Los jóvenes violentos.

Un grave problema con un principio de solución por medio del correcto ejercicio de la comprensión y de la autoridad por parte de los adultos auténticos, competentes y considerados con quienes conviven.

En general los jóvenes ejercen sin problemas la capacidad de tener sentimientos positivos hacia otras personas, de compartir, cooperar o ser útiles a un grupo. Pero, los hay también quienes van en contra de todo eso, que hacen sufrir a los demás, que provocan daños a sus pares, y que rechazan hasta las más básicas normas de convivencia. Jóvenes que, no obstante, parecen seguir normas específicas de los deportes que practican, y de los ámbitos a los que concurren voluntariamente como los clubes deportivos a los que pertenecen.

Entre éstos jóvenes, puede haber jóvenes que hacen daño a los demás simplemente porque quieren ver sufrir a otra persona. Los hay también quienes imitan la violencia implícita o explícita que les proveen los medios de comunicación y juegos electrónicos. También aquellos motivados por conseguir una posición de poder en sus grupos. Y, en general, porque observan que los resultados de tales conductas son posibles de realizar, muchas veces impunemente.

Es importante estar conscientes de que nos encontramos ante una problemática educativa, más que psicológica. Si bien los jóvenes se pueden deprimir, tener problemas psicológicos y hasta sufrir enfermedades mentales; no es atinado psiquiatrizar ni pscicologizar todos los malestares de sus vidas. No todos los problemas de conducta que manifiestan estos jóvenes violentos son atribuibles a problemas psicológicos.

Cierto es que cada vez es más habitual encontrar problemas de convivencia entre jóvenes grupos de jóvenes, y que los actos de violencia entre los mismos se repiten. Pero, no es menos cierto que los adultos educadores (docentes, entrenadores, instructores, etc.) no terminan de asumir la responsabilidad y el rol que les toca en dicha problemática. Cuando, en realidad, pueden ayudar a prevenir conductas violentas en los jóvenes con los que interactúan por medio de un trabajo enmarcado en dos parámetros básicos: La comprensión del estado emocional del joven, por un lado, y el ejercicio de la necesaria autoridad por el otro.

Así, la tarea del adulto debería trascender el aspecto académico, el del entrenamiento, el de la instrucción, alcanzando también a comprender al joven estudiante, practicante, o deportista. Acercarse a la realidad emocional de los jóvenes. A su situación personal y familiar. Disponiendo de un espacio para el tratamiento de tan sensible aspecto dentro de la  actividad que desarrolle el joven.

Asimismo, junto a toda la libertad que se pueda otorgar en tal desarrollo, debe indefectiblemente ejercerse la autoridad que sea necesaria. Nunca resultará nocivo y contraproducente para el joven conocer los límites de la conducta a seguir, cuando toda la libertad que es posible otorgar se ha visto superada.

Las pautas de acción de toda actividad con jóvenes deberían incorporar contenidos referidos a valores y principios, a la moral y la ética, -o a las normas y su aceptación-llegando a convertir esta reflexión en  eje central de los planes formativos de cualquier actividad que emprendan los jóvenes. Reflexión que debe incluir necesariamente la de los propios adultos educadores. Estos son los verdaderos guías. Los encargados de organizar a los jóvenes, de programar las estrategias, de moderar, de ayudar a la regulación de los conflictos y de preparar un motivador y acogedor ambiente de formación.

En concreto, no debemos seguir pensando que los adultos estan exentos de responsabilidad sobre la actualidad violenta de los jóvenes. La cual, ubica parte de sus fundamentos, en la conductas transmitidas por los adultos con los que conviven esos jóvenes violentos.

Por ello, el papel del adulto formador debería mínimamente actuar con autenticidad, no tiene sentido ni utilidad pedagógica que un conductor promulgue actitudes antiviolencia si su comportamiento demuestra que no es capaz de aceptar y trabajar por la paz. Poseer Competencia, es básico que el formador se instruya previamente en las estrategias de regulación de los conflictos. Y manifestar Consideración aceptando a todos los jóvenes a quienes conduce como personas dignas de todo respeto.

De comprometerse con estas características, dependerá el desarrollo integral del joven. Mas allá del conocimiento que pueda adquirir, o el nivel de destreza que llegue a desarrollar en un deporte.

Piensa bien y saldrá bien!

Daniel Olguin.

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Ser tolerantes, y dejar de ser intolerantes.

Un fenómeno de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) cuenta que la cercanía de las trincheras enemigas, que a veces no distaban más de 15 metros, hizo que en un momento los soldados de uno y otro bando empezaran a ver en sus contrarios a alguien muy parecido a ellos mismos. Y cuando dejaron de ser anónimos, cuando tuvieron rostros y voces, les resultó difícil odiarse porque sí.

Ante esta comprobación, en lugar de aniquilarse rápidamente, cosa que la corta distancia hubiese permitido, comenzaron a desarrollar sentimientos amistosos y hasta acabaron por celebrar en forma conjunta las Navidades.

Resultaron así largos períodos de calma y una especie de acuerdo tácito y mutuo de no atacarse. Lo desconcertó y enfureció a los jefes militares, a tal punto que, en febrero de 1917, el comandante de la decimosexta división de la infantería británica emitió un bando por el cual prohibía terminantemente entrar en contacto con el enemigo (a menos que fuera para liquidarlo) y prometía severos castigos para los infractores.

Hoy, la vida cotidiana parece a menudo una guerra de trincheras. La calle, los espacios educacionales, los laborales, los lugares públicos, las relaciones sociales y a menudo también las íntimas, los campos deportivos, e incluso, con inquietante frecuencia, las tramas familiares semejan escenarios de permanentes batallas. El armamento más común incluye la descalificación, la impaciencia, el prejuicio, el juzgamiento rápido y sin pruebas, la indiferencia, la manipulación, el ventajismo, el desprecio hacia las necesidades o prioridades ajenas.

Todo esto puede sintetizarse, finalmente, en una sola palabra: intolerancia.

Tolerancia es el respeto y la consideración hacia las opiniones y las prácticas de los demás aunque sean diferentes de las nuestras y la intolerancia, su opuesto, suele ser distintiva de aquellos entornos en los cuales el otro es visto como ajeno, como amenazante, como un obstáculo o, en el mejor de los casos, como un simple medio para la obtención de un fin. En ese entorno se instalan, los vínculos en los que el otro sólo es percibido en función de si “me es útil o no me es útil”. Así, cuando alguien no es “útil” (como compañero, como amigo, como conciudadano, como pareja, como vecino, como coparticipante de una misma actividad), interfiere, estorba, molesta, distrae, resulta intolerable.

Pero, ¿Como se llega a ser intolerante?

Al parecer,  nuestro comportamiento  indicaría que intentamos expulsar de nuestra conciencia lo que no aceptamos como parte de nosotros mismos, y los depositamos en otros. Se lo atribuimos sólo a los otros y, cuando lo advertimos en ellos, nos volvemos intolerantes hacia esas personas.

El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde es un claro ejemplo sobre esta cuestión. El doctor Jekyll, un científico intachable, encierra en sí al señor Hyde, un modelo de la maldad, y hasta desea ser como él, cosa que sólo consigue a través de una pócima de su invención que lo transforma y le hace perder el dominio de sí. Pero cuando está lúcido y consciente, Jekyll aborrece a Hyde, no lo acepta, lo odia hasta desearle la muerte.

Se puede decir entonces que los conflictos externos son manifestaciones de conflictos internos. Si odiamos a otro, si no lo toleramos, es porque de alguna forma nos odiamos a nosotros mismos, no toleramos aspectos propios que vemos en aquél. O sea que la intolerancia tendría un origen interno. Y quienes no podemos interpretar nuestros propios sentimientos, nos sentimos totalmente perdidos cuando se trata de saber lo que siente alguien que está cerca nuestro.

Tal vez, todo esto puede estar sucediendo porque olvidamos hacernos una pregunta sencilla, profunda y grandiosa: “¿Cómo sería yo si eso me estuviera pasando a mí?”. Y el olvido de esa pregunta nos dirige, sin duda,  hacia la intolerancia porque cuando la omitimos, cerramos nuestro corazón

La consigna básica del intolerante es: “Así soy yo, así es el mundo”. Es decir, cuando nuestra visión del mundo, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestro ego son el patrón de medida, todo el que no entra en él será descalificado.  Se trata de un modelo de comportamiento muy riesgoso, ya que al no existir dos personas iguales, los márgenes de aceptación se reducen al mínimo.

¿Como salir de la intolerancia?

Quizá, después de todo, no se trate de ser tolerante, sino de aprender a aceptar.

Aceptar, en el caso de los vínculos humanos, es tomar al otro sin juzgarlo, acercarse a él interesado en sus  misterios y dimensiones, escucharlo y mirarlo con la intención de percibir en sus palabras y en sus aspectos su singularidad. Aceptar es, también, saber que no se puede cambiar al otro, y que quizá no se debe. Es respetar del mismo modo en que aspiramos a ser respetados, tener en cuenta del mismo modo en el que queremos ser registrados.

Tal vez, el camino hacia la erradicación de la intolerancia en las relaciones interpersonales deba incluir la tarea de acercar las trincheras de las batallas cotidianas hasta observar los rostros de los demás y empezar a descubrir que se parecen mucho al nuestro.

Como sea, para salir de la intolerancia es preciso aprender una tarea que requiere de las herramientas más valiosas de la inteligencia humana: la de usar los zapatos del otro y sentarse en su silla. Desde allí se asiste a una experiencia siempre deslumbrante y enriquecedora. La experiencia del encuentro.

Piensa bien, y saldrá bien!

D.O.

 

 


Extraído del artículo publicado en La Nación Revista – Nota de Tapa. “¿Podemos ser tolerantes? Navidad, Año Nuevo… el momento ideal para una pregunta que plantea el desafío más urgente: aprender a aceptar al otro”. El Domingo 23 de diciembre de 2007. Autor Sergio Sinay.
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Cuando lo esencial es invisible a los ojos.

En el proceso educativo de un niño, siempre hay actividad formadora de parte de los adultos que conviven con él. En el hogar, la escuela, el club, la iglesia, etc., todos esos adultos por medio de lo que hacen y dicen, contribuyen a la formación de los niños con quienes conviven. Actividad en la que “lo esencial es invisible a los ojos”.

“Lo esencial es invisible a los ojos” es una cita del  libro El Principito**, que relata la historia de un niño, que como todo niño es muy delicado y sensible. Y que vive en un planeta muy pequeño y en soledad.

Por ello, el niño nunca había visto muchas , cosas y mucho menos una rosa. Pero, un día, repentinamente se le aparece una rosa. Y a partir de ese momento toda su atención, su actividad, su hacer, pasa por observarla mientras florece.

Luego, cuando la rosa se convierte en una flor hermosa, la actividad del niño continúa con dedicarse a cumplir con los reiterados reclamos de la flor: “Protégeme del sol”, “protégeme del viento”, “prepárame el desayuno”, “atiéndeme”. Literalmente la rosa vuelve loco al niño con sus pedidos. Razón por la cual, el niño, pensando que la flor era demasiado complicada y que no llegaba a comprenderla en absoluto, decide dejar su planeta y a su rosa, para viajar en búsqueda de sabiduría.

De esta forma, en su viaje de aprendizaje el niño  llega al planeta Tierra donde conoce a un zorro, a quien el niño invitó a jugar porque se sentía muy triste dado que alguna vez se había sentido acompañado por una flor única . Pero el zorro se negó porque dijo no estar domesticado. “… verás, …si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…Por favor… domestícame”, le dijo el zorro. “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican” “¡Si quieres un amigo, domestícame!”

Entonces, el niño inició el ritual de domesticación. Con mucha paciencia se fue acercando al zoro hasta que pudo sentarse a su lado. Repitiendo el rito cada día a la misma hora. Hasta finalmente llegar a ser amigos.

Luego de un buen tiempo, cuando llegó el día de la partida del niño para continuar su viaje de conocimiento, el zorro le dijo al niño que “lloraría”.

“Es tu culpa”, Nunca quise que sufrieras daño, pero tú quisiste que te domesticara”. ¡Y ahora vas a llorar! ¡Entonces no sirvió de nada! – respondió el niño.

Pero el zorro le aseguró que sí había servido, y añadió: “Ahora comprenderás que tu rosa, la que dejaste en tu planeta, es única en el mundo”. Porque ha sido a ella a la que regaste, abrigaste, cuidaste, a la que has oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse.

“Es sólo con el corazón que se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos” le confió finalmente el zorro.

¡Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


*Cita del libro “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry, Emece, Bs.As. 1951.
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Sigamos sólo el camino que el corazón nos indique.

“Cada uno de nosotros cumple su misión usando sus capacidades y talentos únicos”[i]
“Nunca ha hecho lo que quería en toda su vida. He ahí un hombre que nunca siguió el camino de su felicidad” dice Joseph Campbell[ii] en su libro “El Poder del Mito”.

En un restaurante, había un padre, una madre y un niño de unos doce años preparados para cenar. El padre le dijo al pequeño: Bébete el jugo de tomate. Y el niño le contestó que no quería hacerlo. Entonces el padre, en voz más alta, le ordenó: ¡Bébete el jugo de tomate!; Entonces intervino la madre diciéndole a su esposo que no obligue al niño a tomar el jugo, si no quiere. El padre la miró y le contestó: ¡No puede ir por la vida haciendo lo que quiera! ¡Si hace sólo lo que quiere hacer, está muerto!. Y agregó: ¡Mírame a mí! ¡Nunca he hecho nada que haya querido hacer en toda mi vida!.

Ese es el hombre que nunca siguió el dictado de su corazón, dice Campbell. El que puede tener éxito en la vida, pero luego en algún momento se encontrará pensando qué clase de vida ha sido la que tuvo; y que llegará a la conclusión de que de nada ha servido si nunca hemos hizo lo que quiso hacer.

Por ello debemos ir sólo hacia donde nuestros cuerpos y almas quieran ir. Cuando tengamos un sentimiento que indique de alguna forma por donde ir, no lo soltemos.

Continuamente tenemos experiencias que pueden guiarnos.  Pequeñas intuiciones de donde está el camino a nuestra felicidad y es preciso aferrarse a ellas. Debemos tener siempre presente que cuando obedeces a tu corazón, llegas al bien-estar y  a la felicidad.

Cuando seguimos el camino de nuestro corazón, tenemos la sensación de que nos ayudan manos invisibles. Y que empezamos a encontrar gente que nos abre las puertas, que nos facilita nuestro paso. Si seguimos el camino de nuestro corazón nos colocamos en una especie de sendero que ha estado allí todo el tiempo, esperándonos, y la vida que deberíamos estar viviendo es la que estamos viviendo.

Persigamos el bien-estar y no tengamos miedo, que las puertas se abrirán donde menos lo sospechemos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


[i] Del libro “Hacia una vida plena de sentido”, Adaptación de Simon Jacobson de las enseñanzas de Menajem Mendel Schneerson, publicado en  1997 por Jabad Lubavitch Argentina, p.33. Menajen Mendel Schneerson fue el líder espiritual y maestro conocido como “el Rebe”. Aunque fue un líder judío (Conductor del movimiento ortodoxo “Lubavith”), enseño un mensaje universal, convocando a la humanidad toda a llevar vidas productivas y virtuosas, y a la unidad entre todos los pueblos. Durante sus mas de 40 años de actuación creó mas de 2.000 instituciones educativas en todo el mundo. En 1978 el gobierno de los Estados Unidos designó el cumpleaños de el Rebe como día de la educación en los EEUU.
[ii] Joseph Campbell. (1904-1987) Orador, historiador de las religiones filósofo, famoso sobre todo por sus estudios de las religiones y de mitologia comparada. Su interés por las cuestiones antropológicas (en concreto, por la cultura nativa estadounidense) se despierta a la temprana edad de seis años, cuando su padre le lleva a ver el espectáculo del salvaje oeste de Buffalo Bill y el Museo de Historia Natural. Campbell descubrió, haciendo un detallado estudio histórico de varias mitologías y religiones en el mundo, que existen temas comunes en todas. Así los estudios de Campbell resaltaron la importancia de la figura del héroe en todas las culturas humanas de todos los tiempos. Campbell, luego de haber abandonado su tesis doctoral, debido a estar en desacuerdo con la línea rígida del mundo académico, se retiró a su cabaña leer todo la literatura existente sobre los mitos y  comenzar su carrera docente en 1934 en el Sarah Lawrence College, Sarah Lawrence Collage  prestigiosa Facultad de Bellas Artes y Humanidades ubicada en la ciudad de Bronxville, Estado de Nueva Cork, Estados Unidos, donde permanecerá por treinta y ocho años. La obra de Campbell inspiró muchos de los grandes mitos creados por el cine: La Guerra de las Galaxias, El Rey León, El señor de los anillos, Superman, Batman, Matrix.

George Lucas , para crear el universo mítico y filosófico de Star Wars, siguió las enseñanzas de  Joseph Campbell quien descubrió que existe un esquema común a todas las narraciones heroicas. de todas las culturas y los tiempos.

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La no-planificación de planificar.

“Debemos estar dispuestos a deshacernos de la vida que hemos planeado con el  fin realizar la vida que nos espera”. Joseph Campbell.

Una planificación es el diseño y proposición de la circunstancia y de los pasos a seguir para asegurarse de que un cierto proceso sea efectivo en la generación de un resultado deseado. Sin embargo las planificaciones nunca resultan si uno se apega a ellas. Y esto es así porque el acto mismo de intentar asegurar el suceder de una planificación ocurre en un ámbito diferente, más amplio que aquel en que ésta se propuso, lo que inevitablemente altera su dirección, llevándolo a un resultado diferente del deseado.

La salida está en la inteligencia, que es  la “plasticidad conductual” frente a un mundo cambiante. O sea, en la disposición a soltar la creencia de que la eficiencia y efectividad de la realización de una tarea o proceso dependen del apego a lo planeado.

La eficiencia y efectividad del hacer están en la “no-planificación del planificar”. Esto es, en no sujetarse de lo planificado y estando siempre dispuesto al hacer que se hace, sin expectativas, sin exigencias y sin supuestos. Y por supuesto, en y desde el amar lo que se hace.

Existimos en un suceder de continuo cambio. Y en estas circunstancias el arte y la ciencia del no-planificar está en entender la naturaleza del proceso en que uno se encuentra mientras vive. En saber, que a dónde se quiere ir, es un camino que se define momento a momento.

Los seres humanos, como mamíferos que somos, somos curiosos y como ellos procuramos mirarlo, olerlo, tocarlo todo; y además por expresarnos con lenguaje, queremos reflexionarlo todo en un ámbito cultural actual en el que queremos controlarlo todo. Y al querer controlar todo, perdemos plasticidad, se nos estrecha la inteligencia y nos apegamos a las planificaciones.

¿Será necesario controlarlo todo?, o… ¿Podemos en  cambio, confiar en la colaboración y la inspiración de vivir haciendo?,

Piensa bien y saldrá bien!!!

D.O.

Fuente:
Humberto Maturana Romesín. “Reflexión Inesperada: ¿Plasticidad conductual?” Publicado: http://www.matriztica.cl/plasticidad-conductual/
Matríztica es una organización dedicada a diseñar y generar espacios de trasformación cultural en organizaciones y comunidades humanas.
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Vivamos cada momento con sentido es “sentir” lo que vivimos en cada momento.

Enfoquemos el aquí y ahora. Seamos plenamente conscientes de la actividad que estamos realizando en cada momento, ignoremos todo lo que vino antes y lo que habrá después.

A muchos de nosotros, nos sucede que, no obstante tener las mejores intenciones y las mas altas aspiraciones de lograr grandes cosas, y hasta contribuir con algo valiosos a nuestro mundo, no sabemos como hacerlo porque parece que vivimos cada día lleno de actividades cotidianas que no nos dejan espacio para nada mas. Para perseguir nuestros objetivos mas altos. Nuestros sueños.

Por ejemplo, si hiciéramos una lista de todas las cosas que hacemos habitualmente, podría quedar aproximadamente así: Nos levantamos, nos higienizamos, tomamos el desayuno, enviamos y recibimos los primeros mensajes y correos electrónicos, inclusive chateamos por algún tiempo antes de salir a realizar nuestras actividades habituales. También, alcanzamos a leer alguna página web, y escuchar la radio enterándonos del estado del tiempo. Luego, compartimos unos momentos agradables con otros. Almorzamos. Tuvimos conversaciones productivas, y algunas improductivas. Volvimos a casa, y volvimos a enviar y recibir mensajes y correos electrónicos, a chatear, buceamos en la web, participamos de alguna comunidad virtual,  realizamos alguna actividad como aprender un instrumento, a bailar, pintar, etc., hicimos algún deporte. Escuchamos algo de música, trabajamos en alguna tarea atrasada, cenamos, charlamos con la familia, vimos algún programa de televisión, leímos algún libro o revista, y nos fuimos a dormir.

Concretamente nuestro día está compuesto de fragmentos. Y, si bien el valor que le damos a un sólo de un día puede no ser muy grande, sumando las  piezas día a día, año tras año, tenemos una vida dividida en millones de fragmentos. Actividades fragmentadas que cubren los hechos realmente importante de nuestras vidas.

Cuando nos encontramos en una situación similar, no estamos reparando en el hecho de que lo que hacemos, por pequeño que sea, decide  lo que sucede después. De que todo lo que hacemos es importante como pieza vital del cuadro mas amplio de nuestra vida.

Obviamente es imposible eliminar las necesidades cotidianas básicas: hay que comer, dormir, cumplir con las obligaciones escolares, laborales, sociales. Pero podríamos comenzar otorgando un sentido nuevo a cada actividad cotidiana. Por ejemplo, dejar de hacer de memoria nuestras actividades diarias, descubriendo lo importante que hay en cada una de ellas. Desde alimentarse, encontrarse con amigos y familiares, y hasta ir a dormir por la noches pueden adquirir un sentido especial.

Alimentarse adecuadamente nos permitirá estar en mejor forma física y mas saludable. El encuentro con amigos y familiares forma parte de una interacción de la que nos podamos nutrir, partiendo de la base de que todos tenemos algo para dar o para recibir del otro. El sueño de cada noche es tomado como el necesario espacio reparador en el que todos nuestros sentidos y mecanismos recargan su energía, especialmente donde nuestra mente puede encontrar niveles de acción que no se dan en la vigilia.

De esta forma comenzamos a enlazar todos los fragmentos como parte de algo con un sentido, en una dirección. Y en lugar de ver cientos de fragmentos aislados, comenzamos a ver un cuadro general y las muchas piezas de que está compuesto.

Valoremos cada día. Cada minuto. Cada fragmento. Porque tienen que ver con el resto de los días y minutos de nuestras vidas.

Como cada paso que damos en nuestro viaje por el camino de la vida. Un paso nos llevará al siguiente. Sin el primero no habrá un segundo. El modo en que damos nuestro primer paso tiene que ver con el segundo y con la meta final. Sin importar lo lejos que pensemos que pueda estar.

Observemos lo que hacemos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


Fuente: “Un Día de Vida” de Menajen Mendel Schneerson, incluido en “Hacia una vida plena de sentido”. Printing Books. Bs. As. 1999.
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Todo comienza con el proceso consiente de la intención.

SUERTE = PREPARACIÓN + OPORTUNIDAD.

Es siempre mejor estar preparado que tener oportunidades. Después de todo, sin la preparación adecuada es altamente probable que no lleguemos a detectar a tiempo la presencia de una oportunidad. Las oportunidades surgen como tales sólo si las podemos ver.

Generalmente, aquellas personas que consideramos exitosas parecieran haber tenido suerte. Pero, en realidad, ellos no hicieron elecciones al azar. Eligieron trabajar, estudiar, practicar, e intentar. Si observamos bien, seguramente veremos que el éxito u objetivo logrado por esas personas siempre esta relacionado con la preparación para hacer algo y la perseverancia en mantener la intención de lograrlo.

Por ello, deberíamos estar consientes de que cuando decimos que hemos tenido mucha suerte, podemos estar ocultando las elecciones y los intentos que hicimos en un determinado momento y sentido. También el trabajo que realizamos y las ganas de salir adelante.

Todo comienza con la intención, de prepararse para algo y de hacerlo. La intención es la fuerza que hay detrás de todo.

La buena noticia es que siempre se puede intentar algo. Si verdaderamente lo deseamos, siempre estaremos a tiempo de reflexionar sobre nuestros pasos a seguir y comenzar a intentar algo. Pero además, intentar es una tarea fecunda, ya que en tanto se intenta, siempre se puede aprende algo nuevo de ello.

Debiéramos dedicar tiempo y trabajo a intentar aprender a transformar la  energía ínsita en la intención, porque de esa forma estaríamos enviando ondas de probabilidad dentro del campo de posibilidades dispuestas para todos nosotros. Pero, además porque en el momento que tenemos la intención por algo, estamos creándolo. Es instantáneo y es también totalmente perceptible a nivel sensorial. Es un sentimiento a flor de piel que se puede percibir también como un viento en nuestras espaldas que nos empuja hacia el lugar indicado.

Aquello que intentamos, existe en el preciso momento en que lo intentamos. Pero su manifestación física permanece fuera de nuestra conciencia actual. Por ello, sólo somos conscientes de la realidad que elijamos observar. Es entonces absolutamente necesario que nos detengamos a tomar plena consciencia de ese poder de hacer y cambiar las cosas. Y aceptar que el poder de la intención está en los pensamientos que elegimos pensar hoy.

El pensamiento es la gran herramienta. Todos los pensamientos que tenemos viajan por nuestro organismo biológico y activan una reacción fisiológica que luego se almacena en la memoria de nuestras células. Así, nuestra biografía se va tejiendo en nuestro sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día.

Vale la pena ponernos a trabajar en la intención. La recompensa es ver día a día como nuestras vidas se convierten en los más alegres, amorosas, saludables, fabulosas y prósperas experiencias.

Pensemos bien, que saldrá bien!

DO.

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Una gestión política sin corrupción.

El fin de la corrupción política comienza cuando la sociedad deja de aceptar que puede ser una herramienta de la gestión política exitosa.

Si bien, la corrupción en la política es universalmente señalada como negativa por la opinión pública, existe un sistema “normalizado” de corrupción. Una cultura de entendimiento común que identifica el dinero, y su acopio por parte de la clase política (gobierne o no), como una forma necesaria de reunir poder para hacer política.

Cultura que generalmente “infecta” y convierte rápidamente en corruptos a aquellos que ingresan al seno de la política con ideales de cambio  y principalmente con ideas de anti-corrupción. O, en el menor de los casos, los escupe y devuelve al lugar de donde salieron para nunca mas intentar “hacer política”, por lo menos de la forma que pensaban que debían hacerlo originalmente.

Y ello es así porque el tema de la corrupción en la política no se circunscribe sólo al ámbito de quienes actúan en política. Sino que gran parte de la  sociedad terminó adaptada de alguna forma a esa cultura, aceptando que el dinero y su acopio es la mayor y más efectiva herramienta que posee una gestión política exitosa.

O sea que, si bien es sólo un número menor de personas las que controlan las palancas reales del poder y que determinan el ámbito de lo posible de toda gestión política, y de la corrupció en su gestión, a éstos se les suman muchos “funcionarios” en todo el ámbito del poder político.

Sin importar partidos o agrupaciones políticas, éstos “funcionarios” funcionales del poder, se mueven desde distintos cargos de elección popular, o no elegibles. Ya se que  cumplan funciones de asesores, consultores en las legislaturas o en la justicia. También desde bufetes de abogados y contadores allegados al poder, que se mueven dentro y fuera de las campañas políticas y que gestionan a través de centros de negocios corporativos.

Pero además, las distintas extracciones sociales de donde éstos proceden, parecen sostener entendimientos compartidos, manteniendo una narración sobre la vida en la política que los une y mantiene a todos relacionados a modo de una corporación, sin importar los orígenes políticos o ideológicos. Incluso cuando no están de acuerdo en motivos ideológicos, no están en desacuerdo acerca de que el dinero es la forma más importante de conseguir poder político, y que es determinante de los resultados políticos en la mayoría de los casos.

Esta visión del mundo a su vez, se escurre hacia abajo en las personas con las que trabajan. Da forma a la conducta de sus colegas. Impregna a familiares y amigos. Y en última instancia une a todos en el sistema y en los mismos supuestos básicos acerca de lo que es políticamente posible.

Todo el tema entonces termina siendo para nada malo o corrupto. Sino que es “normativo”, de “sentido común”, y en definitiva, “es la forma en que siempre ha sido”. Así el sistema y su aceptación se siguen extendiendo.

Las tendencias naturales de la psicología humana determinan que cuanto más a menudo la gente ve confirmados en la práctica un conjunto de suposiciones u opiniones, más creen que es ello lo que pensaron desde el principio. Y con el tiempo, se distancian de lo que realmente pensaban anteriormente.

Muestra de ellos es que cada vez es menor el asombro honesto y real que producen las denuncias de corrupción. “Siempre fue así. Por lo menos éstos hicieron algo”, son expresiones del común de la gente.

El problema entonces es mayor al que podemos observar si nos circunscribimos sólo al sector “de los políticos” , y mucho más si nos encerramos en pensar que sólo pertenece a un gobierno determinado. Y sería absurdo creer que una cultura de la corrupción que se desarrolló por décadas se puede deshacer del día la noche.

Como sea, es necesario deshacer esa cultura, y crear una nueva. Por ello, no es suficiente anunciar un cambio. Recién estaremos comenzando un verdadero cambio, en el mejor de los casos, cuando nos demos cuenta de que vivir en la deshonestidad nos avergüenza y no queremos conservarla.

Por lo tanto, la gran responsabilidad de los políticos, de los empresarios, y desde luego de cada ciudadano desde su lugar de actuación, es comenzar hoy mismo, conscientemente,  a convivir en y con honestidad.

Claro, si es que queremos solucionar este espinoso tema de la corrupción política.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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El rol del adulto en el mundo de los jóvenes.

Los jóvenes de hoy representan la generación mas brillante que ha vivido en nuestro planeta. Pero, a su vez, el mundo en el que les toca actuar también es un mundo que podemos calificar como sin igual a otro anterior. Este mundo exige desarrollar njevas competencias y cualidades que les ayuden a encarar con éxito los constantes desafíos de los cambios constantes y cada vez mas rápidos.

Por lo tanto, las habilidades que necesitan los jóvenes de hoy no están solamente ligadas a los mejores logros académicos que alcancen, sino que también con desarrollar, en lo personal, una valoración adecuada de sí mismo, con el autocontrol, con el manejo de las emociones, con la adaptabilidad y la iniciativa; y, en lo social, con el desarrollo de la empatía, de la creación de vínculos, el trabajo en equipo, y la colaboración.

Ese parece ser el desafío de los jóvenes actuales respecto del mundo en el que les toca vivir y desarrollarse. Pero, a su vez los adultos debemos reconocer y aceptar que también tenemos un rol fundamental que cumplir.

El panorama nos obliga a no quedarnos de brazos cruzados. Los adultos debemos comprometernos en ayudar a los jóvenes en tal desafío. Tarea que incluye necesariamente dos aspectos fundamentales, uno  prestar plena atención a los que los jóvenes hacen intentando vivir su propio camino, y otro, mostrar lo que nosotros los adultos estamos haciendo intentando vivir el nuestro.

Observar detenidamente sus acciones, nos dará la posibilidad de ayudarles a que identifiquen sus dones y talentos naturales, sus pasiones, sus necesidades, y que encuentren hacia dónde apuntar sus energías y sus elecciones. Mostrar las nuestras, es la única forma de señalarles todo lo anterior con algún grado de éxito.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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La vocación se identifica.

Encontrar nuestra vocación es un proceso de identificación, no de elección.

El problema con la vocación es creer que está relacionada con la voluntad, el capricho o las ganas. Pero, la vocación ya está allí y se encuentra en la confluencia de nuestros dones, pasiones, y necesidades.

Todos nacemos con talentos o dones naturales, podemos dedicar tiempo a hacer lo que nos gusta, y tenemos necesidades que deseamos satisfacer. Pero, frecuentemente, terminamos alejándonos de nuestras verdaderas aptitudes porque damos por sentado que para alcanzar el mejor modo de vivir posible tenemos que seguir caminos convencionales y conocidos.

Cuando, si observamos bien, lo que hace especiales a las personas que alcanzan satisfacción personal por la vida que llevan, es que han identificado lo que les encanta hacer, que están haciéndolo, y que no se ven haciendo otra cosa distinta. Estas personas, reconocieron sus talentos y se ganan la vida haciendo aquello que les apasiona, no eligieron qué hacer, sino que identificaron lo que estaban hechos para hacer.

La práctica de observarnos es la tarea que debemos proponernos si deseamos hacer lo mismo. Observar lo que hacemos día a día señalará la dirección hacia la que debiéramos dirigir nuestra atención y energía. Y nos permitirá identificar nuestra verdadera vocación.

Detengámonos y pongamos atención en aquello que hacemos bien y que nos sale fácil hacer o que nos lleva poco esfuerzo. En lo que más nos motiva y qué es lo que más nos encanta hacer. Y en cuáles son las necesidades que deseamos resolver en nuestras vidas, procurando escuchar lo que dice nuestra voz interior al respecto. Esa es la tarea en que debemos empeñarnos. Lo demás, lo que buscamos, ya está allí. Solo habrá que identificarlo.

En la actividad que aprovecha nuestro talento, que alimenta nuestra pasión, y que surge de una necesidad que nuestra conciencia nos impulsa a responder, esta nuestra vocación.  

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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