Mas Revolución! menos Populismo!

La dirigencia política y privada argentina, me animo a afirmar, desde 1930 en adelante, ha sido mayoritariamente populista y corrupta. Lo que ha derivado, necesariamente, en una mayoría de votantes que han preferido elegir cada nuevo ciclo populista ante la posibilidad de un cambio en tal sentido.

Esa dirigencia populista, que en nuestro país es “paradójica”, toda vez que se conformó siempre por un abanico de facciones que van desde las elites de las fuerzas conservadoras, hasta algunos sectores de izquierda inocente o inescrupulosa, ha conducido el país durante la mayor parte del último siglo y, por ende, son responsables del sistema de ilegalidad, y corrupción del que nos cuesta salir.

Lejos debemos estar hoy de cualquier “ideología”, ya que impiden toda reflexión necesaria a su respecto. Se cree o no se cree en ellas. Y cuanto más seguros estamos de creer en ellas, menos espacio nos damos para preguntarnos por qué creemos. O mas importante aún, el para qué.

Ello nos permitirá observar y percibir nuevamente el reclamo de un ciclo populista que supuestamente nos haría la vida mas fácil y mejor. Olvidando, nada mas y nada menos que 80 años de nuestra historia reciente. E intentando, en muchos casas, no ser conscientes de que esas las políticas populistas nos trajeron hasta la situación de caos social actual, en la que aquellos que serían supuestamente los primeros beneficiarios de tales políticas de estado popular están socioeconómicamente peor, mucho peor, que aquellos, que en apariencia no lo serían.

Nuestros populismos paradójicos han creando figuras antinómicas o grietas que les permitieron seguir subsistiendo a costo de todos los habitantes de este país que quedan fuera del radio de sus únicos beneficiarios. Aquellos que pertenece a los espacios políticos en aparente disputa.

Pero, fundamentalmente, la reflexión nos permitirá ahondar sobre el hecho de que pretender la inconveniencia de liberalismos que sólo entienden la libertad como el derecho a enriquecerse convirtiendo el desarrollo económico y material en el norte exclusivo y excluyente de la vida social, no significa aceptar cualquier estatismo desmedido de cualquier populismo, que necesariamente terminan cercenando libertades.

Nuestra historia política, comandada por mayoría de gobiernos populistas paradójicos, nos ha retrasado en la lucha por una sociedad mas equitativa y democrática que garantice la igualdad de oportunidades y el mismo acceso de todos a los derechos.

Nos ha impedido llevar adelante la única revolución real posible, que es la educativa, sentando las bases de cultura social que permita cualquier tipo de crecimiento.

Pero, es más, nos ha alejado de la comprensión de que solo es posible lograr objetivos reales de crecimiento y mejora, por medio de un verdadero consenso social y político.

Hoy es claro, como nunca antes, que la salida posible no esta relacionada con volver hacia ningún pasado, sea del color político que sea. La información extendida, múltiple y accesible de los hechos sucedidos en el pasado reciente y actual, es imposible de obviar, salvo alguna indisposición mental que lo impida puntualmente. Y el hecho de no reflexionar lo es.

Por ello, como método de activismo revolucionario si se quiere, deberíamos reflexionar preguntarnos, por ejemplo, ¿Cuáles de mis actos cotidianos demuestran un modo de convivir que respeta a los demás como parte del proyecto común de una ciudadanía democrática equitativa, integradora, que no excluya, que no discrimine?

La respuesta determinará el grado de compromiso que tenemos de cambiar las cosas. Porque toda solución provendrá seguramente de nuestra capacidad y decisión de considerar a nuestros conciudadanos como válidos para convivir, para buscar consensos, y para trabajar en cooperación hacia las soluciones en todos los niveles.

Pero también, las respuestas que nos vamos dando podrán indicarnos cual o cuales fuerzas políticas que intentan representarnos buscan un real cambio en tal sentido.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

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Ser presidente aqui y ahora.

“Aprendí mucho de mis maestros, aprendí mas todavía de mis amigos , y sobre todo aprendí de mis alumnos.”

Recuerdo que hace unos poco años, en el marco de una clase de la nueva asignatura “Política y Ciudadanía” en la que se discutía sobre la forma de participación política en una sociedad democrática,  pregunté a un grupo de alumnos de entre quince y dieciséis años de edad que cursaban el nivel secundario en un colegio privado del la zona norte del conurbano de la provincia de Buenos Aires, ¿de qué forma imaginaban que participarían en política cuando fueran mayores?

Una alumna respondió rápidamente que sería presidente, algún día. Y continuó diciendo: “Lo primero que haría como presidente sería dar alimentos y viviendas a  todos los pobres. Porque a nadie le puede faltar comida ni vivienda digna”. Afirmó seguidamente: “Hay que hacer algo y yo lo haré cuando sea grande y tenga posibilidades de hacerlo”. Y finalizó diciendo: Por ahora no puedo. Me faltan muchos años de estudios y aún no trabajo y no gano dinero”.

Entonces se me ocurrió expresarle que tal vez, para cumplir algo de ello, tal vez no tenía que esperar a ser presidente, ni ser grande. Y le dije:

“Si quieres, puedes venir el sábado a mi casa, tal vez traer algunos compañeros contigo, y puedas lavar mi automóvil. Te pagaré cincuenta pesos por ello. Además hablaré con dos amigos para que hagan lo mismo con sus automóviles. De esa forma en una jornada de trabajo -estimo que dejar impecables los tres autos les llevará aproximadamente seis horas- pueden obtener ciento cincuenta pesos.  Luego los acompañaré con gusto a la puerta del barrio donde siempre hay gente carenciada que busca un trabajo por el día y poder ganar así su alimento diario. De esta forma, a alguna de esta personas que no pudo conseguir trabajo, podrías darle tu ganancia o parte de ella  para que se compre su alimento y hasta, quizás, le pueda servir y comenzar a ahorrar para tener su propia y digna vivienda.”

La niña pensó unos segundos. Comentó algo entre los compañeros que la rodeaban y luego, mirándome fijamente me preguntó: “¿Y por qué no va esa persona a hacer el trabajo a tu casa, y le pagas directamente a él?”

Piensa bien y saldrá bien!

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Movernos a una velocidad que permita observar la mejor parte del camino que recorremos…

Está relacionado con despojarnos de las creencias que gobiernan nuestra existencia; que impulsan nuestras emociones y por lo tanto, nuestras decisiones. En este caso, especialmente intentar dejar de lado las creencias sobre nuestro porvenir.

Ser optimista, por ejemplo, nos obliga a creer que nos encaminanos hacia todo lo bueno que nos está esperando irremediablemente. Y por eso no vemos la necesidad de disminuir la velocidad a la que nos dirigimos hacia ese objetivo deseado.

Ser pesimista nos induce a lo mismo. Claro que en este caso creemos que aquello que nos esta esperando es tan malo a lo que pensamos o peor. Lo concreto en este caso, es que tampoco habremos de detenernos o disminuir nuestro paso hacia ese objetivo ya señalado que nos espera, también irremediablemente.

Tal vez, la clave sea ser esperanzado. Situándonos en la esperanza de “hacer” lo necesario para encontrar el bienestar. Accionado, insistiendo, perseverando y corriendo riesgos al enfrentar lo que nos acosa y buscamos superar.

Claro que podemos equivocarnos en lo que hacemos en la esperanza de estar haciendo lo necesario. Pero, como no consideramos estar signados por porvenir alguno, siempre podemos volver a intentar y hasta hacer otra cosa distinta.

Ayuda, necesariamente, dejar de creer también en que no se puede cambiar de opinión y menos de dirección. Es más. No deberíamos aceptar que sea imposible cambiar una conducta que nos perjudica por otra que nos beneficie.

De esta manera, “haciendo” con esperanza, dando nada por sentado, por determinado, podemos mantenernos en un movimiento mas lento. A una velocidad que nos permite observar el camino que recorremos. Sin perdernos su mejor parte, la de cada momento, aquí y ahora.

Y mientras tanto -todo sucede mientras tanto- podemos también ir aprendiendo algo nuevo. Algo, que de ir a mayor velocidad, seguramente se nos hubiese pasado por alto.

DO.

Piensa bien y saldrá bien!

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INTENTAR, INTENTAR…INTENTAR.

Poner manos a la obra, por lo menos intentando hacer. Luego de muchos intentos he concluido -por ahora- que todo proceso de cambio está basado en la práctica constante del intento. Intentar, intentar e intentar nuevamente todo lo que se pueda.

Siempre se puede intentar algo. Lo único que podría impedirlo somos nosotros mismos. Aunque, lo cierto es que -si verdaderamente queremos-, siempre estaremos a tiempo de reflexionar sobre nuestros pasos a seguir y comenzar a intentar algo y, además, de resguardar a los demás, de nuestras decisiones personales que puedan dañarlos. Nos estaremos equivocando, además de mintiendo, si creemos que un verdadero estado de bienestar o felicidad personal se puede lograr infligiendo un daño. Ese es el único verdadero límite para observar en nuestra intención.

He podido probar que todo éxito u objetivo logrado, siempre guarda proporción directa con la perseverancia en el trabajo para realizarlo o para intentarlo. Y además en tanto se intenta, siempre se aprende algo de ello. Todo pareciera comenzar con una intención. En realidad, con la emoción o emociones que impulsan el intento. Es la fuerza que hay detrás de todo.

En gran parte de mis travesías, cualesquiera de ellas, estuve dedicado a intentar aprender a transformar esa energía ínsita en la intención, que crea un campo resonante y envía ondas de probabilidad dentro del campo de posibilidades dispuestas para todos nosotros. Porque en el momento que tengo la intención por algo, estoy creándolo. Es instantáneo. Y ademas perceptible a nivel sensorial. Todo un sentimiento a flore de piel. Coincidirán conmigo en ese tipo de sentimiento. Como un viento de cola que te lleva hacia el lugar indicado.

Los físicos nos dicen que las cosas, en el mundo cuántico, no ocurren en pasos. Suceden inmediatamente. Y aquello que intentamos, existe en el preciso momento en que lo intentamos. Pero somos sólo conscientes de la realidad que elijamos observar. La manifestación física permanece fuera de nuestra conciencia actual. Salvo, reitero, que queramos observarlo.

En reiteradas ocasiones he tenido que detenerme a tomar plena consciencia de que aquello que veía, y sentía con mis cinco sentidos, siempre aparecía después de la intención de ver y de sentir. Allí comenzaba todo. Sin dudas. Otra vez trabajar, estudiar, practicar…amar hacerlo. ¿Cómo elaborar la intención?

El pensamiento ha sido y es una gran herramienta. Todos los pensamientos que he tenido viajaron por mi organismo biológico y activaron una reacción fisiológica. Todos los pensamientos, al margen de su contenido, entraron en mi sistema corporal en forma de energía y produjeron reacciones biológicas que luego se almacenaron en la memoria de mis células. Así, mi biografía se tejió en mi sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día. Es por ello por lo que todo pensamiento tuvo una energía que me fortaleció o me debilitó.

No dedique mucho tiempo a pensamientos negativos. Sin perjuicio de que un pensamiento negativo me hace sentir mal de cualquier manera, además he perdido la oportunidad de tener un pensamiento positivo y crear una gran oportunidad para mí y hasta para mi entorno.

El poder de la intención está en los pensamientos que elijo pensar hoy. Sí bien se necesita voluntad para obtener el control sobre nuestros pensamientos, vale la pena intentarlo. La recompensa es ver día a día como nuestras vidas se convierten en los más alegres, amorosas, saludables, fabulosas y prósperas experiencias…además de largarnos a intentar lo que deseamos.

Estimo que la suerte es preparación más oportunidad. Y creo -por ahora- que no tuve suerte, sino que tuve trabajo y ganas de salir adelante.

Además, al igual que la suerte las oportunidades surgen como como tales sólo si uno las ve, las observa. Cuando digo “he tenido mucha suerte en mi vida”, estoy ocultando las elecciones, los intentos que hice en un determinado momento y sentido.

Porque no hice elecciones al azar, eligí trabajar, estudiar, practicar, para hacer una profesión que me permitiera tener un buen vivir. En definitiva, me moví desde los deseos que surgían. De los impulsos de mis emociones. Intentando, intentando…intentando las veces necesarias. Y amando hacerlo.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

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UN METODO: TRABAJAR, ESTUDIAR, PRACTICAR…AMAR.

II. EL METODO: TRABAJAR, ESTUDIAR, PRACTICAR…AMAR.

Una coincidencia importante -en realidad todas los son si sabemos observarlas, porque siempre indican o conectan algo que puede sernos útil- fue encontrarme con un libro del libro del Dr. Julio Decaro*, médico uruguayo y docente especialista en métodos alternativos de resolución de conflictos.

En esa obra leí un cuento breve, cuyo protagonista era “Nasrudín”, personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe, cuyas historias servían para ilustrar o introducir enseñanzas.

“Una delegación concurrió a casa de Nasrudín a pedirle que diera una charla a la gente del pueblo.
– ¿De qué quieren que les hable?, peguntó Nasrudin.
– Bueno, eso no tiene importancia, dijeron los delegados. Lo que queremos es que nos diga algunas palabras de sabiduría.
– Muy bien, contestó Nasrudin, por favor reúnan a la gente el viernes por la tarde en la plaza que voy a hablarles.
El viernes una multitud se agolpaba en la plaza y cuando Nasrudin apareció, un tremendo silencio comenzó a recorrerla.
–Tengo unas palabras de sabiduría para decirles, comenzó Nasrudín, y en aquel momento el silencio se hizo sepulcral.
–¿Querrían saber, ¿cómo se hace para ganar dinero sin trabajar, tener conocimientos sin estudiar y habilidad en algo sin practicar?
La gente comenzó a mirarse, primero sorprendida, después entusiasmada y luego empezó a decir cada vez más alto: Si, Si. ¡Por supuesto que queremos!
-Bueno contesto Nasrudín, Si alguna vez llego a saber cómo se hace, vengan hasta aquí y se los digo.”

Me identifiqué de inmediato con lo que estaba leyendo. Porque no conozco un método diferente. No encuentro otra forma de actuar que esté muy alejada de trabajar, estudiar y practicar, amando hacerlo. Visto de otro modo, no encuentro otra forma que no sea “poner manos a la obra”.

“Me siento frustrado”. “Me veo incapaz de salir adelante”. “¿Será que no tengo lo que hay que tener?”. “No puedo cambiar las cosas”. “Me siento vacío”. “Me falta algo”. “Estoy angustiado”. “Tengo miedo”. “No sé qué voy a hacer con mi vida”. “Me siento solo”. “Estoy muy estresado”. “Me aburro y me limito a cumplir”. “No tengo tiempo ni recursos para hacerlo todo”. “Los demás no me comprenden”, “no escuchan”. Son algunas de las voces de muchas personas que no encuentran un camino en el que se sienta bien, y se angustian por no saben con claridad hacia dónde se dirigen ni cuáles son sus principales prioridades. Se sienten estancados. Sobre todo, no creen que puedan cambiar mucho las cosas. Son algunas de las voces que, por supuesto también me rondaron más de una vez.

Ante un panorama así, siempre me sugerí entran en acción -sí, tal cual, nunca consideré inocuo el conversar con uno mismo-. Y poner manos a la obra, en mi caso siempre comienza tomando un papel y un lápiz y observándome a mí mismo, mirándome.

Entonces comienzo delineando cuatro columnas con los siguientes encabezados: Talentos, Pasiones, Necesidades, y Conciencia.

En la columna “Talentos” escribo aquellas cosas que hago bien y me sale fácil o casi sin esfuerzo realizarlas, aún aquellas que, si bien no las hago habitualmente, sé desde siempre, que me es fácil hacerlas. En la columna “Pasiones” ubico aquellas cosas que me encanta hacer más allá de si me es fácil o difícil realizarlas, me llenan de energía realizarlas, me motivan, o que frecuentemente me encuentro realizando por mucho tiempo, y no se bien porqué. En la columna de Necesidades expongo lo que creo necesito, y hasta las que estimo necesita mi entorno.

Finalmente, en la columna de la Conciencia, que es la vocecita interior y gobernadora de las emociones que me impulsan, marco o señalo cada una de las anotaciones que hice en las columnas anteriores, como positivas, como que merecen ser pensadas un poco más, o como negativas.

Concretamente, ante la confusión, pasar a la acción permitirá observar lo que surge, como indicios que pueden estar señalándonos alguna dirección hacia la que debamos dirigirnos. Pero, además, estaremos dedicándome a una actividad que puede llegar a aprovechar nuestros talentos, alimente nuestra pasión, y que servirá a nuestras necesidades propias y hasta las de los demás.

En definitiva, se tratará de trabajar, estudiar, practicar amándolo, mientras “Nasrudín” averigüe cómo se hace para ganar dinero sin trabajar, tener conocimientos sin estudiar y habilidad en algo sin practicar, y vengan y nos lo diga.

*”La cara humana de la negociación” Ed. McGrawHill, 2000.

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Feliz navidad!

Navidad significa nacimiento, y la cristiandad conmemora el nacimiento de Jesús. Pero, la Navidad también refiere al nacimiento de nuestro Cristo interno. Porque es a través de nosotros que la Navidad se manifiesta. La Navidad eres tu, soy yo, somos todos los que llevamos a la práctica nuestros pensamientos positivos y mantenemos una férrea disposición hacia estados superiores de Bien, Alegría, Honestidad y Perdón.

Feliz Navidad!

Piensa bien y saldrá bien!

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¿Que es la felicidad?*

Supongo que la felicidad esta relacionada directamente con llegar a vivir la vida en la armonía de sus circunstancias. 

Eso no quiere decir vivir flotando en el desorden o el caos. Uno en realiad hace lo que hace porque quiere hacerlo, y si no resulta, hace otra cosa.

La felicidad no es estar en el jolgorio. Ni en que todas las cosas que uno hace le resulten bien. No es cierto eso. La mayor parte de las cosas que uno hace anda más o menos. Algunas resultan bien y otras mal. La infelicidad es el apego a que resulten bien.

Como la mayor parte de las cosas que uno hace no resultan tan bien, cuando resultan bien uno se entusiasma, se ciega en la celebración y no ve los errores que comienzan a cometer. Así, uno anda por la vida de salto en salto, de la angustia a la felicidad y viceversa. Yo no ando así, por lo menos. Yo soy alegre justamente por eso.

*  Humberto Maturana, uno de los pensadores mas valiosos de la actualidad. Estudió Medicina en la Universidad de Chile y luego se trasladó al University College London para estudiar anatomía y neurofisiología. En 1958 obtuvo el Doctorado en Biología de la Universidad de Harvard. Y en el año 1994 recibió el Premio Nacional de Ciencias en Chile. En el año 2000 co-fundó el Instituto de Formación Matríztica (después llamado Escuela Matríztica de Santiago) para dar formación en el entendimiento de la matriz biológica-cultural del habitar humano.
Texto extraido de la recopilación realizada por el Ing. Ignacio Bossi. “Siete entrevistas a Humberto Maturana” http://ideaction.com.ar/
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Intentar actuar responsablemente.

La evasión de cualquier obligación que no sea con nosotros mismos, parece ser un síntoma habitual de nuestra  forma actual de relacionarnos. ¡Me debo esto!, ¡me merezco esto otro!, ¿y yo?… ¿cuando voy a ser feliz?… ¿cuando voy a pensar en mi?, son algunas de las expresiones mas escuchadas.

Si bien, en cada ser humano existe el anhelo de alcanzar la felicidad, cada vez, con menor frecuencia, se observa que nos detenemos a reflexionar en qué medida dicha búsqueda personal podría dañar a un tercero inocente. Aún si éstos son cercanos, queridos, o por quienes debemos responsabilizarnos como adultos. Por ejemplo, nuestros hijos.

Según Ivan Klima*, entre el derecho a la felicidad personal y el egoísmo irresponsable hay una frontera, muchas veces difícil de reconocer, pero que se viola desde el momento en que nos consideramos liberados  de nuestra responsabilidad por las consecuencias de lo que hacemos, considerándonos neutrales e indiferentes ante el dolor y el daño que producimos. 

Lo cierto es que -si verdaderamente queremos-, siempre estaremos a tiempo de reflexionar sobre nuestros pasos a seguir y, en definitiva, de resguardar a los demás, de nuestras decisiones personales que puedan dañarlos. O para, en su caso, responder adecuadamente por los daños causados, por ejemplo… comenzando pidiendo disculpas.

Nos estaremos equivocando, además de mintiendo, si creemos que un verdadero estado de bien-estar o felicidad personal se puede lograr infligiendo un daño.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

 

*Ivan Klíma (Praga, 1931). Narrador y profesor de filología, en su obra “Between Security and Insecutity”, Thames and Hudson, 1999, págs. 60-62.
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El el abuso del alcohol y el uso de drogas por parte de los hijos y la falta del deseo de EJERCER de los padres como tales.

Ante  la tendencia de nuestros hijos a utilizar drogas, la prevención es la actitud y acción más efectiva que podemos tomar como adultos responsables y como padres. Y el trabajo y dedicación constante a fin de que nuestros hijos desarrollen los hábitos que necesitan para hacer frente a la situación, son nuestras herramientas en tal sentido, ademas de constituir una ineludible obligación para con ellos, si realmente queremos ejercer de padres. Hacer de padres que significa mucho más que serlo. Nuestros actos, momento a momento van construyendo esa figura.

Muchos jóvenes abusan del alcohol y consumen drogas, quizás tentados por la eufioria y la evasión que éstas sustancias parecen ofrecerles. Tal vez creyendo que les ayudará a pensar mejor, a ser más populares, a encajar en un grupo, a mantenerse más activos o hasta ser mejores atletas. También porque creen que las drogas les ayudarán a escapar de sus problemas. Y asimismo también, simplemente porque sienten curiosidad y creen que probarlas no les hará daño. Pero la verdad es que las drogas no solucionan los problemas. Simplemente ocultan los sentimientos y los problemas. Y cuando desaparecen sus efectos, permanecen los sentimientos y los problemas que generalmente empeoran. En concreto, el abuso del alcohol y el uso de drogas arruina todos los aspectos de la vida de una persona.

Entonces, y atento a las causas por las cuales un jóven accede a entrar y seguir el camino de las adicciones, el hacer de padres debe apuntar a animar a los niños a que adopten y reiteren comportamientos que conduzcan al desarrollo de fortaleza interna, ayudándoles a descubrir sus habilidades y dones naturales, estimándose a sí mismo por lo que ya son sin la ayuda de nada externo. A que se acostumbren a tomar decisiones desarrollando así un mayor sentido de responsabilidad, aprendiendo a elegir prudentemente acerca de muchas cosas simples y cotidianas. Y ue entrenen la  capacidad de ejercer la libertad, eligiendo lo que mas les conviene, para el momento de tener que elegir bien ante la oferta de medio en el que actúan y la presion de sus pares de experimentar  situaciones que les quiten libertad. Porque se eso se trata concretamente; toda adicción resta libertad.

El hacer de padres debe tender además, a que aprendan a bastarse a sí mismos. A satisfacer por sí mismos su propia curiosidad actuando cada vez con mayor con independencia. Y que se acostumbren a establecer metas simples y razonables, y esforzarse por alcanzarlas, reconociendo la satisfacción personal del logro y evitando además el aburrimiento. Los jóvenes con estos hábitos incorporados son muchísimo menos proclives al uso de drogas y de cualquier cosa que límite su propia libertad.

Ahora bien, trabajar con nuestros hijos en el desarrollo de estos hábitos incluye fundamentalmente ejercer el compromiso de hacer de padres.  Por lo tanto debemos enseñar con el propio ejemplo. Mantener conversaciones habituales con nuestros hijos sobre el tema, respetándolos como individuos legítimos para opinar. Y asumir una posición clara y firme sobre el uso del alcohol y de las drogas.

Por lo tanto debemos desterrar las conductas que impliquen, nuestra ausencia física y emocional respecto de nuestros hijos y sus problemas, la inobservancia a las  normas y límites poco claros, y la predica que no practicamos nosotros mismos.

Claro, si realmente deseamos ejercer de padres. Tal vez el mayor privilegio que posee un ser humano…si quiere.

Piensa bien y saldrá bien.

DO.

Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/drogas.htm

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La convivencia óptima esta relacionada con reconocer cuando erramos y cuando mentimos.

La mentira hace referencia a situaciones en las cuales decimos algo en circunstancia de que sabemos, en el momento en que lo decimos, que lo que estamos diciendo no es válido. Que es mentira.

O sea que, cuando digo “Te Mentí”, quiere decir que en el momento en que te dije lo que te dije, podía afirmar que no era válido, aunque yo decía que era válido.

O sea, la mentira ocurre en el momento en que ocurre. Miento cuando miento.

El error es diferente. El error ocurre después del momento en que dije lo que dije. Porque pensaba, en aquél momento que era válido, pero me doy cuenta luego, por tales o cuales circunstancias, que no, que en realidad me equivoqué.

Por ello, cuando digo “Discúlpame, me equivoqué, cometí un error”, quiere decir que viví la experiencia que viví como válida en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia, es que pude calificarla como un error.

Tener presente esta diferencia es importante también por las consecuencias que produce.

Porque cuando me disculpo por un error, lo que pido es que se me reconozca mi honestidad, porque fui honesto al actuar como actué. No sabía que estaba equivocado. Y si bien la disculpa del error no deshace lo que hice o dije, me permite aprender de todo ello.

En cambio, en la disculpa ante una mentira estoy haciendo otra cosa. Como la mentira es una afirmación hecha en el intento de manipular a otro, al pedir disculpas estoy reconociendo mi deshonestidad, y en el mejor de los casos, prometo no mentir más.*

Esto es vital para una conviviencia óptima, porque la falta de confianza se nos genera cuando quien creemos que no debería fallarnos nos falla. Y más aun, cuando aquél en quien confiamos una vez porque aceptó no volver a mentirnos y le creímos, lo hace nuevamente.

Entonces corremos el peligro de que al final, no sólo lleguemos a perder la posibilidad de reconocer la diferencia entre mentira y error. De aprender de los errores. De generar confianza reconociendo deshonestidad y comprometernos con ser honestos. Sino que, peor aún, lleguemos a confiar en nadie ni nada. Con lo terrible que ello puede ser para cualquier persona y para cualquier sociedad.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

*Dr. H. Maturana. www.matriztica.org/

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