La legitimidad de la gestión y la duración del mandato.

La periodicidad de los mandatos de gobierno debiera ponderarse a la luz de la legitimidad de la gestión.

La actividad política consiste en una conversación de ideas orientada a solucionar los problemas de las personas. A su vez, la República es una forma de organización del Estado donde el ejercicio del gobierno recae sobre personas elegidas mediante voto popular, por periodos de tiempo limitados. La democracia, en tanto, es el sistema político que atribuye a la ciudadanía el poder de decidir a través del nombramiento de personas elegidas para que los representen.

Hoy la política ha dejado de tener la prioridad de solucionar los problemas de los ciudadanos, pero, además, la representación, que consistía en que el verdadero gobierno radicaba en la ciudadanía, ya no existe.

Pero, además, en la medida que avanza la gestión de quienes fueron elegidos, precisamente por su deshonestidad, y por el dolor que generan, la ciudadanía se siente defraudada, traicionada, perdiendo la confianza en quienes eligieron para representarlos.

En consecuencia, los políticos pierden su “legitimidad” para el ejercicio de su función. En concreto, la duración del periodo respectivo o “mandato” político de quienes fueron elegidos no se condice con la “legitimidad” necesaria para el ejercicio de su función en tal período.

En cambio, lo que sí se ha legitimado es la protesta y los medios de ejercerla. La ciudadanía está desobedeciendo a quienes eligieron para que se los represente, sea obstruyendo u oponiéndose. Las consecuencias de tal falta de orden, se terminan convirtiendo en ausencia de justicia, y también y definitivamente en falta de libertad.

Hoy, más que nunca antes, la “legitimidad” debe ser la clave del sistema político representativo, y la periodicidad de los mandatos debería ponderarse a la luz de ella, más allá de lo períodos determinados para ejercer el cargo y de las elecciones programadas.

Piensa bien y saldrá bien.

DO.

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