No estamos librados de la responsabilidad por nuestros actos, aunque sean en pos de lo que consideramos nuestra “Felicidad”?

Personalmente, creo que todo ser humano, en el fondo de su corazón, es capaz de distinguir el bien del mal. … A veces puede ser difícil definir el bien, pero el mal tiene un aroma inconfundible: hasta un niño sabe qué es el olor. Por tanto, cada vez que deliberadamente infligimos dolor a otra persona, sabemos que estamos haciendo. Hacemos el mal. Amos Oz*

La creación de cualquier relación amorosa, buena y duradera con aquello que nos apasione, sean personas o no, exige trabajo y dedicacion. El amor no es algo que pueda encontrarse. Es algo que siempre necesita hacerse de nuevo y rehacerse día a día, hora a hora, resucitado constantemente, reafirmarlo, atenderlo y preocuparse por él.

Pero hoy vivimos en una actualidad de creciente fragilidad de los vínculos humanos, de la impopularidad de los compromisos a largo plazo, de la división entre derechos y obligaciones, y de la evasión de cualquier obligación que no sea con nosotros mismos.

¡Me debo esto!, ¡me merezco esto otro!, ¿y yo? ¿cuando voy a ser feliz?, ¿cuando voy a pensar en mi? … son algunas de las expresiones mas escuchadas de adultos que sienten que han pospuesto por infinitas causas sus oportunidades amorosas  y que deben hacer algo al respecto.

Ahora bien, aunque existe un derecho irrenunciable a alcanzar ser felices, creo que vale preguntarnos, ¿Hay relación entre ese pretendido y añorado derecho a la “felicidad”, y el daño que puede generar su persecución?.  ¿Nos hemos detenido a pensar en ello,…en la existencia de un daño a un tercero inocente de la insesante búsqueda?. ¿Somos conscientes del alcance de nuestras acciones sobre los demás?.

Ivan Klima** se pregunta: ¿Dónde esta la frontera entre el derecho a la felicidad personal y el nuevo amor, por un lado, y el egoísmo irresponsable…, por el otro?. Y se contesta: que trazar esta frontera con exactitud puede ser una tarea angustiosa, pero podemos estar seguros de una cosa: se halle la frontera donde se halle, se viola en el momento en que el acto… se declara moralmente indiferente y neutral, de modo que los actores están liberados a priori de la responsabilidad por las consecuencias para el otro de sus actos.

¿Hemos cruzado esa frontera? ¿Nos consideramos neutrales e indiferentes ante el dolor y el daño que producimos?.

Siempre estamos a tiempo de ser responsables y de cultivar una preocupación ética por lo que generamos con nuestros actos. Sea para intentar iniciar una nueva relación con alguione o algo que sea verdaderamente buena y duradera por medio del compromiso, y como, para en su caso, responder adecuadamente por los daños causados.

Piensa bien y saldrá !bien.

DO.

 

Fuente: Zygmunt Barman. El Arte de la Vida. Ed. Paidos 2009. Bs. As.
*Amos Oz. (Jerusalén, 1939) Escritor israelí que en la actualidad está considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna. Cursó estudios en la universidad de Jerusalén y en Oxford, Inglaterra. Tiene el grado de oficial del ejército israelí y es destacado miembro del movimiento Paz Ahora, que aboga por el entendimiento pacífico entre israelíes y palestinos. Vive en un kibbutz, en el que ha desempeñado las más diversas tareas, entre ellas la de dar clases desde 1957 hasta 1973. También ha impartido diversos cursos como profesor invitado en universidades de Estados Unidos.
**Ivan Klíma (Praga, 1931). Narrador y profesor de filología, el checo perseguido por nazis y comunistas, es autor de una rica obra literaria. En su obra “Between Security and Insecutity”, Thames and Hudson, 1999, págs. 60-62.
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Ser impecable con nuestras palabras .

“Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas.”

Ello es ser impecable con nuestras palabras. Que resulta ser un hábito sumamente poderoso.

Las palabras no son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza. Una acción. Un hacer. Constituyen el poder que tenemos, para ademas de expresar y comunicar, crear los acontecimientos de nuestra  vida. Nuestra intención se pone de manifiesto a través de las palabras.

No obstante, incorporar el hábito de ser impecable con nuestras palabras puede ser difícil porque hemos aprendido, en nuestros espacios de convivencia donde nos hemos ido trasnformando en seres humanos adultos, a hacer precisamente todo lo contrario.

Frecuentemente empleamos el poder de las palabras de un modo erróneo. Las usamos para maldecir, para culpar, reprochar, y destruir. Y las usamos por supuesto también para maldecirnos, culparnos, reprocharnos, y destruirnos.

Por lo general, empleamos las palabras para expresar rabia, celos, envidia y odio. Asimismo, hacemos de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás, y aún mas importante, al hablar con nosotros mismos.

Consideremos nuestras relaciones diarias. ¿Cuántas veces utilizamos las palabras para contar chismes?. Hemos escuchado chismorrear sin parar y expresar abiertamente opiniones sobre otras personas. Incluso personas desconocidas. Y nosotros aprendimos que esa era la manera normal de comunicarse.

Si comparamos la mente humana con una computadora, contar chismes es comparable a un virus informático, que no es más que un programa escrito en el mismo lenguaje que los demás, pero con una intención dañina. El virus se introduce cuando menos nos lo esperamos, y en la mayoría de los casos, sin que ni siquiera nos demos cuenta. Y una vez que se ha introducido, nuestra computadora no funciona muy bien o no funciona en absoluto, porque toda la información que posee se confunde y hay tal cantidad de mensajes contradictorios que resulta imposible obtener resultados satisfactorios. Pero dado que hemos aprendido a ingerir información desde niños, parte de nosotros cree el chisme. 

Aún peores son los «piratas informáticos», que extienden el virus intencionadamente. Seguramente recordamos alguna ocasión en la que nosotros mismos (o alguien que conocemos) estábamos furiosos con otra persona y deseábamos vengarnos de ella. Para hacerlo, le dijimos algo con la intención de que se sintiera mal consigo misma. Entonces, nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos que la persona en cuestión recibió un justo castigo por su maldad. ¡Cuidado! cuando contemplamos el mundo a través de un virus informático, resulta fácil justificar incluso el comportamiento más cruel.

Es necesario que comprendamos lo que son las palabras y lo que hacen. Y que seamos conscientes de que el mal uso de nuestras palabras nos hace caer más y más bajo.

 si somos impecables con nuestras palabras, veremos cuántos cambios ocurren en nuestra vida.

En primer lugar, cambios en nuestra manera de tratarnos a nosostros mismos y luego en nuestra forma de tratar a otras personas, especialmente aquellas a las que más queremos.

Si somos impecables con nuestras palabras, cualquier mal pensamiento acabará por desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestro perro o nuestro gato.

A su vez, la impecabilidad de nuestras palabras también nos proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que nos lance un chismeSolamente recibiremos una idea negativa si nuestra mente es un campo fértil para ella.

Seamos impecables con nuestras palabras. Utilicemos nuestras palabras apropiadamente empezando por nosotros mismos.

Ser impecable con nuestras palabras. También es una elección.

Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:  “LOS CUATRO ACUERDOS – libro sobre la Sabiduría Tolteca” del Dr. Miquel Ruiz.

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No nos tomemos nada personalmente

Suceda lo que suceda a nuestro alrededor, y sea lo que sea lo que la gente haga, piense o diga de nosotros no debemos tomárnoslo personalmente.

Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien nos insulta directamente, eso no tiene nada que ver con nosotros. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los parámetros y creencias  que ha establecido en su propia mente. Su punto de vista surge de toda la programación que recibió durante su formación como persona. Por ello hasta cuando alguien nos da su opinión, no lo tomemos personalmente, porque la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones. En realidad, esa persona esta hablando más de ella que de nosotros.

Además cuando nos tomamos las cosas personalmente, nos sentimos ofendidos y reaccionamos defendiendo nuestras creencias y creando conflictos. Hacemos una montaña de un grano de arena porque sentimos la necesidad de tener razón y de que los demás estén equivocados. Nos esforzamos en demostrarles que tenemos razón dando nuestras propias opiniones. Porque también cualquier cosa que sintamos o hacemos no es más que un reflejo de nuestras propias creencias. Lo que decimos, lo que hacemos y las opiniones que tenemos también se basan en nuestras propias creencias y no tienen nada que ver con los demás.

Ni siquiera las opiniones que tenemos sobre nosotros mismos son necesariamente verdad; por consiguiente, no tenemos la menor necesidad de tomarnos personalmente , cualquier cosa que oigamos en nuestra propia mente personalmente.

No nos tomemos nada personalmente porque, si lo hacemos, nos exponemos a sufrir por nada. Cuando no tomarnos nada personalmente se convierta en un hábito nos evitaremos muchos disgustos y será muy difícil que los comentarios insensibles o los actos negligentes de los demás nos hieran. Bastará con que confiemos en nosotros mismos.

Veamos a los demás tal como son. Conozcámonos. Y confiemos en ese conocimiento.

Extraído de  “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”. Por el Dr. Miquel Ruiz quien sostiene que si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por “nuestros acuerdos”, y nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar esos “acuerdos”. Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos, habrá “cuatro acuerdos” muy poderosos que nos ayudarán a romper aquellos otros que necesitamos cambiar para ser mejores personas. Los cuatro acuerdos son: Ser impecables con nuestras palabras. No tomarse nada personal. No dar nada por supuesto. Y hacer siempre lo mejor que podamos. Afirma que si bien se necesita una gran voluntad para adoptar los Cuatro Acuerdos, si eres capaz de empezar a vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa.
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Cuatro acuerdos con los que nos conviene estar de acuerdo.

Un milagro no es más que un cambio de percepción. Marianne Williamson

Nuestra vida está gobernada por modelos, patrones o creencias que afectan la forma en que percibimos la realidad y la forma en que respondemos a esa percepción.

Todo lo que hacemos, decimos y sentimos esta relacionado con esos modelos. A tal punto esto es así, que si nuestra vida tal como la estamos viviendo no nos gusta, entonces necesitamos modificar nuestras creencias para cambiar nuestra vida.

Podemos, si queremos, y si deseamos el cambio, comenzar comprometiéndonos con nosotros mismos, acordando básicamente con:

  • Ser impecables con nuestras palabras.
  • No dar nada por supuesto.
  • No tomarnos nada personal.
  • Y hacer siempre lo mejor que podamos.

Ser impecable con nuestras palabras es acordar que lo que salga de nuestra boca es lo que somos.
 Por lo tanto honrar nuestras palabras es honrarnos a nosotros mismos. Base del respeto ante los demás y ante nosotros mismos.

No dar nada por supuesto es acordar que si tenemos duda, la aclaramos.
 Si sospechamos, preguntamos.
 Suponer nos hace inventar historias increíbles que sólo envenenan nuestra alma y que no tienen fundamento. Nos quita tranquilidad y muchos momentos felices.

No tomarnos nada personalmente es acordar que ni la peor ofensa, ni el peor desaire, ni la más grave herida, debemos tomarla personalmente. Quien nos ofende tiene una presión propia que descarga contra nosotros, por no sabe cómo deshacerse de ella.
 Por ello en la medida que alguien nos quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo. Pero el problema es de aquella persona y no nuestro. Básicamente acordar que los demás hacen, no nos hacen.

Hacer siempre lo mejor que podamos, es acordar hacer siempre lo mejor que podamos, de esta forma nunca podremos recriminarnos nada o arrepentirnos de nada.

Seguramente se necesitaremos de decisión y disciplina para suscribir y cumplir tales acuerdos, pero si somos capaces de vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa.

Meditemos un momento sobre si consideramos que estos cuatro acuerdos son habituales en nuestra vida, y en su caso cuales son las actitudes o conductas que los identifican en nuestra vida cotidiana.

Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:   “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”, escrito por  el Dr. Miquel Ruiz

 

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Según convivimos con nuestros niños dependerá la clase de adulto que lleguen a ser.

 Hacemos de un tipo u otro de ser humano según el espacio en el que hemos adquirido las habilidades básicas necesarias para vivir.

Los niños y niñas aprenden en los espacios donde conviven. Por lo tanto un niño y una niña se van a transformar en una clase u otra de ser humano adulto según sean las relaciones en los espacios donde convive hoy. Lo genético es sólo un punto de partida, establece un campo de posibilidades, pero no los determina. Lo que ocurra después tendrá que ver con la historia y la calidad de los contextos en los que participan desde niños. En la  familia, en la escuela, en la vida social.

Los seres humanos, nos hacemos humanos en estos contextos de convivencia. Aprendemos el lenguaje, a emocionarnos, y a relacionarnos, y también desarrollamos nuestra autoestima personal, el modo de vernos, de ver a los otros y al mundo. Y nuestro modo de vivir como seres humanos adultos es fundamentalmente determinado por la emocionalidad que aprendimos a vivir de niño, no solo por el conocimiento o los tipos de argumentos racionales que podemos acumular a lo largo de de la vida.

Ahora bien, los adultos de hoy como únicos responsables del espacio de convivencia en el que se desarrollan y transforman nuestros niños, podemos contribuir siempre a proporcionar un modelo de espacio de convicencia adecuado.

Si nuestro objetivo es ver a nuestros niños transformados en seres humanos responsables, socialmente conscientes, que se respetan a sí mismo, y capaces de reflexionar sobre todo, de adquirir cualquier conocimiento, de tomar decisiones, de elegir liberemente lo que les conviene, es nuestra tarea de adulto, de hoy y de cada día, por medio de lo que hacemos y decimos, crear el mejor espacio de convivencia que los conduzca hacia ese tipo de ser humano.

Piensa bien  y saldrá bien!

D.O.

LA PEDAGOGÍA DEL AFECTO. Publicado el por Daniel Olguin

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Los hijos, el uso de drogas y los padres que desean ejercer de padres.

Ante  la tendencia de nuestros hijos a utilizar drogas, la prevención es la actitud y acción más efectiva que podemos tomar como adultos responsables y como padres. Y el trabajo y dedicación constante a fin de que nuestros hijos desarrollen los hábitos que necesitan para hacer frente a la situación, son nuestras herramientas en tal sentido, ademas de constituir una ineludible obligación para con ellos, si realmente queremos ejercer de padres. Hacer de padres que significa mucho más que serlo.

Muchos jóvenes consumen drogas quizás tentados por la eufioria y la evasión que éstas sustancias parecen ofrecerles. Tal vez creyendo que les ayudará a pensar mejor, a ser más populares, a encajar en un grupo, a mantenerse más activos o hasta ser mejores atletas. También porque creen que las drogas les ayudarán a escapar de sus problemas. Y asimismo también, simplemente porque sienten curiosidad y creen que probarlas no les hará daño. Pero la verdad es que las drogas no solucionan los problemas. Simplemente ocultan los sentimientos y los problemas. Y cuando desaparecen sus efectos, permanecen los sentimientos y los problemas que generalmente empeoran. En concreto, el uso de drogas puede arruinar todos los aspectos de la vida de una persona.

Entonces, y atento a las causas por las cuales un jóven accede a entrar y seguir el camino de las drogas, la tarea como padres debe apuntar a animar a nuestros niños a que adopten y reiteren comportamientos que conduzcan al desarrollo de fortaleza interna, ayudándoles a descubrir sus habilidades y dones naturales, estimándose a sí mismo por lo que ya son sin la ayuda de nada externo.

A que se acostumbren a tomar decisiones desarrollando así un mayor sentido de responsabilidad, aprendiendo a elegir prudentemente acerca de muchas cosas simples y cotidianas. Que entrenen esta capacidad de ejercer la libertad, eligiendo lo que mas les conviene, para el momento de tener que elegir bien ante la oferta de medio en el que actúan y la presion de sus pares de experimentar con drogas y otras situaciones que quiten libertad.

A que aprendan a bastarse a sí mismos. A satisfacer por sí mismos su propia curiosidad actuando cada vez con mayor con independencia. Y que se acostumbren a establecer metas simples y razonables, y esforzarse por alcanzarlas, reconociendo la satisfacción personal del logro y evitando además el aburrimiento.

Los jóvenes con estos hábitos incorporados son muchísimo menos proclives al uso de drogas y de cualquier cosa que límite su propia libertad.

Ahora bien, trabajar con nuestros hijos en el desarrollo de estos hábitos incluye fundamentalmente ejercer el compromiso de hacer de padres.  Por lo tanto debemos enseñar con el propio ejemplo. Mantener conversaciones habituales con nuestros hijos sobre el tema, respetándolos como individuos legítimos para opinar. Y asumir una posición clara y firme sobre el uso de drogas.

Por lo tanto debemos desterrando las conductas que impliquen ausencia fisica y emocional de nuestros hijos y sus problemas. La falta de normas y límites claros. Y la predica que no practicamos nosotros mismos.

Claro, si realmente deseamos ejercer de padres. Tal vez el mayor privilegio que posee un ser humano…si quiere.

Piensa bien y saldrá bien.

DO.

Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/drogas.htm

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¿A que nos referimos cuando hablamos de las drogas?

Con el nombre de droga se designa a cualquier sustancia que, introducida en un organismo vivo, puede modificar una o varias de sus funciones.

El concepto de droga  engloba  las sustancias, cuyo consumo reiterado provoca la dependencia física u orgánica, así como el deseo irrefrenable de seguir consumiéndolas en mayores dosis.

Entonces cuando hablamos de las drogas, nos estamos refiriendo a sustancias prohibidas, nocivas para la salud, que trae aparejado un perjuicio tanto individual como social.

El principal problema de las drogas es su capacidad de crear dependencia psicológica, emocional y hasta física. Y una vez contraída la dependencia, el adicto seguirá siéndolo mientras viva, es decir, que aún  luchando por rehabilitarse,  siempre será un adicto en recuperación. Y deberá estar atento a no caer nuevamente en el consumo.

Además el consumo de drogas trae aparejadas otro tipo de consecuencias: Los adictos a drogas, con frecuencia se ven envueltos en agresiones, desorden público, conflictos sociales, raciales, y marginación. Cuando se comienza a necesitar más a las drogas que a las otras personas se arruinan o destruyen las relaciones íntimas y se pierden las amistades. Se abandonan metas y planes de vida. Y muchas veces para sostener su hábito recurren al crimen.

Pero asimismo además, muchas de las drogas están con frecuencia sometidas a procesos de adulteración, y por lo tanto el consumidor enfrenta riesgos añadidos imprevisibles.

Son varios los factores de riesgo que conducen a los jóvenes al consumo de drogas. La falta de valores positivos, y de adecuada autoestima, un entorno distorsionado por el precio de las cosas que se poseen , o un ambiente presionado por todo lo que no se pude poseer, son alguno de ellos.

Pero como sea, detrás de cada joven que recurre a las drogas para disfrutar de la vida o enfrentarse a sus exigencias, hay una situación de ausencia de los adultos de quienes depende. Quienes deben estar mirándolo dándole la entidad que necesita reconocer en sí mismo. Y ayudándolo a que lo logre.

Seguramente, el jovén que es acompañado y ayudado por sus padres y adultos con los que convive, en decubrir lo que ya es y trae desde su nacimiento, en reconcoer aquello que hace bien yle sale fácil hacer, y en encontrar el camino para lograr hacer lo que le apasiona, estará mucho mejor preparado para enfrentar cualquier tendencia a consumir algo que le quite su libertad de hacer.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

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Educador: el que ayuda a reconcoer y cultivar dones naturales.

“La contribución mas importante que puede hacer la educación al desarollo del niño es ayudarlo a acceder a un campo en el que sus talentos se desarrollen más plenamente, donde se siente satisfecho y capaz. Hemos perdido totalmente de vista esa noción. En cambio sometemos a todos a una educación en la que, si tienes éxito, estarás en mejores condiciones de ser profesor. Y evaluamos a todos sobre la marcha en función de que se ajusten a ese estrecho criterio de éxitos. Deberíamos perder menos tiempo clasificando a los chicos en categorías y mas tiempo ayudándolos a reconcoer sus aptitudes y dones naturales y a cultivarlos. Hay centenares de maneras de tener éxito y muchísimas habilidades diferentes que nos ayudarán a alcanzarlo.” Howard Gardner, psicólogp de la faxcultad de Ciencias de la Educación de Harvard (1986).

 

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Hablar del cambio no es suficiente.

La democracia solo ocurre conviviendo en la HONESTIDAD. La ética social, la colaboración, la equidad, y otros componentes de la vida democrática, solo son posibles de alcanzar conviviendo en la confianza que genera la HONESTIDAD.

No solo los casos de corrupción conocidos, sino que también las conductas que tienden a marcar una tendencia en tal sentido, revelan una cultura de obtener ventajas a cualquier precio, por supuesto sabiendo que se trata de conductas DESHONESTAS. Cultura que como tal, además venimos transmitiendo por generaciones.

Desde que volvió la democracia se fue profundizando la falta de confianza ciudadana provocada precisamente por los escándalos políticos y por la TRAICIÓN a la sociedad que éstos llevan implícitos.

Y cuando se viola esa confianza, se traiciona, se borra la historia que pudo haber existido anteriormente. Entonces se requerirá un nuevo comienzo como única salida. No un mejoramiento de lo mismo.

Por ello, no es suficiente anunciar que estamos en un cambio.

Recién lo estaremos comenzando, en el mejor de los casos,  en la medida en que nos demos cuenta de que vivir en la DESHONESTIDAD nos avergüenza y no queremos conservarla.

Y estaremos realizando un verdadero cambio cuando comencemos de una vez por todas a condenar y mantener en nuestra memoria aquellas conductas inexplicables, que se encubren, y de las que no se habla en pos de una estrategia política. Conducta de por sí DESHONESTA no sólo porque encubre, esconde, sino porque subestima, en tanto DESPRECIA, la capacidad de quienes creemos y deseamos un verdader cambio.

Por lo tanto, la gran responsabilidad de cada ciudadano desde su lugar, es comenzar hoy mismo, conscientemente, a convivir en y con HONESTIDAD. Pero mucho más si de quienes se trata son aquellos que les toca conducir desde un gobierno, desde el Estado, o desde un puesto de poder. Quienes deben transparentar todos sus actos y explicar sus conductas, si es necesario, como si los demás ciudadanos fuéramos niños de cinco años que merecen comprender. O “como si  les importaran” todos aquellos que los eligieron para los puestos que ocupan. 

Claro, todo ello si es que realmente queremos vivir en una verdadera democracia. Y si realmente queremos vivir en paz como creo que los ARGENTINOS nos merecemos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuente: Humberto Maturana y la falta de ética social imperante: “Hoy no estamos viviendo en democracia” por ElMostrador 21 enero 2016 m.elmostrador.cl

 

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El fin de la corrupción política comienza cuando la sociedad deje de aceptar que puede ser una herramienta de la gestión política exitosa.

La corrupción en la política es universalmente señalada como negativa por la opinión pública. No obstante hoy existe un sistema “normalizado” de corrupción.

Una cultura de entendimiento común que identifica el dinero, y su acopio por parte de la clase política (gobierne o no), como la forma más importante de reunir poder para hacer política. Y que generalmente “infecta” y convierte rápidamente en corruptos a aquellos que ingresan al seno de la política con ideales de cambio profundo y principalmente con ideas de anti-corrupción. O, en el menor de los casos, los escupe y devuelve al lugar de donde salieron para nunca mas intentar “hacer política”, por lo menos de la forma que pensaban que debian hacerlo originalmente.

Y ello es así porque el tema de la corrupción en la política no se circunscribe sólo al ámbito de quienes actúan en política. Sino que gran parte de la  sociedad terminó adaptada de alguna forma a esa cultura, aceptando que el dinero y su acopio es la mayor y más efectiva herramienta que posee una gestión política exitosa.

O sea que, si bien es sólo un número menor de personas las que controlan las palancas reales del poder y que determinan el ámbito de lo posible de toda gestión política, y de la corrupció en su gestión, a éstos se les suman muchos más “funcionarios” en todo el ámbito del poder político.

Sin importar partidos o agrupaciones políticas, éstos “funcionarios” funcionales del poder, se mueven desde distintos cargos de elección popular, o no elegibles. Ya se que  cumplan funciones de asesores, consultores en las legislaturas o en la justicia. También desde bufetes de abogados y contadores allegados al poder, que se mueven dentro y fuera de las campañas políticas y que gestionan a través de centros de negocios corporativos.

Pero además, las distintas extracciones sociales de donde éstos proceden, parecen sostener entendimientos compartidos, manteniendo una narración sobre la vida en la política que los une y mantiene a todos relacionados a modo de una corporación, sin importar los origenes políticos o ideológicos. Incluso cuando no están de acuerdo en motivos ideológicos, no están en desacuerdo acerca de que el dinero es la forma más importante de conseguir poder político, y que es determinante de los resultados políticos en la mayoría de los casos.

Esta visión del mundo a su vez, se escurre hacia abajo en las personas con las que trabajan. Da forma a la conducta de sus colegas. Impregna a familiares y amigos. Y en última instancia une a todos en el sistema y en los mismos supuestos básicos acerca de lo que es políticamente posible.

Todo el tema entonces termina siendo para nada malo o corrupto. Sino que es “normativo”, de “sentido común”, y en definitiva, “es la forma en que siempre ha sido”.

Así el sistema y su aceptación se siguen extendiendo. Las tendencias naturales de la psicología humana determinan que cuanto más a menudo la gente ve confirmados en la práctica un conjunto de suposiciones u opiniones, más creen que es ello lo que pensaron desde el principio. Y con el tiempo, se distancian de lo que realmente pensaban anteriormente.

Muestra de ellos es que cada vez es menor el asombro honesto y real que producen las denuncias de corrupción. “Siempre fue así. Por lo menos éstos hicieron algo”, son expresiones del común de la gente.

El problema entonces es mayor al que podemos observar si nos circunscribimos sólo al sector “de los políticos” , y mucho más si nos encerramos en pensar que sólo pertenece a un gobierno determinado. Y sería absurdo creer que una cultura de la corrupción que se desarrolló por décadas se puede deshacer del día la noche.

Como sea, es necesario deshacer esa cultura, y crear una nueva. Por ello, no es suficiente anunciar que estamos en un cambio. Recién estaremos comenzando un verdadero cambio, en el mejor de los casos, cuando nos demos cuenta de que vivir en la deshonestidad nos avergüenza y no queremos conservarla.

Por lo tanto, la gran responsabilidad de los políticos, de los empresarios, y desde luego de cada ciudadano desde su lugar de actuación, es comenzar hoy mismo, conscientemente,  a convivir en y con honestidad.

Claro, si es que queremos solucionar este espinoso tema de la corrupción política, y si realmente deseamos vivir en democracia.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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