¿Fue la economía, fue la inseguridad? … ¡No!… Fue el descuido!

“El descuido es ceguera, irresponsabilidad o negligencia en la convivencia humana”. (Maturana, 2014).

Los resultados de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 12 de septiembre de 2021 deben ser observados desde y por el descuido. O sea, desde y por la ceguera, la irresponsabilidad o la negligencia de quienes nos dirigieron hasta aquí.

La mayor parte de los problemas que padece nuestra sociedad, como la pobreza, la falta de educación y la precariedad en la educación adecuada, la salud pública, el orden y la seguridad ciudadana, la falta de vivienda, de trabajo y de desarrollo económico efectivo, surgieron no solo de la falta de conocimientos, habilidades o energía de los políticos en ejercicio del poder, sino que, principalmente surgieron de la ceguera que trae consigo un vivir en el descuido. Ceguera que incluyó, necesaria pero lamentablemente, la negación del otro al que no se lo se lo vio ni percibió. Pero que el domingo votó.

Con las decisiones de gobierno que se tomaron respecto de la pandemia, que además de posibilitar el fallecimiento de mucho más de cien mil ciudadanos que no llegaron acceder a una vacunación imprescindible, produjeron la mayor debacle económica y social de la Argentina moderna, nunca como antes, quedó confirmado que hemos sido arrastrados como sociedad a una  cultura enajenada por el descuido. Lo que, sin dudas justifica que el voto no haya sido favorable al gobierno actual.

Pero además, el resultado ha sido adverso al oficialismo porque el descuido profesado en estos dos años pasados, alejó también -irresponsable o negligentemente- toda posible reflexión sobre los reales problemas sociales y sus posibles soluciones, afirmando y profundizando las distintas teorías políticas, económicas, sociales que inventaron para justificar la insensibilidad ante el dolor que con su descuido generaron.

No puedo dejar de señalar que se pueden observar distintas circunstancias a través del tiempo, por lo menos desde la vuelta a la democracia en el año 1983, que señalan, salvo expresas y minoritarias excepciones, que el descuido no es solo característica de un solo gobierno, sino de una forma de hacer política impregnada en los distintos gobiernos que precedieron al actual. De hecho el actual, no es el primer gobierno descuidado y reprendido electoralmente, y por lo tanto en forma democrática, por las víctimas del descuido.

Tampoco puedo dejar de señalar que, como, y si queremos, siempre podemos reflexionar sobre lo que hacemos, y en tal sentido escoger salir de la psiquis del descuido y negligencia cultural en que estamos sumergidos. Es evidente que la mayoría de la ciudadanía, así lo decidió y se manifestó en tal sentido.

Lo hicieron eligiendo votar a quienes suponen que pueden conducir un proceso de gobierno que incluya visibilizar y respetar al otro, piense como piense ese otro. A quienes más allá de la ideología sobre la que intenten justificar su accionar o sus promesas, suponen que nos son descuidados o que no lo serán.

Claro que siempre existe la posibilidad de que quienes fueron generadores y practicantes del descuido que la sociedad padece, puedan comenzar a “ver” y ser responsables o no tan negligentes. Pero ante esto, que es una posibilidad, la ciudadanía prefirió actuar, y votar, lo que es una realidad.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Referencias.
Maturana, Humberto. (2014). “Sobre el descuido”. Matríztica, 01 Sep 2021. http://comunidad.matriztica.org/?p=23430
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DE LA AUTOMATIZACIÓN DEL TRABAJO A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA). EFECTOS EN EL MUNDO DEL TRABAJO.

Ya en los años noventa, el ensayista norteamericano Jeremy Rifkin, autor del libro “El fin del trabajo”, (Rifkin, 2004) denunciaba que la revolución tecnológica hace necesario un número cada vez menor de trabajadores para producir los bienes y servicios requeridos por la población mundial. Se refería a que la “automatización” de los procesos productivos conducida a la economía mundial a una actividad industrial de menos trabajadores.

Hoy no hay dudas de que los incrementos en la productividad causados por las nuevas tecnologías de la automatización incrementaron el crecimiento económico, pero no promovieron un aumento del empleo y del poder adquisitivo. Pero, además, hoy, la aparición de la “inteligencia artificial” (IA) como un sistema que interpreta datos externos, aprende de dichos datos y emplea esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de continuas adaptaciones, supera los resultados que por la “automatización” temía Jeremy Rifkin.

El término inteligencia artificial se aplica a los sistemas que manifiestan un comportamiento inteligente, pues son capaces de analizar su entorno y pasar a la acción –con cierto grado de autonomía– con el fin de alcanzar objetivos específicos.

Significa que una máquina ha encontrado la forma de adaptarse e interpretar su ambiente generado por los datos de entrada, y también de arrojar resultados, es decir, que el software se actualiza a sí mismo. Por ello tiene la capacidad de ir cambiando su comportamiento a medida que va adquiriendo experiencia y a medida que su creador (el programador) implementa nuevas funcionalidades y hace correcciones por ensayo y error. (Kaplana y Haenleinb, 2018, como se citó en Almonacid Sierra y Coronel Ávila, 2020).

Así, los sistemas basados en la Inteligencia Artificial pueden consistir simplemente en un programa informático (p. ej. asistentes de voz, programas de análisis de imágenes, motores de búsqueda, sistemas de reconocimiento facial y de voz), pero también puede estar incorporada en dispositivos de hardware (por ejemplo, robots avanzados, automóviles autónomos, drones o aplicaciones del Internet de las Cosas). (Porcelli y Martínez, 2021).

Hasta la IA, para crear valor se necesitaba trabajo; ahora la IA permite crear valor sin trabajo. Con IA se puede pintar cuadros, crear música o escribir artículos para un periódico, sin requerir trabajo humano. A partir de un diseño previo, un trabajo original luego la IA aprende sola. Ahora no sólo se hace más eficientemente una tarea, sino que se crea valor sin necesidad de trabajo humano. O con un costo de tiempo laboral insignificante. (Serrichio, 2021).

En tal sentido están surgiendo nuevas formas de producción de bienes y servicios y de relacionarse comercialmente, que sugieren menos trabajo dependiente. Pero, también nuevas formas de distribución del trabajo.

Las grandes corporaciones se concentran en productos y servicios masivos y dan lugar a miles de pequeñas empresas que cubren los resquicios que, a aquéllas, por razones de escala, no les conviene atender.

Otro tanto ocurre con la tercerización de servicios. Mientras las empresas se concentran en la esencia de su negocio, surge una constelación de micro organizaciones que actúan como proveedores especializados.

Todo cual abre un nuevo espectro de posibilidades de nuevas formas de producir bienes y servicios fuera de la organización empresarial y de forma independiente a ella.

Por ejemplo, la masificación de las impresoras 3D (Adeva, 2021) capaces de producir un modelo físico desde un diseño creado por medio de cualquier programa de computación, posibilitará una mayor descentralización de la producción industrial hacia los hogares, aumentando la automatización que ya pone en jaque al 60% de las tareas económicas, e impactando de lleno en el mercado laboral. (Tetaz, 2021)

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Referencias.
Adeva, Roberto. (2021). “Todo lo que debes saber sobre la impresión 3D y sus utilidades”. https://www.adslzone.net/reportajes/tecnologia/impresion-3d/
Kaplana Andreas y Haenleinb Michael. (2018). “Siri, Siri, in my hand: Who’s the fairest in the land? On the interpretations, illustrations, and implications of artificial intelligence”. Executive Digest. https://doi.org/10.1016/j.bushor.2018.08.004https://web.archive.org/web/20181121191205/https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0007681318301393 Citado por Almonacid Sierra, Juan Jorge y Coronel Ávila, Yeisson (2020). “Aplicabilidad de la inteligencia artificial y la tecnología blockchain en el derecho contractual privado”. Publicado en: Revista de Derecho Privado. Universidad Externado de Colombia. n.º 38, 119-142.
Porcelli, Adriana Margarita y Martínez, Adriana Norma. (2021). “La Neurociencia aplicada a la Inteligencia Artificial: ¿Un camino hacia la Inteligencia Artificial General?” elDial. 18/05/2021.elDial.com – DC2DF6.
Serrichio, Sergio. (2021) “Vamos hacia una desigualdad brutal, pornográfica, que ni siquiera imaginamos”. Infobae. (8 de mayo de 2021). https://www.infobae.com/economia/2021/05/08/martin-tetaz-vamos-hacia-una-desigualdad-brutal-pornografica-que-ni-siquiera-imaginamos/ Nota a Tetaz, Martin, (2021). sobre su libro “Nada será igual – Un viaje a la economía del futuro”. Ed Planeta.
Rifkin, Jeremy. (2004). “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”. Ed. Paidos.
Tetaz, Martín (2021). “Nada será igual”. Un viaje a la economía del futuro. Por Martin Tetaz. Ed. Planeta. Bs. As. P. 10.
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La falta de empleo y la falta de acceso a un salario satisfactorio. Efectos de la automatización del trabajo.

En los años setenta, Vázquez Vialard sostenía que el trabajo como factor de participación en la renta ya no era suficiente para lograr los niveles de satisfacción básica de los empleados.

Afirmó ese autor en tal sentido que, “El hombre no tiene oportunidad de ser feliz si la participación no suscita en él la convicción de formar parte de algo que lo eleve al nivel del ser, no solo al de tener. De lo contrario no alcanza más que a meras satisfacciones aparentes con las que no se consigue abarcar toda la realidad del ser humano.” (Vázquez Vialard, 1979, p. 247).

También diagnosticó que, “En un mundo que plantea como una necesidad vital una reconvención constante a fin de adoptar los progresos de la técnica y los cambios, si bien no es aceptable que el costo de desplazamiento lo sufran, en forma exclusiva los trabajadores, tampoco tiene lógica ese aferrarse a empleos determinados, cuando la seguridad debe darla la economía global y no la empresa.” (Vázquez Vialard, 1979, p. 271).

Hoy, a más de cincuenta años de aquellas afirmaciones, en nuestro país, existen millones de marginados de la actividad productiva, además de una creciente masa de trabajadores desocupados permanentes. Pero, asimismo, hay una gran mayoría de los trabajadores que, aun conservando sus empleos, no alcanzan niveles aceptables de satisfacción por el resultado económico de su trabajo.

Según el INDEC en su Informe sobre el Mercado de Trabajo de diciembre de 2020, hoy hay menos trabajadores de los que había en 2015. Agudizándose el problema entre las personas jóvenes y las mujeres. Entre los varones de 14 a 29 años la tasa de desocupación es del 19% y entre las mujeres de la misma edad, del 26%. Asimismo, entre el conjunto de los desocupados, aquellos que hace más de seis meses que buscan trabajo, llegaron al 53,8% y aquellos que llevan entre 6 y 12 meses de búsqueda infructuosa, son el 27,1% del total, el valor más alto de la serie desde que se publica dicho índice y dos veces más alto que el registrado a fines de 2019. En síntesis, uno de cada cinco trabajadores formales no tiene los medios suficientes para vivir en forma digna. Los microdatos del INDEC del IV trimestre de 2020 reflejan que un tercio de las personas ocupadas entra en la categoría de pobreza para las estadísticas oficiales. Situación que, de cara a lo que va de 2021, podría empeorar aún más por efecto de la inflación. (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INDEC], 2020. Trabajo e ingresos, Vol. 4, n°7. Como se citó en Sánchez Arnau, 2021).

A su vez el informe técnico del INDEC Volumen 5 Nº 61 (último trimestre 2020) dice: “El ingreso promedio per cápita del total de la población, que corresponde a 28.739.630 personas, alcanzó los $19.524, mientras que la mediana del ingreso per cápita fue de $14.357 (cuadro 1).” (Como se citó en Rizzi, 2021)

Debe observarse que, a partir del 1° octubre de 2020, el Salario Mínimo Vital y Móvil -establecido por el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social-   como la menor remuneración que debe percibir el trabajador en su jornada legal de trabajo, asegurando alimentación, vivienda, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento y previsión- pasaba a ser de 18.900 pesos por mes para todos los trabajadores mensualizados que cumplen la jornada legal completa de trabajo; llegando a diciembre de 2020 a 20,587.50 pesos.

Todos estos datos no solo indican que el trabajo dependiente no ha alcanzado a elevar los niveles de satisfacción del ser humano trabajador que señalaba Vázquez Vialard ya en los años setenta, sino que, además, arrojan la realidad de que hoy, el empleo no es una garantía de evitar la pobreza en la Argentina.

La gran mayoría de aquellos trabajadores que mantienen sus empleos, viven resguardados en un contrato de trabajo, que sumado a que éste no satisfaga sus expectativas de desarrollo o directamente los mantenga inmersos en la pobreza, el contrato es de futuro incierto, toda vez que la estabilidad de esos empleos no existe. Aun aquellos que creen resguardados en sus empleos públicos, padecen el hecho de que su empleador, aunque sea el Estado, no logra cubrir sus gastos básicos de funcionamiento, y que además utiliza formas de contratación laboral que ya no otorgan la supuesta estabilidad del empleo público. (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento [CIPPEC], 2018).

Inestabilidad laboral que, además, se ha tornado uno de los estresores psicosociales más relevantes en las últimas décadas y que genera malestar y sufrimiento en los trabajadores. Inestabilidad laboral y el malestar que la misma genera producen altos niveles de tensión psicológica en los trabajadores.  (Leibovich de Figueroa, Schufer, Maglio, Schmidt, Injoque Ricle, Minichiello, Marconi, Gonzalez, Aranda Coria, y Cuenya, 2007)

Como sea, los niveles de empleo dependiente son cada vez menos como resultado de políticas económicas que generan elevados déficits fiscales que, a su vez, exigen políticas impositivas que desalientan la inversión y son fuente de enormes costos que impiden la creación de puestos de trabajo. También por la aplicación de políticas laborales que desalientan la creación de empleo. Sumado asimismo el hecho de la marginalidad a la que se expone a una masa cada vez más creciente de trabajadores sin capacitación suficiente para nuevos empleos ligados a las también nuevas tecnologías.

Se observa que no se trata de una simple exclusión por falta de trabajo; sino de una exclusión definitiva por tratarse de trabajadores “genéricos”, sin capacidad de reprogramarse o actualizarse cuando lo exigen los cambios del nuevo proceso de producción como los define Castells. Los excluidos de este fenómeno de “globalización” son, realmente descartados sociales. No los necesita el sistema productivo y para la sociedad parecen resultar tan molestos, que se prefiere no reconocer su existencia. Por eso, no tienen visibilidad social. (Castells, 2020).

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

 

 

Referencias:
CASTELLS M. (1998). La Era de la Globalización: Economía, Sociedad y Cultura, Alianza  Editorial, Madrid 1998, citado por Donini, Antonio O., en Globalización y Políticas Sociales en el Mercosur – CIAS- Ano XLVIII – N 488, pág. 521-526. Citado en “El necesario camino a la integración en el marco del desempleo”. Por Alberto Chartzman Birenbaum. Publicado el 18/12/2020. En elDial.com – DC2D2A
CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). https://www.cippec.org/textual/los-regimenes-laborales-en-el-estado-varian-por-organismo-y-naturaleza-juridica-de-cada-programa-o-contrato/
Leibovich de Figueroa, N.; Schufer, M.; Maglio, A.L.; Schmidt, V.; Injoque Ricle, I; Minichiello, C.; Marconi, A.; Gonzalez, A.; Aranda Coria, E.; y Cuenya, L.. (2007), “El malestar por inestabilidad laboral y su relación con tensión y recursos personales.” PSICOLOGÍA DEL TRABAJO. Anuario. Volumen 14. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S185116862007000100006&lang=es
Rizzi, Luis Alejandro (2021). “El riesgo empresario y el derecho laboral”. elDial.com – DC2E01.
Sánchez Arnau, Juan Carlos (2021). “Argentina 2021: menos trabajo y menos trabajadores”. Infobae. (25     de abril de 2021). https://www.infobae.com/opinion/2021/04/25/argentina-2021-menos-trabajo-y-menos-trabajadores/. Refiere informe del INDEC. “Trabajo e ingresos, Vol. 4, n°7. Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH). Tercer trimestre de 2020” https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_3trim20E927D146A5.pdf.
Vázquez Vialard Antonio L.R. (1979). “El Trabajo Humano”. EUDEBA. 2da. Ed.

 

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Una Revolución Reflexiva en el Derecho del Trabajo.

«El fenómeno de la pobreza trabajadora es, en parte, consecuencia de la propia evolución de la normativa laboral, y en parte, reflejo de un fracaso del Derecho del Trabajo y una constatación de su bajo nivel de eficacia y efectividad»  (Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer, como se citó en Bini, 2017).

 

I.

Por medio de los trabajos que componen este apartado propongo una reflexión crítica sobre la efectiva aplicación de la modalidad laboral del Teletrabajo en Argentina y, en consecuencia, la posibilidad de que el Teletrabajador se constituya en Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente o Trabajador Parasubordinado (según se lo conoció en la doctrina italiana del Derecho del Trabajo).

II.

Fijaré el análisis reflexivo en la modalidad de trabajo de Teletrabajo más que en el Contrato de Teletrabajo, para indicar que, según las particularidades de este tipo de prestación de trabajo, puede abrirse la posibilidad de la creación de relaciones de trabajo autónomo, y en particular de trabajo autónomo que sea sólo económicamente dependiente de un cliente.

La exclusión definitiva de trabajadores del mercado de trabajo por tratarse de trabajadores “genéricos” sin capacidad de reprogramarse o actualizarse según lo exigen los cambios de los nuevos procesos de producción.

Además, la realidad de la falta de trabajo en general por razones de raíz económica y política demuestran la necesidad imperiosa de crear la posibilidad de nuevos puestos de trabajo, sea este dependiente, autónomo, o con una autonomía con cierta dependencia, como lo es trabajo autónomo con dependencia solo económica respecto de un cliente o trabajo parasubordinado.

III.

El marco de estudio incluirán los siguientes temas:

El carácter de alta especialización de muchos de los posibles Teletrabajadores, en principio únicamente dependientes de un empleador, puede derivar en un trabajador autónomo solamente dependiente económicamente de un cliente.

La crítica de la relación de dependencia según su interpretación y aplicabilidad actual, la que no se intentará desacreditar en tanto es vital instituto contra el fraude por el que se pretende encubrir o desplazar una norma laboral protectoria aplicable a una situación real de trabajo dependiente. Sino que se intenta criticar la falta de tutela sobre trabajadores no absolutamente dependientes.

Las transformaciones que se gestan en la sociedad y el mundo laboral deben ser atendidas por el Derecho en general y el Derecho del Trabajo en particular, cuyos actores e institutos deben adaptarse a las nuevas mutaciones, prácticas y recursos. Adaptación que requerirá, necesariamente, la renovación de los marcos normativos, pero fundamentalmente el marco jurisprudencial que ponga acento en la tutela también del trabajo autónomo solamente dependiente en forma económica de un cliente.

Los paradigmas abstracciones jurídicas que están lejos de la situación fáctica real y que, por su inconsistencia no permiten avanzar en la recomposición de la situación dramática de la falta de trabajo.

La transacción normativa en el Congreso de la Nación y la Decisión Judicial determinada por el efecto combinado de la interpretación cognoscitiva de la ley y de la actitud valorativa de la conciencia de los jueces sobre la posibilidad de la tutela efectiva de trabajador que no son absolutamente dependientes.

La evaluación de las limitaciones actuales del Derecho del Trabajo a través del Integrativismo Tridimensionalista del mundo jurídico. En consecuencia, la observación y tratamiento del fenómeno jurídico conforme su totalidad integrada de tres elementos:  1. Las conductas como comportamientos humanos; 2. Las normas como descripciones y captaciones lógicas de dichas conductas como realidad del fenómeno jurídico; y, 3. La valoración que se hace de ese fenómeno que la justicia toma como objeto.

IV.

La propuesta reflexiva partirá de responderme interrogantes como:

¿Cómo estamos haciendo lo que estamos haciendo?

¿Para qué nos sirve ser conscientes de que sucede algo que nos conviene si no estamos dispuestos a actuar para corregirlo?

¿Qué es mejor hacer para para nuestra sociedad en el momento actual?

Se intentará buscar las respuestas soltando el apego a las certidumbres, y certezas de cualquier naturaleza que favorecieron la situación actual de falta de generación de nuevos  puestos de trabajo,  siempre intentado aceptar que somos nosotros quienes escogemos lo que hacemos y conservamos, y que a través de ello definimos el modo de vida que vivimos. (Maturana-Davila, 2021)

Piensa bien y saldrá bien.

D.O.

 

 

Referencias:
Bini, Stefano. 2017. Para-subordinación y autonomía. El derecho del trabajo italiano en transformación. En Temas laborales: Revista andaluza de trabajo y bienestar social, Nº 136. págs. 49-72.
 Maturana. Humberto – Dávila, Ximena. 2021. La revolución reflexiva. Editorial Planeta Chilena S.A.

 

 

 

 

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No se trata de malos políticos, sino de la mayor parte de una sociedad a la que esos políticos reflejan y son funcionales.

Gran parte de nuestra sociedad convive excluyendo al otro, al que invisibiliza o no respeta. De esta sociedad es de donde surgieron la mayoría de los políticos actuales.

Debemos tomar conciencia de ello. Pero además, de que las relaciones humanas que no se fundan en la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, no son verdaderas relaciones sociales y no conforman una verdadera sociedad.

Las tendencias naturales de la psicología humana determinan que cuanto más a menudo la gente ve confirmados en la práctica un conjunto de suposiciones u opiniones, más creen que es ello lo que pensaron desde el principio. Y con el tiempo, se distancian de lo que en realidad pensaban anteriormente si es que esa gente tenía ideales y valores diferentes.

Muestra de ellos es que cada vez es menor el asombro honesto y real de la existencia de una grieta que nos separa y profundiza el sistema un sistema de convivencia excluyente en el que una mayoría se siente cómoda y que circunscribe, además, todos nuestros problemas actuales sólo al sector de los políticos, en funciones de gobierno o no, o de un gobierno determinado.

En consecuencia, quedan cada día mas más lejos las verdaderas  decisiones políticas -no las meras declaraciones en tiempos electorales- que impliquen intentar acuerdos de convivencia que articulen proyectos comunes acogiendo los distintos puntos de vista como parte fundamental de una vida en armonía y en democracia.

El problema está en la mayor parte de la ciudadanía no en los políticos que eligen. Pero, la solución también.

El intento de un convivir democrático comienza creando una convivencia no discriminadora en el mutuo respeto que surge como un proyecto común de generar conscientemente un convivir que nos permita ver y corregir las discriminaciones que hemos generado alejándonos de un proyecto común como sociedad.

Un proyecto común requiere ser conscientes de que todo lo que hacemos son siempre actos políticos con los que generamos los mundos que vivimos. En consecuencia hemos creado nuestra realidad actual y que cambiará si así lo deseamos -no sólo la declamemos-

Piensa bien, y saldrá bien!

D.O.

 

 

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Del Teletrabajador Subordinado al Teletrabajador Parasubordinado.

«El fenómeno de la pobreza trabajadora es, en parte, consecuencia de la propia evolución de la normativa laboral, y en parte, reflejo de un fracaso del Derecho del Trabajo y una constatación de su bajo nivel de eficacia y efectividad» (Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer, como se citó en Bini, 2017).

Distingo como “Teletrabajador” a aquel trabajador que está vinculado con un empleador por medio un contrato de trabajo dependiente y subordinado. Que realiza su tarea en su domicilio o en lugares distintos al establecimiento o los establecimientos de su empleador, mediante la utilización de tecnologías de la información y comunicación. Que dicha tarea que es organizada por ese empleador y en su propio beneficio. Y que, su actividad se encuentra regulada en Argentina por ley específica (ley 27555, 2020) que introdujo en el Régimen de Contrato de Trabajo (Ley 20744, 1974) el artículo 102 bis relativo al contrato de teletrabajo.

El rasgo distintivo y fundamental de la relación laboral que mantiene el Teletrabajador con su empleador, aunque realice su trabajo en su domicilio, como todos los demás trabajadores en relación de dependencia, es la subordinación. Situación entendida como la sujeción plena y exclusiva del trabajador al poder directivo y de control del empleador, y de la que se desprende el poder de autoridad que tiene el empleador sobre el empleado durante la realización de las labores que deba cumplir (Barassi, 1901).

Por otro lado, identifico como “Teletrabajador Parasubordinado” a aquel trabajador autónomo que mantiene una relación de dependencia solamente económica y frente a un solo empleador que deja de ser tal para convertirse en cliente. Que también realiza en su domicilio o en lugares distintos al establecimiento o los establecimientos de su mandante, dador de trabajo, o cliente, mediante la utilización de tecnologías de la información y comunicación. Que su tarea es “coordinada” -no dirigida- por ese cliente y en su propio beneficio. Pero, su actividad aún no se encuentra regulada por normativa vigente alguna en nuestro país. Aunque es habitualmente confundida con una actividad autónoma independiente regulada por el derecho común, o con una actividad laboral dependiente encubierta.

En este tipo de trabajador, encuentro como distintivo que, no es autónomo o independiente. O sea, no es aquél que realiza una actividad llevando adelante un proyecto propio con fines de lucro, en forma independiente, y amparado por el derecho común. Pero, tampoco es dependiente o subordinado de un empleador. Mantiene una relación de dependencia solamente económica con un cliente. Situación por la que se le podrían reconocer ciertas coberturas sociales.

Este trabajador autónomo económicamente dependiente forma parte de un grupo de trabajadores que, si bien no prestan servicios en condiciones de subordinación jurídica, sí dependen económicamente del trabajo que llevan a cabo. En realidad, conforman una nueva categoría jurídica, que debe ser vista como la evolución de la dependencia o subordinación (Perulli, 2015).

Países como Italia, España Alemania, y Francia han establecido legislativamente la parasubordinación o trabajo autónomo económicamente dependiente. Si bien existen diferencias en las legislaciones de cada país, la parasubordinación se ha impuesto debido a que la relación de trabajo dependiente y la relación contractual independiente o autónoma, como la locación de servicios o de obra, han dejado sin tutela a aquellos trabajadores que no encuadran ninguna de esas formas de trabajo y son considerados dentro de una zona gris entre la dependencia y la autonomía absolutas.

Sin embargo, el trabajador autónomo económicamente dependiente, junto al trabajador dependiente y subordinado, y al trabajador autónomo e independiente, forman parte de los trabajadores comprendidos en el mundo productivo actual, en el que la aplicación de la inteligencia artificial, la robótica y las plataformas digitales están reemplazando los actores de la producción. Estos tipos de trabajadores conviven en una situación absolutamente novedosa que está creando constantemente nuevos trabajos, pero, en simultáneo, implica la destrucción de otros puestos de trabajo que ya dejan de existir como tales (Ríos, 2021).

Dicha nueva situación, acelerada además por la pandemia generada por el COVID 19, crea tanto nuevos trabajos como también nuevas categorías de trabajadores altamente capacitados en nuevas tecnologías que los realizan.  Pero, a su vez, fomenta la expresión de nuevas conductas sociales que intentan dar respuesta a requerimientos de cada vez más trabajadores en áreas tecnológicas, por ejemplo, privilegiando, nuevas tendencias educativas que apuntan a privilegiar las ingenierías y carreras STEM, acrónimo inglés de Science, Technology, Engineering, Mathematics (FundéuRAE, 2016).

Ahora bien, observo la siguiente situación: el Contrato de Teletrabajo de le ley 27555 aparece en un principio, por sus requisitos y formalidades, de dificultosa implementación efectiva por parte de los empleadores. Pero, además, a medida que las condiciones de prevención sanitaria lo permitan, estos empleadores reintegrarán a sus establecimientos a los trabajadores que oportunamente fueron enviados a realizar tareas en sus domicilios por la implementación de las medidas obligatorias de prevención de contagios ante la pandemia del virus COVID-19.

Observo también, que la modalidad laboral de Teletrabajo -no el contrato- comprende características especiales que indican la necesidad de trabajadores capacitados y especializados en TIC (Tecnologías de la Información y la Computación), quienes precisamente por su especialización, podrían no solo estar interesados en continuar trabajando en sus domicilios, sino que, además -de poder hacerlo- adquirir cierta autonomía de trabajo y sin dependencia absoluta.

La actividad laboral de Teletrabajo posee un efecto movilizador ascendente en el mundo del trabajo, ya que en muchos casos aparece como una forma de trabajo hecha a medida para un trabajador especializado determinado y, por consiguiente, que se halla en concordancia con las expectativas individuales de un trabajador autónomo, indicando la necesidad de que aquellos trabajadores dependientes absolutos más capacitados escalen a posiciones laborales no totalmente dependientes. Quedando estos trabajadores en la condición conocida como parasubrodinada, que lo ubica entre el trabajador subordinado y el trabajador autónomo (Perulli, 1997).

Es claro, asimismo, que la actividad laboral que implica el Teletrabajo puede ser realizada por trabajadores empleados de una empresa que realizan la tarea por cuenta ajena en forma totalmente dependiente, por trabajadores autónomos que realizan la tarea a su propio beneficio y en forma independiente, y por aquellos que realizan el trabajo prestando un servicio en forma personal pero solo dependientes económicamente con el dador del trabajo, como los trabajadores autónomos económicamente dependientes, o parasubordinados.

Por ello estimo que el Teletrabajado, en primera instancia considerado solamente para el trabajador dependiente y subordinado, puede convertirse en un punto de partida para la creación de nuevas unidades productivas independientes que se relacionen, en principio, con el mismo empleador devenido en cliente y hasta con otros empresarios que contraten sus servicios. Todo lo cual favorecería la formación de nuevos puestos de trabajo y un menor costo para el empleador del trabajador dependiente.

No se puede soslayar tampoco, que el mundo del trabajo en general se está alejando de la relación de trabajo claramente marcada por la subordinación, dando paso a modalidades contractuales hasta ahora excepcionales o marginales. El uso generalizado de nuevas tecnologías tiene necesariamente como consecuencia nuevas relaciones de trabajo.

El teletrabajo, el trabajo autónomo, el outsourcing o externalización, el crowdsourcing o trabajo cooperativo se destacan por una marcada flexibilidad, pues generalmente se trabaja mediante proyectos y actividades puntuales sin la estabilidad de un contrato de trabajo a tiempo indeterminado.

Todas nuevas formas de contratación laboral que, si bien pueden traer una disminución de los derechos laborales, también es cierto que son estrictamente necesarias para que el derecho del trabajo siga evolucionando, con el fin de adaptarse a una realidad mundial, así que el problema no se presenta con la aparición de nuevos contratos atípicos, sino que es la manera en que cada país los afronte a través de sus legislaciones en materia laboral y de seguridad social (Brabham, 2008). Por lo cual la normativa del trabajo debe necesariamente evolucionar en tal sentido.

Sin dudas que el trabajo autónomo también ha adquirido una progresiva importancia dentro del mercado laboral, sin embargo, tampoco ha sido reconocido a un nivel normativo proporcional. Hasta ahora, la legislación como norma escrita y la jurisprudencia como norma no escrita y surgida de la interpretación jurídica realizada en casos concretos, se ha preocupado más por reprimir la forma fraudulenta del trabajo autónomo, en lugar de crear una regulación y que promocione las prestaciones personales de trabajo autónomo, pues han partido del presupuesto que estos falsos autónomos son en gran parte trabajo subordinado disfrazado (Perulli, 2015).

Tales cambios en el mundo del trabajo humano hacen necesario un cambio en  la normativa reguladora del trabajo. En tal sentido considero que es necesaria una revolución en el Derecho del Trabajo nacional, no una mera evolución y mucho menos ciertos cambios. El Derecho de Trabajo, en tanto que este se ocupa de la parte del trabajo humano en relación de dependencia (Grisolía, 1999), ha de ocuparse de las nuevas formas de trabajo y de contratación para el trabajo que la realidad del avance tecnológico acelerado propone. Pero, también, deberá observar y distinguir la existencia de trabajo productivo que no resulta necesaria y totalmente dependiente.

Debo señalar que, si bien la mayoría de los institutos del Derecho del Trabajo, incluyendo la legislación para la protección del trabajo, están diseñados para tutelar a los trabajadores dependientes, ello no ha impedido ni la pérdida de puestos de trabajo ni la desprotección de las personas trabajadoras.

No obstante, no intento erosionar el tradicional ámbito de protección del Derecho del Trabajo, que debe tender a la mejor tutela del trabajo subordinado por cuenta ajena. Tampoco pretendo distraer de dicha tutela a las figuras supuestamente no laborales, como la descentralización productiva a través de cualquier forma de contratación, ni a la ficción legal de un empleador disfrazado de cliente, y un trabajador promovido a empresario, manteniendo las posiciones asimétricas de una relación de trabajo.

Sostengo que será necesaria la mejor apreciación y puntual aplicación del clásico principio laboral de la primacía de la realidad. Aún en este nuevo escenario, tan cambiante, y tan veloz en su cambio, se supone siempre reconocer y convalidar el Derecho del Trabajo y el carácter protector del mismo, el que por medio de ese principio rector deberá verificar si existe entre las partes de una relación de trabajo una convención de reparto de riesgos y responsabilidades donde la carga mayor la asume el trabajador autónomo y no el contratista supuesto empleador.

Pero también sostengo que se debe asumir la necesidad de posibilitar trabajo autónomo que sea dependiente sólo económicamente con su cliente, además de trabajo dependiente y subordinado con un empleador. Y, en consecuencia, que se debe tutelar el trabajo parasubordinado ubicado entre el dependiente y el autónomo, bajo pena de continuar precarizando el mercado laboral argentino, y fomentando el trabajo informal.

Estimo se puede observar el modelo de trabajo parasubordinado en Italia, que establece figuras contractuales en los que la “coordinación” -no la dirección- es el único límite de la autonomía operativa admisible en la relación, pues debido a su naturaleza, el trabajo parasubordinado está siempre caracterizado por la ausencia del vínculo de la subordinación.

En el modelo italiano, para que se pueda en concreto hablar de subordinación es indispensable verificar que, en concreto, el trabajador sea sometido al poder unilateral del empleador de especificar el contenido de la prestación de trabajo y de modificar el objeto de esta. Pero, frente a las hipótesis caracterizadas por la falta de datos objetivos decisivos para la calificación de la relación, la voluntad de las partes expresada en el contrato de trabajo juega un papel crucial (Perulli, 2007, como se citó en Bini 2017).

El panorama jurídico laboral italiano se caracteriza, tanto por valorizar el comportamiento efectivo de las partes en el concreto desarrollo de la relación de trabajo, prescindiendo del contenido formal del contrato de trabajo, a fin de reequilibrar la desigualdad “empleador-trabajador”. Pero, además por intentar recuperar el individualismo en el derecho laboral, así como la necesidad de potenciar y redescubrir el sujeto y la autodeterminación tras los profundos cambios económicos, políticos y sociales actuales. (Razzolini, 2014 como fue citado en Bini 2017).

En concreto, Argentina debiera apuntar a una legislación que reconozca y tutele también al trabajador parasubrodinado o autónomo sólo económicamente dependiente del dador de trabajo, al que se le puedan extender ciertas tutelas laborales y beneficios sociales que estarían justificadas por su dependencia económica.

D.O.

 

Referencias.
Barassi L., 1901. Il contrato di lavoro nel diritto positivo italiano.Societa editrice libraria, Milano, Italia.
Bini, Stefano. 2017. Para-subordinación y autonomía. El derecho del trabajo italiano en transformación. En Temas laborales: Revista andaluza de trabajo y bienestar social, Nº 136. págs. 49-72.
Brabham C., 2008. Crowdsourcing as a model for problem solving an introduction and cases. Convergence: the international journal of research into new media technologies, vol. 14, no 1, p. 75-90.
Fundación del Español Urgente -FundéuRAE- Carreras CTIM, mejor que carreras STEM. Dirección RUL: https://www.fundeu.es/recomendacion/carreras-ctim-mejor-que-carreras-stem/
Grisolía, Julio A. 1999. “Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social”. Ed. Depalma.
Ley 20.744 de 1974. Por la cual se establece el Régimen del Contrato de Trabajo. 5 de septiembre de 1974. Boletín Oficial del 27 de septiembre de 1974, Número: 23003.
Ley 27.555 de 2020. Por la cual establece el régimen legal del contrato de Teletrabajo. 30 de julio de 2020. Boletín Oficial del 14 de agosto de 2020. Número: 34450.
Perulli A., 1997. Il diritto del lavoro tra crisi della subordinazione e rinascita del lavoro autónomo, in Lavoro e diritto. pp. 173-202;
Perulli A., 2015. Costanti e varianti in tema di subordinazione e autonomía. Lavoro e diritto. pp. 259.
Perulli A., 2015. Un Jobs Act Per Il LavoroAutonomo: Verso Una Nuova Disciplina Della Dipendenza. Economica, Wo 235/2015, 15 p.
Ríos Noé M., 2021. El derecho del trabajo y las nuevas tecnologías. Revista de Neurociencias & Derecho, Nro. 1. 57-58. Microiuris.comMJ-DOC-15948-AR | MJD15948.
Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer. 2009.Trabajadores pobres y Derecho del trabajo, en RL, 2009, 17, 27. También en M. Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer, 2015. Tres décadas de relaciones laborales en España. Editoriales y estudios, Sevilla, 2015, 404.

 

 

 

 

 

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Diferenciar “MENTIRA” de “ERROR” es importante por las consecuencias que producen.

La mentira hace referencia a situaciones en las cuales decimos algo en circunstancia de que sabemos, en el momento en que lo decimos, que lo que estamos diciendo no es válido. Que es mentira. O sea que, cuando digo “Te Mentí”, quiere decir que en el momento en que te dije lo que te dije, podía afirmar que no era válido, aunque yo decía que era válido. La mentira ocurre en el momento en que ocurre. Miento cuando miento.

El error es diferente. El error ocurre después del momento en que dije lo que dije. Porque pensaba, en aquél momento -cuando lo dije- que era válido, pero me doy cuenta luego, por tales o cuales circunstancias, que no, que en realidad me había equivocado. Por ello, cuando digo “Discúlpame, me equivoqué, cometí un error”, quiere decir que viví la experiencia que viví como válida en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia, es que pude calificarla como un error.

Tener presente esta diferencia es importante por las consecuencias que produce.

Cuando me disculpo por un error, lo que pido, es que se me reconozca mi honestidad, porque fui honesto al actuar como actué. No sabía que estaba equivocado. Y si bien la disculpa del error no deshace lo que hice o dije, me permite aprender de todo ello. Ademas de generar confianza con quien estoy disculpándome.

En cambio, en la disculpa ante una mentira estoy haciendo otra cosa. Como la mentira es una afirmación hecha en el intento de manipular a otro, cuando pido disculpas por una mentira estoy reconociendo mi deshonestidad. Y, en el mejor de los casos, prometo no mentir más. Ahora bien, respecto de ser confiable para aquél a quien le mentí, lo que puedo esperar, es iniciar una relación nueva desde cero. La anterior habrá quedado definitivamente atacada y herida de muerte por el uso de la mentira.

La falta de confianza y el dolor consecuente se nos genera cuando quien creemos que no debería fallarnos nos falla. Quien no debería mentirnos nos miente. Pero, más aun o peor aún, cuando aquél en quien volvimos a confiar una vez, porque aceptó habernos mentido y no volver a mentirnos, lo hace nuevamente. Podemos entonces llegar incluso a no confiar en nadie ni nada, con lo terrible que ello puede ser para cualquier persona y también para cualquier sociedad.

Entiendo la estupidez como estrechez de miras y que estúpido es aquél que tiene en cuenta solo un punto de vista: el suyo. Y encuentro que cuando los estúpidos son además políticos, en ellos se dan características distintivas esenciales: que no reconocen errores porque “no se equivocan” y que, cuando pareciera que piden disculpas por un error, en realidad, están encubriendo una mentira.

Al respecto, creo necesario precisar, que tal como lo hizo el presidente de la nación Alberto Fernandez, el LAMENTARSE de algo que ocurrió y afirmar que no va a volver a ocurrir, NO ES PEDIR DISCULPAS por un error cometido. Tampoco lo es admitir  que se debió haber tenido más cuidado para que eso que ocurrió, no ocurriera. En concreto, nunca pidió disculpas por un error.

En este caso, lamentablemente dado el cargo que ejerce y que por ello debiera merecer la mayor confianza de quienes representa, estamos ante un político ejerciendo las mas palmaria estupidez.

Sea porque se esté percibiendo a sí mismo como que no comete errores, o como que  está por encima de toda obligación de pedir disculpas, o porque esté intentando encubrir una mentira, todo, en definitiva conforma el ejercicio de la estupidez. Lo que en política es imperdonable.  pero además tremendamente perjudicial a la confianza necesaria para llevar  adelante un convivencia democrática.

Ahora bien, como considero que entre todos los saberes posibles que las personas podemos adquirir, existe al menos uno que es  imprescindible que es el saber que ciertas cosas nos convienen y otras no.

Ese saber, es saber distinguir entre lo bueno y lo malo. Lo que en ocasiones no resulta sencillo porque lo malo parece a veces más o menos bueno y lo bueno en otras tiene apariencias de malo. Una confusión en la que los políticos estúpidos -sin distinción partidaria alguna- son generalmente exitosos tanto en crearla como en relatarla.

No obstante, como sea, aunque debamos hacer un trabajo consciente para lograrlo, las personas podemos optar por lo que nos parece bueno y conveniente para vivir mejor. Por ejemplo, estamos cerca de volver a elegir representantes y por lo tanto políticos.

Entonces, podemos optar por lo que mas nos conviene y, en su caso, optar por no elegir a políticos estúpidos .

Además, fundamentalmente, podemos optar por iniciar nuevas relaciones de confianza con quienes nos representan políticamente. Confianza que resulta esencial para poder seguir conviviendo democráticamente. Ni más ni menos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

 

Fuentes:
Dr. H. Maturana. www.matriztica.org/
Ver: El error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez. | Daniel Olguin
Publicado en con la necesidad de Convivir, Contagiando valores, Convivir, El Razonamiento Moral, Los Dilemas Morales, Política y Ciudadanía, Ser responsable. | Deja un comentario

El error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez.

Felipe González, político y expresidente del gobierno español, opinó, que todo líder que aparece nervioso, cambiando de posición de la noche a la mañana y buscando culpables es un líder nefasto e inútil para afrontar la crisis, mientras que los líderes políticos adecuados son los que establecen políticas de diálogo permanente y de acuerdos sucesivos, incluyendo también a los líderes sociales y empresariales. Afirmó también, que si en la gestión de la actual crisis sanitaria se cometen errores hay que reconocerlos porque, a su juicio, “el error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez”.[1]

Claro que Gonzalez hace referencia puntual al político en gestión. Pero, estimo que se aplica a todos los ciudadanos que, por ser tales, son también políticos, porque hacen política. Como dice Maturana, todos los actos humanos -desde comprar el pan, pagar impuestos y elegir a quienes nos representan- configuran el hacer política en una convivencia democrática. Pero además validan un modo de convivir ciudadano y por ello son intrínsecamente actos políticos.[2]

Entiendo a esa estupidez como estrechez de miras, tal como la definió el filósofo Johann Erdmann[3], quien además definió al estúpido como aquél que tiene en cuenta solo un punto de vista: el suyo.[4]

Coincido con los griegos, quienes además de la política y la democracia, inventaron la palabra “idiota” para señalar a aquel que considera todo desde su óptica personal, al que juzga cualquier cosa como si su visión del mundo fuera universal, la única defendible, válida e indiscutible.

Encuentro, a su vez en nuestros políticos estúpidos, dos características distintivas esenciales. Que opinan sobre todo como si estuviesen en posesión de la verdad absoluta sin reconocer errores algunos, y que son ineptos a la hora de jerarquizar prioridades.

También encuentro dos premisas relativas a la estupidez en general que se aplican también en toda la política, incluida la nuestra. Una, que todos en algún momento podemos ser estúpidos ocasionales. Otra, que la lucha contra la estupidez está perdida de antemano. Decía Albert Camus en “La peste” que “la estupidez siempre insiste”.

Por ello, respecto de la primera de las premisas, puede ser que tuviésemos que formularnos preguntas fundamentales para acabar con nuestra estupidez ocasional. Por ejemplo, conviene preguntarnos habitualmente si estamos actuando como estúpidos, si podríamos estar equivocados.  Acción ésta, de toma de conciencia plena que podría señalar el comienzo del fin de nuestra estupidez o por lo menos la oportunidad de reducirla.

En tanto que la  segunda premisa nos exigirá asumir que entre todos los saberes posibles que se puedan adquirir existe al menos uno imprescindible: el saber que ciertas cosas nos convienen y otras no.[5]

Saber lo que nos conviene, es saber distinguir entre lo bueno y lo malo, pero en muchas situaciones no resulta sencillo. Lo malo parece en unas ocasiones más o menos bueno y lo bueno en otras tiene apariencias de malo. Confusión, en la que los políticos estúpidos son generalmente exitosos. Tanto en crearla, como relatarla.

Como sea, las personas podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, lo que nos parece conveniente para nosotros frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Claro, será prudente fijarnos bien en lo que hacemos, en las decisiones que tomamos. Procurando además adquirir con la práctica un modo de vivir que nos permita acertar mas frecuentemente.

Hoy, estamos cerca de volver a elegir a quienes, entre otras tareas, tendrán la responsabilidad de continuar gestionando la crisis sanitaria. Y entonces, volvemos a estar en condiciones de poder optar por lo que mas nos conviene en tal sentido. De ser menos estúpidos y de quitarle poder a los estúpidos.

En definitiva, debiéramos tener en cuenta que siempre podemos vivir de muchos modos, pero también, que hay modos que no dejan vivir. Como los que incluyen seguir la estupidez y a los estúpidos que la ejercen.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

 

 

Fuentes:

[1] “El error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez” Felipe González. Dirección URL:https://www.europapress.es/nacional/noticia-felipe-gonzalez-error-politica-perdonable-no-perdonable-estupidez-20200415191454.html
[2] Humberto Maturana Romesín. En http://www.matriztica.cl/cuando-hacemos-politica-en-una-convivencia-democratica/
[3] Johann Eduard Erdmann fue pastor protestante y profesor universitario alemán. Historiador de la religión y de la filosofía, su influencia ha sido considerable entre los miembros de la escuela hegeliana.
[4] ¿Qué es la estupidez? Por Antonio Fernández Vicente, Universidad de Castilla-La Mancha. Dirección URL: https://theconversation.com/que-es-la-estupidez-142471
[5] “Se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir”. Por Daniel Olguin. Citando a Fernando Savater Martín y su obra “Ética para Amador”.  Dirección URL: http://danielolguin.com.ar/?p=1178
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Se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

Entre todos los saberes posibles que se puedan adquirir existe al menos uno imprescindible: el saber  que ciertas cosas nos convienen y otras no.

Abundan los conocimientos interesantes pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, seguramente, pero se vive.

Ahora bien, otras cosas conviene saberlas. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que saltar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta en base algún veneno no permite llegar a viejo.

A lo que nos conviene solemos llamarlo «bueno» porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan muy mal y lo llamamos «malo». Saber lo que nos conviene, es distinguir entre lo bueno y lo malo, y es un conocimiento que todos intentamos adquirir, todos sin excepción.

Hay cosas buenas y malas para la salud: es necesario saber lo que debemos comer, o que el fuego a veces calienta y otras quema, así como el agua puede quitar la sed pero también ahogarnos.

Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas. Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo. Como ciertas drogas, por ejemplo, producen sensaciones agradables, pero su abuso es nocivo.

En el terreno de las relaciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para hacerle un favor a alguien. Por ejemplo: ¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas? La mentira no nos conviene, es mala, pero a veces parece resultar buena.

Además hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. Si bien en algunas ciencias como las matemáticas los sabios están casi siempre de acuerdo en lo fundamental. En lo de vivir, en cambio, las opiniones distan de ser unánimes.

Si uno quiere llevar una vida emocionante, puede dedicarse a los coches de fórmula uno o al alpinismo; pero si se prefiere una vida segura y tranquila, será mejor buscar las aventuras en el videoclub de la esquina. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada.

Entonces, en lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Pero fíjate que también estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual.

En resumen, las personas podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Claro, que como podemos inventar y elegir, también podemos equivocarnos. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar.

Piensa bien y saldrá bien!

* Fuente:  “Ética para Amador”. Fernando Savater Martín es filósofo y escritor nacido en San Sebastián, -País Vasco- en 1947.
Publicado en El Razonamiento Moral, Política y Ciudadanía, Ser libre., Textos Cátedras 2014 | 1 comentario

Es nuestra libertad lo que está en juego.

Todos internamente podemos reconocer -si nos permitimos ser sinceros con nosotros mismos- que vivimos el mundo que vivimos porque socialmente no queremos vivir otro.

Los problemas sociales tienen que ver siempre con los mundos que construimos nosotros mismos en la convivencia. Por ello, la solución de nuestros problemas sociales depende de la seriedad y el compromiso de nuestro accionar frente a cada circunstancia.

Si bien la actividad de la política consiste en una conversación de ideas orientada a solucionar los problemas de las personas, todo acto humano, consciente o inconsciente, manifiesta un modo de convivir en la comunidad a la cual pertenecemos y, por ello, de hecho, siempre es un acto político. Es más, hasta el acto cotidiano de comprar el pan, cumplir o no cumplir con un compromiso, y manifestar o no manifestar las opiniones que uno tiene, manifiesta un modo de convivir ciudadano. Y por lo tanto acciones políticas.

Debiéramos ser plenamente conscientes de que viviendo en comunidad, todo lo que hacemos son siempre actos políticos y de que por medio de ellos  vamos construyendo y conservando las realidades que vivimos en sociedad. Por lo tanto es imposible eludir nuestra responsabilidad por nuestro vivir.

Debiéramos preguntarnos si estamos verdaderamente conscientes del modo de convivir que hemos construido y estamos conservando por medio de nuestros actos políticos cotidianos.

Pregunta Grispo*, si entendemos el país en el que vivimos. Si vemos que mientras la mitad de nuestra población es pobre, el costo de la política argentina es pornográfico. Que, ante una desigualdad aberrante, los políticos son incapaces de generar las soluciones necesarias para tener una sociedad mejor ya que sólo gobiernan para ganar una elección y no para solucionar los problemas de las personas.

Considero que entender como vivimos es tomar consciencia de ese mundo que fue también construido por todos nuestros actos políticos, más allá de los que ejercen o aparentan ejercer la política en nuestro medio.

Coincido con el autor referenciado cuando expresa que “La libertad no vale de mucho si no se tiene un presente que permita vivirla”. Porque es nuestra libertad lo que está en juego. Si realmente queremos ser democráticos, y vivir en libertad habrá que concientizarse de que hay cosas que no pueden seguir como están, pero también, de que las soluciones están siempre a nuestra mano y son nuestra responsabilidad.

Por ejemplo, comenzar con prestar atención a aquellos candidatos a representarnos que se manifiesten cotidianamente con acciones políticas que apuntan al bienestar de todas las personas, sin perjuicio de lo que puedan decir y hacer para intentar ser elegidos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

 

Fuentes:
“¿Cuándo hacemos política en una convivencia democrática?”, por Humberto Maturana Romesín. Matríztica, 03/02/0210. Dirección URL del artículo: http://comunidad.matriztica.org/?p=22285.
“República tóxica: ¿entendemos el país en el que vivimos?”, por Jorge Grispo. 18 de Julio de 2021. Imnfobae.Dirección URL del artículo: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/18/republica-toxica-entendemos-el-pais-en-el-que-vivimos/

 

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