Sobre la necesidad de volver a la escolaridad.

La educación es un proceso de transformación humana en la convivencia en el que la transformación de la niña o niño en ser humano no solo estará fuertemente orientada por la manera de vivir de las personas con quienes interactúe, sino que el tipo de ser humano que llegará a ser tendrá que ver con el espacio de relación y de convivencia con educadores y compañeros.

La escolaridad no está conformada solamente con los mejores conocimientos exactos que sea posible entregarles a los alumnos. Sino que incluye también guiarlos en el desarrollo de capacidades creativas, de análisis, de adaptación a los cambios, y fundamentalmente, de la capacidad de relacionarse con los demás gestionando sus emociones, regulando sus impulsos, solucionando los conflictos por vía no violentas, reconociendo y respetando la semejanza esencial de los humanos más allá de nuestras diferencias. Tareas que surgen en y por la convivencia con sus educadores y compañeros en el espacio del aula.

Resulta entonces imperioso establecer las medidas necesarias para ayudar a los niños y niñas a reiniciar su escolaridad en forma cuidada pero inmediata. Y no solo de aquellos que durante la emergencia sanitaria no pudieron continuar sus estudios de alguna forma durante el cierre de la institución educativa a la que asistían, sino de todos. Ya que las niñas y niños en su totalidad se han visto privados de continuar con su normal desarrollo como seres humanos.

Mientras se mantenga a las niñas y niños alejados totalmente del espacio de convivencia escolar estamos impidiendo, ni más ni menos, la dinámica de llegar a ser un ser humano responsable, socialmente consciente, que se respeta a sí mismo, capaz de reflexionar sobre cualquier cosa.

Pero, además, estamos siendo totalmente irresponsables. Todos,  estamos nadando en una marea cuyo punto más alto de desarrollo aún no hemos visto ni podemos imaginar, pero que se nos acerca en forma de un Tsunami. Los adultos, tenemos la opción de salir a buscarla para flotar en su superficie, o dejar que ésta nos arrastre y ahogue cuando llegue a nuestras costas de aparente seguridad. Las niñas y niños a los que pretendemos educar para que estén preparados a surfear en esa y otras graves circunstancia, en cambio, no tienen opciones. Ellos dependen de lo que hoy hagamos al respecto.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Los haceres de Ken Robinson.

GRACIAS!!!

“He estado haciendo lo que hago durante bastante tiempo. A lo largo del camino, he equilibrado varios roles: como profesor, escritor, investigador, asesor y orador. He dirigido y participado en muchas iniciativas en todo el mundo, con sistemas educativos y con organizaciones corporativas, culturales y comunitarias.”

Sir Ken Robinson PhD. 1950 – 2020

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La inteligencia: momentos de adaptación al entorno en forma de comportamiento inteligente.

Según Ken Robinson, podemos saber tres cosas sobre la inteligencia.

Primero, que es diversa. Pensamos sobre el mundo de todas las maneras en que lo experimentamos. Visualmente, en sonidos, kinestésicamente, en términos abstractos, y en movimiento. Segundo, que la inteligencia es dinámica. Si observamos las interacciones del cerebro humano,  la inteligencia es maravillosamente interactiva. El cerebro no está dividido en compartimientos. De hecho, la creatividad, que define como el proceso de tener ideas originales que tengan valor, casi siempre ocurre a través de la interacción de cómo ven las cosas diferentes disciplinas. Tercero, que la inteligencia es que es distintiva, o sea que se expresa de una manera única en cada uno de nosotros.

Pero, además, la inteligencia se evidencia en la capacidad de modificar la propia conducta de adaptación a un mundo que a su vez es cada día más cambiante.

Todo lo que podemos observar en reacción con la inteligencia, son momentos de adaptación al entorno en forma de comportamiento inteligente. Así decimos que un animal es inteligente cuando lo vemos moverse en relación con su medio con conductas plásticas adaptativas, transformando una conducta de manera adecuada.

Cualquier intento de medir la inteligencia humana dependerá necesariamente de la cultura en que tiene lugar, porque la cultura define el contexto en que éste se realiza como ser inteligente, participando de adaptaciones especificados culturalmente. Por tanto, cualquier procedimiento diseñado para medir la inteligencia en un ser humano resultará sólo en una estimación de la frecuencia comportamiento inteligente del sujeto en un dominio cultural particular.

Asimismo, no sería legítimo considerar la inteligencia como un fenómeno biológico de simple determinación genética o ambiental por cuanto la estructura del organismo en general, y de su sistema nervioso en particular, está determinada plásticamente durante la vida de cada organismo en particular.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

 

*http://sirkenrobinson.com/
Extracto de la conferencia de Ken Robinson: “How schools kill creativity”. TED2006 – February 2006. https://www.ted.com/talks/ken_robinson_says_schools_kill_creativity
Fuente: Alexander Ortiz Ocaña. “HUMBERTO MATURANA. Nuevos Paradigmas en el Siglo XXI. Psicología, Educación y Ciencia”. 1a ed. Bogotá: Distribooks Editores. 2016
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Inteligencia y emoción.

Tener respuestas inteligentes tiene que ver con la posibilidad de reflexionar sobre nuestras emociones.

La inteligencia humana en particular, y de los animales en general, tiene que ver con la plasticidad. Con la mejor adaptabilidad al cambio. En contrario, el comportamiento rígido, el que no se adapta a las circunstancias cambiantes, no es inteligente.

Las emociones están relacionadas con esa inteligencia. Son fundamentales para lo que sucede en todo lo que hacemos. No existe acción que no dependa de una emoción que la haga posible. Y, a su vez, diferentes emociones nos llevan por diferentes caminos. Respondemos y nos relacionamos de distintas formas, según nuestras emociones.

Ahora bien, la sensación consciente de una determinada reacción emocional son los sentimientos. En general, cuando hablamos de emociones, nos referimos a la forma en que nos sentimos ante diferentes emociones. Si bien la emoción nos mueve y empuja a vivir en contacto con el mundo que nos rodea, los seres humanos, además, experimentamos sentimientos que la expresan.

Los seres humanos sentimos miedo, pero además sabemos que sentimos miedo. Tomamos conciencia del miedo, y asimismo le podemos poner nombre a nuestro miedo: tengo miedo a …; … a que me pase tal cosa …; … por tal cosa. Entonces, al observar y distinguir un comportamiento en particular, podemos identificar la emoción que está detrás.

Este es un mecanismo que hacemos habitualmente. Y, si queremos, nos resultará fácil hacer la reflexión sobre nuestra emocionalidad, absolutamente necesaria para hacer posible adaptarnos mejor, y ser inteligentes.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuente: The Biology of Business II. Love Expands Intelligence. Humberto Maturana Romesin and Pille Bunnel. 1999, Reflections: The Sol Journal.
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Un saber imprescindible es saber que ciertas cosas nos convienen y otras no..

Abundan los conocimientos muy interesantes pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Ahora bien, otras cosas conviene saberlas. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que saltar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta en base algún veneno no permite llegar a viejo. O sea, se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir. En concreto, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no.

A lo que nos conviene solemos llamarlo «bueno» porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan muy mal y lo llamamos «malo». Saber lo que nos conviene, es distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir, todos sin excepción.

Hay cosas buenas y malas para la salud: es necesario saber lo que debemos comer, o que el fuego a veces calienta y otras quema, así como el agua puede quitar la sed pero también ahogarnos. Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas. En unos aspectos son buenas, pero en otros malas. Nos convienen y a la vez no nos convienen. Como ciertas drogas, por ejemplo, producen sensaciones agradables, pero su abuso es nocivo.

En el terreno de las relaciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para hacerle un favor a alguien. Por ejemplo: ¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas? La mentira no nos conviene, es mala, pero a veces parece resultar buena.

Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo.

Además hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. Si bien en algunas ciencias como las matemáticas los sabios están casi siempre de acuerdo en lo fundamental. En lo de vivir, en cambio, las opiniones distan de ser unánimes.

Si uno quiere llevar una vida emocionante, puede dedicarse a los coches de fórmula uno o al alpinismo; pero si se prefiere una vida segura y tranquila, será mejor buscar las aventuras en el videoclub de la esquina. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada.

Entonces, en lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Pero fíjate que también estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual.

En definitiva, como seres humanos, somos LIBRES de elegir. La LIBERTAD es lo que nos diferencia de los animales y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable.

Los animales no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. Y no se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo.

Desde luego que los hombres también estamos programados por la naturaleza. A pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso nuestro programa cultural es determinante; ya que somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas; que se nos inculcan desde la cuna. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles.

Sin embargo, con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podernos optar finalmente por algo que no esté en el programa. Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero. Por muy condicionados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa.

Ahora bien, no somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino que podemos ser libres de responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, etc.).

Ahora bien, ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad.

Hay cosas que dependen de nuestra voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de nuestra voluntad, porque en el mundo hay otras muchas voluntades que no controlamos a nuestro gusto. En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades a tiranías. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza.

Observemos no obstante, que la mayoría de las personas tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Dirán: «¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablan? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?» Pero los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: «¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra … »

En realidad nadie cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como una araña. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: «Si tú hubieras querido … »

En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las arañas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar.

A ese saber vivir, es a lo que llaman ética.

* Fuente:  “Ética para Amador”. Fernando Savater Martín es filósofo y escritor nacido en San Sebastián, -País Vasco- en 1947. Desde temprana edad manifiesta inquietud por las letras y la filosofía revolucionando el panorama de la filosofía en Europa. Savater es además un autor prolífico, que se autodefine como un “filósofo de compaña”, al estilo de los philosophes franceses, no como un Filósofo académico y con mayúscula. La filosofía de Savater es ilustrada y vitalista; su estilo, polémico e iconoclasta; sus opiniones a menudo navegan contra corriente. Propugna una ética del querer en contraposición a una ética del deber. Los seres humanos buscan de manera natural su propia felicidad y la Ética ayuda a clarificar esta voluntad y mostrar las formas de su realización. Por tanto la Ética no debe juzgar las acciones por criterios abstractos y ajenos a la felicidad propia.
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De miopías congénitas.

La miopía es un defecto visual que impide enfocar correctamente objetos lejanos, que se ven borrosos y poco definidos.

En nuestro país existen además otras miopías que particularmente -y pareciera que congénitamente-  afectan a nuestra clase dirigente.

Estas son la miopía intelectual que impide ver con claridad y precisión el grave estado de situación social, y la miopía ética, que distorsiona las implicaciones y los efectos de las acciones que se llevan a cabo.

Desconocer o negar que existen distintas formas de entender las mismas cosas porque cada ser humano posee su propia realidad, excluye al resto de los que no asumen una misma posición. Por ello, mantener conductas en defensa de la negación del otro para afirmar una idea o creencia cancela la discusión pluralista que, ademas de ser demandada con urgencia, genera cada vez más resentimiento y división. Todo lo que demuestra un gravísimo nivel de miopía intelectual y moral.

Las ideologías resultan absolutamente esenciales en tanto constituyen distintos modos de mirar una situación. Pero, la lucha ideológica sostenida en la creencia que enarbolan esta u otra ideología, impide reflexionar sobre lo que proponen.

Si queremos vivir en democracia, las distintas ideas o formas de ver nuestra realidad deben conformar un proyecto de convivencia basado en la aceptación y en el respeto recíprocos que permitan trabajar en colaboración.

Claro, será necesario comenzar por aceptar que estamos enfermos de miopías que no pueden ser resueltas con un par de anteojos, sino con sentir vergüenza. Ese sería un muy bien inicio de un cambio.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Amar y Enamorarse.

El amar surge de la emoción básica de todas las personas que, hace posible y dispara todas las acciones necesarias para aceptar sin condicionamientos y expectativas, a otras personas, y otorgarles legitimación, validez, lugar, para la convivencia. Para compartir el vivir cotidiano.

En tanto que enamorarse estaría refiriendo a una relación de solo dos personas, que por supuesto se aman, pero que además se constituyen en la posibilidad mutua de cambiar profundamente la experiencia cotidiana del amor, experimentando una intensidad sensitiva para nada habitual. Extraordinaria. Que se manifiesta solamente con esa otra persona única.

En tal sentido, dos enamoramientos simultáneos resultarían imposibles. Todas las personas pueden amar a una o a varias otras personas, pero no podrían estar enamorados de una persona y enamorarse también de otra. Aún cuando dos personas enamoradas no compartan la convivencia cotidiana, mucho de lo que les sucede estará impregnado en algún sentido, de esa conexión que siempre une y motiva.

Ahora bien, como todo, y especialmente lo extraordinario, enamorarse también tiene un precio a pagar. Sólo se conseguirá y mantendrá estando abierto a la inquietud, búsqueda, la transgresión y a la ventura constantes. Intentar controlar su intensidad buscando serenidad, quietud, control y seguridad, llevará necesariamente a la desaparición de su éxtasis único.

Piensa bien y saldrá bien.

D.O.

 

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Una gestión política sin corrupción no es posible sin sentir vergüenza.

El fin de la corrupción política puede comenzar, en gran parte, cuando la sociedad deje de aceptar que puede ser una herramienta de la gestión política exitosa. pero, recién estaremos comenzando un verdadero cambio social y político, cuando nos avergüence vivir en la deshonestidad y sea nuestro genuino deseo no conservar tal sentimiento.

Si bien, la corrupción en la política es universalmente señalada como negativa por la opinión pública, existe una cultura de entendimiento común que identifica el dinero, y su acopio por parte de la clase política (gobierne o no), como una forma normalizada de hacer política.

Cultura que termina además asimilando a aquellos que ingresan al seno de la política con ideales de anti-corrupción. O, en su caso, los devuelve al lugar de donde salieron para nunca mas intentar “hacer política”, por lo menos de la forma que pensaban que debían hacerlo originalmente.

Ello es así porque el tema de la corrupción en la política no se circunscribe sólo al ámbito de quienes actúan en política. Sino que gran parte de la  sociedad terminó adaptada de alguna forma a esa cultura, aceptando que el dinero y su acopio es la mayor y más efectiva herramienta que posee una gestión política exitosa.

Todo el tema entonces termina siendo para nada malo. Sino que es “normativo”, de “sentido común”, y en definitiva, “es la forma en que siempre ha sido”.

Así, el sistema y su aceptación se siguen extendiendo. Las tendencias naturales de la psicología humana determinan que cuanto más a menudo la gente ve confirmados en la práctica un conjunto de suposiciones u opiniones, más creen que es ello lo que pensaron desde el principio. Y con el tiempo, se distancian de lo que realmente pensaban anteriormente. Muestra de ellos es que cada vez es menor el asombro honesto y real que producen las denuncias de corrupción.

Por lo tanto, la gran responsabilidad de cada ciudadano desde su lugar de actuación, es comenzar hoy mismo, conscientemente,  a convivir en y con honestidad. Claro, si es que queremos solucionar este tema de la corrupción.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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Actuar con esperanza.

Ser optimista nos obliga a mantener la creencia de que vamos hacia todo lo bueno que nos está esperando irremediablemente. Y por eso no vemos la necesidad de hacer demasiado para dirigimos hacia ese objetivo que deseamos.

Ser pesimista, contrariamente a lo que en general pensamos, nos induce a lo mismo. Claro, que en este caso creemos que aquello que nos está esperando es tan malo a lo que pensamos o peor aún, Lo concreto es que tampoco habremos de detenernos a observar lo que hacemos. El objetivo, en este caso malo para nosotros, nos espera también irremediablemente.

Tal vez, la clave sea mantener una actitud ESPERANZADA, que implica “hacer” lo necesario para encontrar lo mejor, lo que más nos conviene. Accionado, insistiendo, perseverando, corriendo riesgos. Creando la idea que nos lleve a algún lugar deseado. Dando nada por sentado, por determinado de antemano.

Actuamos con esperanza  conceptualizando metas, buscando vías para acceder a ellas a pesar de los obstáculos, y manteniendo la motivación para utilizar esas vías. Actuando con esperanza se puede pensar en posibles maneras de llegar hasta donde pensamos que debamos ir. Empezar y seguir adelante.

Claro que podemos equivocarnos en lo que hacemos con la esperanza de estar haciendo lo necesario, lo correcto. Tener esperanza nos inquieta, y hasta nos angustia, porque aquello que hacemos esperanzadamente para que algo ocurra, podría no ocurrir.

Pero, al no considerar estar signados por porvenir alguno, sino que el único designio posible es el que surge de nuestro hacer cotidiano y esperanzado, siempre podemos volver a imaginar y hacer otra cosa distinta.

En fin, se trata de hacer. De no dar por sentado ningún porvenir, bueno o malo. De hacer lo que hagamos, con esperanza.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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El tipo de ser humano que somos tiene que ver con el espacio en el que adquirimos las habilidades necesarias para vivir.

“…, los afanes por cumplir con un currículo preestablecido basado en contextos diferentes al nuestro y atendiendo a políticas e intereses que distan mucho de las necesidades prioritarias de nuestros pupilos, han puesto a el docente y los estudiantes en bandos distintos en los cuales también se genera un permanente conflicto, y se va construyendo un muro frio e irrompible que en nada ayuda a fortalecer el tejido social…”   Ruth Esperanza Fagua*

Adhiero a lo expresado por la colega educadora sobre la existencia de dos bandos determinados por herramientas caducas del sistema educativo actual. Pareciera ser que no terminamos de comprender que si bien el fin fundamental de la educación es ayudar a los niños a aprender, la base de la educación es precisamente la relación entre los niños y sus educadores, y que todo depende de lo fructífero y eficaz que sea ese vínculo. Si esa relación falla,  todo falla.

Es más, educar implica un proceso en el que el niño alumno se trasforma en un tipo u otro de ser humano según las emociones y actuaciones vividas en sus relaciones con sus educadores. No solo la transformación del niño en ser humano estará fuertemente orientada por la manera de vivir de la persona que actúe como educador. Sino que el tipo de ser humano que llegará a ser tendrá que ver con ese espacio de relación o de convivencia con el educador en el que el niño adquiere las habilidades que se necesitan para vivir.

Los niños aprenden a vivir cualquier tipo de vida que viven y en cualquier espacio de relaciones que les toque convivir. Y la emocionalidad que viven de niños es conservada cuando adultos para armar sus propios espacios psíquicos.

Es importante prestar atención a que nuestro modo de vivir como seres humanos. Ese vivir actual está determinado no solo por el conocimiento o los tipos de argumentos racionales que podemos haber acumulado a lo largo de de la vida, sino, fundamentalmente, por la emocionalidad que aprendimos a vivir de niños.

Creo que educar es la dinámica de llegar a ser un ser humano responsable, socialmente consciente y que se respeta a sí mismo, y por lo tanto capaces de reflexionar sobre cualquier cosa, de adquirir cualquier conocimiento, en definitiva de hacer cualquier cosa.

Esa es tarea de los educadores. La de crear el espacio de convivencia que llevará al niño estudiante a llegar a ser  un  ser humano.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

*Parte del comentario valioso al texto publicado con el título “LA PEDAGOGÍA DEL AFECTO” (http://danielolguin.com.ar/?p=1803)
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