NUESTRO HACER SOLIDARIO

“Cuenta la leyenda que cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitosos y exquisitos. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca…Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados… Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.”

Solidaridad es un hacer que implica compartir la carga del otro.

En general, cuando hablamos de solidaridad, surge la idea de ayuda económica: dar dinero a los necesitados. O cuando menos, de ayuda material: dar comida, vestimentas, etc. Pero estas ideas, aunque sí forman parte de la solidaridad, no lo hacen de forma completa.

Hay tantas formas de actuar solidariamente como problemas humanos existen, y en cada uno de esos problemas humanos nos podemos entregar para colaborar y tomar por propias las cargas del otro.

Decir que la solidaridad es, en esencia, ayuda material, sería el equivalente a afirmar que todos los problemas se resuelven de esa manera; que el hombre sólo tiene necesidades materiales.

Pero, el ser humano tiene realmente necesidades que no son materiales, como aquellas afectivas, espirituales, morales o sociales.

Por lo tanto para estas necesidades, también puede y debe existir una actitud solidaria. Por ejemplo: es posible, si no podemos dar dinero para educación, que demos una parte de nuestro tiempo para educar a niños de escasos recursos; o que favorezca la integración social de una comunidad marginada.

Si bien nuestro hacer solidario incluye la caridad, al mismo tiempo, necesita del desinterés.

El solo acto de dar, o ayudar, no es lo más difícil.

La parte difícil comienza cuando se nos presenta el dilema de ayudar sin recibir nada a cambio; de ayudar aunque nadie se entere, ni aún la persona a la que ayudamos.

Es difícil actuar como caritativos, solidarios, entregados, y al mismo tiempo, totalmente desinteresados. Aquél que da una billete de cien pesos a un indigente, materialmente hace algo bueno: por ejemplo la persona necesitada podrá comer con el dinero; pero si este acto lo hace para que otras personas lo vean, para aparentar caridad, entonces ese acto, que es materialmente bueno y solidario, se convierte no sólo en un acto deplorable y egoísta, que lejos de engrandecer a la persona, la empobrece.

Además, la solidaridad se hace por medio de una actitud y disposición  personal, constante y perpetua.

La solidaridad es activa, perseverante, constante y no debe ser confundida con un sentimiento de malestar ante la desgracia de los demás. Ni tampoco es una serie de actos aislados encaminados a ayudar al prójimo. El hacer  solidario debe convertirse en hábito, en una forma de vivir.

Finalmente, nuestro hacer solidario implica poseer un adecuado nivel de autoestima.

Nadie puede amar a otro si no experimenta el amor a sí mismo, y nadie puede estimar a otro si no experimenta primero la necesaria dosis de autoestima; igual que nadie puede respetar la dignidad de los demás si no sabe defender la propia dignidad.*

Piensa bien y saldrá bien!

DO.


* Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe ser siempre respetado y bien tratado.
La dignidad del hombre reside en el hecho de que es un ser único, insustituible. Y cuando no se acepta este valor de la persona en sí misma, se abre la puerta que conduce a dejar de respetarla. Por ejemplo: tendemos a decir que un ser humano sólo es persona cuando se comporta como tal (cuando estudia matemáticas, cuando acaba la carrera, cuando vota, cuando es capaz de hablar, de comunicarse con los demás y ser consciente de sí mismo y de su libertad, en suma, cuando ejerce sus capacidades), entonces todos los seres humanos que no se comportan como tales, porque están dormidos o inconscientes o porque son discapacitados, no serían personas, lo cual significa que son seres humanos de segunda clase.
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La moral y la preocupación ética de todos los días.

“No creo que la ética sirva para zanjar ningún debate, aunque su oficio sea colaborar a iniciarlos todos…” *

La ética estudia del comportamiento humano en procura del bien y la plenitud. Y en tal sentido es la encargada de discutir y fundamentar reflexivamente ese conjunto de principios o normas que constituyen la moral. Porque la ética pretende dar explicación de las normas morales, teniendo fundamentalmente en cuenta el marco de preocupación ética. Que es nuestra preocupación por las consecuencias que muestras acciones tienen en la vida de otros seres humanos.

Por lo tanto la ética se pregunta por qué las reglas morales nos parecen justas y obligatorias respecto de ese otro con el que convivimos. Y que se extiende a toda la humanidad. Por ejemplo, si nuestra moral dice que no se debe mentir, la ética se pregunta por qué no se debe mentir. Atendiendo a las consecuencias que esa mentira traerá sobre aquél o aquellos que comparten nuestra vida y con  los que convivimos.

Aportando al tema, dice Grondona[i], que la palabra Moral proviene del latín “mos” que significa “costumbre” y que alude a las reglas aceptadas (consideradas justas y obligatorias) por una sociedad y por extensión por los individuos que viven en ella.  Afirma también que éstas reglas no agotan la realidad, y que a lo sumo, nos ayudan a tratar con ella. Porque ninguna regla puede anticipar totalmente la diversidad de las situaciones que van brotando de la realidad. Y sostiene que en el fondo de cada situación de la vida de los hombres acecha un dilema “ético”; término que dice deriva del griego ethos, y que refiere a la morada interior o conciencia  del hombre, donde éste cavila y se decide frente a la realidad. Que deberá incluir necesasariamente a la repercución sobre los demás.

Es así que los problemas morales surgen con mayor o menor intensidad en todos los aspectos de la vida, y en todo tipo de situaciones nos vemos enfrentados al hecho de tener que tomar decisiones de implicancia moral. De tal forma podemos encontrarnos ante dilemas morales como: si mentir es absolutamente disvalioso y contrario a la moral ¿no debemos mentir  para engañar a un asesino lanzado en pos de su víctima o para consolar a un enfermo terminal?.

La Moral entonces aportará las pautas que nos orienten sobre lo que hay que hacer. Y la ética los principios éticos que indican cómo decidir entre reglas y valores alternativos para hacer lo correcto. En concreto, entonces la ética pretenderá la realización de la persona humana mediante los valores morales que prescriben acerca de lo que es bueno y de lo que es malo socialmente hablando.

Pero para lograrlo las personas debemos vivir éticamente todos los días, y que los valores morales que adherimos estén presentes en todas nuestras reacciones. Una sola acción buena no nos hace buenos.

Esa ética de todos los días, marca todo un estilo de vida, un modo de ser que se hace habitual en la persona que la practica, y gracias a la cual, dicha persona actuará siempre de una manera justa y recta que le es como natural.  A tal punto que cuando la persona que vive un estilo de vida así, actúa de una manera no acorde con esos valores que son fundamentales para ella, se siente mal consigo misma. Sentimiento de malestar que equivale a lo que llamamos la voz de la conciencia.

Es claro entonces, que los valores que nos interesará identificar y adherir son aquellas cualidades positivas que nos permiten mejorar nuestra calidad de vida. Que son aquellos cualidades trascendentes que favorecen el  desarrollo pleno como personas capaces de descubrir todo lo bueno y grande que existe en este mundo actual, y en definitiva de encontrar el camino de la felicidad.

Porque el hombre siempre tiene, por el sólo hecho de serlo, una vocación genérica o potencia para ser feliz. Y si además ha desarrollado hábitos favorables o “virtudes” en dirección a una vida plena, entonces posee una vocación específica para la felicidad.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


* Fernando Savater. Ética para Amador.
[i] Mariano Grondona, “Bajo el imperio de las ideas morales” Ed. Sudamericana. Bs. As 1987. Docente, periodista,escritor y conductor radial y televisivo. Nació en 1932, en Buenos Aires. Abogado y Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Profesor titular de Derecho Político en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA. Profesor visitante en el Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard, a cargo del curso “Los valores y el desarrollo, Investigador asociado al Centro de Asuntos Internacionales, Universidad de Harvard. Director de la revista Visión. Columnista diario La Nación. Conductor de los programas de radio y televisión:  “La Clave del día”, “A la Vuelta”, “Pensando con Mariano Grondona”, “La Clave de Mariano Grondona”, “Debate con Mariano Grondona”, “Clases con Mariano Grondona”, y Hora Clave.
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La no-planificación de planificar.

“Debemos estar dispuestos a deshacernos de la vida que hemos planeado con el  fin realizar la vida que nos espera”. Joseph Campbell.

Una planificación es el diseño y proposición de la circunstancia y de los pasos a seguir para asegurarse de que un cierto proceso sea efectivo en la generación de un resultado deseado. Sin embargo las planificaciones nunca resultan si uno se apega a ellas. Y esto es así porque el acto mismo de intentar asegurar el suceder de una planificación ocurre en un ámbito diferente, más amplio que aquel en que ésta se propuso, lo que inevitablemente altera su dirección, llevándolo a un resultado diferente del deseado.

La salida está en la inteligencia, que es  la “plasticidad conductual” frente a un mundo cambiante. O sea, en la disposición a soltar la creencia de que la eficiencia y efectividad de la realización de una tarea o proceso dependen del apego a lo planeado.

La eficiencia y efectividad del hacer están en la “no-planificación del planificar”. Esto es, en no sujetarse de lo planificado y estando siempre dispuesto al hacer que se hace, sin expectativas, sin exigencias y sin supuestos. Y por supuesto, en y desde el amar lo que se hace.

Existimos en un suceder de continuo cambio. Y en estas circunstancias el arte y la ciencia del no-planificar está en entender la naturaleza del proceso en que uno se encuentra mientras vive. En saber, que a dónde se quiere ir, es un camino que se define momento a momento.

Los seres humanos, como mamíferos que somos, somos curiosos y como ellos procuramos mirarlo, olerlo, tocarlo todo; y además por expresarnos con lenguaje, queremos reflexionarlo todo en un ámbito cultural actual en el que queremos controlarlo todo. Y al querer controlar todo, perdemos plasticidad, se nos estrecha la inteligencia y nos apegamos a las planificaciones.

¿Será necesario controlarlo todo?, o…

¿Podemos en  cambio, confiar en la colaboración y la inspiración de vivir haciendo?,

Piensa bien y saldrá bien!!!

Fuente:
Humberto Maturana Romesín. “Reflexión Inesperada: ¿Plasticidad conductual?” Publicado: http://www.matriztica.cl/plasticidad-conductual/
Matríztica es una organización dedicada a diseñar y generar espacios de trasformación cultural en organizaciones y comunidades humanas.
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Todo sucede,… “mientras tanto”.

“La vida es aquello que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en realizar nuestros planes” John Lennon

La vida que hacemos -en realidad estoy convencido de que la vida no es solo lo que nos sucede, sino que la vamos haciendo como queremos hacerla mientras vivimos-, la hacemos  “mientras tanto”; Mientras tanto estamos empeñados en la realización de nuestros planes.

Pero nuestras planificaciones y las expectativas que conllevan, además de que casi nunca se terminan cumpliendo tal y como las pensamos,  impiden que prestemos atención y que seamos conscientes al cómo estamos haciendo nuestra vida. Al cómo hacemos lo que estamos haciendo.

Muchos malgastamos nuestra vida haciendo cosas que no nos interesan realmente, pero que creemos que debemos hacer para ser productivos y aceptados. Otros, además nos confundimos y al estar ocupados en realizar aquello que hemos planificado, intentando cumplir con nuestras expectativas -y a veces hasta las ajenas-, creemos que estamos viviendo responsablemente. Cuando vivir con responsabilidad es tomar debida conciencia de cómo hacemos lo que estamos haciendo.

Y ese hacer que hacemos, lo reconozcamos o no,  puede ser observado -mirado- si ponemos atención plena al espacio que yo llamo “mientras tanto” y a lo que ocurre en ese espacio.

Aquello que profundamente deseamos, el trabajo, la dedicación necesaria para obtenerlo, el disfrute pleno del camino hacia él y la felicidad de recorrer el camino elegido, dependen de lo que hagamos “mientras tanto”, del cómo lo hacemos, y hasta de lo que intentemos hacer en ese espacio. Pero, ¡cuidado!, toda la infelicidad de no alcanzar lo planificado también.

Todo sucede,… “mientras tanto”.

Tomar consciencia de cómo vivimos o cómo hacemos lo que hacemos en nuestras vidas es la clave. Por ejemplo, tomar consciencia de cómo nos alimentamos, de cómo descansamos, de cómo armamos nuestros proyectos, de cómo somos amigos, de cómo nos divertimos, tiene que ver con vivir mientras tanto,  ese único real espacio para vivir.

Piensa bien y saldrá bien!

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La vida es una actitud que adoptamos, lo queramos o no “mientras tanto” vivimos.

Lo verdaderamente importante sucede “mientras tanto”.

El objetivo que deseamos alcanzar, la meta que anhelamos, la misión que creamos que debemos cumplir. Todo sucede y depende de lo que hagamos “mientras tanto”. Y el resultado es y será una consecuencia de lo hagamos “mientras tanto”, aunque en general no percibimos como hacemos lo que hacemos.

De alguna forma, todos lidiamos con un obstáculo muy propio, muy nuestro. Nuestro EGO. Que nos impide centrarnos con lo que hacemos mientras tanto, aquí y ahora, y que nos obliga a preocuparnos sobre manera por el resultado futuro de nuestras búsquedas o proyectos.

Nuestro EGO, creado por nuestra  mente,  es una  ilusión de quien realmente somos.  Y sin darnos cuenta, nos encontramos marcándonos metas, objetivos y resultados que alimentan esa ilusión, creyendo que nos potencian y que nos hacen sentir importantes. Pero que generalmente, aun consiguiéndolas, no nos sentimos satisfechos; o  en el mejor de los casos, la satisfacción que creemos obtener, se diluye prontamente para ponemos en búsqueda de un nuevo resultado. Todo ello porque en realidad hemos intentado satisfacer una ilusión de lo que creemos que somos.

Lo interesante es que si nos observamos honestamente, cuando nos proponernos metas y nos embarcamos en ellas, prestando más atención a lo que hacemos “mientras tanto”, en el aquí y ahora, rompemos el condicionamiento de nuestro EGO y nuestro hacer no solo es mucho más eficaz sino infinitamente más alegre y satisfactorio.

Pero además, decidamos lo que decidamos realizar, si nos sentimos motivados por el servicio a los demás y al mismo tiempo nos  desinteresamos sinceramente de los posibles resultados, sentiremos que tenemos un propósito, independientemente del resultado al que arribemos.

Y todo “mientras tanto”. Aquí y ahora.

¡Piensa bien! Vive el mientras Tanto.
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Mientras tanto elegimos como vivir.

Nuestra vida “es” mientras tanto vivimos. ¡Y no hay más!. Pero sí puede haber mucho menos si no atendemos a lo que hacemos mientras tanto vivimos.

Por ejemplo Mientras tanto se nos pasa la vida, por ejemplo, elegimos que hacer y que no.

Podemos elegir hacer sólo lo que es mejor para nosotros, aquello que nos conviene. O mientras tanto también podemos elegir mantener la expectativa de que algo suceda. Sencillamente, de sentarnos a esperarlo. Pero siempre elegimos aunque no seamos conscientes de ello.

Aún cuando nos ocurran cosas sobre las que no tengamos elección, siempre podemos elegimos que hacer con ello. Y siempre tenemos la opción de ceder y convertirnos en el resultado de nuestros condicionamientos -como nacimos, como nos educaron, donde vivimos-, o de luchar y llegar a ser el resultado de nuestras decisiones.

Debemos tener presente además, que no hacer algo respecto a los que nos sucede, también es “hacer”.  Sólo que de esta forma podemos estar dejando en manos de alguien más lo que deberíamos hacer únicamente nosotros mismos. Como sea, no somos menos libres por ello.

Mientras tanto, también,  siempre podemos cambiar y modificar cualquier conducta si lo buscamos, si lo queremos. O podemos buscar excusas, y mantener firmes y activos nuestros propios límites.

Lo cierto es que tenemos los pinceles y los colores, para pintar el paraíso y entrar en él.[i] Podemos siempre actuar nuestra propia obra. Podemos contarnos nuestra historia. Y vivir en ella.

Si no nos gusta el escenario en el que nos encontramos, si no somos felices, si nos encontramos solos, si nos parece que no sucede nada, podemos cambiarlo en parte o totalmente. Y podemos pintar un nuevo decorado, rodearnos de actores nuevos, escribir una nueva obra, y si la obra no nos resulta buena, insistir y escribir otra.

Y todo, mientras tanto,…ni más ni menos


[i] “ustedes tienen los pinceles y los colores, pinten el paraíso y entren en él”. Nikos Kazantzakis, (1883/1957) escritor griego, autor de poemas, novelas, ensayos, obras de teatro y libros de viaje. Es, posiblemente, el escritor y filósofo griego más importante del siglo XX y el que a más lenguas y dialectos ha sido traducido. No obstante, no fue muy conocido hasta el estreno en 1964 de la película “Zorba el griego“, basada en su novela  “Alexis Zorbas”.
“He aquí la dicha verdadera: no tener ambición alguna y trabajar como un condenado, como acosado por todas las ambiciones. Vivir lejos de los hombres, no tener necesidad de ellos y quererlos. Estar en Navidad y tras haber comido y bebido a gusto, irse uno solo a salvo de todas las acechanzas, con las estrellas sobre la cabeza, la tierra a la izquierda, el mar a la derecha, y advertir, de pronto, que en el corazón la vida ha realizado un postrer milagro: el de convertirse en un cuento de hadas.”
Alexis Zorba El Griego / Nikos Kazantzakis / 1946
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Identificar nuestras emociones es cuestión de estar conscientes.

Si realmente queremos entender nuestras acciones, -cómo es que hacemos lo que hacemos-,  debemos enfocar a la emoción que lo posibilita. Porque nada hacemos que no esté definido por una emoción que lo haga posible.

Claro entonces, que deberíamos conocer sobre emociones. Responder a ¿por qué hago lo que hago?, esta relacionado con porder reflexionar sobre las emociones detrás de nuestros actos.

Comencemos por aceptar que una emoción es una reacción a un objeto o suceso que surge a partir de la interpretación que hacemos de ese objeto o suceso. Interpretación que está siempre sujeta a estructuras mentales preexistentes en nosotros como nuestras creencias, pensamientos y los patrones de conducta que éstos generan.

Estas estructuras guardadas en nuestra mente determinan la forma en la que percibimos una situación actual en función de la información que tenemos aprendida sobre esa situación por haber experimentado otra similar anterior. Y por lo tanto, condicionan nuestra reacción emocional frente a la nueva experiencia.

O sea que para entender como es una emoción y poder identificarla, debemos tomar consciencia por un lado, de que nuestra experiencia pasada es la fuente más determinante de nuestros comportamientos ya que es a partir de nuestra experiencia donde construimos los juicios que valoran los sucesos a los que nos enfrentamos. Por otro lado, de que entonces estamos de una u otra manera actuando según al modo en que evaluamos la situación, no como la situación realmente es.

Razones por las cuales no se puede separar el análisis de nuestras emociones y nuestra respuesta emocional, del análisis de los sistemas de creencias, de pensamientos y actitudes que entran en juego en nuestras evaluaciones y en su consecuencia, nuestra reacción emocional a lo que estamos evaluando.

Ahora bien, conviene estar lo más plenamente consciente de que en esa evaluación de las situaciones que nos tocan vivir, que hacemos general y mayormente en forma inconsciente. Muy frecuentemente ocurren distorsiones negativas que provocan respuestas emocionales negativas o por lo menos no convenientes, pero que además retroalimentan un ciclo de dar respuestas negativas automáticas a situaciones similares, hasta conformar verdaderos estilos de respuestas. Que naturalizamos hasta dar por sentado que nacimos reaccionando de esa forma (¡Así soy yo!).

Por ello es muy importante reconocer que este tipo de pensamientos son aprendidos, es decir no son innatos, por lo que si realmente lo deseamos, podemos cambiarlos por otros que sean positivos y más convenientes, tomando consciencia de que si bien no podemos cambiar los hechos, ya sean estos buenos o malos, siempre podemos cambiar lo que pensamos sobre ellos. Comenzando un camino de revisar y cuestionar nuestras creencias de forma tal que dejemos de lado una interpretación negativa sobre un determinado hecho.

Trabajar en la búsqueda de pensamientos positivos que diluyan nuestra interpretación negativa sobre un hecho o situación, es tomar consciencia. El verdadero origen de  nuestras  reacciones  emocionales  no  es  lo que ocurre en el exterior, sino lo que pasa en la dinámica interna, en la conciencia.

En la práctica es estar atentos a formas de actuar (a lo que hacemos), que por naturales que nos parezcan, son generadoras de pensamiento negativo y por consiguiente, inconvenientes para nuestro bien-estar. Cada  uno  de nosotros hacemos  lo que  podemos  con  las  memorias  que  llevamos  con nosotros y según nuestro grado  de  conciencia.

Como por ejemplo estar atentos a si somos adeptos a rumores, chismes, y al desmedido interés que le damos a las noticias negativas. A pensamientos todo-o-nada, a los términos absolutos, y al el uso de términos como “siempre”, “nunca” o “todos” cuando su uso no está justificado por los acontecimientos propiamente. A sobre-generalizar, tomando casos aislados y generalizar su validez para todo. A enfocarse exclusivamente en ciertos aspectos, usualmente negativos y perturbadores, de un evento o persona con exclusión de otras características. A descalificar lo positivo por razones arbitrarias, asumiendo algo negativo cuando no hay apoyo empírico para ello. A suponer las intenciones de otros o adivinar predecir o “profetizar” el resultado antes de que suceda. A imaginar y rumiar acerca del peor resultado posible, sin importar lo improbable de su ocurrencia. O pensar que la situación es insoportable o imposible, cuando en realidad es incómoda (o muy incómoda) o inconveniente. A sostener reglas rígidamente. A no permitirse pensar que las cosas pueden ser de otra forma de como las vemos. Pero además de todo ello, estemos atentos a si culpamos a los demás de nuestra reacciones emocionales inconvenientes, porque estamos renunciamos a nuestro poder de cambiar.

Lo bueno es que todos podemos  reconocer  nuestras propias  estructuras  y emprender, si lo  deseamos, un  trabajo concreto de transformación.

Desde lo científico se ha observado que pueden crearse nuevas estructuras en nuestra mente en función de  los  nuevos  caminos  que tome la consciencia. Porque cuanto más  se utiliza  una estructura, más  profundo se hace el  surco que  deja, y más se marca el camino, más fácil resulta  utilizarlo.  Al mismo tiempo, el no utilizar las  viejas estructuras hará que acaben por  desaparecer.

La práctica cotidiana de tomar consciencia es ser testigos de nosotros mismos, observándonos como si fuéramos testigos de nuestra existencia. Por lo tanto estar conscientes comprende observar  nuestros  pensamientos,  nuestras reacciones   emocionales  y   lo  que pasa  en  nuestro cuerpo  físico.

Si de  la  observación  surge que tenemos reacciones  emocionales  negativas  e inconvenientes,  entonces asumir  la  responsabilidad  de nuestras emociones es absolutamente  necesario.

También cuando  el  comportamiento  de  alguien  nos parece  inadecuado  o  negativo,  en  lugar  de  juzgar  y  reprobar,  tomo  en cuenta  puede  que  no  sea  más  que  una percepción errónea  por  mi parte. No  criticar  ni  reprobar  a  nadie,  porque  sé  que  la  reprobación  y  la  crítica  son  venenos para el que critica  y para el criticado. Ser  consciente  en  todo  momento  de  que  si  algo  me  molesta  de  los  demás  es  porque  hay  algo  en  mí  no  resuelto  que resuena con lo  que  percibo.

Asimismo, dejar  de  querer  tener  razón  y  de  querer  demostrar  que  los  demás  están  equivocados.  Escuchar  a  los  otros,  y  aceptar que  la  percepción que  los  demás  tienen de  la  realidad sea  diferente  a  la  nuestra.

Evitar  en  lo  posible  actuar  de  inmediato, buscar el espacio para responder mejor. Y si transitamos  un  estado  emocional  perturbado., r en busca  de  ayuda  si es  necesario.

En definitiva, estar consciente es dejar  de  resistirse  a  lo  que  presenta  la  vida.

Estar atentos lo más plenamente posible…es la cuestión.

¡Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:
*@Matriztica
LA ESTRUCTURA COGNITIVA DE LAS EMOCIONES. ENE-25-2016. By Diego Grispo. http://diegogrispo.com/estructura-cognitiva-de-las-emociones. DISTORSIONES COGNITIVAS Y EMOCIONES. FEB-01-2016. By Diego Grispo. http://diegogrispo.com/distorsiones-cognitivas-y-emociones

 

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DE APEGOS, MIEDOS Y CREENCIAS.

Expresiones tales como “La infelicidad es el apego a que todo resulte bien”; y que “La felicidad es vivir la vida en armonía de sus circunstancias.” de Humberto Maturana; y “Debemos estar dispuestos a deshacernos de la vida que hemos planeado con el fin realizar la vida que nos espera” de Joseph Campbell, refieren como causa generadora de la infelicidad al apego.

Entendiendo el apego como el estado emocional que nos vincula en forma compulsiva a una cosa o persona determinada, y que está originado por la creencia de que sin esa persona o cosa  no es posible ser feliz. Y que nos permitirá tanto experimentar el placer y la emoción de lograr aquello a lo que decidimos estar apegado, como la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. O sea que si no conseguimos el objeto de nuestro apego, originamos infelicidad; y, si lo conseguimos, no originamos propiamente felicidad, sino que simplemente producimos un instante de placer, seguido de la preocupación y el miedo de perder dicho objeto. Paradógicamente, aunque pensemos que el apegarnos a cosas o personas nos da la seguridad de tenerlas y gozarlas, son precisamente nuestros apegos los que nos impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

Pero el apego no es sólo la base de ese miedo a perder todo lo que finalmente obtuvimos, sino que también lo es de todas las creencias que nos han transmitido respecto de todos los miedos. Si no ponemos atención podemos encontrarnos apegados a todo, principalmente a la vida y a la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Y estar viviendo por ende con miedos; miedo a la imagen que los otros hayan podido hacer de nosotros, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que decimos amar y miedo a que nuestra imagen, la que tenemos de nosotros mismos, la que soñamos que los otros tengan de nosotros, se rompa. Es el apego y no el conflicto –cualquiera sea- lo que nos hace sufrir y en definitiva no nos permite ser felices como naturalmente debemos serlo.

Y es tal el poder del apego, que provoca lo no existente. Porque el miedo es sentirse amenazado por algo que ha registrado nuestra memoria en algún momento o experiencia determinada, y en consecuencia no es real, es una creencia. El miedo es una creencia adquirida.

Desde que nacimos, vivimos determinadas experiencias y escuchamos ciertos mensajes que crearon asociaciones en nuestro cerebro y por lo tanto ciertas situaciones las tenemos relacionadas con emociones concretas. Y el sólo pensamiento sobre ellas hace que se dispare la emoción. No es la nueva situación la que nos da miedo, sino el recuerdo de otras situaciones que nos contaron o que hemos vivido anteriormente con una angustia que no hemos sabido resolver (si aprendí el miedo al agua, porque recibí la señal de que si me acerco a una piscina puedo morir ahogado, será difícil que pueda ser luego un buen nadador aunque mis padres me envíen al mejor profesor de natación).

En concreto, no nacimos con miedo y por ello es una emoción que naturalmente no nos toca experimentar. Pero la tenemos, y gracias a decidir estar apegados a todo aquello que realmente no necesitamos.

Pero lo importante es que el miedo, como toda creencia aprendida, es cultural, y por lo tanto, y si queremos, podemos cambiarla. Tal como podemos, si queremos, eliminar la falsa creencia, de que sin una cosa o persona determinada no podemos ser felices.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes: Humberto Maturana es uno de los pensadores más valiosos de la actualidad. Co-fundador de la Escuela Matríztica para dar formación en el entendimiento de la matriz biológica-cultural del habitar humano. Joseph Campbell. Académico norteamericano (1904-1987), dedicó su vida al estudio de las mitologías y religiones comparadas. Campbell indica la posibilidad de que estos sistemas simbólicos – los mitos – representen creaciones naturales de la mente humana -de ahí su difusión. Su obra fue influencia decisiva en la saga cinematográfica Star Wars de Gorge Lucas. Anthony de Mello (Bombay, 1931— Nueva York, 1987) sacerdote jesuita y psicoterapeuta conocido por sus libros y conferencias sobre espiritualidad, donde utilizaba elementos teológicos de otras religiones, además de la tradición judeocristiana.
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¿Estamos librados de la responsabilidad por nuestros actos en pos de nuestra “Felicidad”?

Personalmente, creo que todo ser humano, en el fondo de su corazón, es capaz de distinguir el bien del mal. … A veces puede ser difícil definir el bien, pero el mal tiene un aroma inconfundible: hasta un niño sabe qué es el olor. Por tanto, cada vez que deliberadamente infligimos dolor a otra persona, sabemos que estamos haciendo. Hacemos el mal. Amos Oz*

Cualquier relación amorosa, buena y duradera con aquello que nos apasiona, sean personas, trabajos, cosas, exige siempre trabajo y dedicacion. Es algo que siempre necesita hacerse de nuevo y rehacerse día a día, hora a hora. Resucitado constantemente, reafirmado, atendendido y que merece ser permanentemente observado desde nuestra preocupación ética, o sea  poniendo atención a la influencia que tienen sobre los demás (especialmente nuestros seres queridos), nuestros actos y decisiones al respecto. 

Vivimos en una actualidad de creciente fragilidad de los vínculos, de la impopularidad de los compromisos a largo plazo, de la división marcada entre derechos y obligaciones, y de la evasión de cualquier obligación que no sea con nosotros mismos.

¡Me debo esto!, ¡me merezco esto otro!, ¿y yo? ¿cuando voy a ser feliz?, ¿cuando voy a pensar en mi? … son algunas de las expresiones mas escuchadas de aquellos que sienten que han pospuesto sus oportunidades y que deben hacer algo al respecto.

Ahora bien, aunque existe un derecho irrenunciable a alcanzar ser felices, creo que vale preguntarnos, ¿Hay relación entre ese pretendido y añorado derecho a nuestra “felicidad”, y el daño a terceros  que puede generar su persecución?. 

¿Nos hemos detenido a pensar en ello,…en la existencia de un daño a un tercero inocente de nuestra insesante búsqueda? 

Ivan Klima** se pregunta: ¿Dónde esta la frontera entre el derecho a la felicidad personal por un nuevo amor por ejemplo, y el egoísmo irresponsable…, ?. Y se contesta: que trazar esta frontera con exactitud puede ser una tarea angustiosa, pero podemos estar seguros de una cosa: se halle la frontera donde se halle, se viola en el momento en que el acto… se declara moralmente indiferente y neutral, de modo que los actores están liberados a priori de la responsabilidad por las consecuencias para el otro de sus actos.

¿Hemos cruzado esa frontera? ¿Nos consideramos neutrales e indiferentes ante el dolor y el daño que producimos?.

Siempre estamos a tiempo de ser responsables y de cultivar preocupación ética por lo que generamos con nuestros actos. Sea para intentar iniciar una nueva relación  que sea verdaderamente buena y duradera por medio del compromiso, para resguardar a nuestros seres queridos de nuestras decisiones personales que puedan dañarlos. Opara en su caso, responder adecuadamente por los daños causados.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

 

Fuente: Zygmunt Barman. El Arte de la Vida. Ed. Paidos 2009. Bs. As.
*Amos Oz. (Jerusalén, 1939) Escritor israelí que en la actualidad está considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna. Cursó estudios en la universidad de Jerusalén y en Oxford, Inglaterra. Tiene el grado de oficial del ejército israelí y es destacado miembro del movimiento Paz Ahora, que aboga por el entendimiento pacífico entre israelíes y palestinos. Vive en un kibbutz, en el que ha desempeñado las más diversas tareas, entre ellas la de dar clases desde 1957 hasta 1973. También ha impartido diversos cursos como profesor invitado en universidades de Estados Unidos.
**Ivan Klíma (Praga, 1931). Narrador y profesor de filología, el checo perseguido por nazis y comunistas, es autor de una rica obra literaria. En su obra “Between Security and Insecutity”, Thames and Hudson, 1999, págs. 60-62.
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Conversemos con ese otro inconsciente dentro nuestro.

Me niego a aceptar la idea de que tengo una mente inconsciente que me ordena como actuar y que es completamente inaccesible; a creer que la  mayor parte de mi vida es controlada por fuerzas ingobernables que residen dentro mio; y a que no puedo dejar de ser víctima de los caprichos de mi “inconsciente”, cuyas órdenes se originan en las creenciashábitos de pensamiento que están programados en mí desde mi niñez.

Me gusta pensar en cambio, en que hay un “otro totalmente incosciente, mécanico, repetitivo, y automático” dentro mio con el que puedo conversar, y en su caso “convenserlo” para que trabaje diferente, mejor y conveniente para mí, a como lo viene haciendo.

Claro que debo ser persistente y preciso cuando le hablo.

Debo intentar que no queden dudas de que sepa por mí mismo que: Sé que tengo algunos hábitos sobrantes realmente tontos que se inculcaron en mí hace mucho tiempo. Que ya no estoy interesado en que mis actos sean dictados por él. Que voy a llevar todos esos viejos hábitos de pensamiento a la superficie, los voy a observar cuidadosamente. Y que voy a trabajar diariamente para ser más consciente de todos los aspectos de mi vida. 

Piensa bien, y saldrá bien!

D.O.

Fuente:
Wayne W. Dyer, Ph.D. http://www.drwaynedyer.com/
Bruce H. Lipton, PhD. The https://www.brucelipton.com/


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