¡ME TRAJERON HASTA AQUI!

¡Piensa Bien, y Saldrá Bien!
Un Entrenamiento Emocional.

I. ¡ME TRAJERON HASTA AQUI!
Conviene impregnarnos de los valores o cualidades positivas que dan trascendencia al hombre y que le permiten desarrollarse como persona capaz de descubrir todo lo bueno y grande que hay en el mundo, de disfrutarlo, y de luchar por ello. Por ello, debemos intentar desarrollar la capacidad de valorar. Esto es, desarrollar la capacidad de elegir entre distintas opciones, con autonomía y justificando emocionalmente cada elección.

Si bien los humanos venimos de una historia cultural de sobrevaloración de la razón, en realidad, nada hacemos que no esté definido por una emoción que lo hace posible. Previo a cualquiera acción, existe una EMOCIÓN, que la crea, la impulsa y la sostiene. Al observar acciones, movimientos, actos, decires, nuestros y de los otros, deberíamos enfocarnos en la emoción, o las emociones, que los posibilitan.

Sostengo que siempre es posible llevar a cabo un entrenamiento adecuado para conocer, identificar y gestionar emociones. Y que ese aprendizaje comienza con preguntarnos ¿Por qué hago lo que hago? Una pregunta que siempre podemos hacernos. Y si queremos, siempre tendrá una respuesta. Pero, además, abre el camino hacia nuestra libertad y nuestro “BienEstar”.

Persiguiendo una fuerte atracción por la enseñanza, luego de finalizar la escuela secundaria ingresé a un instituto de profesorado en la ciudad de Buenos Aires, del que egresé como profesor de dibujo técnico. Luego y mientras hacía de educador y de dibujante en distintos establecimientos industriales, siguiendo, esta vez, una sensación de intentar comprender el trabajo humano en general y los intereses de los trabajadores en particular, estudié Derecho y obtuve el título de abogado. Después, mientras hacía de docente y abogado, atraído esta otra vez, por el intento de comprender la organización de los gobiernos y su relación con la corrupción y deshonestidad, obtuve una Maestría en Ciencias del Estado.

En síntesis, siempre hice de docente y abogado laboralista, además de hacer de padre, esposo, hijo, hermano, amigo, compañero, y otros roles familiares y sociales, intentando siempre hacerlo con preocupación ética. Es decir, intentando atender a las consecuencias de mis acciones sobre el bienestar de los demás.

Pero los conectores de mis haceres, desde el momento en que sentí la necesidad de comenzar a andar mis propios caminos, fueron, por un lado, dibujar un mapa que me guiara, aunque sin aferrarme a expectativas o resultados determinados. Desde entonces, hubo distintos caminos por los cuales transité, y si bien los mapas también fueron variando, no obstante, la convicción de siempre intentar elegir por donde ir y trazar un mapa que me muestre el sentido del camino, aún sigue intacta y operativa.

Por otro lado, estar atento a las emociones que me pusieron y me ponen en movimiento. Asumiendo que el motor nunca es un razonamiento, sino una emoción.

Entonces, sin perjuicio de las cualidades personales por las cuales hacer una cosa nos sale más fácil que hacer otra. De la pasión por hacer una cosa determinada, y que nos lleva a practicarla sin descanso y a su vez sin cansancio. Y del legado que nos gustaría dejar porque nada es para uno mismo. Todo se inicia con la tarea de señalar un sentido por donde ir, y con la pregunta de ¿Por qué hago lo que hago?

Indefectiblemente, a través de los años, el diseño de los posibles caminos y las respuestas a esa pregunta, afectaron mis objetivos, mis decisiones, mis relaciones, el uso de mi tiempo…, pero además… ¡ME TRAJERON HASTA AQUI!

Daniel Olguin

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