DIBUJANTE DE MIS PROPIOS MAPAS.

Si bien los humanos venimos de una historia cultural de sobrevaloración de la razón, en realidad, nada hacemos que no esté definido por una emoción que lo hace posible. Previo a cualquiera acción, existe una EMOCIÓN, que la crea, la impulsa y la sostiene. Al observar acciones, movimientos, actos, decires, nuestros y de los otros, deberíamos enfocarnos en la emoción, o las emociones, que los posibilitan.

Sostengo que siempre es posible llevar a cabo un entrenamiento que nos permita conocer, identificar y gestionar nuestras EMOCIONES.  Y que  comienza con preguntarnos ¿POR QUÉ HACEMOS LO QUE HACEMOS? cuando hacemos.  Una pregunta que siempre podemos hacernos, y que si queremos, siempre podremos encontrar una respuesta.

Desde joven, persiguiendo una fuerte atracción por la enseñanza, luego de finalizar la escuela secundaria ingresé a un instituto de profesorado en la ciudad de Buenos Aires, del que egresé como profesor en disciplinas industriales en la especialidad de dibujo técnico.

Luego y mientras hacía de educador y de dibujante en distintos establecimientos industriales, siguiendo, esta vez, una sensación de intentar comprender el trabajo humano en general y los intereses de los trabajadores en particular, estudié Derecho y obtuve el título de abogado, especializándome en derecho del trabajo.

Después, mientras hacía de docente y abogado, atraído esta esta vez, por el intento de comprender la organización de los gobiernos y su relación con la corrupción y la deshonestidad de sus haceres, obtuve una Maestría en Ciencias del Estado.

En síntesis, siempre hice de docente y abogado, además de hacer de padre, esposo, hijo, hermano, amigo, compañero, y otros roles familiares y sociales, intentando siempre hacerlo con preocupación ética. Es decir, intentando atender a las consecuencias de mis acciones sobre el bienestar de los demás.

Pero aquello que conectó mis haceres, desde el momento en que sentí la necesidad de comenzar a andar mis propios caminos, fue dibujar un mapa que me guiara, aunque sin aferrarme demasiado a expectativas o resultados determinados. Sino, especialmente, estando atento a las emociones que me empujaban al movimiento.

Desde entonces, hubo distintos caminos por los cuales transité, y si bien los mapas  fueron variando, la convicción de siempre intentar elegir por donde ir y trazar un mapa que me muestre el sentido del camino, aún sigue intacta y operativa.

Entonces, sin perjuicio de las cualidades personales por las cuales hacer una cosa nos sale más fácil que hacer otra. De la pasión por hacer una cosa determinada y que nos lleva a practicarla sin descanso y a su vez sin cansancio. Y del legado que nos gustaría dejar porque nada es para uno mismo. Todo se inició con la tarea de señalar un sentido por donde ir, y con la pregunta de ¿Por qué hago lo que hago? para intentar reconocer  la emoción  detrás del interés, del empuje hacia la acción.

Indefectiblemente, el diseño de los posibles caminos y las respuestas a esa pregunta, afectaron mis objetivos, mis decisiones, mis relaciones, el uso de mi tiempo…, pero además… ¡ME TRAJERON HASTA AQUI!

¡Piensa Bien, y Saldrá Bien!

Daniel Olguin

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