EL Coronavirus y nuestra propia Epidemia.

“… en situaciones extremas como las que estamos viviendo no podemos evitar ser víctimas del mayor de los flagelos que desde siempre nos aqueja como sociedad. Un mal que se suma al tema del coronavirus y lo complica todo: los pelotudos.”

Por Alejandro Borensztein. Publicado el 14/03/2020 en Diario Clarín.  https://www.clarin.com/opinion/coronavirus-pelotudos_0_fUhAqW05.html.

 

Dice Borensztein: “Estamos hablando, por ejemplo, de los pelotudos que aún en estos días salen de un baño público sin lavarse las manos o los pelotudos que te hablan encima de la comida en los bares y restaurantes o los pelotudos que salen a la calle con fiebre o los pelotudos que van a laburar con tos o los pelotudos que mandan a sus hijos al colegio con mocos o los pelotudos que vuelven de sus viajes y se van al casino, como el pelotudo ese de Córdoba que lo tuvo que sacar la policía de las orejas, por pelotudo… los pelotudos que cuando te los cruzás te siguen abrazando fuerte como si fueras un hermano que no ve hace años. Pero también están los pelotudos que no sólo te abrazan, sino que primero te chocan la mano, te besan y te hablan con entusiasmo a 30 centímetros de distancia para no errar ningún microbio.”

Evidentemente que la lista se amplía momento a momento conforme van surgiendo mayores restricciones y por lo tanto mayores obligaciones respecto de esto de cuidarnos entre todos y disminuir al máximo posible el contacto con los demás para no contagiarnos y contagiar un virus que sabido es, no tiene a la fecha otra forma de disminuir su presencia y la mortalidad que produce en los seres humanos.

Nuestro país sufre un desarrollo sostenido de pelotudos hace muchas décadas. Pero, en realidad, la pelotudez es uno de los modos de vivir relacionándonos unos con otros. Así, los pelotudos viven una propia cultura en el estilo de pensar, de relacionarse, de sentir, en la que la pelotudez surge naturalmente configurando un modo de convivir en el que las conductas pelotudas se viven como algo natural y que son invisibles para los propios pelotudos que las llevan a cabo.

Es por ello por lo que un pelotudo no puede reflexionar sobre sus actos pelotudos dentro de su propia cultura e intentar comenzar a cambiar su pelotudo modo de relacionarse. En cualquier cultura sólo surgen reflexiones propias de esa cultura y, por lo tanto, surgen sólo explicaciones que la justifican, y la cultura de pelotudos no es la excepción.

Pero nuestro verdadero problema es la dificultad que tenemos para cambiar esa cultura y comenzar a vivir relacionándonos en un espacio de convivencia en el que la pelotudez de no importarme el otro, no surja como el modo natural de convivir.

Tal vez sean las graves actuales circunstancias las que nos permitan comenzar a apuntar definitivamente hacia una nueva cultura de vivir relacionándonos en el respeto mutuo, en la colaboración, en la responsabilidad de observar las consecuencias de nuestras acciones, y en la preocupación por el modo en que repercuten en los demás.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

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