Proveer el apoyo adecuado a la óptima transformación del adolescente en adulto incluye necesariamente la prevención y el manejo del consumo de alcohol durante la adolescencia.

Las experiencias que se tienen durante la adolescencia ayudan a “cablear” el cerebro para gestionar eficazmente las emociones e impulsos a lo largo de toda la vida adulta. 

Somos principalmente los padres quienes proporcionaremos o no, el ambiente de convivencia adecuado en el que las experiencias nuevas se conviertan  en “cableados” adecuados en el cerebro de nuestros hijos.

Por ello es primordial tener presente que consumir alcohol en la infancia y en la adolescencia es nocivo, independientemente de la cantidad o la frecuencia con que se haga. El alcohol genera daños en su organismo, los expone a mayores riesgos, y además es ilegal.

Sin perjuicio de que el consumo de alcohol afecta la memoria y el aprendizaje de los adolescentes, quienes tienden a obtener los más bajos resultados en su rendimiento escolar. Iniciar el consumo de alcohol antes de los 18 años aumenta la probabilidad del continuarlo en la adultez, así como la de recurrir a otras formas de adicciones.

Quienes inician el consumo de alcohol a los 14 años o antes, tienen un riesgo 4 veces mayor de presentar consumo problemático de alcohol y 10 veces más de utilizar otras sustancias, en comparación con los que empiezan a beber después de los 21 años

Pero además, la evidencia científica* señala, ya sin lugar a dudas, que el consumo de alcohol en menores de 18 años influye de manera negativa en el desarrollo del cerebro.

El cerebro termina su maduración alrededor de los 21 años. La corteza prefrontal del cerebro es la última en desarrollarse. Esta área se encarga de tareas como el control de impulsos, el raciocinio, el juicio, entre otras. Por ello no es lo mismo que un adulto se tome un trago de vez en cuando, a que un niño o un joven lo haga, pues el cerebro de de niños y adolescentes todavía no se ha desarrollado y por lo tanto no puede asimilar el alcohol de la misma manera que un adulto.

Los adolescentes que toman alcohol de forma abusiva, poseen un hipocampo, que es el órgano del cerebro encargado de la memoria, 10% más pequeño en comparación con jóvenes que no toman nunca, lo cual se evidencia en dificultades para aprender y almacenar nueva información.

Asimismo, como el alcohol llega a todo el cuerpo a través de la sangre, cuando el adolescente toma y además abusa del alcohol, el consumo puede hacerlo vulnerable a otros riesgos que afecten su salud y bienestar. Desde sufrir alteraciones en su desarrollo y crecimiento, hasta mayor probabilidad de ser víctima de delitos. El inicio del consumo a temprana edad aumenta las probabilidades de ser víctimas o estar vinculados con crímenes violentos

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

* Bellis MD, Clark DB, Beers SR. Hippocampal volume in adolescent-onset alcohol use disorders. Am J Psychiatry. 2000; (157). www.redpapaz.org 
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Convivir con adolescentes.

La adolescencia es el período en el que aprendemos a convertirnos en un adulto”

Los adolescentes se manifiestan con ferecuencia con impertinencia y falta de respeto.

Es que cuando transitamos la adolescencia las afirmaciones de independencia se presentan  con la falta del lenguaje necesario para expresar la complejidad de nuestras emociones. Por ello es habitual la respuesta automática de ¡No! o ¡Eso no es justo!, cuando se nos pide hacer algo o no estamos de acuerdo con lo decidido por un adulto.

Parece ser cierto que la sociedad actual refleja y fomenta estos comportamientos. Por ejemplo hay programas televisivos que muy a menudo muestran a descaradas estrellas adolescentes que reciben risas y aplausos a sus comentarios groseros dirigidos a los adultos, que a menudo son retratados como irrazonables y/o menos listos que los adolescentes. Y en muchos casos, esa clase de adultos son educadores.

Pero también es cierto que ante este panorama, la mayoría de los  adultos, nos conducimos entre estar preocupados por sofocar el reclamo desbordado de independencia de los adolescentes; por participar en una lucha de poder con ellos; sentirnos impotentes frente a las emociones bruscamente expresadas por los adolescentes, o simplemente no hacer nada al respecto.

Es importante que los adultos tengamos presente que los adolescentes, durante su adolescencia, deben aprender formas de detectar y controlar el comportamiento impulsivo y grosero. No sólo para hacer la vida más agradable para aquellos que los rodean actualmente, sino porque las experiencias que se tienen durante la adolescencia ayudan a “cablear” el cerebro para gestionar eficazmente las emociones e impulsos a lo largo de la vida.

Pero debemos comprender también que los adolescentes no tienen el mismo control de sus impulsos (auto-control) que los adultos, ya que aún está en pleno desarrollo la corteza prefrontal del cerebro, que es la que ayuda a pensar en el futuro y ajustar el comportamiento basado en las posibles consecuencias.

Los adultos podemos hacer mucho al respecto. Somos (principalmente los padres) quienes proporcionaremos o no, el apoyo y orientación para convertir experiencias nuevas en “cableados” adecuados en el cerebro. Y creo que podemos comenzar aceptando que parte de ese apoyo y orientación consiste en establecer límites claros acerca de qué tipo de comportamiento será aceptado, y qué consecuencias existen por involucrarse en conductas que no están permitidas.

Por ello pienso en algunas maneras de proveer, como adulto, el apoyo adecuado a la óptima  transformación del adolescente en adulto.

  • Asegurarnos de que las reglas sean claras y específicas. Es posible que tengamos que decirle a un adolescente impertinente e irrespetuoso: “Tenemos que sentarnos y aclarar lo que son mis reglas básicas para tu comportamiento y cuáles son las consecuencias por romper dichas reglas”. Mantener la calma y pensar en lo que vayamos a decir. No amenazar o gritar. Basta con indicar el comportamiento y recordar las consecuencias.
  • Tener confianza, ser firmes y consistentes. No negociar sobre las consecuencias. Las consecuencias son las consecuencias, y no deben ser objeto de debate o discusión. Tampoco dar discursos prolijos, el adolescente simplemente “se desconecta” si no se considera involucrado.
  • Estar dispuestos a tener conversaciones, en lugar de argumentar. Conversar sobre el ajuste de las reglas y las consecuencias dejando claro que si bien el adolescente puede siempre presentar su posición sin ser grosero, no significa que estamos obligados a cambiar la regla o la posición sobre la misma. Al final, es el adulto quien posee la experiencia necesaria para tomar buenas decisiones, así como que es la persona responsable de bienestar del adolescente.
  • En la medida de lo posible, permitir que los adolescentes sean responsables de su propio comportamiento. Incluso si esto significa que tienen que lidiar con las consecuencias negativas (esto a menudo puede ser la mejor experiencia de aprendizaje de los mismos). Pero quedando claro que no existe una elección y que no se está dispuesto a negociar.
  • Cuando el adolescente usa palabras groseras para etiquetar a las personas, pedir que sea específico. Por ejemplo decir: “Cuando me llamas…, no sólo es grosero y no lo acepto, sino que también no ayuda a entender lo que quieres decir. Dime por favor porque estás molesto”. Una frase común de los adolescentes es, ¡No entiendes!; a lo que no es bueno contestar diciendo: ¡Sí, yo lo sé! o ¡Yo ya pasé exactamente lo que estás pasando ahora!. En cambio ayuda responder: “Puedo no entender, pero quiero tratar de entender lo que estás sintiendo. ¿Podemos hablar de eso más tarde, cuando los dos estamos más tranquilos?” O “Puedes escribirlo y me envías un correo electrónico, si lo deseas.”
  • Observar cómo hablamos, sea con un adolescente, o con otros adultos. Conscientizarnos sobre Con qué frecuencia estamos siendo sarcásticos o grosersos. Tratar de ajustar el propio comportamiento y recordar que los padres, son la mayor influencia de un adolescente en términos de contagiar los tipos adecuados de comportamiento. Considerar la posibilidad de decir, de reconocer, que hemos notado que pudimos ser groseros con los demás, y que vamos a tratar de modificar nuestro comportamiento. Es admitir que se puede cometer errores. Y ello hace toda la diferencia en términos de comunicación.
  • Dar al adolescente el mismo respeto que le gustaría con que se nos trate como adultos. Y abstenernos de insultar o “etiquetar” al adolescente con menciones tales como “Eres un nene de Mamá”, “Eres un vago”, o similares.
  • Y finalmente, si el adolescente parece estar fuera de control o que desafía de manera que pongan en peligro su propia seguridad o la de los demás, busquemos ayuda profesional.

En última instancia, ayudar al adolescente a lidiar con los hábitos de impertinencia y falta de respeto puede hacer toda la diferencia en el nivel de adquisición de su capacidad de relacionarse con los demás, y en las posibilidades de tener éxito en la vida

D.O.

Fuente: http://www.education.com/
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Una educación de calidad. Creatividad, inclusión y responsabilida de los adultos.

Una educación de calidad debe incluir una revolución total del modelo de educación actual. Un cambio parcial en su estructura, no es suficiente. Hoy el conocimiento está cambiando día a día. Y los sistemas educativos no cambian a la misma velocidad como para ser efectivos. Pero fundamentalmente, en el futuro cercano, los escolares de hoy deberán ser capaces de identificar problemas variables y encontrar soluciones distintas, en forma constante. Y desarrollarse como adultos en un mundo del trabajo donde seguramente existirán trabajos y profesiones que hoy ni siquieran fueron pensados.

Por ello una educación de calidad debe permitir que los niños descubran y perfeccionen sus habilidades creativas. Y la experiencia en distintas disciplinas artísticas tiende sin duda a ello. Debe tender a la rigurosidad y profundidad en aprendizaje de conocimeintos básicos en la lectura, el cálculo, y definitivamente la comprensión y pertinencia de lo que lee y calcula. Y debe apuntar a desarrollar la disposición a reconocer y respetar la semejanza esencial de los humanos más allá de nuestras diferencias. A comprender que compartimos algo más profundo que lo que nos hace diversos.

Para ello se debe tener en cuanta que los niños aprenden mucho más cuando no se les enseña a superar las pruebas. Sino cuándo el proceso de trasformación se realiza en colaboración, libre de estrés, en cualquier momento y cualquier lugar. Los seres humanos, como cualquier ser vivo, nacemos para crecer y desarrollarnos en cooperación no en coimpetencia. La competencia es cultural, aprendida.

Son capaces de adquirir cualquier conocimiento cuando el espacio de convicencia los incluye plenamente. La escuela de calidad debe ser  inclusiva teniendo en cuenta las diferencias individuales de los niños aportándole a cada uno lo que necesita. La inclusión adecuada es aquella articula el derecho de cada niño a ser tratado según su especificidad, con su derecho a  participar en lo colectivo. Una escuela que no acompaña a los alumnos en su particularidad corre el riesgo de producir resentimiento social porque la idea implícita es que el niño perdió la  oportunidad o chance que se le dio.

La educación es un proceso de transformación humana que se da en la convivencia. El niño se transforma en un tipo u otro de ser humano según la clase de experiencias vividas en esa convivencia. En el caso de la educación formal tal espacio es el que crean sus maestros. De modo que los niños aprenden a vivir en cualquier espacio de vida donde sus maestros los encaminen. Los niños siempre aprenden sólo lo que quieren aprender y son por natutraleza auto-motivados, curiosos, y creativos. Si encuentran el espacio de convivencia adecuado, invariablemente,  ese tipo de niño aparece, y se desarrolla. Se transforma.

Por lo tanto una educación de calidad es responsabiliad de los adultos, quienes crean los espacios de convivencia. Así los niños dependen de según y cómo actuemos hoy los adultos. Su futuro está en nuestro presente.

Estamos todos nadando en una marea virtual del conocimiento cuyo punto más alto de

desarrollo aún no hemos visto (y ni siquiera podemos imaginar), pero que se nos acerca en forma de Tsunami. Creo que nosotros, los adultos, tenemos la opción de salir a buscarla para flotar en su superficie, o dejar que ésta nos arrastre y ahogue cuando llegue a nuestras costas de aparente seguridad.  Los niños a los que pretendemos educar para que estén preparados a surfear en esa futura circunstancia, en cambio, no tienen opciones. Ellos dependen de lo que hoy los adultos hagamos al respecto para  ayudarlos (educarles)

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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La Sonrisa, un PODER a la vista de todos.

La risa cura, es la obra social más barata y efectiva del mundo. Roberto Pettinato[i]

Una de las cosas sencillas de la vida de todos los seres humanos, y que tiene gran importancia, es la sonrisa.

“Toda la gente sonríe en el mismo lenguaje”.[ii], y nos conecta emocionalmente a todos sin excepciones, con independencia de la latitud en que nos encontremos.

Pero además los beneficios de la sonrisa se extienden a todo nuestro ser. Cuando sonreímos, aunque no sintamos nada, nuestro cerebro lo entiende como una señal que todo va bien. En realidad no se puede sonreír sin afectar favorablemente el propio cuerpo.

El solo gesto de la sonrisa natural o realizada de manera consciente, genera por la acción muscular de los músculos necesarios para la expresión facial de la sonrisa, un estímulo eléctrico que en el cerebro, es recibido y procesado por la glándula hipófisis, que libera las hormonas llamadas “endorfinas” las que producen al ser liberadas, una sensación de bienestar generalizado. Pero además el impulso estimula la glándula Timo que ante cada sonrisa esta glándula envía una pequeña descarga de sustancias químicas que viajan por todo tu cuerpo, provocando estados de confort y mejorando las defensas orgánicas.

Asimismo, los beneficios psíquicos de la risa no son pocos. Cultivar la sonrisa, constituye una forma de cuidar la salud mental. Sonreír posee la capacidad para reducir el estrés, y prevenir la depresión y la angustia. La sonrisa ayuda a liberar tensiones y permite vaciar la mente de los pensamientos y emociones que la ocupan, distanciarse de los problemas y verlos desde puntos de vista nuevos e inesperados.

Usemos el poder de la sonrisa y estaremos utilizando el poder de alejar a un segundo plano todo aquello que impide disfrutar de la alegría de vivir.

No es difícil, podemos comenzar con el sencillo acto de mirarnos al espejo cada mañana, y SONREÍRNOS, y así estaremos poniendo en marcha la poderosa máquina de estimulación favorable y positiva de nuestro ser.

Daniel Olguin.


[i] Roberto Pettinato. Nacido en Buenos Aires el 15 de diciembre de 1955. Músico, humorista, liretista, periodista, yconductor de radio y televisión. Después de ser el saxofonista de Sumo, Roberto Pettinato multiplicó sus actividades. Integró distintos proyectos musicales. Además, incursionó en el periodismo gráfico, especializado en música. Más adelante se consolidó como conductor televisivo (“Orsai de medianoche”, “Duro de acostar”, “Listos ya”, “Petti en vivo”, “Un aplauso para el asador” e “Indomables”, “Duro de domar”, “Indomables”, y un “Mundo perfecto”). Obtuvo un premio Martin Fierro por su conducción televisiva en Indomables. Y su programa radial El show de la noticia le valió el otorgamiento de un segundo  premio “Martín Fierro” a su labor como conductor en dicho programa. Fuera de cámara poco tiene en común con el personaje de peluca plástica y trajes coloridos de la pantalla. En la intimidad, Roberto Pettinato (53) sólo reconoce tres preocupaciones: su familia, la música y los libros.
[ii] Morris Mandel was born in 1911 in Poland. His family moved to the United States when he was three. Mandel wrote advice columns for The Jewish Press, “Human Emotions” and “Youth Speaks Up,” for close to five decades. He was English principal of Yeshiva Toras Emes; A guidance counselor in the New York City public school system; Taught law and accounting; Ran a singles group that produced many marriages, headed summer camps in the 1940s and 50s; Lectured in the United States, Canada, and Israel; and wrote close to 50 books.

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¿Como sebrivir a hijos adolescentes? o ¿Cómo sobreviven ellos a sus padres?

Soy padre de 4 hijos, de los cuales dos ya dejaron su adolescencia hace tiempo, un tercero la transita aún, y el cuarto esta a punto de inicarla.

Nuestra realidad es que aquí estamos, ellos, los ex adolescentes,  y yo.  Y podría entonces preguntarme cómo es que sibreví a mis hijos adolescentes. Pero en cambio me  pregunto, cómo sobrevivieron ellos a mi. A sus padres

¿Como llegaron a ser adultos sanos, alegres, agradecidos y socialmente responables? a pesar de nosotros sus inexpertos padres. Para mi, esa es la verdadera cuestión.

Y la respuesta que encuentro es que tal supervivencia esta relacionada directamente con las herramientas que les hemos transmitido sin que se dieran cuenta y que tampoco nosotros estuve totalmente concientes de que lo estábamos haciendo.

Educacion es transformación en convivencia. Y en la conviencia con nosotros, sus padres, los hijos copian, internalizan y actuan en consecuencia, y en principio,  culturalmente digitados.

Y si los padres no fuimos en esa convivencia, adultos medianamente sanos, alegres, agradecidos y socialmente responables, no podemos esperar que nuestros hijos lo fueran luego.

Es importante comprender que respondiendo la cuestión de esta forma asumimos que el fututo de nuestros hijos es hoy y somos nosotros. Por medio de lo que hacemos y decimos en cada momento en la convivencia con ellos, vamos haciéndonos y haciéndolos.

Tomando conciencia de lo que hacemos cada dia como padres. Aqui y ahora. No hay resultado que esperar. El resultado es hoy.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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La violencia de genero y las relaciones entre adolescentes.

Muchos adultos que son maltratados por sus parejas descubren que la violencia había comenzado en el noviazgo a pesar que nunca lo habían percibido de ese modo. Eran muy jóvenes, llenos de vida y no las ataba ningún compromiso legal ni económico con su novio o novia. Sin embargo, vivieron como parte normal de su noviazgo malas contestaciones, insultos, gritos, amenazas y situaciones límite.

Ha sido una creencia socialmente aceptada por generaciones que el noviazgo es la época ideal de una pareja, donde se vive cada momento con intensidad, alegría y pasión. Sin embargo, es durante el noviazgo que algunas jóvenes parejas ya se enfrentan a situaciones traumáticas que poco tienen que ver con el amor o con lo que se espera de una relación que se está iniciando.

Las adolescentes soportan empujones, tirones de pelo, cachetadas, burlas o insultos. Que si bien son conductas que se presentan mas habitualmente de lo esperado, entre los adolescentes y que en general pasan desapercibidas o se las interpreta como juegos o expresiones de afecto; son sin duda, conductas violentas, y la repetición de este tipo de comportamientos es la característica de una relación violenta.

De la misma manera, entre los adolescentes es muy frecuente también el maltrato emocional, cuyos indicadores son, en general, amenazas de terminar la relación, acusaciones, descalificaciones y/o celos excesivos. En estos casos, al no haber golpes físicos, las adolescentes perciben aún menos que están viviendo una relación violenta y muchas hasta identifican esas conductas como indicadores de cariño.

Pero en concreto los noviazgos con violencia, tienen un patrón de conducta controladora, abusiva y agresiva que el abusador utiliza para obtener el poder físico y el control psicológico en una relación amorosa.

Todos los adolescentes que viven una relación de noviazgo violenta, pasan por un primera etapa, en la se manifiestan insultos, reproches, escenas de celos y control, silencios prolongados, burlas, malestar constante y en aumento. Se agregan incidentes que pueden incluir algunas formas de maltrato físico como empujones, apretones de brazo, o de cuello, tirones de cabello, etc. Pasan luego a una etapa de estallido de violencia que donde ocurren incidentes con todo tipo de agresión física, golpes, rotura de objetos y amenazas.

Además, seguidamente viven manifetaciones o expresiones de perdón, promesas de cambio, interés sexual, regalos y “tranquilidad”. 

Se establece así una cronicidad violenta, este ciclo se sucede, una y otra vez, donde el sistema de relación va construyendo una espiral y el tránsito entre las diferentes etapas es más rápido, modificando el grado de violencia en cada fase.

Ahora bien, cuando se pregunta a un adolescente maltratado, sea mujer u hombre ¿Por qué permanece con su novio?. En general, lo primero que contestan es que los quieren, pero luego hablan de su inseguridad, manifiestan sentirse culpables de no ser la mujer esperada por él o el hombre a la altuta de la jovén en cuestión, y además les tienen miedo. Pero también piensan que nadie les va a creer porque el novio es bueno con todo el mundo y se culpan pensando que algo habrán hecho para merecer el maltrato. Este es un cuadro de situación muy típico porque la persona abusiva desarrolla su comportamiento en privado mostrando hacia el exterior una fachada respetable que hace que las posibles denuncias en su contra sean poco creíbles y carezcan de verosimilitud.

Por ello mas allá de la ayuda que cada adolescente deba recibir según la situación vivida, que incluirá la adecuada información sobre la violencia de género, causas y origen, mitos, etc., el tratamiento basado en el fomento de la autonomía a través de un cambio de ideas distorsionadas sobre sí misma y su mundo, a nivel social, económico, etc, y la recuperación apoyos sociales y familiares; la manera más efectiva de enfrentar la violencia de género es la prevención.

Debemos prevenir situaciones de violencia en los noviazgos, detectar signos de “alerta” y revisar la relación en el interior de las familias involucradas.

El adolescente está muy desprotegido y no reflexiona en cuanto a su persona y su autocuidado. Tampoco se lo ha educado para pensar en los mandatos culturales ni en el cuestionamiento de los modelos de relación de su propia familia.

Esa es una de nuestras tareas como adultos responsables de personas jóvenes. La sensibilización y prevención dirigida a las y los adolescentes que están construyendo un vínculo con el proyecto de vivir juntos.

Debemos poder transmitirles que una persona no es violenta de la noche a la mañana, que existen actitudes que son síntomas, y que si son detectados, pueden evitar situaciones de riesgo o futuras uniones más difíciles, como la convivencia o el casamiento. Y que para poder analizar estas actitudes es indispensable que desde el principio les ayudemos a separar el amor de la posesión, donde el factor de los celos abusivos suele ser confundido con un positivo exceso de cariño.

Debemos también reflexionar con los jóvenes sobre  que la violencia es una conducta aprendida, previa a la formación de la pareja y no cambia espontáneamente por la voluntad o las promesas.

En definitiva el trabajo preventivo exigirá evitar el menosprecio de la situación.

Es fundamental que las y los adolescentes puedan replantearse sus elecciones y cuenten con personas en quien confiar lo que les pasa para pedir ayuda.

 Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:

*La violencia de género abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física. Puede manifestarse como violencia Física, como Psicológica por medio de amenazas, insultos, humillaciones, desprecio, desvalorizando su trabajo, sus opiniones… Implica una manipulación en la que incluso la indiferencia o el silencio provocan en la mujer sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último de la violencia de género. Dentro de esta categoría se incluyen otros tipos de violencia que llevan aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y manipulaciones para lograr sus fines, como la violencia “económica”, en la que el agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos. También es habitual que de manifieste como violencia “social”, en la que el agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos. Y hasta como violencia Sexual, mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión. Aunque podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el objeto es la libertad sexual de la mujer.

 

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Una educación de calidad, en primer lugar es cosa de todos los adultos.

Una educación de calidad, en primer lugar es cosa de adultos, y no sólo de quienes se dedican a educar profesionalmente dentro del sistema educativo formal.

Desde su concepción los niños se transforman creciendo junto a los mayores con quienes conviven. Sea pareciéndose a ellos porque ellos los inspiran, o diferenciándose de ellos porque nos les gusta y no respetan el vivir que esos mayores viven.

Por ello, en realidad es importante reconocer que el futuro de la humanidad no son los niños, sino que somos los adultos con quienes ellos conviven.

Porque esos niños, se transforman y crecen según cómo convivimos con ellos, nosotros los adultos. De cómo ejercemos nuestro papel o rol en esa convivencia.

Los niños quieren, sin duda, mayores a quienes respetar. Y respetan a los mayores que se respetan a sí mismos, mayores que son responsables y serios en su quehacer. Mayores que actúan con consciencia social y ética. Mayores con sentido de responsabilidad en la colaboración y en la ontinua creación de un convivir generador de bien-estar y equidad social.

Por lo tanto, esa convivencia, es el comienzo y el fin de una educación de calidad.

Esa educación ocurre cuando los mayores escuchan y tienen tiempo para contestar las preguntas de los niños, niñas y jóvenes que conviven con ellos. Cuando los mayores actúan con consciencia social y ética en la realización de las tareas que les corresponde realizar. Cuando los mayores se cuidan en hacer bien lo que hacen desde el respeto por si mismos. Cuando los niños aprenden a reflexionar con mayores que reflexionan y escogen el vivir que quieren vivir, desde ellos mismos y no desde otros. Cuando los mayores hacen lo que hacen en el placer de hacerlo porque les da sentido social ético a su vivir.Cuando los mayores viven el mutuo cuidado desde el amar y la ternura como el fundamento de la amistad. Cuando los mayores viven y conviven entre si y con los menores en el mutuo respeto en la colaboración en su vivir y convivir cotidianos.

Los niños aprenden ese vivir viviéndolo con ellos.

Ahora bien, ¿Es esto posible?. Si queremos hacerlo porque sentimos que ese convivir nos inspira porque tiene que ver con el mundo que les ofrecemos a nuestros hijos e hijas, sí es posible.

Tal vez no sabemos todos los detalles de cómo hacerlo, pero si sabemos que todo depende de lo que queramos hacer al respecto. El comienzo podría ser  prestar atención e intentar respondernos la siguiente cuestión:  ¿qué modo de convivir están aprendiendo nuestros hijos e hijas?

Sin dudas que ese convivir propio de ellos, deriva del convivir que hoy mantienen con nosotros sus adultos. Y en definitiva de lo que les mostremos con nuestro hacer cotidiano.

Piensa bien y saldrá bien.

D.O.

* Fuente: Dávila&Maturana. http://blog.matriztica.cl/blog/reflexiones-inesperada/
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¿Estamos librados de la responsabilidad por nuestros actos en pos de nuestra “Felicidad”?

Personalmente, creo que todo ser humano, en el fondo de su corazón, es capaz de distinguir el bien del mal. … A veces puede ser difícil definir el bien, pero el mal tiene un aroma inconfundible: hasta un niño sabe qué es el olor. Por tanto, cada vez que deliberadamente infligimos dolor a otra persona, sabemos que estamos haciendo. Hacemos el mal. Amos Oz*

Cualquier relación amorosa, buena y duradera con aquello que nos apasiona, sean personas, trabajos, cosas, exige siempre trabajo y dedicacion. Es algo que siempre necesita hacerse de nuevo y rehacerse día a día, hora a hora. Resucitado constantemente, reafirmado, atendendido y que merece ser permanentemente observado desde nuestra preocupación ética. Entendiendo como tal a la atención a la influencia que nuestros actos y decisiones tienen sobre los demás.

Hoy vivimos en una actualidad de creciente fragilidad de los vínculos, de la impopularidad de los compromisos a largo plazo, de la división marcada entre derechos y obligaciones, y de la evasión de cualquier obligación que no sea con nosotros mismos.

¡Me debo esto!, ¡me merezco esto otro!, ¿y yo? ¿cuando voy a ser feliz?, ¿cuando voy a pensar en mi? … son algunas de las expresiones mas escuchadas de adultos que sienten que han pospuesto por infinitas causas sus oportunidades amorosas  y que deben hacer algo al respecto.

Ahora bien, aunque existe un derecho irrenunciable a alcanzar ser felices, creo que vale preguntarnos, ¿Hay relación entre ese pretendido y añorado derecho a nuestra “felicidad”, y el daño a terceros  que puede generar su persecución?. 

¿Nos hemos detenido a pensar en ello,…en la existencia de un daño a un tercero inocente de la insesante búsqueda?. ¿Somos conscientes del alcance que nuestras acciones tienen sobre los demás?.

Ivan Klima** se pregunta: ¿Dónde esta la frontera entre el derecho a la felicidad personal y el nuevo amor, por un lado, y el egoísmo irresponsable…, por el otro?. Y se contesta: que trazar esta frontera con exactitud puede ser una tarea angustiosa, pero podemos estar seguros de una cosa: se halle la frontera donde se halle, se viola en el momento en que el acto… se declara moralmente indiferente y neutral, de modo que los actores están liberados a priori de la responsabilidad por las consecuencias para el otro de sus actos.

¿Hemos cruzado esa frontera? ¿Nos consideramos neutrales e indiferentes ante el dolor y el daño que producimos?.

Siempre estamos a tiempo de ser responsables y de cultivar una preocupación ética por lo que generamos con nuestros actos. Sea para intentar iniciar una nueva relación  que sea verdaderamente buena y duradera por medio del compromiso, y como, para en su caso, responder adecuadamente por los daños causados.

Piensa bien y saldrá !bien.

DO.

 

Fuente: Zygmunt Barman. El Arte de la Vida. Ed. Paidos 2009. Bs. As.
*Amos Oz. (Jerusalén, 1939) Escritor israelí que en la actualidad está considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna. Cursó estudios en la universidad de Jerusalén y en Oxford, Inglaterra. Tiene el grado de oficial del ejército israelí y es destacado miembro del movimiento Paz Ahora, que aboga por el entendimiento pacífico entre israelíes y palestinos. Vive en un kibbutz, en el que ha desempeñado las más diversas tareas, entre ellas la de dar clases desde 1957 hasta 1973. También ha impartido diversos cursos como profesor invitado en universidades de Estados Unidos.
**Ivan Klíma (Praga, 1931). Narrador y profesor de filología, el checo perseguido por nazis y comunistas, es autor de una rica obra literaria. En su obra “Between Security and Insecutity”, Thames and Hudson, 1999, págs. 60-62.
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Ser impecable con nuestras palabras .

“Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas.”

Ello es ser impecable con nuestras palabras. Que resulta ser un hábito sumamente poderoso.

Las palabras no son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza. Una acción. Un hacer. Constituyen el poder que tenemos, para ademas de expresar y comunicar, crear los acontecimientos de nuestra  vida. Nuestra intención se pone de manifiesto a través de las palabras.

No obstante, incorporar el hábito de ser impecable con nuestras palabras puede ser difícil porque hemos aprendido, en nuestros espacios de convivencia donde nos hemos ido trasnformando en seres humanos adultos, a hacer precisamente todo lo contrario.

Frecuentemente empleamos el poder de las palabras de un modo erróneo. Las usamos para maldecir, para culpar, reprochar, y destruir. Y las usamos por supuesto también para maldecirnos, culparnos, reprocharnos, y destruirnos.

Por lo general, empleamos las palabras para expresar rabia, celos, envidia y odio. Asimismo, hacemos de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás, y aún mas importante, al hablar con nosotros mismos.

Consideremos nuestras relaciones diarias. ¿Cuántas veces utilizamos las palabras para contar chismes?. Hemos escuchado chismorrear sin parar y expresar abiertamente opiniones sobre otras personas. Incluso personas desconocidas. Y nosotros aprendimos que esa era la manera normal de comunicarse.

Si comparamos la mente humana con una computadora, contar chismes es comparable a un virus informático, que no es más que un programa escrito en el mismo lenguaje que los demás, pero con una intención dañina. El virus se introduce cuando menos nos lo esperamos, y en la mayoría de los casos, sin que ni siquiera nos demos cuenta. Y una vez que se ha introducido, nuestra computadora no funciona muy bien o no funciona en absoluto, porque toda la información que posee se confunde y hay tal cantidad de mensajes contradictorios que resulta imposible obtener resultados satisfactorios. Pero dado que hemos aprendido a ingerir información desde niños, parte de nosotros cree el chisme. 

Aún peores son los «piratas informáticos», que extienden el virus intencionadamente. Seguramente recordamos alguna ocasión en la que nosotros mismos (o alguien que conocemos) estábamos furiosos con otra persona y deseábamos vengarnos de ella. Para hacerlo, le dijimos algo con la intención de que se sintiera mal consigo misma. Entonces, nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos que la persona en cuestión recibió un justo castigo por su maldad. ¡Cuidado! cuando contemplamos el mundo a través de un virus informático, resulta fácil justificar incluso el comportamiento más cruel.

Es necesario que comprendamos lo que son las palabras y lo que hacen. Y que seamos conscientes de que el mal uso de nuestras palabras nos hace caer más y más bajo.

 si somos impecables con nuestras palabras, veremos cuántos cambios ocurren en nuestra vida.

En primer lugar, cambios en nuestra manera de tratarnos a nosostros mismos y luego en nuestra forma de tratar a otras personas, especialmente aquellas a las que más queremos.

Si somos impecables con nuestras palabras, cualquier mal pensamiento acabará por desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestro perro o nuestro gato.

A su vez, la impecabilidad de nuestras palabras también nos proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que nos lance un chismeSolamente recibiremos una idea negativa si nuestra mente es un campo fértil para ella.

Seamos impecables con nuestras palabras. Utilicemos nuestras palabras apropiadamente empezando por nosotros mismos.

Ser impecable con nuestras palabras. También es una elección.

Piensa bien y saldrá bien!

Fuente:  “LOS CUATRO ACUERDOS – libro sobre la Sabiduría Tolteca” del Dr. Miquel Ruiz.

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No nos tomemos nada personalmente

Suceda lo que suceda a nuestro alrededor, y sea lo que sea lo que la gente haga, piense o diga de nosotros no debemos tomárnoslo personalmente.

Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien nos insulta directamente, eso no tiene nada que ver con nosotros. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los parámetros y creencias  que ha establecido en su propia mente. Su punto de vista surge de toda la programación que recibió durante su formación como persona. Por ello hasta cuando alguien nos da su opinión, no lo tomemos personalmente, porque la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones. En realidad, esa persona esta hablando más de ella que de nosotros.

Además cuando nos tomamos las cosas personalmente, nos sentimos ofendidos y reaccionamos defendiendo nuestras creencias y creando conflictos. Hacemos una montaña de un grano de arena porque sentimos la necesidad de tener razón y de que los demás estén equivocados. Nos esforzamos en demostrarles que tenemos razón dando nuestras propias opiniones. Porque también cualquier cosa que sintamos o hacemos no es más que un reflejo de nuestras propias creencias. Lo que decimos, lo que hacemos y las opiniones que tenemos también se basan en nuestras propias creencias y no tienen nada que ver con los demás.

Ni siquiera las opiniones que tenemos sobre nosotros mismos son necesariamente verdad; por consiguiente, no tenemos la menor necesidad de tomarnos personalmente , cualquier cosa que oigamos en nuestra propia mente personalmente.

No nos tomemos nada personalmente porque, si lo hacemos, nos exponemos a sufrir por nada. Cuando no tomarnos nada personalmente se convierta en un hábito nos evitaremos muchos disgustos y será muy difícil que los comentarios insensibles o los actos negligentes de los demás nos hieran. Bastará con que confiemos en nosotros mismos.

Veamos a los demás tal como son. Conozcámonos. Y confiemos en ese conocimiento.

Extraído de  “LOS CUATRO ACUERDOS – Un libro de la Sabiduría Tolteca”. Por el Dr. Miquel Ruiz quien sostiene que si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por “nuestros acuerdos”, y nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar esos “acuerdos”. Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos, habrá “cuatro acuerdos” muy poderosos que nos ayudarán a romper aquellos otros que necesitamos cambiar para ser mejores personas. Los cuatro acuerdos son: Ser impecables con nuestras palabras. No tomarse nada personal. No dar nada por supuesto. Y hacer siempre lo mejor que podamos. Afirma que si bien se necesita una gran voluntad para adoptar los Cuatro Acuerdos, si eres capaz de empezar a vivir con ellos, nuestra vida se transformará de una manera asombrosa.
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