EL TRABAJO HUMANO.

El trabajo humano[i].

No resulta fácil enunciar un concepto del trabajo humano; de manera muy general, se ha definido como la actividad personal en la que el ser humano emplea de manera total o parcial sus energías físicas y/o mentales en orden a la obtención de algún bien material o espiritual, distinto del placer derivado directamente de su ejecución.[ii] Sin embargo, en los últimos años han ido apareciendo formas peculiares de actividad, de indudable utilidad social, que plantean la posibilidad de revisar este concepto.

El trabajo es una actividad que realiza toda la persona y que por lo tanto implica a toda la persona, en la cual deja una marca indeleble. Siguiendo a Burgos[iii], podemos analizar el trabajo tanto desde un punto de vista objetivo como subjetivo: objetivamente considerada, esta actividad tiene un doble carácter: productivo y transitivo, que incluye tanto los resultados materiales como los de índole cultural, es decir, todo aquello que crea fuera del interior de la persona; su dimensión subjetiva implica que el hombre, al trabajar, no sólo modifica la sociedad y el entorno, sino que también se modifica y realiza a sí mismo, desarrollando su personalidad. Es precisamente este aspecto subjetivo el que constituye una actividad exclusiva del ser humano y a la vez hace del hombre el fin último de todo el proceso productivo. Por supuesto, ello no excluye de manera alguna la intrínseca dimensión social del trabajo, pues, “…si no existe un verdadero cuerpo social y orgánico, si no hay un orden social y jurídico que garantice el ejercicio del trabajo (…) la eficiencia humana no será capaz de producir sus frutos (…). el trabajo no puede ser valorado justamente ni remunerado con equidad si no se tiene en cuenta su carácter social e individual” [iv].

Los eventos de naturaleza económica (reunidos bajo la denominación de conflicto entre capital y trabajo) que se produjeron a lo largo del siglo XIX, vinculados a la revolución industrial, con su radicalmente injusta secuela de explotación y miseria de los obreros de las fábricas y talleres, ocasionaron graves problemas que rebasaron con creces el campo de la economía, para adquirir también una índole social, política y cultural.

En sus obras, Karl Marx señaló la despersonalización y cosificación del hombre, debido a la sobreexplotación de su trabajo por las estructuras sociales injustas, las cuales generan lo que él llamó una alineación económica, que afecta por igual (aunque de distinta forma) al obrero y al capitalista. Esta alineación es, para Marx, la clave de la desarmonía entre trabajo y capital y la superación de la misma, mediante la praxis revolucionaria, es a su vez la clave del progreso hacia la construcción de una sociedad nueva[v]. Es, por consiguiente, en la segunda mitad de ese siglo, que se pone sobre el tapete por primera vez la cuestión de la instauración de un orden social más justo.

En ese espíritu, SS León XIII redactó, en 1891, su encíclica paradigmática, Rerum novarum, primer documento del Magisterio de la Iglesia Católica sobre cuestiones sociales. En ella, sostenía que la propiedad privada era un derecho natural, dentro de los límites de la justicia; pero condenaba al capitalismo como causa de la pobreza y degradación de muchos trabajadores. El Papa recomendaba que los católicos, si así lo desean, organicen partidos socialistas propios y uniones de trabajadores bajo principios católicos.

Como es obvio, las líneas de acción para lograr la transformación de las relaciones sociales, difieren considerablemente entre las distintas tendencias; pero hay algunas claves coincidentes entre todas ellas, de las cuales la primera es la primacía del trabajo sobre los bienes, el capital y la técnica. Este concepto será revisado a continuación.

Su Santidad Juan Pablo II, en su encíclica Laborem exercens, consideró el trabajo como bien fundamental para la persona, factor primario de la actividad económica y clave de toda la cuestión social[vi]. En el mismo documento, delinea una espiritualidad y una ética del trabajo y alerta sobre el riesgo de que  “…el hombre sea tratado, a la par de todo el complejo de los medios materiales de producción, como un instrumento y no según la verdadera dignidad de su trabajo, o sea, como sujeto y autor”. Es decir, el verdadero criterio para valorar la importancia y dignidad del trabajo, no está en lo que se hace, sino en la persona que lo hace.

En cuanto al capital, este término hace referencia tanto a los recursos financieros invertidos en una iniciativa productiva o en el mercado bursátil, como a los medios materiales de producción de una empresa[vii]. En todo caso, el capital es sólo un instrumento del proceso de producción, del cual el trabajo es siempre la causa eficiente primaria y, por tanto, tiene la primacía absoluta sobre aquel.

La lógica intrínseca del proceso productivo, por otra parte, demuestra la necesidad de la complementariedad entre capital y trabajo, lo que supone la superación de la contradicción existente entre ambos, a la cual se hizo referencia anteriormente. Sin embargo, la introducción -a un ritmo casi vertiginoso- de los avances tecnológicos y la mundialización de la economía, introducen nuevos aspectos que contribuyen a dificultar más aún esta necesaria compenetración, haciendo más honda la brecha no sólo entre trabajo y capital y entre personas ricas y pobres, sino entre países e incluso regiones, ricas y pobres.


[i] Fuente: REVISTA BIOÉTICA / ENERO- ABRIL 2009. ÉTICA Y SOCIEDAD Sección a cargo del Dr. Jorge H. Suardíaz Pareras, Médico especialista en Laboratorio Clínico, profesor Auxiliar. Diplomado en Antropología Filosófica y en Bioética. Vice-director del Centro Juan Pablo II. Foto: SS León XIII. http://www.cbioetica.org/revista/91/912800.pdf

[ii] Díaz, JM Duque, F La economía en la Doctrina Social de la Iglesia. IITD, Madrid, 2003.
[iii] Burgos, JM Antropología: una guía para la existencia. Ediciones Palabra, SA, Madrid, 2003.
[iv] SS Pío XI. Carta enc. Quadragesimo anno, 1931
[v] Fazio, M Fernández, F Historia de la filosofía. T. IV (Filosofía contemporánea) Ediciones Palabra, SA, Madrid, 2004.
[vi] SS Juan Pablo II. Carta enc. Laborem exercens, 1981.
[vii] Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ediciones CEM, México, DF 2005.
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Protegido: ¿EL TRABAJO DIGNIFICA?

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La política y lo político.

La política es hoy considerada un ámbito* en el que se lucha por el poder, se resuelven conflictos y se establecen leyes que, a través del Estado, obligan a los habitantes a actuar de determinada manera con el riesgo de recibir sanciones.

Ámbito: como el espacio que necesita cualquier acción política. y que está compuesto por un Espació público que es el pertenece a la comunidad (no privado) que permite la expresión de distintos grupos de personas de esa comunidad (o sea con un grado considerable de libertad); y por una esfera pública, que es el ámbito de comunicación y de participación de los integrantes de la comunidad, sobre temas que les afectan.
Poder: como posibilidad de mandar y ser obedecido por el conjunto de la población en temas de interés general.
Estado: como la entidad que ejerce la dominación política de una sociedad que esta territorialmente delimitada .

Lo político es considerado como el espacio donde existen, surgen, se establecen,  los conflictos entre los grupos sociales con intereses opuestos en una sociedad.

Por ello, desde lo político, se puede considerar a la política como el conjunto de prácticas  a través de las cuales se crea un determinado orden, que organiza la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político.

Actividad:

Lee los siguientes párrafos:

La política se trata de espacio de aparición en el mas amplio sentido de la palabra, es decir, el espacio donde yo aparezco ante los otros como los otros aparecen ante mi, donde los hombre no existen meramente como cosas vivas o inanimadas, sino que hacen su aparición de manera explícita. … En la antigua Grecia un hombre que solo viviera su vida privada, a quien, al igual que al esclavo, no se le permitiera entrar en la esfera pública, o que, a semejanza del bárbaro no hubiera elegido establecer tal esfera, no era plenamente humano. Arendt, Hanna, La Condición Humana, Barcelona, Paidós, 1993.

«… sostendré acá que el conflicto y la tensión ente la idea política entendida como la práctica … de administración de las sociedades y la idea de la política entendida como antagonismo y lucha, es constitutiva de la política misma. Que el espacio de la política se define exactamente en esa tensión, en ese punto de cruce entre las instituciones formales y las prácticas sociales, entre las instituciones políticas y las acciones sociales, entre los poderes constituidos de los Estados y el poder constituyente de la multitud, entre las instituciones y los acontecimientos, entre la autoridad y la novedad. Rinesi, Eduardo, Poltica y tragedia. Buenos Aires. Colihue, 2003.

Contesta:

En tus palabras, ¿Cómo definen Arendt y Rinesi “lo político” y “la política”. ¿Que relaciones encuentras entre esas nociones?

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“LA POLÍTICA Y EL ESPACIO PARA LA POLÍTICA”

Actividad.
1. Leer detenidamente el siguiente párrafo.

«La política trata del estar juntos y los unos con los otros” dice la autora, pero también dice que los productos más terroríficos de la política en las sociedades modernas en el siglo XX adquirieron las formas de dictaduras donde los unos y los otros no solo no estuvieron juntos sino que unos se impusieron a los otros, y unos negaron los derechos y libertades a otros.

Para la autora estas situaciones necesitaron y necesitan siempre de un sujeto despolitizado  (o apolítico), es decir, de un sujeto superfluo que ha perdido los lazos de solidaridad con el resto de la humanidad, con los hombres con los que conforma una comunidad. Además sostiene que la “cultura del miedo”, la idea de que cualquier otro puede ser un enemigo potencial y que es la base de esa pérdida de los lazos sociales, es condición de posibilidad, permanencia y legitimidad de cualquier dictadura. Por ello la autora rescata a la política como resistencia a las dictaduras y ataca el prejuicio, hoy tan actual, contra la política y los políticos.

Todos nosotros debemos analizar nuestros prejuicios acerca de la política. Debemos tener en cuenta que nuestros prejuicios confunden con política aquello que acabaría con la política (como la corrupción, la desconfianza, el autoritarismo).

1. Reflexionar y contestar: a) ¿A qué se refiere la frase “La política trata del estar juntos y los unos con los otros”?. b) ¿Porque las dictaduras necesitan para existir de  sujetos despolitizados?.

[1] ARENDT, Hannah. ¿Qué es la política?, Paidós, Barcelona, 1997.

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Sistema Político Preferible… ¿Conocemos de que estamos hablando?

Problema: ¿Conocemos de que estamos hablando CUANDO HABLAMOS DE QUE ES UN SISTEMA POLÍTICO PREFERIBLE?

Conceptos claves del texto estudiado: Libertad humana. Responsabilidad social. Justicia. Dignidad. Asistencialismo comunitario.

Metodológica del trabajo:

a)      Leer con atención el texto.

b)      Anotar los elementos (palabras, frases, párrafos) que no se comprendan totalmente o presenten alguna dificultad para ser comprendidos e investigar aquellos elementos que no pudieron esclarecer.

c)       Expresar un ejemplo para cada una de las palabras claves, según el sentido que poseen en el texto estudiado.

Presentación: Escrita. Perfectamente legible y prolija. Se tendrá también en cuenta la ortografía.

Cronograma: Duración de la investigación: Una semana.

Forma de entrega del trabajo: personalmente al profesor en la fecha programada.

TEXTO: Extracto del Capítulo Noveno del libro “Ética para Amador” de Fernando Savater.

«Desde un punto de vista ético, es decir, desde la perspectiva de lo que conviene para la vida buena, ¿cómo será la organización política preferible,…?

El sistema político deseable tendrá que respetar al máximo ‑ o limitar mínimamente, las facetas públicas de la libertad humana: la libertad de reunirse o de separarse de otros, la de expresar las opiniones y la de inventar belleza o ciencia, la de trabajar de acuerdo con la propia vocación o interés, la de intervenir en los asuntos públicos, la de trasladarse o instalarse en un lugar, la libertad de elegir los propios goces de cuerpo y de alma, etc.  Nuestro mayor bien ‑particular o común‑ es ser libres. Desde luego, un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones y omisiones de cada uno (digo omisiones porque a veces se hace también no haciendo). Por regla general, cuanto menos responsable resulte cada cual, menos libertad se está dispuesto a concederle. En los sistemas políticos en que los individuos nunca son del todo «responsables», tampoco suelen serlo los gobernantes.

Un principio básico de la vida buena, es tratar a las personas como a personas, es decir: ser capaces de ponernos en el lugar de nuestros semejantes y de relativizar nuestros intereses para armonizarlos con los suyos. Si prefieres decirlo de otro modo, se trata de aprender a considerar los intereses del otro como si fuesen tuyos y los tuyos como si fuesen de otro. A esta virtud se le llama justicia y no puede haber régimen político decente que no pretenda, por medio de leyes e instituciones, fomentar la justicia entre los miembros de la sociedad. La única razón para limitar la libertad de los individuos cuando sea indispensable hacerlo es impedir, incluso por la fuerza si no hubiera otra manera, que traten a sus semejantes como si no lo fueran, o sea que los traten como a juguetes, a bestias de carga, a simples herramientas, a seres inferiores, etc.

A esta condición que puede exigir cada humano de ser tratado como semejante a los demás, sea cual fuere su sexo, color de piel, ideas o gustos, etc., se le llama dignidad. Y fíjate qué curioso: aunque la dignidad es lo que tenemos todos los humanos en común, es precisamente lo que sirve para reconocer a cada cual como único e irrepetible. Pues bien, todo ser humano tiene dignidad y no precio, es decir, no puede ser sustituido ni se le debe maltratar con el fin de beneficiar a otro. Cuando digo que no puede ser sustituido, no me refiero a la función que realiza (un carpintero puede sustituir en su trabajo a otro carpintero) sino a su personalidad propia, a lo que verdaderamente es; cuando hablo de «maltratar» quiero decir que, ni siquiera si se le castiga de acuerdo a la ley o SI se le tiene políticamente como enemigo, deja de ser acreedor a unos miramientos y a un respeto. Es la dignidad humana lo que nos hace a todos semejantes justamente porque certifica que cada cual es único, no intercambiable y con los mismos derechos al reconocimiento social que cualquier otro.

Tomarse al otro en serio, poniéndonos en su lugar, consiste no sólo en reconocer su dignidad de semejante sino también en simpatizar con sus dolores, con las desdichas que por error propio, accidente fortuito o necesidad biológica le afligen, como antes o después pueden afligimos a todos. Enfermedades, vejez, debilidad insuperable, abandono, trastorno emocional o mental, pérdida de lo más querido o de lo más imprescindible, amenazas y agresiones violentas por parte de los más fuertes o de los menos escrupulosos… Una comunidad política deseable tiene que garantizar dentro de lo posible la asistencia comunitaria a los que sufren.

Quien desee la vida buena para sí mismo, tiene que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, la justicia y la asistencia. La democracia moderna ha intentado a lo largo de los dos últimos siglos establecer esas exigencias mínimas que debe cumplir la sociedad política: son los llamados derechos humanos cuya lista todavía es hoy, un catálogo de buenos propósitos más que de logros efectivos. Insistir en reivindicarlos al completo, en todas partes y para todos, no unos cuantos y sólo para unos cuantos, sigue siendo la única empresa política de la que la ética no puede desentenderse.

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LA ESCUELA COMO COMUNIDAD POLÍTICA.

En la escuela, una parte de las relaciones sociales son relaciones de poder, es decir, relaciones en las que unos tienen la capacidad de influir en la conducta de los otros. Esto ocurre en los grupos de compañeros, en los que suele haber un líder; el las relacione docente-alumnos y directivos-docentes, etc. Además la escuela es un  espacio público regulado por el poder político. Tanto las escuelas de gestión pública como las de gestión privada, en mayor menor medida, funcionan según los lineamientos que van estableciendo los gobiernos.

Con la recuperación de la democracia y antes de 1983 comenzaron a replantearse las relaciones de poder en la escuela. El proceso de democratización luego de los años de dictadura militar, alcanzó a la escuela y en ese período resurgieron los centros de estudiantes y los delegados del curso. Por entonces comenzó a pensarse que la participación activa en la elaboración de las reglas y la curación de los espacios de dialogo podían contribuir a mejorar la convivencia. Mas recientemente se formaron en algunas escuelas consejos de convivencia, en los que los representantes de todos los actores sociales de la escuela (padres, profesores, preceptores, directivos y alumnos) se ocupan de la aplicación de las normas y de las sanciones cuando se transgreden esas norma. Es importante destacar que los centros de estudiantes extienden sus preocupaciones mas allá de lo escolar, para comprometerse en otras acciones relacionadas con la comunidad: ayuda en comedores populares, apoyo escolar, acciones solidarias en el barrio, actividades culturales, entre otras.

El proyecto escolar: Las prácticas cotidianas en los espacios públicos tienen un sentido político; las prácticas escolares también. En algunos casos, esas prácticas (es decir, lo que las personas hacen) forman parte de un proyecto. En Proyecto es un conjunto de acciones planificadas para lograr un objetivo. La planificación comienza analizando una situación, identificando problemas, evaluando recursos disponibles. Luego se definen las tareas, se las distribuye entre los participantes y se las organiza en el tiempo. Las tareas debe contribuir paulatinamente a lograr los objetivos finales que se han trazado. Algunos proyectos su vez forman parte de otros mayores.

El proyecto que se propone es de éste tipo y tendrá como eje la formación de ciudadanas y ciudadanos autónomos y comprometidos con la democracia a través de la práctica política responsable en la escuela. Y estará enmarcado en los lineamientos pedagógicos que han definido las autoridades (Consejo Federal de Educación, Ministerio de educación y la Escuela).

Actividad:

1. Leer el siguiente extracto del Diseño Curricular para la Educación Secundaria 5 año, en la materia: “Política y ciudadanía”.

Las nuevas Leyes de Educación (Ley de Educación Nacional N° 26.206 y Ley de Educación Provincial N° 13.688) contienen fines y objetivos vinculados con la formación en ciudadanía.  La legislación nacional prescribe “Brindar una formación ciudadana comprometida con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacífica de conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural”. (Art. 11 c LEN 26206). En acuerdo a ello la norma provincial dispuso en el capítulo II “Establecer una formación ciudadana comprometida con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacífica de conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, veracidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural que habilite a todas las personas para el desempeño social y laboral y la continuidad de estudios entre todos los niveles y modalidades” y “Garantizar una educación integral que forme ciudadanos desarrollando todas las dimensiones de la persona incluyendo las abarcadas por el artículo 14º de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, de jerarquía constitucional” (Art.16 LEP 13688).

A su vez, la normativa define tres fines para la Educación Secundaria en la provincia de Buenos Aires: 1. ofrecer situaciones y experiencias que permitan a los alumnos y las alumnas la adquisición de saberes para continuar sus estudios. 2. fortalecer la formación de ciudadanas y ciudadanos, y 3. vincular la escuela y el mundo del trabajo a través de una inclusión crítica y transformadora de los alumnos/as en el ámbito productivo. Y asimismo, el Plan Educativo 2008-2011 de la Dirección General de Cultura y Educación indica la concreción de espacios que busquen profundizar el ejercicio de la formación de ciudadanos respondiendo a los derechos y las responsabilidades que demanda el Estado democrático. (DGCyE, 2008). Y postula la implementación de acciones específicas de educación ciudadana para la consolidación de la democracia y el respeto de los Derechos Humanos.

Las materias de Ciudadanía para el ciclo superior, fueron diseñadas para concretar espacios de reflexión y participación ciudadana en el ámbito escolar y comunitario/social. Dicha participación se proyecta desde la enseñanza y el aprendizaje de una ciudadanía activa. En otras palabras, las materias propuestas son la concreción de espacios escolares para la formación de sujetos políticos que respeten y hagan respetar los derechos humanos y el sistema democrático. Se trata en definitiva de la responsabilidad del Estado en la formación política de las personas más jóvenes, desde una concepción democrática. Personas que tienen el derecho de acceder al conocimiento de los derechos, las responsabilidades y las relaciones sociales que rigen la vida social en un estado democrático y que tienen también el derecho y la responsabilidad del ejercicio de una ciudadanía activa.

Se parte del enfoque de derechos, y de los jóvenes comprendidos en las declaraciones de derechos humanos con derechos y obligaciones. Y es el objetivo, instalar la democracia en la escuela no solamente como un sistema sino como una cultura implica un desafío a la par que una oportunidad. La oportunidad de construir con los jóvenes ámbitos de participación ciudadana y de respeto democráticos diferentes a los contextos en los cuáles muchos de ellos mismos crecieron.

2. Contesta:

a) ¿Se piensa en una educación política? ¿A través de que estrategias? ¿Qué valores implícitos o explícitos pueden descubrir?

b) Bosqueja un proyecto político escolar. Define algunos objetivos que creas posibles de alcanzar y permitirían superar las dificultades que encontraste. Propone una serie de saberes y actividades que resultarían indispensables para lograr los objetivos.

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El Trabajo y la Ciudadanía.

El TRABAJO es una actividad, realizada por una o varias personas, orientada hacia una finalidad, la prestación de un servicio o la producción de un bien -exterior al sujeto que lo produjo-, con una utilidad social: la satisfacción de una necesidad personal o de otras personas. El trabajo así entendido involucra a todo el ser humano que pone en acto sus capacidades y no solamente sus dimensiones fisiológicas y biológicas, dado que al mismo tiempo que soporta una carga estática, con gestos y posturas despliega su fuerza física, moviliza las dimensiones psíquicas y mentales. El trabajo también puede dar lugar a la producción de bienes y servicios destinados al uso domestico, en la esfera no mercantil, sin contrapartida de remuneración salarial.

La CIUDADANÍA, en una concepción actual la ciudadanía se confunde con los derechos políticos que tiene toda persona, y se la identifica con el lugar de nacimiento. Pero ésta es una visión limitada que no favorece percibir al individuo como actor social con un aporte único a la comunidad. Por ello, la palabra ciudadanía engloba dos significados. Por un lado significa el conjunto de ciudadanos que viven en un territorio común y forman una nación. Y por el otro significa la calidad de ciudadano, que deriva de su participación en la comunidad a la que pertenece, tanto en la faz la personal, con la Sociedad, y con el Estado.

El TRABAJO y la CIUDADANÍA están estrechamente ligados, sobre todo desde la Revolución Industrial. Con la Revolución Industrial el trabajador se convirtió, en gran medida, en asalariado, contratado en la fábrica por un sueldo pero no era miembro de la realidad social determinante: la sociedad de capitales. De esta forma se instituyó la gran división entre capital y trabajo que han analizado y denunciado los socialistas, especialmente Marx. Pero al mismo tiempo nació la sociedad política democrática excediendo a los “antiguos regímenes” feudales o monárquicos. Una sociedad de ciudadanos, todos miembros e iguales al menos en un principio. De esta forma el trabajo, frágil y precario, fue encontrando poco a poco, mayor protección en la ciudadanía. Y el derecho del trabajo derivó de esta protección ciudadana.

Principalmente a principios del siglo XX, el trabajo dejó de ser un asunto meramente privado o contractual. Y correlativamente el trabajo se convirtió en un factor decisivo de ciudadanía. En más de un régimen socialista, evidentemente y hasta no hace mucho tiempo, un ciudadano no podía no ser un trabajador: era ciudadano en tanto que trabajador. Pero mas allá de lo excesivo que puedan ser estas posturas, no impiden reconocer el carácter central del trabajo en la sociedad. Para muchos, el trabajo es una extraordinaria impresión del espíritu humano. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II escribió toda una carta encíclica sobre el trabajo donde consideró al trabajo como una dimensión esencial de la existencia humana.

Pero no hace mucho tiempo,  a partir de la gran crisis que sufrió el empleo a mediados de los años 70 luego de la repentina suba del precio del petróleo, se discutió la idea del carácter central del trabajo. Algunos llegaron más lejos y dijeron haberse equivocado largamente al reconocer tanto significado al trabajo. Sostuvieron que es perfectamente posible, ser un ciudadano sin hacer ningún aporte laboral remunerado a la sociedad. Y que hasta se podría asegurar a todos los ciudadanos un sueldo básico [un subsidio universal] incluso si nadie asume un trabajo remunerado.

Luego, incluso en desacuerdo con el recurso de un subsidio universal, el liberalismo e los años 90, económico fue progresivamente desinteresándose de las consecuencias de la falta de empleo y propició el desmantelamiento de las legislaciones sociales y de numerosas protecciones al trabajo. En consecuencia, los años 90 han significado un notable retroceso para el empleo en numerosos países, y una consecuente degradación de la pertenencia ciudadana de la mayoría.

A pesar de haber sido indemnizados y/o asistidos, los desocupados se revelaron como personas en precariedad psicológica y material, dependientes, privadas de su autonomía, y además corrieron el riesgo de ser la presa fácil de clientelismos políticos de todo tipo, lo contrario precisamente de ser verdaderos ciudadanos. En realidad, al haber perdido su apoyo en el trabajo reconocido, socialmente significativo, la ciudadanía tiende a perder fuerza. Esta situación se observa cada vez más en los suburbios y en otras zonas de vida precaria donde reinan la ausencia de empleo y la perspectiva de emplearse.

Teniendo en cuenta la experiencia de los últimos años es posible afirmar entonces que el perjuicio de la desvinculación de la ciudadanía en relación con el trabajo socialmente reconocido es inmenso. Y no se puede justificar por ninguna razón de teoría económica o sociológica el desinterés por el empleo efectivo de las personas. A raíz del crecimiento demográfico excesivo a escala mundial, la humanidad permanece, aún hoy, en general, bajo una fuerte necesidad que obliga a buscar el acceso al trabajo dentro del ‘sistema’ mismo del trabajo. En el seno de la gran organización del trabajo, ya que no existen muchas otras ocasiones para el desarrollo creativo personal.

Se trataba, y se trata aún hoy de reconocer que la ciudadanía no puede ser sólo una pertenencia formal (vivir en un territorio común), sino que debe incluir la participación entre otras cosas, por medio del aporte de los unos a los otros, con sus trabajos.

Fuente:
Yean Yves Calvez. Anales de la educación Común. Trabajo y Ciudadanía.

 

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El “Para Qué” de la educación debe preceder al “Cómo”

El nuevo comienzo de un año escolar es natural que nos encuentra ocupados sobre la escolaridad de nuestros niños. Pero me animo a afirmar que muchos no estamos dedicando tiempo a reflexionar sobre el “para qué” debemos educar nuestros niños. “Para qué debemos educarnos”. Lo damos por sentado sin haber pensado mucho en la respuesta, no obstante que el “Para Qué” de la educación debe siempre preceder al “Cómo” educarnos, o «Cómo» educar.

La educación es un factor individual que pude influir directamente en lo que somos como personas. Y además es el único instrumento revolucionario válido que permitirá nuestra movilidad dentro de la sociedad a la que pertenecemos.

Pero fundamentalmente, la educación no es solo aprender las habilidades para ganarnos la vida de la mejor forma posible y escalar en el estrato social, sino que es aprender a comprender la vida misma. Comprensión que pasa por reconocer que existe una misión que tenemos que realizar, una misión que cada uno de nosotros tiene en esta vida, y por medio de la cual, usando las capacidades y talentos únicos que trajimos con nuestra existencia, podemos vivir una vida significativa, productiva, virtuosa. Por ello es que educarnos es necesario para sensibilizarnos y comprometernos, con un bien mayor que el de nuestros propios deseos.

Ahora bien, a los niños les enseñamos matemáticas para que puedan pensar de un modo organizado. Les enseñamos idiomas para que puedan comunicar sus ideas. Les enseñamos ciencias para que puedan comprender las propiedades físicas del mundo en el que viven. Y todo ello está bien, pero ninguna de estas disciplinas afectará necesariamente el modo en el que el niño actuará moralmente en su vida diaria. De modo que impartir información es apenas un componente de la educación.

Una verdadera educación para la vida consiste en enseñarles a los niños que tienen una responsabilidad no negociable con vivir moral y éticamente. Esa educación los sostendrá individualmente y creará un mundo mejor para sus hijos y por las generaciones por venir.

Y en este punto, el de educar, es interesante observar y comprender que la educación nos enfrenta siempre con la paradoja de la infancia: Por una parte un niño no tiene la capacidad de distinguir realmente el bien del mal, y mucho menos la madurez para elegir el bien en mérito propio y rechazar el mal solo porque es malo.; pero por otro lado, es durante la infancia cuando se forma la psiquis y el carácter de una persona. De modo que a los niños debe enseñárseles buenos hábitos, a reconocer el bien del mal, mucho ante de que pongan un pie en la escuela. Permitirle a un niño a que crezca y que elija su propio conjunto de valores, creyendo que no debemos infringir las libertades individuales, es tan absurdo como si un padre le diera al hijo la libertad de vacunarse o no.

A medida que una persona crece y se forman sus valores y su personalidad, se vuelve cada vez más difícil afectar su visión general del mundo. Un ser humano es como un árbol. Si se hace una marca en una rama de un árbol crecido, se afecta solo esa rama. Pero si se hacer el más mínimo rasguño en una semilla, afecta al crecimiento de todo el árbol.

D.O.

Fuente: Enseñanzas de Menajen Mendel Schneerson. Creador de más de dos mil instituciones educativas en todo el mundo. en 1978, el gobierno de los Estados Unidos, designó la fecha de su cumpleaños, como día de la educación en los EE.UU.

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¿QUE ES LA CIUDADANIA?

En la concepción actual la ciudadanía, esta se confunde con los derechos políticos que tiene toda persona, y se la identifica con el lugar de nacimiento. Pero es una visión limitada.

La palabra ciudadanía engloba dos significados. Por un lado significa el conjunto de ciudadanos que viven en un territorio común y forman una nación. Y por el otro significa la calidad de ciudadano.

Ciudadanos, son entonces, todas las personas que, por haber nacido en un territorio nacional, por tener ascendencia paterna o debido a naturalización, forman un conjunto de individuos que integran una nación.

Y la calidad de ciudadano deriva de su participación en la comunidad a la que pertenece; así, un buen ciudadano es quien se reconoce como parte integrante de la comunidad, que le ofrece una identidad por haber nacido en ella, por ascendencia directa o por haberse naturalizado. Por lo tanto, se respeta a sí mismo; respeta a esa comunidad  y a todo lo que ella representa.

El buen ciudadano reconoce su comunidad como producto de un pasado histórico al que respeta, acata las leyes que posibilitan la convivencia en democracia y en paz, y obra en concordancia con valores desarrollados como producto de su reflexión en favor del mejoramiento y de la  buena marcha de su comunidad.

Teniendo en cuenta estas ideas sobre ciudadanía, desarrollamos un concepto que parte de la consideración de tres niveles de actuación del individuo para ser ciudadano: la personal, con la Sociedad, y con el Estado.

El primer nivel de relación que debe poseer cada individuo es consigo mismo, a través de su auto-percepción como sujeto de derechos y de deberes. En este reconocerse como persona, la autoestima adecuada, la actitud crítica y reflexiva le permite actuar responsablemente.

El segundo nivel de relación  consiste en la percepción que tiene el individuo como sujeto social y ante un determinado sentido de pertenencia a la colectividad. Para que este sentido de pertenencia se desarrolle, se deberá considerar desde la adolescencia la vigencia de valores ciudadanos, como la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, el respeto, la justicia, entre otros. En esta dimensión de la personalidad, será fundamental fomentar en el adolescente su capacidad de empatía, la cual le permita la toma de decisiones acordes con los intereses sociales y con la búsqueda del bien común.

La relación del individuo con el Estado constituye el tercer nivel. Mediante ella, el individuo se mantendrá en permanente actitud de reclamo y vigilancia a las autoridades e instituciones que tienen como finalidad velar y resguardar de manera efectiva sus derechos.

Estas tres dimensiones permitirán aflorar en la persona “el poder” que es propio de todo individuo que pertenece a una comunidad y cuyo destino está permanentemente en juego.

Fuente: Revista Semestral del Departamento de Educación. Vol. XV N° 28, Marzo 2006. Aurora de la Vega – Rosa Tafur Puente (Educadoras Peruanas).
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Derecho de las minorías.

Derechos humanos

Son derechos que nos corresponden desde que nacemos y durante la vida. Expresan lo que necesitamos para realizarnos plenamente como personas. Y nos garantizan una vida en condiciones de igualdad y libertad.

Costumbre y derechos.[1]

Minorías

Dos palomas, una blanca y una gris, emprendieron un largo viaje aéreo alrededor de las selvas y bosques del mundo. Cerca de un manantial, desde el cielo, vieron como tres rinocerontes jóvenes pisoteaban a un rinoceronte anciano.

–          ¡Qué malvados! – dijo la paloma gris.

–          ¿Malvados? ¿Por qué? –preguntó la otra -.  No conocemos los motivos por los cuales lo están pisoteando. Cada sitio tiene sus costumbres, y lo que, en el nuestro, está mal, tal vez aquí esté bien.

Otro día sobrevolaron un jardín, y descubrieron a cuatro gatos haciéndoles daños a un canario.

–          Podrían comerlo sin dañarlo –dijo la paloma gris – ¡Que malvados bravucones!

–          Que injusta eres! Dijo la ploma blanca – . Tal vez, en este jardín las costumbres son distintas, y está bien visto que los gatos jugueteen con los canarios antes de devorarlos.

(…) La conversación no duró mucho más . Una fiera águila se abalanzó sobre ambas palomas, persiguiéndolas por el aire.

–          Si nos salvamos de esta – dijo la paloma gris a la banca. , recuerda que en cualquier sitio, para saber si una costumbre es buena, siempre hay que pedirle opinión al mas débil.

Leer la fábula y contestar:

  1. Si trasladáramos lo que describe la fábula a las sociedades humanas, ¿a quienes representan los animales  más fuertes? ¿a quienes los mas débiles?
  1. Mencionen ejemplos de costumbres sociales que conozcan que permiten que los fuertes se impongan sobre los débiles.
  1. ¿Como interpretan el final de la fábula? Lo que dice la paloma gris al final, ¿podría ser entendido como una forma de explicar los derechos humanos? ¿por qué?.

[1] Por Marcelo Birmajer, en Fábulas salvajes. Buenos Aires: Sudamericana, 2000.

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