La falta de empleo y la falta de acceso a un salario satisfactorio. Efectos de la automatización del trabajo.

En los años setenta, Vázquez Vialard sostenía que el trabajo como factor de participación en la renta ya no era suficiente para lograr los niveles de satisfacción básica de los empleados.

Afirmó ese autor en tal sentido que, “El hombre no tiene oportunidad de ser feliz si la participación no suscita en él la convicción de formar parte de algo que lo eleve al nivel del ser, no solo al de tener. De lo contrario no alcanza más que a meras satisfacciones aparentes con las que no se consigue abarcar toda la realidad del ser humano.” (Vázquez Vialard, 1979, p. 247).

También diagnosticó que, “En un mundo que plantea como una necesidad vital una reconvención constante a fin de adoptar los progresos de la técnica y los cambios, si bien no es aceptable que el costo de desplazamiento lo sufran, en forma exclusiva los trabajadores, tampoco tiene lógica ese aferrarse a empleos determinados, cuando la seguridad debe darla la economía global y no la empresa.” (Vázquez Vialard, 1979, p. 271).

Hoy, a más de cincuenta años de aquellas afirmaciones, en nuestro país, existen millones de marginados de la actividad productiva, además de una creciente masa de trabajadores desocupados permanentes. Pero, asimismo, hay una gran mayoría de los trabajadores que, aun conservando sus empleos, no alcanzan niveles aceptables de satisfacción por el resultado económico de su trabajo.

Según el INDEC en su Informe sobre el Mercado de Trabajo de diciembre de 2020, hoy hay menos trabajadores de los que había en 2015. Agudizándose el problema entre las personas jóvenes y las mujeres. Entre los varones de 14 a 29 años la tasa de desocupación es del 19% y entre las mujeres de la misma edad, del 26%. Asimismo, entre el conjunto de los desocupados, aquellos que hace más de seis meses que buscan trabajo, llegaron al 53,8% y aquellos que llevan entre 6 y 12 meses de búsqueda infructuosa, son el 27,1% del total, el valor más alto de la serie desde que se publica dicho índice y dos veces más alto que el registrado a fines de 2019. En síntesis, uno de cada cinco trabajadores formales no tiene los medios suficientes para vivir en forma digna. Los microdatos del INDEC del IV trimestre de 2020 reflejan que un tercio de las personas ocupadas entra en la categoría de pobreza para las estadísticas oficiales. Situación que, de cara a lo que va de 2021, podría empeorar aún más por efecto de la inflación. (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INDEC], 2020. Trabajo e ingresos, Vol. 4, n°7. Como se citó en Sánchez Arnau, 2021).

A su vez el informe técnico del INDEC Volumen 5 Nº 61 (último trimestre 2020) dice: “El ingreso promedio per cápita del total de la población, que corresponde a 28.739.630 personas, alcanzó los $19.524, mientras que la mediana del ingreso per cápita fue de $14.357 (cuadro 1).” (Como se citó en Rizzi, 2021)

Debe observarse que, a partir del 1° octubre de 2020, el Salario Mínimo Vital y Móvil -establecido por el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social-   como la menor remuneración que debe percibir el trabajador en su jornada legal de trabajo, asegurando alimentación, vivienda, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento y previsión- pasaba a ser de 18.900 pesos por mes para todos los trabajadores mensualizados que cumplen la jornada legal completa de trabajo; llegando a diciembre de 2020 a 20,587.50 pesos.

Todos estos datos no solo indican que el trabajo dependiente no ha alcanzado a elevar los niveles de satisfacción del ser humano trabajador que señalaba Vázquez Vialard ya en los años setenta, sino que, además, arrojan la realidad de que hoy, el empleo no es una garantía de evitar la pobreza en la Argentina.

La gran mayoría de aquellos trabajadores que mantienen sus empleos, viven resguardados en un contrato de trabajo, que sumado a que éste no satisfaga sus expectativas de desarrollo o directamente los mantenga inmersos en la pobreza, el contrato es de futuro incierto, toda vez que la estabilidad de esos empleos no existe. Aun aquellos que creen resguardados en sus empleos públicos, padecen el hecho de que su empleador, aunque sea el Estado, no logra cubrir sus gastos básicos de funcionamiento, y que además utiliza formas de contratación laboral que ya no otorgan la supuesta estabilidad del empleo público. (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento [CIPPEC], 2018).

Inestabilidad laboral que, además, se ha tornado uno de los estresores psicosociales más relevantes en las últimas décadas y que genera malestar y sufrimiento en los trabajadores. Inestabilidad laboral y el malestar que la misma genera producen altos niveles de tensión psicológica en los trabajadores.  (Leibovich de Figueroa, Schufer, Maglio, Schmidt, Injoque Ricle, Minichiello, Marconi, Gonzalez, Aranda Coria, y Cuenya, 2007)

Como sea, los niveles de empleo dependiente son cada vez menos como resultado de políticas económicas que generan elevados déficits fiscales que, a su vez, exigen políticas impositivas que desalientan la inversión y son fuente de enormes costos que impiden la creación de puestos de trabajo. También por la aplicación de políticas laborales que desalientan la creación de empleo. Sumado asimismo el hecho de la marginalidad a la que se expone a una masa cada vez más creciente de trabajadores sin capacitación suficiente para nuevos empleos ligados a las también nuevas tecnologías.

Se observa que no se trata de una simple exclusión por falta de trabajo; sino de una exclusión definitiva por tratarse de trabajadores “genéricos”, sin capacidad de reprogramarse o actualizarse cuando lo exigen los cambios del nuevo proceso de producción como los define Castells. Los excluidos de este fenómeno de “globalización” son, realmente descartados sociales. No los necesita el sistema productivo y para la sociedad parecen resultar tan molestos, que se prefiere no reconocer su existencia. Por eso, no tienen visibilidad social. (Castells, 2020).

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

 

 

Referencias:
CASTELLS M. (1998). La Era de la Globalización: Economía, Sociedad y Cultura, Alianza  Editorial, Madrid 1998, citado por Donini, Antonio O., en Globalización y Políticas Sociales en el Mercosur – CIAS- Ano XLVIII – N 488, pág. 521-526. Citado en “El necesario camino a la integración en el marco del desempleo”. Por Alberto Chartzman Birenbaum. Publicado el 18/12/2020. En elDial.com – DC2D2A
CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). https://www.cippec.org/textual/los-regimenes-laborales-en-el-estado-varian-por-organismo-y-naturaleza-juridica-de-cada-programa-o-contrato/
Leibovich de Figueroa, N.; Schufer, M.; Maglio, A.L.; Schmidt, V.; Injoque Ricle, I; Minichiello, C.; Marconi, A.; Gonzalez, A.; Aranda Coria, E.; y Cuenya, L.. (2007), “El malestar por inestabilidad laboral y su relación con tensión y recursos personales.” PSICOLOGÍA DEL TRABAJO. Anuario. Volumen 14. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S185116862007000100006&lang=es
Rizzi, Luis Alejandro (2021). “El riesgo empresario y el derecho laboral”. elDial.com – DC2E01.
Sánchez Arnau, Juan Carlos (2021). “Argentina 2021: menos trabajo y menos trabajadores”. Infobae. (25     de abril de 2021). https://www.infobae.com/opinion/2021/04/25/argentina-2021-menos-trabajo-y-menos-trabajadores/. Refiere informe del INDEC. “Trabajo e ingresos, Vol. 4, n°7. Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH). Tercer trimestre de 2020” https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_3trim20E927D146A5.pdf.
Vázquez Vialard Antonio L.R. (1979). “El Trabajo Humano”. EUDEBA. 2da. Ed.

 

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