Sobre la necesidad de volver a la escolaridad.

La educación es un proceso de transformación humana en la convivencia en el que la transformación de la niña o niño en ser humano no solo estará fuertemente orientada por la manera de vivir de las personas con quienes interactúe, sino que el tipo de ser humano que llegará a ser tendrá que ver con el espacio de relación y de convivencia con educadores y compañeros.

La escolaridad no está conformada solamente con los mejores conocimientos exactos que sea posible entregarles a los alumnos. Sino que incluye también guiarlos en el desarrollo de capacidades creativas, de análisis, de adaptación a los cambios, y fundamentalmente, de la capacidad de relacionarse con los demás gestionando sus emociones, regulando sus impulsos, solucionando los conflictos por vía no violentas, reconociendo y respetando la semejanza esencial de los humanos más allá de nuestras diferencias. Tareas que surgen en y por la convivencia con sus educadores y compañeros en el espacio del aula.

Resulta entonces imperioso establecer las medidas necesarias para ayudar a los niños y niñas a reiniciar su escolaridad en forma cuidada pero inmediata. Y no solo de aquellos que durante la emergencia sanitaria no pudieron continuar sus estudios de alguna forma durante el cierre de la institución educativa a la que asistían, sino de todos. Ya que las niñas y niños en su totalidad se han visto privados de continuar con su normal desarrollo como seres humanos.

Mientras se mantenga a las niñas y niños alejados totalmente del espacio de convivencia escolar estamos impidiendo, ni más ni menos, la dinámica de llegar a ser un ser humano responsable, socialmente consciente, que se respeta a sí mismo, capaz de reflexionar sobre cualquier cosa.

Pero, además, estamos siendo totalmente irresponsables. Todos,  estamos nadando en una marea cuyo punto más alto de desarrollo aún no hemos visto ni podemos imaginar, pero que se nos acerca en forma de un Tsunami. Los adultos, tenemos la opción de salir a buscarla para flotar en su superficie, o dejar que ésta nos arrastre y ahogue cuando llegue a nuestras costas de aparente seguridad. Las niñas y niños a los que pretendemos educar para que estén preparados a surfear en esa y otras graves circunstancia, en cambio, no tienen opciones. Ellos dependen de lo que hoy hagamos al respecto.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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