EL RUGBY NO ES “EL PROBLEMA”.

Expresar odio por medio de tuits fundado en una supuesta superioridad sobre los otros es grave, pero tampoco, en este caso es “EL PROBLEMA”.

No apoyo ninguna idea que sugiera que el comportamiento humano, sea cual fuere su origen, no puede ser modificado. Y pienso, que lo que refleja el mayor nivel de aprendizaje posible de un ser humano es el alcanzar la aptitud de ejercer sus derechos a equivocarse y a cambiar de opinión.  En definitiva, para moverse en un espacio de respeto a los demás y mejorar como persona, se necesita no ser dueño de la verdad, y para no ser dueño de la verdad se necesita poder cambiar de opinión.

Creo, por lo tanto, que los ahora jugadores de la selección nacional de rugby tenían derecho a equivocarse, y que, precisamente por ello, porque pudieron equivocarse, también creo que pudieron observar los errores cometidos y, en consecuencia corregirlos, aceptando que no eran dueños de la verdad,  y cambiando de opinión.

No poseo justificativos de estos jugadores que continúan pensando y actuando como lo hacían. Creo en sus disculpas y en que cambiaron de opinión para mejorar como personas.

Pero pienso distinto sobre los dirigentes.

Porque según las medidas tomadas respecto de todo lo sucedido desde el segundo partido con los Old Blacks, es evidente que aun siguen practicando un elitismo lastimoso, considerándose dueños de la verdad y que no han cambiado.

Pero, fundamentalmente, porque “EL PROBLEMA” real esta directamente relacionado con que tales reprobables conductas pudieran haber sido convalidadas de alguna forma por los distintos cuerpos técnicos, y autoridades que convivieron con estos jugadores durante su carrera deportiva, especialmente en su niñez y adolescencia. Dirigentes que en el mejor de los casos, si aceptaran su desconocimiento sobre los hechos estarían convalidando su ineptitud como tales.

Es claro que los niños se transforman creciendo junto a los mayores con quienes conviven, y de de muchas formas terminan pareciéndose a ellos porque su presencia y autoridad los inspira. O diferenciándose, porque nos les gusta y no respetan el vivir que esos mayores viven. Tal vez esto último haya influido en la decisión de cambio de los jugadores de la selección.

Como sea, es suficiente razón para observar detenidamente las conductas de los que están dados a influir en los niños y adolescentes que practican el deporte.

Los muchos verdaderos entrenadores y conductores del rugby merecen ser validados y diferenciados por su positividad y contribución a la transformación de los niños y jóvenes a su cargo en personas adultas de bien.

¡Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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