¿Conoces a un niño fantasma?

Es el niño institucionalizado; el atrapado en la escuela por 8 o más horas al día, y que desde la escuela deambula a un club o a alguna actividad extra escolar,  como adormecido del aburrimiento y la fatiga. Es el niño que cada vez más es influenciado por un adulto fantasma, que es el educador que le toca en suerte, y que carga con la fatiga y el estrés de estar pegado en la escuela durante 10 horas o más al día, o que deambula de una escuela a otra.

Ambos, al parecer, son parte de una cultura que nos hace trabajar cada vez más y desde cada vez más jóvenes en la búsqueda, a menudo infructuosa, de seguridad en el empleo y la movilidad social. Es más, cualquier enfoque fuera del exceso de trabajo en exceso y del sobreesfuerzo, pareciera que nos aleja de los beneficios básicos de la vida.

Y ésta precocupación por lograr el “esfuerzo necesario” se transformó en una teoría de la educación apropiada. Una educación de escolarización intensiva, que incluye extensión de la jornada habitual -ya de por sí extendida- para ponerse al día o adelantar, la asistencia después de las muchas horas de escuela, a clubes para la realizaciòn de actividades deportivas competitivas y por lo tanto no recreativas, o la participación en otras actividades extracurriculares, plazos más largos de clases, vacaciones más cortas, más tarea para realizar en casa y profesores particulares para apoyar la escolaridad.

El problema es que ya no se discute científicamente que el ser humano no prospera a través de ser presionado. Los niños agotados no aprenden. Los niños agotados y hambrientos simplemente se quedan dormidos, y no funcionan como debieran.

Asimismo, el lenguaje del esfuerzo y de la jornada extendida no erradica las desigualdades educativas. No obstante los mayores presupuestos y estrategias de “inclusión” que se ponen en práctica en casi todos los países desde hace años, aunque la brecha de desigualdad no disminuyó en la medida esperada. Es más, la supuesta inclusión sin tener en cuenta la individualidad de la persona, ha generado resentimientos que dividen mas marcada y profundamente a la sociedad,

Es importante observar que en los más impresionantes y efectivos sistemas educativos, los niños no empiezan el aprendizaje formal hasta los siete años y el día escolar es mucho más corto.

En los países nórdicos, entre ellos Finlandia, que sigue siendo el sistema de mayor rendimiento en Europa, puede parecer que los niños están haciendo muy poco en el aula porque allí la conversación educativa tiene que ver con, el disfrute y la estimulación. Pero además, en verdad, algunas de las personas más productivas trabajan días relativamente cortos e incluso parecen pasar un montón de tiempo en la contemplación, leyendo, pensando, mirando al vacío.

Tal vez el cambio sea que el tiempo parcial, se transforme en el nuevo tiempo completo. En el fondo la idea radical pareciera ser que el propio tiempo -el tiempo para pensar, para jugar, para reír, para hacer alfarería; el tiempo en casa, a solas- debe hacer su reaparición en el discurso pedagógico.

El creciente ejército de niños fantasma no merece menos.

D.O.

Fuente: Education’s culture of overwork is turning children and teachers into ghosts. The Guardian, Wednesday 16 April 2014. http://www.theguardian.com/
Ver: Cuando la educación se empeña en ser una experiencia anestésica. http://danielolguin.com.ar/?p=3131
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