La necesidad de un Derechos del Trabajo que se sume al cambio cultural que ya está sucediendo respecto a las nuevas relaciones de trabajo.

Evitar la catástrofe ambiental exige un cambio cultural además de económico. Por ello, el actual ritmo de emisiones no se reducirá haciendo lo mismo utilizando nuevos instrumentos técnicos y decisiones económicas. Deben cambiar los instrumentos por supuesto, pero también la actitud. Y la mera actividad económica no puede ser el único índice para tener en cuenta si queremos poner algún límite a las emisiones de CO2. (Diez, 2022). En realidad, intentar evitar cualquier catástrofe social, no solo la ambiental, exige un cambio cultural que, entre otras cosas, comprenda el estado de cambio y del peligro de no observarlo.

Pero, a diferencia del cambio climático, en el mundo del trabajo y de la producción de bienes y servicios el cambio cultural ya llegó. No habrá que esperarlo ni mucho menos suponerlo. Ya está sucediendo. Las tareas y actitudes de toda la sociedad respecto en las formas de realizar trabajo ya forman parte del mercado laboral y productivo actual como expresión de confronte al aluvión tecnológico sobre los medios de producción y del trabajo.

No obstante, tal realidad de expresión cultural que ya estamos viviendo, que asume el cambio y lo enfrenta creando nuevas formas de realizar trabajo y empleos para reemplazar a los que van desapareciendo, ello no nos libera totalmente de una catástrofe, tanto respecto de la falta de empleo, como de empleo realmente satisfactorio para aquellos que aún lo posean o lo obtengan.

Será necesaria entonces una revolución en el Derecho del Trabajo, que no implique solamente una evolución con la generación de nuevos instrumentos, entendidos éstos como nuevas normas o modificaciones de las instituciones legales actuales; sino que también intervenga una ampliación de la tutela histórica del derecho del trabajo a nuevas formas de realizar trabajo sobre la base del reconocimiento de un más amplio marco de libertad individual de los actores del mercado de trabajo. Quienes, por otra parte, y sin perjuicio de la falta o inocuidad normativa, ya están poniendo en práctica nuevas formas de relacionarse para producir y realizar trabajo productivo.

Actualmente, el uso generalizado de nuevas tecnologías en los procesos productivos tiene como consecuencia, por un lado, la expresión de nuevas conductas sociales que intentan dar respuesta a requerimientos de cada vez más trabajadores en áreas tecnológicas, accediendo a preparación académica, formal e informal, en áreas tecnológicas. Por otro lado, muchos empleos nuevos implican un cambio radical en las relaciones de trabajo, imponiéndose el trabajo temporal no protegido, el trabajo autónomo, y trabajo ocasional, en su mayoría en formas informales de trabajo.

Por lo tanto, por un lado, ante la falta masiva de empleos que se avizora, el desafío pareciera apuntar a formar y preparar al trabajador a fin de garantizar el nivel más apto para poder operar o utilizar eficientemente la tecnología. Pero, también, a posibilitar la contratación de trabajadores, por ejemplo, facilitando que presten sus servicios con cierta autonomía sin ser considerados totalmente independientes, y por supuesto, tampoco totalmente dependientes como los que hoy tutela el Derecho del Trabajo.

Ante tal panorama real, no bastó nuca, ni basta hoy, con intentar descubrir un nuevo modelo normativo si este se encuentra al margen de lo que las mismas sociedades requieren en un momento determinado. El entorno y las circunstancias sociales no pueden quedar al margen, más aún, reitero, cuando tales circunstancias ya están sucediendo. Razones por las cuales, la transformación del Derecho del Trabajo como expresión de esa cultura social debe ser revolucionaria, en tanto no sólo debiera actualizar sus principios, sino que, las soluciones instrumentadas anteriormente ya no son de utilidad. Tampoco lo son las pretendidas propuestas de nueva legislación que flexibilice los alcances de las normas que hoy existen.

Hoy, las nuevas formas de trabajo ya están sucediendo en nuestro país, y, además, en un marco de mayor libertad individual de los actores del mundo productivo. Nuevas formas y el marco de libertad individual que también debiera comprender el Derecho del Trabajo ampliando su tutela histórica incluyendo también a trabajadores no totalmente dependientes.

Danel Olguin.

 

ver artúculo completo: LA NECESIDAD DEL CAMBIO REVOLUCIONARIO Y URGENTE DEL DERECHO DEL TRABAJO EN UN MARCO DE MAYOR LIBERTAD INDIVIDUAL Y, EN DEFINITIVA, DE JUSTICIA, ANTE EL CAMBIO CULTURAL QUE YA ESTÁ CREANDO NUEVAS FORMAS DE RELACIONARSE PARA PRODUCIR Y REALIZAR TRABAJO. | Daniel Olguin

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Nueva tecnología, Nuevos derechos.

A la aplicación de la tecnología a los procesos productivos, mediante aplicaciones digitales, la robótica, y la inteligencia artificial (IA), se le imputa la mediata pérdida masiva de empleos. Lo que. no sucedería a corto plazo, pero, a la larga, se puede afirmar, que ningún puesto de trabajo se librará por completo de la automatización.

Ello, no significa que necesariamente la mayoría de los empleos conocidos hasta hoy van a desaparecer por efecto de las nuevas tecnologías. Toda vez que la necesaria perdida de muchos puestos de trabajo se verá compensada en parte por la creación de nuevos empleos humanos. Sin embargo, el problema de estos nuevos empleos es que probablemente exigirán un gran nivel de pericia y, por tanto, no resolverán los problemas de los trabajadores no cualificados sin empleo.

De allí proviene el principal y real desafío para que los actuales trabajadores logren su reconversión tecnológica.

Actualmente, el uso generalizado de nuevas tecnologías en los procesos productivos tiene como consecuencia, por un lado, la expresión de nuevas conductas sociales que intentan dar respuesta a requerimientos de cada vez más trabajadores en áreas tecnológicas, accediendo a preparación académica, formal e informal, en áreas tecnológicas.

Por otro lado, muchos empleos nuevos implican un cambio radical en las relaciones de trabajo, imponiéndose el trabajo temporal no protegido, el trabajo autónomo, y trabajo ocasional, en su mayoría en formas informales de trabajo. Por ejemplo, en Argentina, la informalidad laboral, en el último año tuvo in crecimiento de un 13%. [i]

Por lo tanto, por un lado, ante la falta masiva de empleos que se avizora, el desafío pareciera apuntar a formar y preparar al trabajador a fin de garantizar el nivel más apto para poder operar o utilizar eficientemente la tecnología. Pero, también, a posibilitar la contratación de trabajadores, por ejemplo, facilitando que presten sus servicios con cierta autonomía sin ser considerados totalmente independientes, y por supuesto, tampoco totalmente dependientes como los que hoy tutela el Derecho del Trabajo.

Trabajadores que, si bien no son totalmente dependientes, sí dependen económicamente del trabajo que llevan a cabo. Conformando una nueva categoría jurídica, que debe ser vista como una evolución de la dependencia o subordinación histórica.

Lo cierto es que estos tipos de nuevos trabajadores parcialmente dependientes hoy conviven en una situación absolutamente novedosa que está creando constantemente nuevos trabajos, y que, en simultáneo, reemplazan otros puestos de trabajo que ya dejan de existir como tales. Y, el derecho del trabajo, en su función social de proteger al más débil de una relación contractual debe ser capaz de acoplar sus instituciones, clásicamente rígidas e inflexibles, a la nueva realidad social impuesta el uso masivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los procesos productivos y de trabajo.

Entre más grande sea el grado de desarrollo tecnológico de las sociedades, más importante es garantizar a los hombres la protección de sus derechos. En consecuencia, se deben asegurar las condiciones legales que favorezcan el desarrollo de la persona humana conforme a su verdad y a su dignidad. En este nuevo mundo tecnologizado es aún más necesario encontrar el espacio para la justicia social, entendida como la defensa de los hombres en el ámbito laboral contra la explotación económica y sostener las garantías legales de condiciones de trabajo decentes.

También es cierto, que los modelos sociales, económicos y políticos que hemos heredado del pasado son inadecuados para afrontar este reto.

Tal vez, los nuevos modelos deberían guiarse por el principio de proteger a los humanos y no a los empleos y hasta ampliar la gama de actividades humanas que se consideran empleos.

¡Piensa bien y saldrá bien!

Daniel Olguin.

 

[i] Zalazar, Mariano. “El comercio, la industria y la construcción crearon 300 mil empleos informales en el último año”. De acuerdo a un informe oficial, los tres sectores generaron más empleo en negro que puestos de trabajo en blanco. La tendencia se repite en la mayoría de las actividades económicas. Infobae. 23 de enero de 2023. Dirección URL del artículo: https://www.infobae.com/economia/2023/01/23/el-comercio-la-industria-y-la-construccion-crearon-300-mil-empleos-informales-en-el-ultimo-ano/

 

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LA NECESIDAD DEL CAMBIO REVOLUCIONARIO Y URGENTE DEL DERECHO DEL TRABAJO EN UN MARCO DE MAYOR LIBERTAD INDIVIDUAL Y, EN DEFINITIVA, DE JUSTICIA, ANTE EL CAMBIO CULTURAL QUE YA ESTÁ CREANDO NUEVAS FORMAS DE RELACIONARSE PARA PRODUCIR Y REALIZAR TRABAJO.

I. Introducción.
Evitar la catástrofe ambiental exige un cambio cultural además de económico. Por ello, el actual ritmo de emisiones no se reducirá haciendo lo mismo utilizando nuevos instrumentos técnicos y decisiones económicas. Deben cambiar los instrumentos por supuesto, pero también la actitud. Y la mera actividad económica no puede ser el único índice para tener en cuenta si queremos poner algún límite a las emisiones de CO2. (Diez, 2022).

En realidad, intentar evitar cualquier catástrofe social, no solo la ambiental, exige un cambio cultural que, entre otras cosas, comprenda el estado de cambio y del peligro de no observarlo.

Pero, a diferencia del cambio climático, en el mundo del trabajo el cambio cultural ya llegó. No habrá que esperarlo ni mucho menos suponerlo. Ya está sucediendo.

Las tareas y actitudes de toda la sociedad respecto en las formas de realizar trabajo ya llegaron y forman parte del mercado laboral y productivo actual como expresión de confronte al aluvión tecnológico sobre los medios de producción y del trabajo.

No obstante que existe una realidad de expresión cultural que ya estamos viviendo que asume el cambio y lo enfrenta creando nuevas formas de realizar trabajo y empleos que reemplazan a los que van desaparecieno, ello no nos libera de una catástrofe, tanto respecto de la falta de empleo, como de empleo realmente satisfactorio para aquellos que aún lo posean o lo obtengan.

Entiendo entonces que es necesaria una revolución en el Derecho del Trabajo, que no implique solamente la generación de nuevos instrumentos, entendidos éstos como nuevas normas o modificaciones de las instituciones legales actuales; sino que también intervenga una ampliación de la tutela histórica del derecho del trabajo a nuevas formas de realizar trabajo que ya existen, sobre la base del reconocimiento de un más amplio marco de libertad individual de los actores del mercado de trabajo. Quienes, por otra parte, y sin perjuicio de la falta o inocuidad normativa, ya están poniendo en práctica nuevas formas de relacionarse para producir y realizar trabajo productivo.

Observo que no bastó nuca, ni basta hoy, con intentar descubrir un nuevo modelo normativo si este se encuentra al margen de lo que las mismas sociedades requieren en un momento determinado. El entorno y las circunstancias sociales no pueden quedar al margen, más aún, reitero, cuando tales circunstancias ya están sucediendo. Pero, además, no podrá ser justa la respuesta del Derecho del Trabajo que no contemple un más amplio marco de libertad individual de los actores del mercado de trabajo. En definitiva, es la libertad individual la que constituye la piedra normativa fundamental de todas las ideas de justicia. (Coronado, 2018).

Parto de cuatro premisas para intentar explicar sintéticamente la situación del mercado de trabajo actual sobre el que propongo tal cambio revolucionario del Derecho del Trabajo.

La primera: que el Trabajo se encuentra íntimamente relacionado con la realidad social y económica de una comunidad, por lo que todo cambio producido en el mundo real produce su correlato en las relaciones laborales, en las formas de realizarlo y de interpretarlo.

La segunda: que las formas de realizar trabajo no se desarrollan ni evolucionan en función de categorías jurídicas ya creadas, sino que atienden a otros factores, de variado orden, como la sociología, la economía y, especialmente, la tecnología. (Boris Muñoz García como se citó en Rodríguez, 2019).

La tercera: que la realidad social indica que la pretendida reforma laboral flexibilizadora, a fin de adaptar el Derecho del Trabajo a las nuevas formas de realizar trabajo, de hecho, ya está hecha, ya llegó, aun sin legislación pertinente y aplicable. (según refirió Álvarez Agis, en el Coloquio de IDEA 2022, como se citó en Boetner, 2022).

Y, la cuarta: Que, así como no habrá respuesta válida al problema del colapso ambiental que no sea global, es presumible que la misma dinámica debe darse para enfrentar la disrupción tecnológica en el mundo del trabajo, y por lo que el Estado-Nación es un marco equivocado para tratarla efectivamente. (Harari, 2021).

Por lo tanto, y sin perjuicio de la cuarta premisa señalada, la que omito considerar en el presente trabajo toda vez que intento comprender la exposición en la situación de nuestro país, sostengo entonces que, ante las profundas modificaciones expresadas en la sociedad respecto de las formas de realizar trabajo, la transformación del Derecho del Trabajo como expresión de esa cultura social debe ser revolucionaria, en tanto no sólo debiera actualizar sus principios, sino que, las soluciones instrumentadas anteriormente ya no son de utilidad. Tampoco lo son las pretendidas propuestas de nueva legislación que flexibilice los alcances de las normas que hoy existen.

Hoy, las nuevas formas de trabajo ya están sucediendo en nuestro país, y además, en un marco de mayor libertad individual de los actores del mundo productivo. Nuevas formas y el marco de libertad individual que también debiera comprender el Derecho del Trabajo. En definitiva, la protección de la libertad requiere al menos algunos servicios de bienestar facilitados por el Estado. Y, además, sin un sistema de seguridad social, la libertad no tiene sentido. (Harari, 2021).

II. El cambio social que ya llegó.
A) Para ubicar el marco del cambio social en el mundo del trabajo actual, considero importante señalar tres de las causas que ayudaron a construir el panorama actual de la producción y del trabajo: la automatización, la inteligencia artificial, y el COVID-19.

Con la llegada de la automatización a los medios de producción en los años noventa, se sostenía que la revolución tecnológica hacía necesario un número cada vez menor de trabajadores para producir los bienes y servicios requeridos por la población mundial, refiriéndose a que la “automatización” de los procesos productivos conducida a la economía mundial a una actividad industrial de menos trabajadores. (Rifkin, 2004).

Pero ya en los años setenta, se sostenía, refiriéndose a la influencia de las automatización en los procesos de trabajo, en los trabajadores y en la empresas, que, “En un mundo que plantea como una necesidad vital una reconvención constante a fin de adoptar los progresos de la técnica y los cambios, si bien no es aceptable que el costo de desplazamiento lo sufran, en forma exclusiva los trabajadores, tampoco tiene lógica ese aferrarse a empleos determinados, cuando la seguridad debe darla la economía global y no la empresa.” (Vázquez Vialard, 1979).

Hoy, confirmado lo señalado en los párrafos anteriores, si bien no sólo a causa de la automatización de los procesos de trabajo, en nuestro país existen millones de marginados de la actividad productiva actual, además de una creciente masa de trabajadores desocupados permanentes. Pero, asimismo, hay una gran mayoría de los trabajadores que, aun conservando sus empleos, no alcanzan niveles aceptables de satisfacción por el resultado económico de su trabajo.

Actualmente, uno de cada cinco trabajadores formales no tiene los medios suficientes para vivir en forma digna. Ya en el cuarto trimestre de 2020 un tercio de las personas ocupadas entraba en la categoría de pobreza. (INDEC. 2020. Como se citó en Sánchez Arnau, 2021). Datos que no solo indican que el trabajo dependiente no ha alcanzado a elevar los niveles de satisfacción del trabajo, sino que, además, confirman la realidad de que hoy, el empleo no es una garantía de evitar la pobreza.

Una gran mayoría de aquellos trabajadores que mantienen sus empleos, viven resguardados en un contrato de trabajo, que sumado a que éste no satisface sus expectativas de desarrollo o directamente los mantiene inmersos en la pobreza, el mismo contrato en sí es de futuro incierto, toda vez que la estabilidad de sus empleos no existe. Aún más, aquellos que se creen resguardados en sus empleos públicos, padecen el hecho de que su empleador, aunque sea el Estado, no logra cubrir sus gastos básicos de funcionamiento, y que además utiliza formas de contratación laboral que ya no otorgan la supuesta estabilidad del empleo público. (CIPPEC. 2018).

Entonces, la falta de empleo seguramente surge como resultado de políticas económicas que generan elevados déficits fiscales que, a su vez, exigen políticas impositivas que desalientan la inversión y son fuente de enormes costos que impiden la creación de puestos de trabajo; debido también a la aplicación de políticas laborales que desalientan la creación de empleo; y, asimismo, también por la falta de trabajo dependiente que supere el nivel de satisfacción básica de los trabajadores.

Pero, es cierto también, que los niveles de empleo dependiente han ido disminuyendo por el hecho de la marginalidad a la que se expone a una masa cada vez más creciente de trabajadores sin capacitación suficiente para nuevos empleos ligados a la automatización que generaron las nuevas tecnologías.

Los incrementos en la productividad causados por las nuevas tecnologías de la automatización incrementaron el crecimiento económico, pero, sin promover a su vez, un aumento del empleo ni el poder adquisitivo de las remuneraciones de los trabajadores.

A su vez, la aparición de la “inteligencia artificial” (IA) como un sistema que interpreta datos externos, aprende de dichos datos y emplea esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de continuas adaptaciones, superó los efectos de la automatización. Ahora, se suman sistemas informáticos que manifiestan un comportamiento inteligente, pues son capaces de analizar su entorno y pasar a la acción –con cierto grado de autonomía– con el fin de alcanzar objetivos específicos. Lo que significa que una máquina puede encontrar la forma de adaptarse e interpretar su ambiente generado por los datos de entrada, y también de arrojar resultados, es decir, que el software se actualiza a sí mismo. Permitiéndole ir cambiando su comportamiento a medida que va adquiriendo experiencia y a medida que su creador (el programador) implementa nuevas funcionalidades y hace correcciones por ensayo y error. (Kaplana y Haenleinb, 2018, como se citó en Almonacid Sierra y Coronel Ávila, 2020).

La aplicación de esta tecnología puede consistir simplemente en un programa informático (p. ej. asistentes de voz, programas de análisis de imágenes, motores de búsqueda, sistemas de reconocimiento facial y de voz), pero también puede estar incorporada en dispositivos de hardware (por ejemplo, robots avanzados, automóviles autónomos, drones o aplicaciones del Internet de las Cosas). (Porcelli y Martínez, 2021).

Se debe destacar que, con la llegada de IA, se crear valor sin trabajo. Con IA se puede pintar cuadros, crear música o escribir artículos para un periódico, sin requerir trabajo humano. A partir de un diseño previo, un trabajo original luego la IA aprende sola. Ahora no sólo se hace más eficientemente una tarea, sino que se crea valor sin necesidad de trabajo humano. O con un costo de tiempo laboral insignificante. (Serrichio, 2021).

En tal sentido, las grandes corporaciones se concentran en productos y servicios masivos y dan lugar a miles de pequeñas empresas que cubren los resquicios que, a aquéllas, por razones de escala, no les conviene atender. Otro tanto ocurre con la tercerización de servicios. Mientras las empresas se concentran en la esencia de su negocio, surge una constelación de micro organizaciones que actúan como proveedores especializados. Todo lo cual, abre un nuevo espectro de posibilidades de nuevas formas de producir bienes y servicios fuera de la organización empresarial y de forma independiente a ella.

Un ejemplo significativo por lo simple de su implementación es la masificación de las impresoras 3D (Adeva, 2021) capaces de producir un modelo físico desde un diseño creado por medio de cualquier programa de computación, posibilitará una mayor descentralización de la producción industrial hacia los hogares, aumentando la automatización que ya pone en jaque al 60% de las tareas económicas, e impactando de lleno en el mercado laboral. (Tetaz, 2021).

Asimismo, la pandemia provocada por el COVID-19 y las medidas de aislamiento tomadas para enfrentarla aceleró aún más los cambios en la producción de bienes y servicios, y en la compra y venta de productos. En 2020 se aceleraron las tendencias en el mundo digital y, no hubo un retorno al punto en que estaba previo a la pandemia. De hecho, los empleados que pasaron a realizar home office retornaron en un entorno laboral de mayor flexibilidad, alternando la presencialidad y el teletrabajo o el llamado trabajo “home office”.

La situación de pandemia llevó a que grandes organizaciones con miles de empleados revolucionaran no solo la modalidad del trabajo sino la propia cultura organizacional. Las medidas adoptadas por los países para enfrentar la emergencia sanitaria han llevado a un aumento del uso de tecnologías digitales por las empresas en su relación con los consumidores, los proveedores y los empleados, así como en la organización de los procesos de gestión interna de las empresas.

Lo cierto es que estos cambios continuaron pasada la peor parte de la pandemia. Y que las tecnologías digitales que ya se estaban incorporando antes de la pandemia, son clave en el nuevo modelo de funcionamiento de las empresas.

En particular, las tecnologías asociadas al comportamiento de los consumidores, a las operaciones de promoción, venta y entrega de bienes y servicios; a la interacción con los proveedores; a la adquisición y procesamiento de grandes cantidades de información o macrodatos para la toma de decisiones; al seguimiento y adaptación a los cambios en la demanda, y la redefinición de las cadenas de suministro; y a una mayor incorporación de dispositivos de interconexión digital en los procesos productivos. También, una mayor utilización de la robótica para incrementar la eficiencia con una menor cantidad de trabajadores en algunas fases de producción. (Chartzman Birenbaum, 2020).

Respecto del trabajo en general, la combinación de los efectos de la pandemia y del aislamiento, sumado a los problemas estructurales preexistentes en nuestro país, expresaron, a su vez, no solamente en un crecimiento del empleo precario y de la informalidad estructural ya existente, sino en un incremento de la desocupación.

Mientras los asalariados registrados disminuyeron en menos de cien mil trabajadores entre el primer y segundo trimestre de 2020, la merma fue de 1,4 millones dentro del conjunto de los asalariados no registrados, lo que representa una caída cercana al 45%. (Jacovkis, Masello, Granovsky y Oliva. 2021).

En definitiva, como efecto concreto de la pandemia se puede señalar el “big quit” donde muchos trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo. Y tal vez, el único efecto positivo de la pandemia fue que surgió una nueva ideología del trabajo: de aquí en adelante las empresas van a sentir que pueden transformarse (“Conclusiones del Simposio de INECO”. Infobae.com 2022)

B) Entonces, los avancen tecnológicos del mundo productivo actual, en el que la aplicación de la inteligencia artificial, la robótica y las plataformas digitales ya están reemplazando los actores de la producción, proponen trabajo productivo que no solamente es prestado de forma totalmente dependiente, coexistiendo actualmente formas de realizar trabajo que incluyen relaciones con cierta autonomía y menor dependencia, que se suman a las relaciones dependientes históricamente tuteladas por el Derecho del Trabajo, y a las relaciones independientes o totalmente autónomas, comprendidas en el marco del Derecho Civil.

Todas nuevas formas de realizar trabajo y nuevas modalidades de las que el Derecho del Trabajo también debiera de ocuparse extendiéndoles parcialmente la tutela que hoy poseen solo las formas y modalidades de trabajo totalmente dependientes. Pero, lo cierto es que aun sin esa extensión tutelar y una nueva legislación en tal sentido, tales nuevas modalidades y formas de realizar y trabajo hoy conforman el nuevo mercado de trabajo

Para comprender dicho mercado se debe apreciar, por un lado, que en solo el año 2020, con la pandemia incluida, se produjeron más conocimientos técnicos y científicos que en toda la historia de la humanidad en todos los campos del conocimiento. Por otro lado, que la revolución del mercado del trabajo se produce por la confluencia de avances tecnológicos en campos como la inteligencia artificial, la robótica, la internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía, la computación cuántica, las ciencias de la vida y del comportamiento humano como las neurociencias.

Asimismo, la velocidad con que se producen los cambios crece exponencialmente todos los días, y son tan profundos, que se puede decir con seguridad que nunca existió en la historia una época con tantos cambios y con tanas posibilidades de progreso.

Posibilidad de progreso que contiene peligros potenciales en los que se incluye el desempleo creciente y en masa de trabajadores con formación insuficiente como para beneficiarse con esta nueva realidad que los cambios tecnológicos proponen. Trabajadores que, en realidad, corren grave y cierto riesgo de ser desplazados de manera permanente del mercado de trabajo.

Dicha actualidad laboral cambios ya están generando nuevos empleos en forma acelerada para quienes tengan la educación y la mentalidad adecuadas. A modo de ejemplo, podemos observar, que aquellos que hoy están en edad de trabajar, tienen que competir con personas de todo el mundo que ofrecen sus servicios a través de distintas plataformas virtuales. Situación laboral impensada hasta no hace mucho tiempo.

En concreto, el panorama general del trabajo actual, conformando un verdadero cambio social, está uniendo disciplinas que funcionan con distintos paradigmas, y los nuevos puestos de trabajo se están desarrollando en ese ambiente. O sea, la sociedad ha encontrado y llevado adelante una adecuación de realizar trabajo sin esperar cambios normativos.
La sociedad trabajadora, antes que nadie, comprendió que la tecnología llegó para quedarse y para transformar la vida en sociedad y como parte de ella, revolucionar el ámbito del trabajo. Aun cuando los cambios que se generan a nivel global, específicamente por las nuevas tecnologías utilizadas como la robótica, la inteligencia artificial, el cómputo en la nube, internet de las cosas, entre otras necesariamente enfrentan los paradigmas tradicionales del Derecho del Trabajo. (Carrasco Fernandez, 2020). Aunque a nivel internacional la propia Organización Internacional del Trabajo intenta comprender estos desafíos sugiriendo que las normas deberán adaptarse a los nuevos elementos que se incorporan mediante los avances tecnológicos para afianzar un marco de seguridad jurídica del Trabajo. (O.I.T., 2015).
Entiendo, entonces, que la revolución que ya está sucediendo en el mundo laboral obligó a los distintos actores a adaptarse a las nuevas mutaciones, prácticas y recursos, al margen, o si se quiere, en conflicto con la legislación actual.
También, que los nuevos cambios en el mercado de trabajo y en sus consecuentes nuevas y necesarias relaciones laborales, lejos de constituir el fin del Derecho del Trabajo actual, conforman su subsistencia y la preponderancia de la subordinación como factor determinante de su tutela. Pero, siempre y cuando otorgue, por una parte, mayor libertad de decisión entre los actores de las relaciones de trabajo para instrumentar formas de realizar trabajo. Por otra parte, tutelando de alguna forma tales relaciones. En definitiva, la protección de la libertad requiere al menos algunos servicios de bienestar facilitados por el Estado. (Harari, 2021).

III. Las nuevas formas de realizar trabajo necesitan manifestarse en un marco de mayor libertad individual.
Todos los debates sobre tecnología pueden parecer muy abstractos y lejanos, pero la perspectiva muy real del desempleo masivo (o del desempleo personal) no deja indiferente a nadie.

Y, toda vez que las revoluciones en la tecnología de la información y en la biotecnología se hallan en una frase temprana, es indudable que se acelerarán en las próximas décadas y plantearán a la humanidad las mayores dificultades a las que nos hayamos enfrentado nunca. (Harari, 2021).

El uso generalizado de nuevas tecnologías tiene necesariamente como consecuencia, nuevas relaciones de trabajo. Y, a su vez, fomenta la expresión de nuevas conductas sociales que intentan dar respuesta a requerimientos de cada vez más trabajadores en áreas tecnológicas.

Por ejemplo, privilegiando, nuevas tendencias educativas que apuntan a privilegiar las ingenierías y carreras STEM. Es evidente que el aluvión tecnológico ha permitido la creación un número importante de empresas vinculadas a lo que se conoce como la economía del conocimiento y con gran potencial para generar empleo. Pero, no cualquier empleo.

Se trata de empresas desarrolladoras de software, videojuegos, informática, y audiovisuales. Las empresas de “big data” que recopilan, analizan y gestión los datos que generan los usuarios de Internet, que identifican patrones u otro tipo de comportamientos que puedan ayudar a sectores concretos. También las llamadas Empresas de Investigación y Desarrollo (“I+D”) que Investigan sobre nuevos conocimientos científicos o tecnológicos, que luego serán aprovechados para la producción de nuevos materiales, productos, la puesta en marcha de nuevos procesos o sistemas, así como la mejora de los que ya existen. Empresas que en los últimos años se reconocen como I+D+i, siendo el último elemento la innovación. (López Cabia, 2016).

Estas nuevas empresas además son las que abonan remuneraciones a sus trabajadores que en general están por encima de los sueldos medios de la economía actual y por lo tanto satisfactorios. Pero que también demandan recursos humanos calificados, con capacitaciones específicas que hoy los trabajadores industrializados no poseen.
Los nuevos empleos que generan estas empresas emplean trabajadores que posean, por ejemplo, capacitación en administración de Base de datos, de redes, y de servidores. Que demuestren habilidades como analistas SAP, de QA – Testing, en desarrollos en Golang, y .NET Framework. Entre otras especializaciones.

Y, para estos trabajadores, sí hay puestos de trabajo. Ya, entre 2007 y 2017, el sector tecnológico generó 65% más empleo que en el resto de las actividades productivas y sus operaciones crecieron en el mismo período un 70% frente a un crecimiento general del 12 por ciento. Además, los salarios son un 35% más elevados que en el resto de los sectores. Es interesante observar, asimismo, que de las más de 300 empresas de la industria Fintech , que es una industria financiera que aplica nuevas tecnologías a actividades financieras y de inversión, y que se ocupa de cualquier negocio que utilice la tecnología para mejorar o automatizar los servicios y procesos financieros, el 20% de ellas fueron creadas durante la pandemia. Y para diciembre 2021, también se registró un aumento de empleos en cada área de 5.683 puestos laborales. (Cámara Argentina del Fintech, 2021).

A mayor abundamiento, el ecosistema fintech local está integrado por 302 empresas, de las cuales un 20% nació en el año 2020, en plena pandemia de Covid-19. Esas empresas están agrupadas en nueve verticales de negocios: pagos digitales (82), créditos (66), proveedor tecnológico (36), servicios fintech B2B o “empresa a empresa” (34), blockchain & cripto-activos (28), inversiones (21), insurtech (seguros) (15), financiamiento colectivo (14) y seguridad informática (6). En particular, y sobre todo en la Argentina, suele referirse a proveedores no bancarios de servicios financieros con fuerte impronta tecnológica y por lo tanto suponen un desafío para el modelo de negocios de los bancos y encarnan algunas de las empresas más disruptivas a nivel local. (Infobae. 2021).

Entonces, es una realidad que el panorama del trabajo que proponen las nuevas tecnologías derivó en la consecuente formación de nuevas empresas que las utilizan, en la generación de nuevos productos, en nuevos empleos desconocidos anteriormente, y en la necesaria aparición de los trabajadores entrenados específicamente para cubrir tales empleos.

Ello, no obstante, no significa que necesariamente la mayoría de los empleos conocidos hasta hoy van a desaparecer por efecto de las nuevas tecnologías. Pero, sí que éstas están cambiando muchos aspectos del trabajo y de los empleos a los que acceden los trabajadores. De allí proviene el principal y real desafío para que los actuales trabajadores logren su reconversión tecnológica.

De acuerdo con un reporte del Foro Económico Mundial acerca del futuro del trabajo, para el año 2025 las empresas esperan realizar numerosos cambios en la plantilla de su personal. Por un lado, un 43,2% cree que reducirán el staff actual a partir de la integración tecnológica o automatización, mientras que un 34,5% espera ampliar su fuerza laboral como resultado de una integración tecnológica más profunda.

Pero estas no son las únicas modificaciones que estiman hacer; también, un 41,8% de las compañías afirmó que ampliará el uso de contratistas que realizan trabajos especializados. Entonces, a partir de la proyección de estos datos, el informe sugiere que, hacia 2025, 85 millones de empleos pueden ser desplazados por un cambio en la división del trabajo entre humanos y máquinas, mientras que pueden surgir 97 millones de nuevos roles que estén más adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos. (Sánchez Zinny, 2021).

Por lo tanto, por un lado, el desafío pareciera apuntar a formar y preparar al trabajador a fin de garantizar el nivel más apto para poder operar o utilizar eficientemente la tecnología. Pero, también, a posibilitar la contratación de esos trabajadores preparados. Por ejemplo, facilitando que estos trabajadores preparados presten sus servicios con cierta autonomía sin ser considerados totalmente independientes, y por supuesto, tampoco totalmente dependientes como los que hoy tutela el Derecho del Trabajo.

En tal sentido, un cambio, aun uno evolutivo de los institutos y reglas del Derecho del Trabajo, no es suficiente para comprender la situación del mercado de trabajo actual, y generar la respuesta de empleo necesaria. Se deben reevaluar los límites y alcances del ámbito protector del Derecho del Trabajo ampliándolo a nuevos modos de realizar trabajo desconocidos hasta no hace mucho tiempo y que hoy no son objeto de su tutela efectiva.

Por ejemplo, en el marco de los avances tecnológicos aplicados a la producción, cada vez más extendida es la práctica de trabajos realizados por trabajadores que no prestan sus servicios en relación de dependencia absoluta y muchos de ellos son sólo económicamente dependiente de su dador de trabajo.

Trabajadores, al que se le debiera reconocer tal estatus y extenderle ciertas tutelas laborales y beneficios sociales que se justifican por la dependencia económica que poseen respecto de aquel al que le prestan sus servicios. En estas relaciones, los trabajadores, si bien no prestan servicios en condiciones de subordinación jurídica, sí dependen económicamente del trabajo que llevan a cabo. Conformando una nueva categoría jurídica, que debe ser vista como una evolución de la dependencia o subordinación (Perulli, 2015).

En tal sentido, el Derecho del Trabajo debiera ampliar, en principio, su tutela a esa nueva categoría de trabajadores. Toda vez que no se trataría de una actividad autónoma independiente regulada por el derecho común. Tampoco, una actividad laboral dependiente encubierta. Sino una relación de dependencia solamente económica y frente a un empleador o cliente.

Es claro que la dicotomía histórica entre la relación de trabajo dependiente y la relación contractual independiente o autónoma, como la locación de servicios o de obra, dejan sin tutela a aquellos trabajadores que no encuadran ninguna de esas formas de trabajo y son considerados dentro de una zona gris entre la dependencia y la autonomía absolutas. Pero, lo cierto es que estos tipos de nuevos trabajadores parcialmente dependientes conviven en una situación absolutamente novedosa que está creando constantemente nuevos trabajos, que, en simultáneo, reemplazan otros puestos de trabajo que ya dejan de existir como tales (Ríos, 2021).

En concreto, el derecho del trabajo, en su función social de proteger al más débil de una relación contractual debe ser capaz de acoplar sus instituciones, clásicamente rígidas e inflexibles, a la nueva realidad social impuesta por la globalización y el uso masivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

En realidad, además de lo anteriormente expuesto respecto a nuevas formas de trabajo con mayor autonomía, se debe tener presente que básicamente se están transformando las fuerzas de la oferta y la demanda y la misma forma en que se ejecuta el trabajo.

Así, plataformas como Uber, Rappi, Cabify, Glovo o AMT registran un crecimiento vertiginoso, apalancadas en la masificación de internet, en la caída del empleo tradicional y en la transfiguración de los hábitos de consumo que hoy, en gran medida, se dan en línea.

La popularización de estos medios de contratación, sumada a la baja demanda de empleos formales, ha relativizado la noción misma de independencia del prestador, frente al operador del aplicativo móvil, pues la realidad empieza a evidenciar la existencia de un vínculo mucho más estrecho y dependiente entre ambas partes de la relación contractual, cuyo marco protector es un dilema global.

Y el caso es quienes presten trabajo digital tampoco debería estar sujeto a las normas clásicas del derecho laboral, ni a las del derecho civil, sino a una relación especial. Asimilar el trabajo bajo demanda digital con un régimen ordinario terminaría estancando el avance de las nuevas tecnologías en la esfera laboral. Además de permitir que el desempleo real se continue ampliando.

Sostengo además que la integración por el Derecho del Trabajo de los trabajadores con mayor autonomía y trabajadores digitales de plataformas, significaría no solo su protección social, sino que también el mercado laboral en su conjunto saldría favorecido al lograr un sistema previsional más sostenible.

En nuestro país, el régimen simplificado para pequeños contribuyentes o Monotributo permitió incorporar un gran número de contribuyentes a la economía formal, que accedieron a servicios de salud y beneficios de previsión social (Sanchez Zinny, 2021), pero el sistema con alcanza en la realidad a cubrir la necesidad planteada de mayor libertad la forma de contratación para realizar trabajo.

Las dificultades surgen al querer encuadrar jurídicamente estas prestaciones siguiendo los presupuestos que tradicionalmente han definido la laboralidad.
Los parámetros para detectar indicios de laboralidad aún no se han modificado en sentido de la revolución que se necesita actualmente. Indicios de laboralidad conforme están contenidos en la recomendación 198 de la OIT (art 13) y que venían sirviendo para la economía tradicional, ya no resultan en principio suficientes para las nuevas formas de contratación digital, y en su caso para determinar si hay relación de dependencia o no. (Rodríguez, 2019).

Es que los cambios no son solo a nivel productivo, sino que también, y fundamentalmente, en la forma como se están vinculando empleadores y trabajadores y la delimitación de la naturaleza jurídica de ese vínculo se sigue realizando, tomando como punto de partida las nociones clásicas de dependencia y ajenidad, aun cuando es los nuevos modelos de realizar trabajo no responden a los planteamientos del tipo de empresa del cual aquellas nociones fueron formuladas.

La novedad reside en que la competencia se desplaza de empresas estructuradas a microempresarios, que pueden ser conducidos a fenómenos de auto explotación. (Dagnino, 2015). Además, asistimos al nacimiento de un nuevo tipo de trabajador, deslocalizado física y geográficamente, sujeto a prestaciones fraccionadas y micro remuneradas que complican extraordinariamente su encaje legal.

Pero, debe precisarse que la libertad de trabajo de la que gozan estos trabajadores no es un rasgo identificativo de su independencia y por tanto de su encaje en el ámbito del Derecho Privado. El trabajador sometido a una dependencia digital intensa merced precisamente a las nuevas tecnologías que hacen posible el desarrollo de su actividad, por lo que no hay duda de su encaje en el ámbito protector del Derecho del Trabajo. (Guerrero Vizuete, 2019)

En concreto, reitero, en principio, se deben reconocer los cambios actuales en el mundo de la producción y el trabajo, extendiendo tutela de otros trabajadores que no son dependientes, como los trabajadores autónomos sólo económicamente dependiente del dador de trabajo, al que se le puedan extender ciertas tutelas laborales y beneficios sociales que estarían justificadas por su dependencia económica.

Tanto si tomamos como referencia a quienes prestan sus servicios en forma off-line, es decir de forma presencial, como on-line, y son calificados como trabajadores autónomos solo económicamente su denominador común es la ausencia de una adecuada protección tanto en el plano individual como en el ámbito de la acción y defensa colectivas.

IV. Toda la libertad que sea posible, y solo el estado que sea necesario.
Si bien las exigencias de libertad del individuo sólo pueden ser cumplidas dentro de un orden social, toda vez que convivimos en una sociedad interdependiente, y algunas restricciones a nuestra libertad son necesarias para evitar otras restricciones incluso peores; sin embargo, estamos viviendo una actualidad que implica la necesidad de eliminar las restricciones más que su aumento.

Como dice Peter Drucker, “En el futuro, desde una perspectiva histórica, esta época no se distinguirá por la tecnología, por Internet, sino por el cambio sin precedentes en la condición humana. Por primera vez en la historia de la humanidad, la gente tiene opciones y decide.” (Drucker, 2000)

Sostengo, en consecuencia, que una evolución revolucionaria del Derecho del Trabajo no necesariamente debería incluir una mayor legislación, pero sí y necesariamente, mayor libertad individual. “Indudablemente, no hay libertad si las personas no pueden hacer lo que las leyes les permiten hacer; pero las leyes podrían prohibir tantas cosas que llegaran a abolir totalmente la libertad”. (Constant, 1851).

Como todo Derecho, entendido como resultado de un proceso evolutivo, y como garantía de la libertad individual, el Derecho del Trabajo se encuentra en grave peligro ante la hiperinflación normativa. De hecho, la importante e histórica legislación del trabajo no ha impedido el desempleo actual. Pero, además, impide la formalización y tutela de las nuevas formas de realizar trabajo

Los modelos de negocios basado en nuevas tecnologías, como las plataformas que combinan la internet con la inteligencia algorítmica, cambiaron las reglas de juego. Los llamados Millennials (jóvenes nacidos a partir de los 80 digitalizados e hiperconectados) y centennials (jóvenes nacidos entre 1995 y 2010 que proceden de los Millennials, con quienes comparte comportamiento en el mundo digital, pero con características únicas debido a que ellos son completamente nativos digitales), son los verdaderos protagonistas de un mundo de trabajo en el que el salario económico no es todo, pero la flexibilidad en el trabajo si lo es.

Los trabajos por proyectos a través de plataformas, la “gig economy” , los trabajos temporarios, la movilidad, el emprendimiento, los trabajos freelance, trabajos “on demand”, microtrabajos constituyen diversas formas de trabajo que responden a un modo de vivir, son cambios vitales y que establecen un cambio cultural que implica repensar derechos y obligaciones procurando nuevos marcos que aporten formalidad a las nuevas formas de realizar trabajo.

Por supuesto que no se sostiene prescindir enteramente de la legislación. En algunos casos, las cuestiones involucradas conciernen a todo el mundo y no se pueden resolver mediante los ajustes espontáneos y las elecciones mutuamente compatibles de los individuos. (Leoni, 1961). Pero, la sociedad está expresando una voluntad común en la flexibilización de las reglas del trabajo, que emerge de la colaboración de todas las personas interesadas. Y que conforman las relaciones de trabajo que mejor encaja en sus propios intereses productivos.

Asimismo, contrario a lo que se podría apreciar como un proceso de deslaboralización de las relaciones contractuales, o una pérdida de derechos de los trabajadores, la voluntad constitutiva de las partes en la determinación de sus relaciones jurídicas se adecúa a las modificaciones del sistema económico y social, y, precisamente, la necesidad de amparo jurídico de éstas termina por ampliar la aplicación del Derecho del Trabajo.

La externalización de servicios, la utilización de la subcontratación e intermediación laboral, la aparición del teletrabajo, la revaloración de la voluntad como fuente constitutiva de relaciones no notalmente dependientes, y el crecimiento de los trabajadores autónomos, deben traer como consecuencia cierta tutela laboral a tales formas de realizar trabajo no totalmente dependiente, a cambio de impedirlas.

El Derecho del trabajo debiera regular a las prestaciones de dependencia económica aun cuando fueran autónomas en un intento de readecuación a nuevo sistema económico y de trabajo que ya existe posibilitado por un marco de mayor libertad individual.

Libertad que constituye la piedra normativa fundamental de idea de justicia. Concebir un tipo de libertad más amplio permite delimitar mejor las condiciones para la justicia, en tanto el entorno social no pueden quedar al margen de la creación de los principios de una teoría de la justicia. (Coronado, 2018).

V. Conclusiones.
La regulación del trabajo no ha sido concebida para un panorama laboral de transformación digital continua. Por lo que los cambios requieren no solo de una reelaboración de la ordenación jurídica del trabajo, sino también, y tal vez aún más importante y significativo, de una redefinición de conceptos jurídicos adaptados al nuevo contexto digital ampliando su tutela a otras formas de realizar trabajo fuera de la dicotomía dependiente/independiente.

Así, el Derecho del Trabajo se ve, tal vez, más que nunca, en la necesidad de ampliar los alcances de su esfera protectora a las nuevas formas de trabajo cuyos contornos no encuadran necesariamente con los límites tradicionales. Entre ellos, los de reconocer su tutela también al trabajador no totalmente autónomo al que se le puedan extender ciertas tutelas laborales y beneficios sociales que estarían justificadas por su dependencia económica respecto de quien presta trabajo.

Los temores de que la automatización por efecto de la tecnología genere un desempleo masivo se remontan al siglo XIX, pero nunca se ha materializado del todo, desde el inicio de la revolución industrial, para cada empleo que se perdía debido a una maquina se creó al menos uno nuevo.

Sin embargo, hay buenas razones para pensar que hoy es diferente y que la aplicación tecnológica a los procesos productivos y formas de realizar trabajo conlleva un cambio real en las reglas del juego. Ya en la actualidad, muchos empleos nuevos en economías avanzadas implican trabajo temporal no protegido, trabajadores autónomos y trabajo ocasional, todos como formas habituales de trabajo.

En concreto, ante la posibilidad de que un porcentaje significativo de la humanidad que no esté preparada y resulte expulsada del mercado laboral, se deben buscar nuevos modelos para las sociedades, las economías y las políticas de este tiempo.

A la larga ningún puesto de trabajo se librará por completo de la automatización, y la pérdida de muchos puestos de trabajo en todos los ámbitos se verá compensada en parte por la creación de nuevos empleos humanos dentro de este nuevo espectro tecnológico, los que exigirán un gran nivel de pericia. (Harari, 2021).

El primer paso es reconocer con honestidad que los modelos sociales, económicos y políticos que hemos heredado del pasado son inadecuados para afrontar este reto. Luego, asumir que los nuevos modelos debieran guiarse por el principio de proteger a los humanos y no a los empleos. Centrándonos en satisfacer las necesidades básicas de la gente y en proteger su nivel social su autoestima. (Harari, 2021).

El Derecho del Trabajo que hasta hoy intenta ocuparse sólo del trabajo en relación de dependencia, debiera ampliar su tutela al trabajo humano, como toda actividad realizada por el hombre que produce bienes y servicios y que tiene por objeto convertir las cosas, es decir, trasformar la realidad.

Realidad que está demostrando, por un lado, la rigidez de la norma actual, que al no regular la voluntad y la conveniencia del ciudadano continúa produciendo inequidad, pobreza y exclusión. Y, por otro lado, una mayor libertad de los individuos para elegir como relacionarse para cooperar y realizar trabajo.

En definitiva, el Derecho del Trabajo debiera funcionar también como garantía de la libertad individual. Libertad que la legislación positiva emanada de los Estados de hecho limita.

Tomar conciencia de estos dos parámetros, serían un verdadero comienzo del cambio revolucionario necesario en el Derecho del Trabajo.

Daniel Olguin.

 

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Publicado en El Derecho, El Trabajo y la Ciudadanía, La Revolución en el Derecho del Trabajo | Deja un comentario

¿Dónde está la vocación?

Como dice Ken Robinson[i], la vocación está en el lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosa que se nos dan especialmente bien. O sea, en el lugar en el que se conecta lo que nos gusta hacer y lo que nos sale fácil hacer, aunque tal vez, no sepamos bien porqué ni cómo.

Las personas que aman lo que hacen y que no se imaginan haciendo otra cosa. Son personas que ni sueñan con dejar de hacer lo que hacen porque no es lo que hacen, es lo que ellos son. Sería una locura para ellos abandonar lo que hacen, porque es lo que habla de su ser más auténtico.

Ese tipo de personas han encontrado y viven su vocación. Han descubierto ese “lugar” donde convergen las tareas que les gustan y la habilidad natural para llevarla a cabo con “Pasión”.

¡Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

[i] Ken Robinson es un experto internacional en el desarrollo de creatividad, innovación y recursos humanos aplicados al mundo de los negocios. Lidera un replanteamiento radical de nuestros sistemas escolares, para cultivar la creatividad y reconocer varios tipos de inteligencia. Sir Ken Robinson sostiene que no es el talento natural lo que nos impulsa hacia el éxito personal. Sino que lo que nos ayuda es una delicada interacción entre talento, pasión, actitud y oportunidad.
Publicado en La Vocación. | Deja un comentario

Algo de cómo estar feliz.

Nuestra felicidad no puede estar directamente relacionada con que todas las cosas que hacemos nos resulten bien; cierto es que algunas cosas resultan bien y otras mal. Por lo tanto, apegarnos a que todo nos resulte bien, puede estar directamente relacionado con no vivir feliz.

Tampoco debería confundirse nuestra felicidad con la obtención rápida del logro y del éxito, o con el placer; obtener todos los placeres deseados no significa dejar de llevar una vida bastante amargada y poco feliz. Ciertamente, un entorno de abundancia en recursos no nos garantiza que seamos felices.

Debiéramos tener en cuenta que ese estado mental de felicidad no es un estado estático, incluso las personas más felices se sienten tristes en ocasiones. Y aceptar que la felicidad es un estado mental, no un destino. Es un viaje en el que es necesario interpretar los acontecimientos de la vida y las situaciones cotidianas de manera de mantenerse feliz y no de otra forma. Por ello debemos internar estar feliz más que serlo.

Estar feliz está relacionado directamente con llegar a vivir la vida en la armonía de sus circunstancias. Asumiendo vivir lo que nos toca como nos toca y de la mejor manera.

Podemos hacerlo. Si lo flexionamos, en realidad, los seres humanos hacemos lo que hacemos porque queremos hacerlo, y si no resulta, hacemos otra cosa. Y las personas felices, en general, emprenden nuevas formas de vivir cuando las viejas formas dejan de funcionar.

¡Piensa bien y saldrá bien!

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EL ALUVIÓN TECNOLÓGICO, SUS EFECTOS SOBRE EL TRABAJO Y EL DERECHO DEL TRABAJO.

EL ALUVIÓN TECNOLÓGICO, SUS EFECTOS SOBRE EL TRABAJO Y EL DERECHO DEL TRABAJO.

I. LA NECESIDAD DE AMPLIAR LA TUTELA DEL DERECHO DEL TRABAJO.

Existe una percepción generalizada respecto de que las nuevas tecnologías crean un elevado nivel de desempleo en todas partes; que la tecnología se está desarrollando de manera tan vertiginosa que amenaza seriamente la existencia de empleos de los trabajadores actuales; y que, por lo tanto, para los trabajadores, hoy, el elemento más relevante sobre la tecnología es el debate sobre la posible pérdida de sus empleos.

No obstante, sostengo que el real problema para la mayoría de los trabajadores es que las nuevas tecnologías cambiarán muchos aspectos de su trabajo, pero no que sus empleos necesariamente vayan a desaparecer. (Figueroa, 2019). Tal vez el mayor cambió se dé a partir de la transformación de las relaciones de trabajo claramente marcadas por la subordinación hacia otras formas de trabajo con alguna autonomía.

Es que, para cubrir los nuevos empleos -muchos desconocidos hasta ahora- la relación de dependencia totalmente subordinada no consigue ni conseguirá ser la respuesta adecuada. Tampoco una desregulación o una total flexibilización de las normas que regulan el trabajo humano con la consecuente pérdida de derechos por parte de los trabajadores.

En consecuencia, sostengo que resultará necesario ampliar la tutela del Derecho del Trabajo –que se ocupa únicamente del trabajo realizado por trabajadores subordinados y dependientes- incluyendo también a aquellos trabajadores que se desempeñan entre los dos parámetros históricos de formas de realizar trabajo, el de dependencia absoluta y el de autonomía total o independencia. O sea, incluir también los trabajadores que realizan trabajo con solo dependencia económica de quien les paga por su trabajo; y que, precisamente por esa dependencia parcial, deben ser amparados por medio de algunos de los derechos sociales y hasta sindicales que poseen lo trabajadores totalmente dependientes o subordinados.

II.  ALGUNAS CAUSAS DE COMO LLEGAMOS HASTA AQUÍ.

En la construcción del panorama actual del trabajo en nuestro país, y que está indicando la conclusión que sostengo, han contribuido los siguientes hechos:

A) LA AUTOMATIZACIÓN. En los años noventa, se sostenía que la revolución tecnológica hacía necesario un número cada vez menor de trabajadores para producir los bienes y servicios requeridos por la población mundial, refiriéndose a que la “automatización” de los procesos productivos conducida a la economía mundial a una actividad industrial de menos trabajadores. (Rifkin, 2004). Pero ya en los años setenta, se sostenía, refiriéndose a la influencia de las automatización en los procesos de trabajo, en los trabajadores y en la empresas, que, “En un mundo que plantea como una necesidad vital una reconvención constante a fin de adoptar los progresos de la técnica y los cambios, si bien no es aceptable que el costo de desplazamiento lo sufran, en forma exclusiva los trabajadores, tampoco tiene lógica ese aferrarse a empleos determinados, cuando la seguridad debe darla la economía global y no la empresa.”(Vázquez Vialard, 1979).

Hoy, si bien no sólo a causa de la automatización de los procesos de trabajo, en nuestro país existen millones de marginados de la actividad productiva actual, además de una creciente masa de trabajadores desocupados permanentes.

Pero, asimismo, hay una gran mayoría de los trabajadores que, aun conservando sus empleos, no alcanzan niveles aceptables de satisfacción por el resultado económico de su trabajo. Actualmente, uno de cada cinco trabajadores formales no tiene los medios suficientes para vivir en forma digna. Ya en el cuarto trimestre de 2020 un tercio de las personas ocupadas entraba en la categoría de pobreza. (INDEC.  2020. Como se citó en Sánchez Arnau, 2021).

Datos que no solo indican que el trabajo dependiente no ha alcanzado a elevar los niveles de satisfacción del trabajo, sino que, además, confirman la realidad de que hoy, el empleo no es una garantía de evitar la pobreza. Una gran mayoría de aquellos trabajadores que mantienen sus empleos, viven resguardados en un contrato de trabajo, que sumado a que éste no satisface sus expectativas de desarrollo o directamente los mantiene inmersos en la pobreza, el mismo contrato en sí es de futuro incierto, toda vez que la estabilidad de sus empleos no existe. Aún más, aquellos que se creen resguardados en sus empleos públicos, padecen el hecho de que su empleador, aunque sea el Estado, no logra cubrir sus gastos básicos de funcionamiento, y que además utiliza formas de contratación laboral que ya no otorgan la supuesta estabilidad del empleo público. (CIPPEC. 2018).

Entonces, la falta de empleo seguramente surge como resultado de políticas económicas que generan elevados déficits fiscales que, a su vez, exigen políticas impositivas que desalientan la inversión y son fuente de enormes costos que impiden la creación de puestos de trabajo; debido también a la aplicación de políticas laborales que desalientan la creación de empleo; y asimismo, también por la falta de trabajo dependiente que supere el nivel de satisfacción básica de los trabajadores.

Pero, es cierto también, que los niveles de empleo dependiente han ido disminuyendo por el hecho de la marginalidad a la que se expone a una masa cada vez más creciente de trabajadores sin capacitación suficiente para nuevos empleos ligados a la automatización que generaron las nuevas tecnologías.

Los incrementos en la productividad causados por las nuevas tecnologías de la automatización incrementaron el crecimiento económico, pero sin promover a su vez, un aumento del empleo ni el poder adquisitivo de las remuneraciones de los trabajadores.

B) LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA). A su vez, la aparición de la “inteligencia artificial” (IA) como un sistema que interpreta datos externos, aprende de dichos datos y emplea esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de continuas adaptaciones, supera los efectos de la automatización.

Ahora, se suman sistemas informáticos que manifiestan un comportamiento inteligente, pues son capaces de analizar su entorno y pasar a la acción –con cierto grado de autonomía– con el fin de alcanzar objetivos específicos. Lo que significa que una máquina puede encontrar la forma de adaptarse e interpretar su ambiente generado por los datos de entrada, y también de arrojar resultados, es decir, que el software se actualiza a sí mismo. Permitiéndole ir cambiando su comportamiento a medida que va adquiriendo experiencia y a medida que su creador (el programador) implementa nuevas funcionalidades y hace correcciones por ensayo y error. (Kaplana y Haenleinb, 2018, como se citó en Almonacid Sierra y Coronel Ávila, 2020).

La aplicación de esta tecnología puede consistir simplemente en un programa informático (p. ej. asistentes de voz, programas de análisis de imágenes, motores de búsqueda, sistemas de reconocimiento facial y de voz), pero también puede estar incorporada en dispositivos de hardware (por ejemplo, robots avanzados, automóviles autónomos, drones o aplicaciones del Internet de las Cosas). (Porcelli y Martínez, 2021).

Se debe destacar que, con la llegada de IA, se crear valor sin trabajo. Con IA se puede pintar cuadros, crear música o escribir artículos para un periódico, sin requerir trabajo humano. A partir de un diseño previo, un trabajo original luego la IA aprende sola. Ahora no sólo se hace más eficientemente una tarea, sino que se crea valor sin necesidad de trabajo humano. O con un costo de tiempo laboral insignificante. (Serrichio, 2021).

En tal sentido, surgen nuevas formas de producción de bienes y servicios, de relacionarse comercialmente, y nuevas formas de distribución del trabajo que sugieren aún menos trabajo dependiente o subordinado.

Las grandes corporaciones se concentran en productos y servicios masivos y dan lugar a miles de pequeñas empresas que cubren los resquicios que, a aquéllas, por razones de escala, no les conviene atender. Otro tanto ocurre con la tercerización de servicios. Mientras las empresas se concentran en la esencia de su negocio, surge una constelación de micro organizaciones que actúan como proveedores especializados. Todo lo cual, abre un nuevo espectro de posibilidades de nuevas formas de producir bienes y servicios fuera de la organización empresarial y de forma independiente a ella.

Un ejemplo significativo por lo simple de su implementación es la masificación de las impresoras 3D (Adeva, 2021) capaces de producir un modelo físico desde un diseño creado por medio de cualquier programa de computación, posibilitará una mayor descentralización de la producción industrial hacia los hogares, aumentando la automatización que ya pone en jaque al 60% de las tareas económicas, e impactando de lleno en el mercado laboral. (Tetaz, 2021).

C) EL COVID-19. La pandemia provocada por el COVID-19 y las medidas de aislamiento tomadas para enfrentarla aceleró aún más los cambios en la producción de bienes y servicios, y en la compra y venta de productos. En 2020 se aceleraron las tendencias en el mundo digital y, no hubo un retorno al punto en que estaba previo a la pandemia. De hecho, los empleados que pasaron a realizar home office retornaron en un entorno laboral de mayor flexibilidad, alternando la presencialidad y el teletrabajo o el llamado trabajo “home office”.

La situación de pandemia llevó a que grandes organizaciones con miles de empleados revolucionaran no solo la modalidad del trabajo sino la propia cultura organizacional. Las medidas adoptadas por los países para enfrentar la emergencia sanitaria han llevado a un aumento del uso de tecnologías digitales por las empresas en su relación con los consumidores, los proveedores y los empleados, así como en la organización de los procesos de gestión interna de las empresas.

Lo cierto es que estos cambios continuaron pasada la peor parte de la pandemia. Y que las tecnologías digitales que ya se estaban incorporando antes de la pandemia, son clave en el nuevo modelo de funcionamiento de las empresas. En particular, las tecnologías asociadas al comportamiento de los consumidores, a las operaciones de promoción, venta y entrega de bienes y servicios; a la interacción con los proveedores; a la adquisición y procesamiento de grandes cantidades de información o macrodatos para la toma de decisiones; al seguimiento y adaptación a los cambios en la demanda, y la redefinición de las cadenas de suministro; y a una mayor incorporación de dispositivos de interconexión digital en los procesos productivos. También, una mayor utilización de la robótica para incrementar la eficiencia con una menor cantidad de trabajadores en algunas fases de producción. (Chartzman Birenbaum, 2020).

Respecto del trabajo en general, la combinación de los efectos de la pandemia y del aislamiento, sumado a los problemas estructurales preexistentes en nuestro país, expresaron, a su vez, no solamente en un crecimiento del empleo precario y de la informalidad estructural ya existente, sino en un incremento de la desocupación. Mientras los asalariados registrados disminuyeron en menos de cien mil trabajadores entre el primer y segundo trimestre de 2020, la merma fue de 1,4 millones dentro del conjunto de los asalariados no registrados, lo que representa una caída cercana al 45%. (Jacovkis, Masello, Granovsky y Oliva. 2021).

En definitiva, como efecto concreto de la pandemia se puede señalar el “big quit” donde muchos trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo. Y tal vez, el único efecto positivo de la pandemia fue que surgió una nueva ideología del trabajo: de aquí en adelante las empresas van a sentir que pueden transformarse (“Conclusiones del Simposio de INECO”. Infobae.com 2022)

III. UN MUNDO DEL TRABAJO DIFERENTE AL CONOCIDO

No es discutible que la tecnología ha llegado en forma de aluvión, en el caso tecnológico. Tampoco que ello ha permitido la creación de un número importante de empresas vinculadas a lo que se conoce como la economía del conocimiento, que generan nuevos empleos. Aunque, tampoco es discutible, que los nuevos empleos son accesibles para cualquier trabajador.

En realidad, si bien toda nueva tecnología tiende a eliminar las tareas existentes y, por ende, a reducir el número de puestos de trabajo, también crea tareas y empleos nuevos. No obstante, los nuevos empleos surgen de áreas y sectores productivos diferentes a los conocidos hasta no hace mucho tiempo.

Son ejemplo de ello los empleos generados por lo que se conoce como economía del conocimiento, en áreas de desarrolladoras de software, videojuegos, informática, y audiovisuales; en áreas las empresas de “big data” que recopilan, analizan y gestión los datos que generan los usuarios de Internet, que identifican patrones u otro tipo de comportamientos que puedan ayudar a sectores concretos; y en las llamadas Empresas de Investigación y Desarrollo (“I+D”) que Investigan sobre nuevos conocimientos científicos o tecnológicos, que luego serán aprovechados para la producción de nuevos materiales, productos, la puesta en marcha de nuevos procesos o sistemas, así como la mejora de los que ya existen.

Sin embargo, el impacto de la tecnología en la pérdida de empleos no es estrictamente lineal. Si bien la relación entre la tecnología, con la automatización que produce en los medios de producción, y la pérdida de empleos tiene un componente de certeza, ello no significa que en el futuro inmediato millones de trabajos vayan a desaparecer sin ser reemplazados. En realidad, seguramente se reemplazan algunos trabajos y muchos lo hacen de manera parcial. (Nedelkoska y Quintini, 2018. Como se citó en Figueroa Víctor, 2019).

En síntesis, no necesariamente la mayoría de los empleos van a desaparecer por efecto de las nuevas tecnologías. Pero, sí éstas están cambiando muchos aspectos del trabajo y de los empleos a los que acceden los trabajadores. De allí proviene el principal y real desafío para los actuales trabajadores.

De acuerdo con un reporte del Foro Económico Mundial acerca del futuro del trabajo, para el año 2025 las empresas esperan realizar numerosos cambios en la plantilla de su personal. Por un lado, un 43,2% cree que reducirán el staff actual a partir de la integración tecnológica o automatización, mientras que un 34,5% espera ampliar su fuerza laboral como resultado de una integración tecnológica más profunda. Pero estas no son las únicas modificaciones que estiman hacer; también, un 41,8% de las compañías afirmó que ampliará el uso de contratistas que realizan trabajos especializados. Entonces, a partir de la proyección de estos datos, el informe sugiere que, hacia 2025, 85 millones de empleos pueden ser desplazados por un cambio en la división del trabajo entre humanos y máquinas, mientras que pueden surgir 97 millones de nuevos roles que estén más adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos. (Sánchez Zinny.2021). Por lo tanto, el desafío pareciera apuntar a formar y preparar al trabajador a fin de garantizar el nivel más apto para poder operar o utilizar eficientemente la tecnología. También, a posibilitar la contratación de esos trabajadores preparados.

No hay duda entonces, de que el mundo de trabajo en un contexto automatizado produce un impacto directo en las clásicas categorías de trabajadores, exigiendo a su vez nuevas competencias de empleabilidad, así como en la planificación estratégica organizacional. (Rodriguez. 2019). No hay dudas tampoco, de que todo tipo de trabajo, y el tecnologizado aún más, lo pueden realizar trabajadores comprendidos en las dos categorías históricas de realizar trabajo, la dependiente y la independiente, pero también los incluidos en un espacio intermedio no totalmente dependiente o totalmente autónomo.

IV. LA REVOLUCIÓN DEL TRABAJO.

La evolución tecnológica, de hecho, es una revolución, dado que supera lo que podríamos llamar una evolución. Ello, toda vez que produce un desajuste en las instituciones que regían hasta su aparición. Desajuste de tal magnitud que provoca la ruptura definitiva del equilibrio en alguna de esas partes. Por lo tanto, la institución que sirvió para un momento histórico ya no puede funcionar normalmente en éste actual. Asimismo, las soluciones aplicables a tal situación revolucionaria del trabajo no podrán ser las mismas o éstas misma modificadas. Sino que debieran ser totalmente nuevas.

El derecho del trabajo como institución que interviene en la convivencia de la sociedad afectada al trabajo y a la producción está comprendido en tal cambio revolucionario. Como adelanté, el aluvión tecnológico ha permitido la creación un número importante de empresas vinculadas a lo que se conoce como la economía del conocimiento y con gran potencial para generar empleo. Pero, no cualquier empleo.

Se trata de empresas desarrolladoras de software, videojuegos, informática, y audiovisuales. Las empresas de “big data” que recopilan, analizan y gestión los datos que generan los usuarios de Internet, que identifican patrones u otro tipo de comportamientos que puedan ayudar a sectores concretos. También las llamadas Empresas de Investigación y Desarrollo (“I+D”) que Investigan sobre nuevos conocimientos científicos o tecnológicos, que luego serán aprovechados para la producción de nuevos materiales, productos, la puesta en marcha de nuevos procesos o sistemas, así como la mejora de los que ya existen. Empresas que en los últimos años se reconocen como I+D+i, siendo el último elemento la innovación. (López Cabia, 2016).

Estas nuevas empresas además son las que abonan remuneraciones a sus trabajadores que en general están por encima de los sueldos medios de la economía actual y por lo tanto satisfactoria. Pero que también demandan recursos humanos calificados, con capacitaciones específicas. Los nuevos empleos que generan estas empresas emplean trabajadores que posean capacitación, por ejemplo, en administración de Base de datos, de redes, y de servidores. Que demuestren habilidades como analistas SAP, de QA – Testing, en desarrollos en Golang, y .NET Framework. Entre otras especializaciones. Herramientas desconocidas para la mayoría de los trabajadores mayores de 40 años.

Un analista técnico-funcional SAP es una persona que posee una amplia experiencia implementando módulos de SAP (Software especializado) y las habilidades técnicas y funcionales requeridas están asociadas con la capacidad de configurar y ejecutar ese Software.

Similares capacidades son requeridas para realizar las actividades de Testing, que verifican que un producto software cumple los requisitos técnicos y de negocio de su diseño y desarrollo, y funciona según lo esperado; en QA que garantizan la calidad deseada en un servicio o producto software, prestando atención a cada etapa de su proceso de entrega o producción; en GO o Goland  que un lenguaje de programación de código abierto y es el lenguaje con mayor demanda laboral para el 2020; en framework que consiste en una serie de estructuras y tecnología definidas que básicamente facilita la programación; en.NET Framework, que son estructuras y tecnologías de programación orientada a las redes e internet. Para programar en .NET existen hoy en día más de 20 de lenguajes de programación. (Revista Consejo. Del Consejo de Profesional de Ciencias Económicas, 2019).

Lo cierto es que las plataformas tecnológicas están otorgando empleos y con altos niveles de remuneración.  Estas emplean 215 mil personas y se espera que el sector genere otros 200 mil puestos en los próximos años.

Ya, entre 2007 y 2017, el sector tecnológico generó 65% más empleo que en el resto de las actividades productivas y sus operaciones crecieron en el mismo período un 70% frente a un crecimiento general del 12 por ciento. Además, los salarios son un 35% más elevados que en el resto de los sectores.

Es interesante observar que de las más de 300 empresas de la industria Fintech, (del inglés financial technology) que es una industria financiera que aplica nuevas tecnologías a actividades financieras y de inversión, y que se ocupa de cualquier negocio que utilice la tecnología para mejorar o automatizar los servicios y procesos financieros, el 20% de ellas fueron creadas durante la pandemia. Emplean unas 14.728 personas entre las distintas áreas que lo integran -Pagos Digitales, Créditos, Proveedor Tecnológico, Servicios B2B, Blockchain & Cripto-Activos, Inversiones, Insurtech, Financiamiento Colectivo y Seguridad Informática. y el 52% de los empleos generados son para las áreas de Tecnología y Producto Digital. Pero, además, se proyecta que el sector aumentará un 40% su contratación e incorporará unas 5.600 personas, lo que alcanzará un total de 20.000 empleos.

Según el informe, la industria fintech viene en aumento desde 2017, marcando un 40% anual. Las áreas con más crecimiento han sido: Tecnología (40%); Producto Digital (12%); Costumer Service (10%); entre otras. En su totalidad de 14.728 puestos de trabajo generados, un 60% ocupado por varones y un 40% por mujeres. Y para diciembre 2021, también se registró un aumento de empleos en cada área de 5.683 puestos laborales. (Cámara Argentina del Fintech, 2021).

A mayor abundamiento, el ecosistema fintech local está integrado por 302 empresas, de las cuales un 20% nació en el año 2020, en plena pandemia de Covid-19. Esas empresas están agrupadas en nueve verticales de negocios: pagos digitales (82), créditos (66), proveedor tecnológico (36), servicios fintech B2B o “empresa a empresa” (34), blockchain & cripto-activos (28), inversiones (21), insurtech (seguros) (15), financiamiento colectivo (14) y seguridad informática (6). Para ese momento, el sector empleaba 14.728 personas de manera directa y proyectaba incorporar 5.683 nuevas durante este año. Algunas de las fintech argentinas más reconocibles son MercadoPago, la billetera digital y plataforma de servicios financieros de MercadoLibre. Ualá, Technysis, Nubi y Ripio son otros ejemplos. En particular, y sobre todo en la Argentina, suele referirse a proveedores no bancarios de servicios financieros con fuerte impronta tecnológica. Suponen un desafío para el modelo de negocios de los bancos y encarnan algunas de las empresas más disruptivas a nivel local. (Infobae. 2021).

Entonces, es una realidad que el panorama del trabajo que proponen las nuevas tecnologías derivó en la consecuente formación de empresas que las utilizan, y en la necesaria aparición de los trabajadores entrenados específicamente en ellas.

Situación por la cual, y como adelantara, el gran desafío surge en iniciar la inmediata capacitación de los trabajadores para su reconversión tecnológica.

Hoy, la necesidad de este nuevo tipo de trabajadores tecnológicos es inmediata. Muestra de ello es que hoy es muy frecuente que los estudiantes de carreras tecnológicas que ingresa al mercado laboral sin terminar sus estudios. En especial los estudiantes ingenierías y carreras STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics), carreras, relacionadas con las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

También es de absoluta necesidad, la posibilidad de la creación de espacios para que los nuevos trabajadores tecnológicos ya capacitados puedan insertarse en estos nuevos espacios empresariales, emprendiendo sus propias unidades productivas para estas empresas, sea en forma totalmente independiente, en forma dependiente, o en forma solo dependiente económicamente de un cliente. Tercera categoría sobre la que deba ampliar su tutela el Derecho del Trabajo, extendiendo algunos de los derechos que poseen los trabajadores dependientes, debido, precisamente a que poseen una dependencia. Si bien solo económica con quien les paga su trabajo. es una dependencia al fin. O sea, como mencionar anteriormente, se trata de ampliar no de reprimir derechos.

La situación de profundo cambio que se evidencia en la creación tanto de nuevos trabajos como de nuevos trabajadores altamente capacitados en nuevas tecnologías que los realicen, también debe incluir nuevas formas de contrataciones de esos trabajadores rompiendo con la dicotomía anacrónica de dependencia/independencia. Se debe buscar que la inserción a los nuevos mercados de trabajo de los nuevos trabajadores capacitados que se necesitan sea también realizada por medio de nuevas formas contractuales que la nueva situación reclama.

No se puede soslayar que las excesivas rigideces de las normas y el acoso fiscal son parte del sistema que obstaculiza la generación de nuevos puestos de trabajo registrados, y en definitiva, mantiene el estatus de empleo insuficiente, cuando en parte no lo es del todo. Pero también, sin dudas, la rigidez normativa que impide la ampliación del ámbito de aplicación del derecho laboral a formas menos dependientes o más autónomas de realizar trabajo están impidiendo la creación de empleo.

V. LOS CAMBIOS EN LAS FORMAS DE PRESTAR TRABAJO.

Todo cambio producido en el mundo real produce su correlato en las relaciones laborales, determinando necesarias e inmediatas nuevas formas de realizarlo y de interpretarlo.

En solo el año 2020, con la pandemia incluida, se produjeron más conocimientos técnicos y científicos que en toda la historia de la humanidad en todos los campos del conocimiento. Cambios que ya están generando nuevos empleos de calidad para quienes tengan la educación y la mentalidad adecuadas. A modo de ejemplo, podemos observar, que aquellos que hoy están en edad de trabajar, tienen que competir con personas de todo el mundo que ofrecen sus servicios a través de distintas plataformas digitales o virtuales. Situación laboral impensada hasta no hace mucho tiempo.[1]

Esta revolución del mercado del trabajo se produce por la confluencia de avances tecnológicos en campos como la inteligencia artificial, la robótica, la internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía, la computación cuántica, las ciencias de la vida y del comportamiento humano como las neurociencias. Estos nuevos conocimientos, desconocidos hasta hace poco tiempo, se construyen y potencian mutuamente en un espacio de tecnologías que se despliegan en los mundos físico, digital y biológico y, además, la velocidad con que se producen crece exponencialmente todos los días, son tan profundos, que se pude decir con seguridad que nunca existió en la historia una época con tantas posibilidades de progreso, pero a la vez, con tantos peligros potenciales.

Peligros en los que se incluye el desempleo creciente y en masa, de trabajadores con formación insuficiente como para beneficiarse con esta nueva realidad que los cambios tecnológicos proponen. Trabajadores que, en realidad, corren grave y cierto riesgo de ser desplazados de manera permanente del mercado de trabajo.

El panorama general del trabajo actual, conformando un verdadero cambio social, está uniendo disciplinas que funcionan con distintos paradigmas, y los nuevos puestos de trabajo se están desarrollando en ese ambiente. Así los biólogos necesitan de especialistas en estadística y en programación para manejar la ciencia genómica. Las empresas financieras, desde bancos hasta fondos de inversión, necesitan especialistas en informática que puedan sistematizar enormes volúmenes de datos para generar nuevas oportunidades de inversión. Las empresas, para comercializar sus productos necesitan conocer información sobre las actitudes de sus clientes, contratando a especialistas que conozcan los adelantos en las ciencias de la conducta. No hay dudas de que la actividad comercial desarrollada a través de medios electrónicos pone al descubierto modalidades nuevas de interacción entre las empresas y sus clientes o potenciales clientes, que eran inexistentes décadas atrás. Tal especificidad está impulsando el nacimiento de nuevos actores colectivos y renovados marcos de negociación.

El cambio social precede al normativo y ante tales profundos cambios, el Derecho necesitará actualizarse, y el Derecho del Trabajo en particular, como expresión de cultura social, no debe ser ajeno a ella. Pero, en su caso, no será suficiente una actualización de sus principios, sino que, en algunos de sus institutos, el cambio deberá constituir una verdadera revolución.

Lo cierto, es que la tecnología llegó para quedarse y para transformar la vida en sociedad y como parte de ella, revolucionar el ámbito del trabajo. Los cambios que se generan a nivel global, específicamente por las nuevas tecnologías como la robótica, la inteligencia artificial, el cómputo en la nube, internet de las cosas, entre otras, utilizadas que necesariamente enfrentan los paradigmas tradicionales del derecho del trabajo. (Carrasco Fernandez, 2020). La propia Organización Internacional del Trabajo intenta comprender estos desafíos sugiriendo que las normas deberán adaptarse a los nuevos elementos que se incorporan mediante los avances tecnológicos para afianzar un marco de seguridad jurídica del Trabajo. (O.I.T., 2015).

Desde el punto de vista del Derecho del Trabajo, entonces, la revolución que se viene gestando en el mundo laboral obligarán a los distintos actores a adaptarse a las nuevas mutaciones, prácticas y recursos por medio de la renovación revolucionaria de sus marcos normativos, en los que incluyo la jurisprudencia, por supuesto

Esta realidad, muestra nuevas formas de interacción entre las empresas y sus proveedores de bienes y servicios necesarios para su producción, lo que está impulsando un nuevo marco normativo que permita la generación de trabajo no ya solo dependiente o independiente. Por ejemplo, el trabajo parasubordinado, o solo económicamente dependiente, que es reconocido en países europeos, tales como Alemania, Francia, Italia y España, y surge por la insatisfacción producida por el criterio dicotómico dependencia/autonomía, pues éste deja sin tutela a aquellos trabajadores que no son ni el uno ni el otro.

En nuestro país, el trabajo independiente o totalmente autónomo está regulado por medio contratos civiles o comerciales y por las normas impositivas y profesionales del trabajador profesional autónomo. Categoría laboral a la que no acceden la mayoría de los trabajadores que no realizan una tarea profesional independiente.

Por otro lado, hoy son cada vez más los trabajadores subordinados que tienen un contrato por tiempo indeterminado que dure toda su vida laboral; a los que se suman los trabajadores que a lo largo de sus vidas se trasladan de una categoría a otra de trabajo.

Entonces, es una realidad que existe un sector de trabajadores que acceden a puestos de trabajo no totalmente dependientes o subordinados. Trabajadores a los que se está dejando sin protección a pesar de que por sus características y sus debilidades debería contar con una extensión de protección laboral.

Como una nueva categoría jurídica, distinta entre el trabajador autónomo y el subordinado, al trabajador parasubordinado o económica mente dependiente, se le reconoce mediante ciertos requisitos, una situación de dependencia económica frente a un sólo mandante también llamado cliente. Situación que justifica el reconocimiento de algunos derechos sociales y hasta sindicales.

Entiendo que los nuevos cambios en el mercado de trabajo y en sus consecuentes nuevas y necesarias relaciones laborales, lejos de constituir el fin del Derecho del Trabajo actual, conforman su subsistencia y la preponderancia de la subordinación como factor determinante de su tutela, siempre y cuando incorpore una gran dosis de flexibilización en su regulación.

El Derecho en general, y el Derecho del Trabajo en particular, deben mantenerse como medio tendiente a otorgar las herramientas que permitan lograr un avance de la vida en sociedad y garantizar la dignidad de los individuos que la componen.

En realidad, dicha obligación de esta rama de derecho se encuentra superada. “La reforma laboral ya está hecha, la economía no genera el trabajo de calidad que queremos” afirmó Álvarez Agis en el Coloquio de IDEA 2022, desestimando la idea de una reforma laboral tradicional y apuntando a reducir la incertidumbre a la hora de contratar respecto a la litigiosidad y alto costo, adaptar convenios colectivos y un esquema de migración desde planes sociales a empleo formal. (Boetner, 2022).

VI. CONCLUSIONES.

La regulación del trabajo no ha sido concebida para un panorama laboral de transformación digital continua. Por lo que los cambios requieren no solo de una reelaboración de la ordenación jurídica del trabajo, sino también, y tal vez aún más importante y significativo, de una redefinición de conceptos jurídicos adaptados al nuevo contexto digital ampliando su tutela a otras formas de realizar trabajo fuera de la dicotomía dependiente/independiente.

El Derecho del Trabajo se ve, tal vez, más que nunca, en la necesidad de ampliar los alcances de su esfera protectora a las nuevas formas de trabajo cuyos contornos no encuadran necesariamente con los límites tradicionales. Entre ellos, los de reconocer su tutela también al trabajador no totalmente autónomo al que se le puedan extender ciertas tutelas laborales y beneficios sociales que estarían justificadas por su dependencia económica respecto de quien presta trabajo.

Los temores de que la automatización por efecto de la tecnología genere un desempleo masivo se remontan al siglo XIX, pero nunca se ha materializado del todo, desde el inicio de la revolución industrial, para cada empleo que se perdía debido a una maquina se creó al menos uno nuevo. Sin embargo, hay buenas razones para pensar que hoy es diferente y que la aplicación tecnológica a los procesos productivos y formas de ejercer trabajo conlleva un cambio real en las reglas del juego. Si bien es improbable que la IA y la robótica acaben con industrias enteras, los empleos que requieran especialización en una estrecha gama de actividades rutinizadas se automatizarán, y será mucho más difícil sustituir a los humanos por máquinas en tareas menos rutinarias que exijan el uso simultáneo de un amplio espectro de habilidades, y que impliquen tener que afrontar situaciones imprevistas.

A la larga ningún puesto de trabajo se librará por completo de la automatización, y la pérdida de muchos puestos de trabajo en todos los ámbitos se verá compensada en parte por la creación de nuevos empleos humanos dentro de este nuevo espectro tecnológico, los que exigirán un gran nivel de pericia y, por tanto. (Harari, 2021).

Además, respecto a la forma de realizar trabajo, ya en la actualidad, muchos empleos nuevos en economías avanzadas implican trabajo temporal no protegido, trabajadores autónomos y trabajo ocasional, todos como formas habituales de trabajo.

En concreto, ante la posibilidad un porcentaje significativo de la humanidad que no esté preparada y resulte expulsada del mercado laboral, se deben buscar nuevos modelos para las sociedades, las economías y las políticas de este tiempo.

El primer paso es reconocer con honestidad que los modelos sociales, económicos y políticos que hemos heredado del pasado son inadecuados para afrontar este reto. Luego, asumir que los nuevos modelos debieran guiarse por el principio de proteger a los humanos y no a los empleos. Centrándonos es en satisfacer las necesidades básicas de la gente y en proteger su nivel social y su autoestima. (Harari, 2021).

Lo que nos interpela es que “Desde la perspectiva del trabajo vamos a seguir viendo modificaciones aceleradas, no sabemos qué ni cómo, ya que la tecnología está creándose. No estamos viendo el final, sino el principio. Los cambios van a ser cada vez más acelerados… Eso coexistirá en cada industria en la que trabajemos” (Infobae.com. 2022. “Conclusiones de Simposio de INECO”).

Lo único que no cambia es el cambio. Y como en la vida en general, y tal vez como nunca antes, … “Debemos estar dispuestos a deshacernos de la vida que hemos planeado con el fin realizar la vida que nos espera”. (Joseph Campbell, 2001)

Daniel Olguin.

 

 

 

Referencias:
Adeva, Roberto. (2021). “Todo lo que debes saber sobre la impresión 3D y sus utilidades”. https://www.adslzone.net/reportajes/tecnologia/impresion-3d/
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Boettner, Mariano.”La estrategia que presentaron los empresarios en el Coloquio de IDEA como alternativa a una reforma laboral”. 13 de octubre de 2022. 58° Coloquio de IDEA. INFOBAE.com. Dirección URL del artículo: https://www.infobae.com/economia/2022/10/13/los-empresarios-ya-no-hablan-de-reforma-laboral-estrategia-propia-de-tres-pasos-y-apoyo-a-que-los-planes-sociales-pasen-a-ser-empleo-privado/
Cámara Argentina de Fintech presentó un informe sobre la evolución del empleo en el ecosistema en 2021. “Cinco mil nuevos puestos aportará el sistema Fintech”. Mercado, 20 mayo, 2021. Dirección URL del artículo: https://mercado.com.ar/tecnologia/cinco-mil-nuevos-puestos-aportara-el-sistema-fintech/
Campbell, Joseph. “Reflexiones sobre la vida”. Ed Emecé, Bs. As. 2001.
Carrasco Fernández, Felipe Miguel. 2020. “El derecho del trabajo en la posmodernidad”. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla. Dirección URL del artículo: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=293264642001
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CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). Dirección URL: https://www.cippec.org/textual/los-regimenes-laborales-en-el-estado-varian-por-organismo-y-naturaleza-juridica-de-cada-programa-o-contrato/
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INDEC. “Trabajo e ingresos, Vol. 4, n°7. Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH). Tercer trimestre de 2020”. Dirección URL: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_3trim20E927D146A5.pdf. Citado por Sánchez Arnau, Juan Carlos (2021). “Argentina 2021: menos trabajo y menos trabajadores”. Infobae. (25     de abril de 2021). Dirección URL:  https://www.infobae.com/opinion/2021/04/25/argentina-2021-menos-trabajo-y-menos-trabajadores/.
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Kaplana Andreas y Haenleinb Michael. (2018). “Siri, Siri, in my hand: Who’s the fairest in the land? On the interpretations, illustrations, and implications of artificial intelligence”. Executive Digest. Dirección URL del artículo: https://doi.org/10.1016/j.bushor.2018.08.004https://web.archive.org/web/20181121191205/https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0007681318301393. Citado por Almonacid Sierra, Juan Jorge y Coronel Ávila, Yeisson (2020). “Aplicabilidad de la inteligencia artificial y la tecnología blockchain en el derecho contractual privado”. Publicado en: Revista de Derecho Privado. Universidad Externado de Colombia. n.º 38, 119-142.
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Rifkin, Jeremy. (2004). “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”. Ed. Paidos.
[1] En el trabajo desarrollado mediante plataformas digitales se distinguen habitualmente, el trabajo “bajo demanda” y el “crowdwork”. El primero, se refiere a los casos en los que la plataforma ofrece a sus usuarios un servicio (como el reparto de comida a domicilio) que después es realizado por una persona próximo al usuario. El segundo, en cambio, es la puesta a disposición de una actividad desde una plataforma (como podría ser el servicio de traducción de textos) que puede desarrollar una persona pero que podrá encontrarse en cualquier parte del mundo. Y ya a sea el crowdwork o el trabajo “bajo demanda” via apps, los dos permiten externalizar una actividad que será desarrollada por un individuo particular, sin pertenecer a una organización empresarial, y constituirse el nuevo trabajador, en un trabajador outsourcing. (Alessi, Barbera y Guaglianone, 2019).
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Mi Anam Cara Martita.

Uno de los anhelos más profundos del ser humano es el de ser visto. Y es nuestro Amigo del Alma, o según la cultura Celta, nuestro “Anam Cara”, el espejo más fiel en el que podemos reflejarnos. Sólo la integridad y la claridad de esa amistad verdadera dibuja el contorno real de nuestro espíritu.

“Anam Cara” significa alma gemela, amigo espiritual e íntimo, enmarcado por la creencia Celta espiritual de que hay almas en constante conexión y unión, que fluyen juntas. Esta “simbiosis” significa un acto de reconocimiento y pertenencia que trasciende las convenciones establecidas por los seres humanos (como la moral) y las categorías definidas en la sociedad para cualquier tipo de relación entre dos personas. Uno está unido de manera remota y eterna con el “Anam Cara” y ese nexo despierta y fomenta una complicidad profunda y especial entre ambos que transforma su vínculo de unión en indisoluble.

Mi relación con mi Anam Cara Martita, además, tiene una particularidad. Como gran educadora, la forma de relacionarnos siempre incluye de mi parte tener que realizar la tarea de comprender qué es lo que me está enseñando.

Cuál es la lección que debo aprender con cada extensa conversación telefónica; con cada saludo cortito de chat; con cada reflexión escrita en cualquier tipo y forma de papel con también cualquier tipo de medio de escritura; con cada libro que me cede de los suyos o de los que me compra, expresamente con la  indicación de hacerle luego un comentario de ellos; con cada cosa que me envía y acumulo, desde piedras de distintos lugares y llenas de energía -SIC-, hasta lapiceras antiguas que no funcionan, pero funcionaron  alguna vez -SIC-, pasando por cucharas, láminas con maravillosas imágenes o poesías impresionantes, fotos, mensajes, hojas secas… etc, etc, etc,.

Las lecciones de Martita son muchas, porque cada ocasión, cada elemento material, cada palabra, cada mirada… tiene un sentido y una dirección. Pero, estoy seguro de que todas me están siempre indicando, básica y a la vez profundamente, lo mismo:  QUE CADA INSTANTE VALE PARA SER VIVIDO Y COMPARTIDO CON QUIENES AMAMOS. Y QUE EL MOMENTO PARA HACERLO ES AHORA.

¡Gracias MARTITA!… te prometo que para la próxima “clase” tendré hecha la tarea…. o casi.

DO.

 

Fuente:
John O´Donohue – Anam Cara “El libro de la sabiduría celta. http://annlovereiki.blogspot.com.ar
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PRIMER PUESTO UMAI UX Challenge 2022.*

Ganar la competencia de diseño UX, una disciplina en constante crecimiento por su impacto global, con enfoque en encontrar soluciones digitales a problemas de la vida cotidiana de las personas, seguramente no fue SUERTE, sino PREPARACIÓN MAS OPORTUNIDAD, y comenzó con la INTENCIÓN de participar.

Generalmente, aquellas personas que consideramos exitosas parecieran haber tenido suerte. Pero, en realidad, ellos no hicieron elecciones al azar, sino que eligieron trabajar, estudiar, practicar, e intentar, y seguramente, el éxito u objetivo logrado por esas personas siempre está relacionado con la preparación para hacer algo y la perseverancia en mantener la intención de lograrlo.

Por ello, deberíamos estar conscientes de que cuando decimos que hemos tenido mucha suerte, podemos estar ocultando las elecciones y los intentos que hicimos en un determinado momento y sentido. También el trabajo que realizamos y las ganas de salir adelante.

Todo comienza con prepararse para algo y de hacerlo. La intención es la fuerza que hay detrás de todo. Y la buena noticia es que siempre se puede intentar algo. Si verdaderamente lo deseamos, siempre estaremos a tiempo de reflexionar sobre nuestros pasos a seguir e intentar algo. Y, además de volver a hacerlo. Intentar, además, de por sí, es una tarea fecunda, ya que en tanto se intenta, siempre se puede aprender algo nuevo de ello.

Debiéramos dedicar tiempo y trabajo para aprender a manejar la poderosa energía ínsita en la intención. En el momento que tenemos la intención por algo, estamos creándolo. Es instantáneo y es también totalmente perceptible a nivel sensorial. Es un sentimiento a flor de piel que se puede percibir también como un viento en nuestras espaldas que nos empuja hacia el lugar indicado.

Es entonces absolutamente necesario que nos detengamos a tomar plena consciencia de ese poder de hacer y de cambiar las cosas.

Comencemos aceptando que el poder de la intención está los pensamientos que elegimos pensar hoy. Ahora.

¡Piensa bien, que saldrá bien!

DO.

 

* La Escuela de Multimedia de la Universidad Maimónides, UMAI – Escuela multimedia (maimonides.edu), es pionera en la formación universitaria en el ámbito digital y continúa comprometida con el impulso de las industrias creativas.

 

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El para qué … no el por qué.

“Las tragedias de la vida deben ser vistas como lo que son en realidad, parte del sistema cósmico de desafío y esfuerzo, que nos permite alcanzar los niveles más altos de felicidad y bondad” *

La vida nos toma examen cuando nos pone frente a una situación inesperada. Y sólo sabemos que materia o tema debemos rendir cuando podemos respondernos “¿Qué me quiere enseñar lo que me está sucediendo?”; ¿Que debo aprender de esta situación?

Y habremos comenzado a superar el examen e ingresar a un nivel superior de nuestra existencia, cuando comenzamos a encontrar la respuesta al ¿Para qué?, y no el ¿por qué?

Mi hijo menor Manuel a los 8 años de edad sufrió un inesperado accidente casero. En la ciudad de Resistencia a la que habíamos viajado para recibir la Navidad con gran parte de nuestra familia que reside en esa ciudad, disfrutando plenamente de jugar con una adorable primita menor que él y seguramente llevado por su normal gran imaginación y habitual descuido de la realidad que lo rodea cuando juega, traspasó totalmente una puerta ventana de más de dos metros de alto y otro tanto de ancho.

Desde ese momento Manuel además de las múltiples heridas en distintas parte de su cuerpo y el seguro dolor que le provocaban, debió soportar la visión de los cortes; la tensión de los primeros auxilios que pudimos realizarle con su madre; el viaje desesperado y casi a ciegas en búsqueda de un hospital para su atención, que incluyó la atención primaria y básica en un hospital para adultos, y un  segundo traslado a un hospital pediátrico y por lo tanto más adecuado; las distintas atenciones médicas en las seis horas de espera para ser intervenido quirúrgicamente; la propia intervención de dos horas y media; el traslado a Buenos Aires en silla de ruedas; las atenciones posteriores en el Hospital pediátrico de la ciudad.

Y todo eso sin quejarse desde los primeros momentos. Sin desesperarse. Atendiendo a las indicaciones. Pidiendo permiso para dormir tal vez para intentar que el tiempo pasara y las soluciones aparecieran. Preguntando sus dudas, tanto a nosotros como a los médicos y asistentes que se le acercaban. Su única inquietud manifestada fue que “si pudiese volver el tiempo para atrás no chocaría contra el ventanal.  Prefería ir a la colonia que estar lastimado en verano”.

Por mi lado, desde que mi actuación personal en la atención de Manuel pasó a ser la de un espectador atento a lo que sucedía, y acompañante inseparable de mi hijo, sólo intenté buscar intensamente que podía estar enseñándome todo lo que estaba sucediendo. ¡Cuál era la lección que debía aprender!

Seguramente aparecerán más claros los “Para qué” según vayamos pasando los días y la recuperación de Manuel, pero escribo desordenadamente estas líneas reconociendo que tal vez estas primeras impresiones surgen de mi corazón, y que por lo tanto deben ser recordadas por mí, por siempre.

Ver a mi hijo en la situación más dura de su joven vida. Ver lo que le sucedía. Ver los daños de su cuerpo en el preciso instante en que estaba pasando, sirvió para que en ningún instante de mi vida olvide lo frágil que somos y que cada instante vale para ser vivido y compartido con quienes amamos. Y que el momento para hacerlo es ahora. También que no pude salvarlo de sus heridas, pero sí pude ayudarlo, cuidarlo, y estar a su lado cuando más me necesitó. Y que esa es sí es mi función y no otra, mi tarea de por vida como su padre.

Asimismo, la actitud de un niño de 8 años de edad y lo que puede soportar en la adversidad sirvió para que revalorice más adecuadamente el significado de Valor personal, Valentía, Coraje, Manejo del miedo, o como se llame a lidiar con el dolor y la desesperación.

El entorno de familiares que desde el primer momento y de diversas formas acudió en auxilio de Manuel y nuestro, sirvió para recordar que debo ubicar definitiva y permanentemente en el lugar que se merece, en la escala de valores de mi vida, a la Familia. Y tener presente siempre su valor insuperable e insustituible en momentos de angustia y tensión.

Y la sucesión de personas desconocidas (en apariencia), que fueron apareciendo y aportando su parte para ayudarnos seguramente sirvió para que siga confiando, aún más profundamente, en nosotros los seres humanos.

Daniel Oscar Olguin.

*MENAJEM MENDEL SCHNEERSON.  EL REBE.

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Libertad de elegir aun en nuestro mundo digital de cada día.

Las personas siempre hacemos lo que queremos hacer, seamos o no conscientes de ello. Si somos conscientes de nuestros gustos, deseos y preferencias, nos podremos dar cuenta de que hemos sido nosotros quienes hemos escogido momento a momento – el curso que ha seguido el devenir de nuestros aprendizajes y también errores. (Maturana – Dávila, 2008)

Consciente o inconscientemente siempre estamos eligiendo. No elegir, es también efectuar una elección, elegir no elegir. Lo cierto es que, como seres humanos, siempre somos capaces de tomar decisiones que dirigen el rumbo de nuestra vida, y que crea la vida que vivimos. Así, en cada momento de nuestro vivir tenemos la posibilidad de generar nuevas actualidades.

Ahora bien, nuestra libertad para elegir autónomamente está siendo influenciada en el mundo digital que nos orienta hacia determinadas decisiones. Pareciera que somos libres de nuestras elecciones, pero, es muy posible que muchas de nuestras cotidianas elecciones hayan sido influenciadas digitalmente. Cuando usamos las redes sociales o buscamos alguna información en el mundo digital, en realidad estamos permitiendo que se conozcan nuestras preferencias y deseos, posibilitando que alguien más que nosotros se apodere de nuestra capacidad de decidir y hasta decida por nosotros.

Es cierto, que el mundo digital y las redes nos facilitan la vida de muchas formas, pero hay un precio que estamos pagando por ello, y sin darnos cuenta. La información que estamos cediendo no solo les sirve a las empresas tecnológicas para mejorar el servicio que nos entregan, también es información que vuelve, luego, en forma de anuncios, noticias, señales, indicaciones que pueden, y muchas veces logran, influenciar nuestras decisiones.

No se trata, estimo, de vivir sin las redes y la digitalización que nos rodea y de la cual nos valemos para mejorar nuestra cotidianeidad. Sino de estar dispuestos a reflexionar sobre el modo de vivir que estamos llevando, y sobre hacia dónde pueden estar llevándome nuestras decisiones inconscientes e influenciadas digitalmente.

Siempre, entre el estímulo y la respuesta hay un espacio; y en ese espacio reside nuestra libertad y nuestra facultad para elegir la respuesta. Si lo queremos, podemos de elegir la respuesta adecuada y que nos es más conveniente. Claro, se requerirá consciencia, atención y reflexión.

Creo que, especialmente cuando interactuamos digitalmente de la forma que sea, y a pesar de la andanada de información que recibimos, debemos no olvidar cual es el mundo que queremos conservar, que no deseamos dejar ir o cambiar o dejar de intentar alcanzar. Y, elegir en tal sentido.

Piensa bien y saldrá bien.

D.O.

 

Referencias:

Paulo Henríquez Munita “¿Cómo salvar nuestra autonomía de elección en el mundo digital?” Matríztica, 03 Mar 20210. http://comunidad.matriztica.org/?p=22445

Maturana Humberto, Dávila Ximena, por David Alcántara. “Habitar Humano en seis ensayos de biología cultural”. 2008. Síntesis. Ed.: J.C. Sáez Editor. Santiago. Chile.

 

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