitual encontrar problemas de convivencia entre jóvenes grupos de jóvenes, y que los actos de violencia entre los mismos se repiten. Pero, no es menos cierto que los adultos educadores (docentes, entrenadores, instructores, etc.) no terminan de asumir la responsabilidad y el rol que les toca en dicha problemática. Cuando, en realidad, pueden ayudar a prevenir conductas violentas en los jóvenes con los que interactúan por medio de un trabajo enmarcado en dos parámetros básicos: La comprensión del estado emocional del joven, por un lado, y el ejercicio de la necesaria autoridad por el otro.

Así, la tarea del adulto debería trascender el aspecto académico, el del entrenamiento, el de la instrucción, alcanzando también a comprender al joven estudiante, practicante, o deportista. Acercarse a la realidad emocional de los jóvenes. A su situación personal y familiar. Disponiendo de un espacio para el tratamiento de tan sensible aspecto dentro de la  actividad que desarrolle el joven.

Asimismo, junto a toda la libertad que se pueda otorgar en tal desarrollo, debe indefectiblemente ejercerse la autoridad que sea necesaria. Nunca resultará nocivo y contraproducente para el joven conocer los límites de la conducta a seguir, cuando toda la libertad que es posible otorgar se ha visto superada.

Las pautas de acción de toda actividad con jóvenes deberían incorporar contenidos referidos a valores y principios, a la moral y la ética, -o a las normas y su aceptación-llegando a convertir esta reflexión en  eje central de los planes formativos de cualquier actividad que emprendan los jóvenes. Reflexión que debe incluir necesariamente la de los propios adultos educadores. Estos son los verdaderos guías. Los encargados de organizar a los jóvenes, de programar las estrategias, de moderar, de ayudar a la regulación de los conflictos y de preparar un motivador y acogedor ambiente de formación.

En concreto, no debemos seguir pensando que los adultos estan exentos de responsabilidad sobre la actualidad violenta de los jóvenes. La cual, ubica parte de sus fundamentos, en la conductas transmitidas por los adultos con los que conviven esos jóvenes violentos.

Por ello, el papel del adulto formador debería mínimamente actuar con autenticidad, no tiene sentido ni utilidad pedagógica que un conductor promulgue actitudes antiviolencia si su comportamiento demuestra que no es capaz de aceptar y trabajar por la paz. Poseer Competencia, es básico que el formador se instruya previamente en las estrategias de regulación de los conflictos. Y manifestar Consideración aceptando a todos los jóvenes a quienes conduce como personas dignas de todo respeto.

De comprometerse con estas características dependerá el desarrollo integral del joven con el que convivimos. Mas allá del conocimiento que éste pueda adquirir, o el nivel de destreza que llegue a desarrollar en un deporte.

Piensa bien y saldrá bien!

Daniel Olguin.

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Ser tolerantes, y dejar de ser intolerantes.

Un fenómeno de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) cuenta que la cercanía de las trincheras enemigas, que a veces no distaban más de 15 metros, hizo que en un momento los soldados de uno y otro bando empezaran a ver en sus contrarios a alguien muy parecido a ellos mismos. Y cuando dejaron de ser anónimos, cuando tuvieron rostros y voces, les resultó difícil odiarse porque sí.

Ante esta comprobación, en lugar de aniquilarse rápidamente, cosa que la corta distancia hubiese permitido, comenzaron a desarrollar sentimientos amistosos y hasta acabaron por celebrar en forma conjunta las Navidades.

Resultaron así largos períodos de calma y una especie de acuerdo tácito y mutuo de no atacarse. Lo desconcertó y enfureció a los jefes militares, a tal punto que, en febrero de 1917, el comandante de la decimosexta división de la infantería británica emitió un bando por el cual prohibía terminantemente entrar en contacto con el enemigo (a menos que fuera para liquidarlo) y prometía severos castigos para los infractores.

Hoy, la vida cotidiana parece a menudo una guerra de trincheras. La calle, los espacios educacionales, los laborales, los lugares públicos, las relaciones sociales y a menudo también las íntimas, los campos deportivos, e incluso, con inquietante frecuencia, las tramas familiares semejan escenarios de permanentes batallas. El armamento más común incluye la descalificación, la impaciencia, el prejuicio, el juzgamiento rápido y sin pruebas, la indiferencia, la manipulación, el ventajismo, el desprecio hacia las necesidades o prioridades ajenas.

Todo esto puede sintetizarse, finalmente, en una sola palabra: intolerancia.

Tolerancia es el respeto y la consideración hacia las opiniones y las prácticas de los demás aunque sean diferentes de las nuestras y la intolerancia, su opuesto, suele ser distintiva de aquellos entornos en los cuales el otro es visto como ajeno, como amenazante, como un obstáculo o, en el mejor de los casos, como un simple medio para la obtención de un fin. En ese entorno se instalan, los vínculos en los que el otro sólo es percibido en función de si “me es útil o no me es útil”. Así, cuando alguien no es “útil” (como compañero, como amigo, como conciudadano, como pareja, como vecino, como coparticipante de una misma actividad), interfiere, estorba, molesta, distrae, resulta intolerable.

Pero, ¿Como se llega a ser intolerante?

Al parecer,  nuestro comportamiento  indicaría que intentamos expulsar de nuestra conciencia lo que no aceptamos como parte de nosotros mismos, y los depositamos en otros. Se lo atribuimos sólo a los otros y, cuando lo advertimos en ellos, nos volvemos intolerantes hacia esas personas.

El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde es un claro ejemplo sobre esta cuestión. El doctor Jekyll, un científico intachable, encierra en sí al señor Hyde, un modelo de la maldad, y hasta desea ser como él, cosa que sólo consigue a través de una pócima de su invención que lo transforma y le hace perder el dominio de sí. Pero cuando está lúcido y consciente, Jekyll aborrece a Hyde, no lo acepta, lo odia hasta desearle la muerte.

Se puede decir entonces que los conflictos externos son manifestaciones de conflictos internos. Si odiamos a otro, si no lo toleramos, es porque de alguna forma nos odiamos a nosotros mismos, no toleramos aspectos propios que vemos en aquél. O sea que la intolerancia tendría un origen interno. Y quienes no podemos interpretar nuestros propios sentimientos, nos sentimos totalmente perdidos cuando se trata de saber lo que siente alguien que está cerca nuestro.

Tal vez, todo esto puede estar sucediendo porque olvidamos hacernos una pregunta sencilla, profunda y grandiosa: “¿Cómo sería yo si eso me estuviera pasando a mí?”. Y el olvido de esa pregunta nos dirige, sin duda,  hacia la intolerancia porque cuando la omitimos, cerramos nuestro corazón

La consigna básica del intolerante es: “Así soy yo, así es el mundo”. Es decir, cuando nuestra visión del mundo, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestro ego son el patrón de medida, todo el que no entra en él será descalificado.  Se trata de un modelo de comportamiento muy riesgoso, ya que al no existir dos personas iguales, los márgenes de aceptación se reducen al mínimo.

¿Como salir de la intolerancia?

Quizá, después de todo, no se trate de ser tolerante, sino de aprender a aceptar.

Aceptar, en el caso de los vínculos humanos, es tomar al otro sin juzgarlo, acercarse a él interesado en sus  misterios y dimensiones, escucharlo y mirarlo con la intención de percibir en sus palabras y en sus aspectos su singularidad. Aceptar es, también, saber que no se puede cambiar al otro, y que quizá no se debe. Es respetar del mismo modo en que aspiramos a ser respetados, tener en cuenta del mismo modo en el que queremos ser registrados.

Tal vez, el camino hacia la erradicación de la intolerancia en las relaciones interpersonales deba incluir la tarea de acercar las trincheras de las batallas cotidianas hasta observar los rostros de los demás y empezar a descubrir que se parecen mucho al nuestro.

Como sea, para salir de la intolerancia es preciso aprender una tarea que requiere de las herramientas más valiosas de la inteligencia humana: la de usar los zapatos del otro y sentarse en su silla. Desde allí se asiste a una experiencia siempre deslumbrante y enriquecedora. La experiencia del encuentro.

Piensa bien, y saldrá bien!

D.O.

 

 


Extraído del artículo publicado en La Nación Revista – Nota de Tapa. “¿Podemos ser tolerantes? Navidad, Año Nuevo… el momento ideal para una pregunta que plantea el desafío más urgente: aprender a aceptar al otro”. El Domingo 23 de diciembre de 2007. Autor Sergio Sinay.
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¿Hay violencia en al ámbito de la actividad cultural o deportiva que practicas?

– No se. Por lo menos en mi grupo no hay violencia.[i]

– Claro que es común ver como dos o tres chicos (los de siempre) insultan a otros dos compañeros (los de casi siempre) a quienes “toman de punto“. Se burlan de ellos, de como hablan, como visten, por sus cuerpos, etc., etc. etc., y hasta los amenazan con agredirlos si llegan a decir algo a las autoridades. Yo sólo hablo mal de alguno de ellos, o difundo falsos rumores sobre su persona. Nada más. Igualmente, eso no es violencia. Son solo “cargadas”.

– Por supuesto que éstos dos chicos son mis amigos como todos los demás. No los rechazo, ni los humillo como hace la gran mayoría, ya sea por que a algunos les gusta hacer lo que los demás hacen, o porque tiene miedo que se los hagan a ellos. Tampoco los ignoro, los “ninguneo”, o lo trato como un objeto, como es habitual en el grupo. Sólo trato de que no formen parte de las actividades que comparto con mis “amigos” con los que tengo onda. Nada más. Igualmente, eso no es violencia. Es “poner cada cosa” en su lugar.

– Yo no los asusto, ni les pego, los pellizco o algo parecido, como hacen los mas grandes cada vez que tienen ocasión para jugar a la “lucha”, a las “peleas”, a las “manteadas”, o a otro juego. Tampoco les he robado o dañado sus pertenencias como les gusta hacer a algunos solo para divertirse. Solamente  participo de escondérselas porque eso también es sólo un juego. Nada más. Igualmente, eso no es violencia. Son solo “juegos” sin importancia.

Mucho menos los he obligado a tener contactos físicos no deseados, y tampoco les hago comentarios sexuales haciendo referencia a las partes íntimas de sus cuerpos como hacen los mas “zarpados”. Sólo me río de los “chistes” que les hacen. Nada más. Igualmente eso no es violencia. Son solo “bromas” pesadas.

– Como te dije, en mi grupo no hay violencia. ¡Cómo podría haberla!, si jamás vi una gota de sangre.

¿Y…. en tu grupo, hay violencia?.


[i] Acción intencional que pueda provocar o provoque daño físico, psicológico o sexual. Incluye todo acoso o intimidación en forma prolongada, continuada e intencionada, ya sea física y/o psicológica y/o verbalmente. Se puede diferenciar entre la violencia reactiva, aquella que surge como una explosión cuando se experimenta un nivel de tensión o de dificultad que supera la capacidad de la persona o del grupo para afrontarlo de otra manera y la violencia instrumental, aquella que utiliza la fuerza y la agresión para alcanzar unos objetivos determinados. La violencia se puede manifestar de diferentes maneras y en diversos contextos. Según el contexto donde se da podemos hablar de: violencia en el trabajo, en las instituciones, en las aulas, en el deporte, en la familia, en un grupo social determinado, etc. Dependiendo de la manifestación de la violencia podemos hablar de: violencia de género, violencia infantil, violencia entre compañeros. (bullying)

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Noviazgos adolescentes y violencia de género.

“Era mi mejor amigo. Un día me preguntó si quería ser su novia y al día siguiente se tatuó mi nombre en la nuca, así, gigante. A los tres meses me pidió que fuera a vivir con él. Y ahí empezó con los celos. Yo volvía del colegio y me revisaba los boletos para ver si era cierto. Me apagaba el televisor y me prohibió escuchar música porque decía que yo miraba a los famosos de otra forma. Tampoco quería que me asomara a la ventana para que no mirara a los hombres que pasaban. Y así, cosas chiquitas. Un día le dije ‘cortala, mirá que me voy a ir’, y ahí le salió como un monstruo. Me pegaba en los ojos hasta que yo no veía. Me agarraba del cuello así, con los dos dedos, hasta que me quedaba sin aire y mareada, como inconsciente. Todos los domingos, el padre de él, que dormía en la habitación de al lado, me daba anteojos de sol para ir a la iglesia. Me decía ‘si alguien pregunta, te caíste de cabeza de la escalera ¿si? ”. “El me decía que con un hijo iba a cambiar todo, por eso no quería cuidarse. Hace cuatro meses nos enteramos que estoy embarazada. Me cuidó dos días, creo. Hasta que me dijo ‘la próxima patada es en la panza’. Un día pensé que cuando naciera le iba a molestar que yo atendiera más al bebé que a él. Y que lo iba a terminar matando. A mí y a mi hijo”. Este es el relato de María, quien iba al secundario. Tenía 17 años. Su novio también.

A su vez, Laura se puso de novia a los 19 y cuenta que su novio “Al principio se ponía celoso, me acorralaba en la calle y me apretaba fuerte el brazo para que no me moviera. O me tiraba del pelo para que la cabeza me quedara fija. Una vez alguien paró a ayudarme pero después fue peor: me decía que era yo la que lo hacía poner así. Llegó a pegarle a mis amigos porque salimos a bailar”.

Por otro lado, Soledad se conoció con su novio cuando ella tenía 13 años, y cuenta que su novio “Al principio era muy protector. Pero a los pocos meses empezó a llamarme de madrugada. Me decía ‘quiero escuchar la televisión, la heladera, algo para creerte que estás en tu casa”. Agrega  Soledad que una vez llegó llorando porque el padre de un amigo había muerto. “El entendió que lloraba por otro hombre y me pegó una cachetada”. Otra vez él vio que ella tenía restos de rimmel en las pestañas. “Le dije que había acompañado a una amiga a buscar a su hermana a un baile. Pero no me creyó. Me dio una piña y me sacó sangre”. Soledad tenía 14 años. Y estaba embarazada.

Estos son sólo algunos de los testimonios de mujeres muy jóvenes que han solicitado ayuda en este año 2012 y que luchan por cambian sus terribles realidades.

Pero los casos, lamentablemente son mas habitual de lo que esperamos o queremos reconocer. Las estadísticas muestran que la mitad de las mujeres adultas que conviven con parejas violentas cuentan que la violencia había comenzado 10, 15, 20 años antes, durante el noviazgo de la adolescencia.

La adolescencia, se sabe, es la etapa en la que se idealiza, y lo usual es que las jóvenes minimicen y naturalicen un tirón de pelo no es para tanto. Pero es en esta etapa cuando forman la primera imagen que tienen de ser adultas y de tener un novio. Y cuando el círculo de violencia les impide hablar, crecen pensando que tener un novio es esto. Se les destruye el autoestima, aparecen trastornos de ansiedad, depresión e incluso el suicidio.

En las relaciones de la adolescencia, los primeros signos de violencia comienzan con los celos excesivos y el control de la ropa. Es habitual que sus  parejas les digan: ‘no quiero verte con otros hombres’, aunque ese otro hombre sea su primo. ‘Sacate esa pollera que es muy corta’, ‘no quiero que te pintes porque las mujeres que se pintan son putas’ o ‘todos te miran con ese escote’. También son habituales los llamados telefónicos que terminan en llanto o que no les hablen durante horas o días, aún cuando están juntos. En ocasiones les reclaman: ¿Para qué vas al colegio?’, y hasta se les aparecen de sorpresa en el colegio. Les dicen ‘no me gusta que salgas con tus amigas’ o ‘te pegué porque me hacés enojar’. Y por supuesto les revisan el celular y cada contacto del Facebook.

El sexo, precisamente en una edad en la que muchas adolescentes tienen su primera vez, es otro foco de manipulación. Muchas veces ellas acceden a tener su primera relación sexual como resultado de una extorsión, no de su deseo. Los novios les piden una prueba de amor bajo amenaza de terminar la relación. Muchos, además, se niegan a usar preservativo. Les dicen: “¿Para qué voy a usar? Si sólo estoy con vos”. No cuidarse es, en esta lógica, una carta de fidelidad. Así, el embarazo suele ser el paso siguiente: Un hijo es la garantía para el abusador de que ella quedará siempre ligada a él. Lo que sigue probablemente sea una convivencia violenta más difícil de quebrar: ahora con hijos y dependencia económica.

No obstante, se puede pedir ayuda y salir de la situación de violencia. María denunció a su pareja y logró que no pueda acercarse a menos de 300 metros. Ahora nadie la ahorca, nadie le revisa las carpetas y nadie le regala anteojos para taparse los moretones; terminó el secundario;  “la próxima patada en la panza” ya no existe. En caso de Laura, la mamá hizo la denuncia y pidió la restricción; Laura entendió que no hacía falta una piña: con la humillación y las amenazas bastaba y en pocos meses, logró cortar la dependencia. Y Soledad, quien al principio no podía comer, ni trabajar ni alzar a mis hijos”,  buscó ayuda, denunció la situación, y actualmente volvió a despertarse sin miedo.

Nunca es demasiado el tiempo que dediquemos a reflexionar sobre nuestras elecciones, incluidas por supuesto las amorosas.  Y siempre es bueno también pensar cuales son las  personas de nuestro entorno en quien confiar lo que nos pasa y en su caso pedirles ayuda.

Fuente:

Noviazgos violentos: un día con adolescentes en riesgo“. Por Gidele Souza Días. http://www.clarin.com/sociedad/titulo_0_686931412.html.
Publicado por el Instituto de la Niñez y Adolescencia del Colegio de Abogados de Morón. http://institutoninezyadolescenciacam.blogspot.com.ar/
Ver: http://danielolguin.com.ar/?p=1914.

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Cuando lo esencial es invisible a los ojos.

En el proceso educativo de un niño, siempre hay actividad formadora de parte de los adultos que conviven con él. En el hogar, la escuela, el club, la iglesia, etc., todos esos adultos por medio de lo que hacen y dicen, contribuyen a la formación de los niños con quienes conviven. Actividad en la que “lo esencial es invisible a los ojos”.

“Lo esencial es invisible a los ojos” es una cita del  libro El Principito**, que relata la historia de un niño, que como todo niño es muy delicado y sensible. Y que vive en un planeta muy pequeño y en soledad.

Por ello, el niño nunca había visto muchas , cosas y mucho menos una rosa. Pero, un día, repentinamente se le aparece una rosa. Y a partir de ese momento toda su atención, su actividad, su hacer, pasa por observarla mientras florece.

Luego, cuando la rosa se convierte en una flor hermosa, la actividad del niño continúa con dedicarse a cumplir con los reiterados reclamos de la flor: “Protégeme del sol”, “protégeme del viento”, “prepárame el desayuno”, “atiéndeme”. Literalmente la rosa vuelve loco al niño con sus pedidos. Razón por la cual, el niño, pensando que la flor era demasiado complicada y que no llegaba a comprenderla en absoluto, decide dejar su planeta y a su rosa, para viajar en búsqueda de sabiduría.

De esta forma, en su viaje de aprendizaje el niño  llega al planeta Tierra donde conoce a un zorro, a quien el niño invitó a jugar porque se sentía muy triste dado que alguna vez se había sentido acompañado por una flor única . Pero el zorro se negó porque dijo no estar domesticado. “… verás, …si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…Por favor… domestícame”, le dijo el zorro. “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican” “¡Si quieres un amigo, domestícame!”

Entonces, el niño inició el ritual de domesticación. Con mucha paciencia se fue acercando al zoro hasta que pudo sentarse a su lado. Repitiendo el rito cada día a la misma hora. Hasta finalmente llegar a ser amigos.

Luego de un buen tiempo, cuando llegó el día de la partida del niño para continuar su viaje de conocimiento, el zorro le dijo al niño que “lloraría”.

“Es tu culpa”, Nunca quise que sufrieras daño, pero tú quisiste que te domesticara”. ¡Y ahora vas a llorar! ¡Entonces no sirvió de nada! – respondió el niño.

Pero el zorro le aseguró que sí había servido, y añadió: “Ahora comprenderás que tu rosa, la que dejaste en tu planeta, es única en el mundo”. Porque ha sido a ella a la que regaste, abrigaste, cuidaste, a la que has oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse.

“Es sólo con el corazón que se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos” le confió finalmente el zorro.

¡Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


*Cita del libro “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry, Emece, Bs.As. 1951.
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Sigamos sólo el camino que el corazón nos indique.

“Cada uno de nosotros cumple su misión usando sus capacidades y talentos únicos”[i]
“Nunca ha hecho lo que quería en toda su vida. He ahí un hombre que nunca siguió el camino de su felicidad” dice Joseph Campbell[ii] en su libro “El Poder del Mito”.

En un restaurante, había un padre, una madre y un niño de unos doce años preparados para cenar. El padre le dijo al pequeño: Bébete el jugo de tomate. Y el niño le contestó que no quería hacerlo. Entonces el padre, en voz más alta, le ordenó: ¡Bébete el jugo de tomate!; Entonces intervino la madre diciéndole a su esposo que no obligue al niño a tomar el jugo, si no quiere. El padre la miró y le contestó: ¡No puede ir por la vida haciendo lo que quiera! ¡Si hace sólo lo que quiere hacer, está muerto!. Y agregó: ¡Mírame a mí! ¡Nunca he hecho nada que haya querido hacer en toda mi vida!.

Ese es el hombre que nunca siguió el dictado de su corazón, dice Campbell. El que puede tener éxito en la vida, pero luego en algún momento se encontrará pensando qué clase de vida ha sido la que tuvo; y que llegará a la conclusión de que de nada ha servido si nunca hemos hizo lo que quiso hacer.

Por ello debemos ir sólo hacia donde nuestros cuerpos y almas quieran ir. Cuando tengamos un sentimiento que indique de alguna forma por donde ir, no lo soltemos.

Continuamente tenemos experiencias que pueden guiarnos.  Pequeñas intuiciones de donde está el camino a nuestra felicidad y es preciso aferrarse a ellas. Debemos tener siempre presente que cuando obedeces a tu corazón, llegas al bien-estar y  a la felicidad.

Cuando seguimos el camino de nuestro corazón, tenemos la sensación de que nos ayudan manos invisibles. Y que empezamos a encontrar gente que nos abre las puertas, que nos facilita nuestro paso. Si seguimos el camino de nuestro corazón nos colocamos en una especie de sendero que ha estado allí todo el tiempo, esperándonos, y la vida que deberíamos estar viviendo es la que estamos viviendo.

Persigamos el bien-estar y no tengamos miedo, que las puertas se abrirán donde menos lo sospechemos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


[i] Del libro “Hacia una vida plena de sentido”, Adaptación de Simon Jacobson de las enseñanzas de Menajem Mendel Schneerson, publicado en  1997 por Jabad Lubavitch Argentina, p.33. Menajen Mendel Schneerson fue el líder espiritual y maestro conocido como “el Rebe”. Aunque fue un líder judío (Conductor del movimiento ortodoxo “Lubavith”), enseño un mensaje universal, convocando a la humanidad toda a llevar vidas productivas y virtuosas, y a la unidad entre todos los pueblos. Durante sus mas de 40 años de actuación creó mas de 2.000 instituciones educativas en todo el mundo. En 1978 el gobierno de los Estados Unidos designó el cumpleaños de el Rebe como día de la educación en los EEUU.
[ii] Joseph Campbell. (1904-1987) Orador, historiador de las religiones filósofo, famoso sobre todo por sus estudios de las religiones y de mitologia comparada. Su interés por las cuestiones antropológicas (en concreto, por la cultura nativa estadounidense) se despierta a la temprana edad de seis años, cuando su padre le lleva a ver el espectáculo del salvaje oeste de Buffalo Bill y el Museo de Historia Natural. Campbell descubrió, haciendo un detallado estudio histórico de varias mitologías y religiones en el mundo, que existen temas comunes en todas. Así los estudios de Campbell resaltaron la importancia de la figura del héroe en todas las culturas humanas de todos los tiempos. Campbell, luego de haber abandonado su tesis doctoral, debido a estar en desacuerdo con la línea rígida del mundo académico, se retiró a su cabaña leer todo la literatura existente sobre los mitos y  comenzar su carrera docente en 1934 en el Sarah Lawrence College, Sarah Lawrence Collage  prestigiosa Facultad de Bellas Artes y Humanidades ubicada en la ciudad de Bronxville, Estado de Nueva Cork, Estados Unidos, donde permanecerá por treinta y ocho años. La obra de Campbell inspiró muchos de los grandes mitos creados por el cine: La Guerra de las Galaxias, El Rey León, El señor de los anillos, Superman, Batman, Matrix.

George Lucas , para crear el universo mítico y filosófico de Star Wars, siguió las enseñanzas de  Joseph Campbell quien descubrió que existe un esquema común a todas las narraciones heroicas. de todas las culturas y los tiempos.

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La no-planificación de planificar.

“Debemos estar dispuestos a deshacernos de la vida que hemos planeado con el  fin realizar la vida que nos espera”. Joseph Campbell.

Una planificación es el diseño y proposición de la circunstancia y de los pasos a seguir para asegurarse de que un cierto proceso sea efectivo en la generación de un resultado deseado. Sin embargo las planificaciones nunca resultan si uno se apega a ellas. Y esto es así porque el acto mismo de intentar asegurar el suceder de una planificación ocurre en un ámbito diferente, más amplio que aquel en que ésta se propuso, lo que inevitablemente altera su dirección, llevándolo a un resultado diferente del deseado.

La salida está en la inteligencia, que es  la “plasticidad conductual” frente a un mundo cambiante. O sea, en la disposición a soltar la creencia de que la eficiencia y efectividad de la realización de una tarea o proceso dependen del apego a lo planeado.

La eficiencia y efectividad del hacer están en la “no-planificación del planificar”. Esto es, en no sujetarse de lo planificado y estando siempre dispuesto al hacer que se hace, sin expectativas, sin exigencias y sin supuestos. Y por supuesto, en y desde el amar lo que se hace.

Existimos en un suceder de continuo cambio. Y en estas circunstancias el arte y la ciencia del no-planificar está en entender la naturaleza del proceso en que uno se encuentra mientras vive. En saber, que a dónde se quiere ir, es un camino que se define momento a momento.

Los seres humanos, como mamíferos que somos, somos curiosos y como ellos procuramos mirarlo, olerlo, tocarlo todo; y además por expresarnos con lenguaje, queremos reflexionarlo todo en un ámbito cultural actual en el que queremos controlarlo todo. Y al querer controlar todo, perdemos plasticidad, se nos estrecha la inteligencia y nos apegamos a las planificaciones.

¿Será necesario controlarlo todo?, o… ¿Podemos en  cambio, confiar en la colaboración y la inspiración de vivir haciendo?,

Piensa bien y saldrá bien!!!

D.O.

Fuente:
Humberto Maturana Romesín. “Reflexión Inesperada: ¿Plasticidad conductual?” Publicado: http://www.matriztica.cl/plasticidad-conductual/
Matríztica es una organización dedicada a diseñar y generar espacios de trasformación cultural en organizaciones y comunidades humanas.
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