La vocación no se elige, se identifica.

En el proceso de encontrar la vocación interviene un mecanismo de identificación, no de elección. El problema con la vocación es creer que encontrarla está relacionado con la voluntad, el capricho o las ganas. Pero, la vocación ya está allí y se encuentra en la confluencia de nuestros dones, pasiones, y necesidades.

Todos nacemos con talentos o dones naturales, podemos dedicar tiempo a hacer lo que nos gusta, y tenemos necesidades que deseamos satisfacer. Sólo que no observamos correctamente lo que hacemos habitualmente como para poder reconocer que tan cerca o lejos estamos de todo ello. Y de nuestra vocación.

Lo que hace especiales a las personas que alcanzan satisfacción personal por la vida que llevan, es que han identificado lo que les encanta hacer, están haciéndolo, y no se ven haciendo otra cosa distinta. Estas personas que reconocieron sus talentos únicos, se ganan la vida haciendo aquello que les apasiona, no eligieron que hacer, sino que identificaron lo que estaban hechos para hacer.

En general, los padres preocupados por ayudar a nuestros hijos para que puedan encontrar su vocación, terminamos alejándolos de sus verdaderas aptitudes porque damos por sentado que para alcanzar el éxito nuestros hijos tienen que seguir caminos convencionales y conocidos.

Pero, si en realidad, alguna efectividad deseamos alcanzar en esto de ayudar a identificar las vocaciones de nuestros hijos deberíamos poner manos a la obra a una práctica simple que consiste observar lo que hacen y ayudarlos a que ellos, a su vez, hagan lo mismo. Seguramente encontraremos y podrán encontrar ellos los indicios que señalen la dirección hacia la que debieran dirigir su atención y energía.

Es necesario ayudarlos a que identifiquen sus habilidades más naturales señalándoles aquello que hacen bien y les sale fácil hacer o que les lleva poco esfuerzo; aún aquello que no hacen habitualmente pero que les es fácil de hacer.

También a que reconozcan qué es lo que más los motiva. Qué es lo que les encanta hacer más allá de si les es fácil o difícil realizar. Aún aquello que, si bien no consideran que les apasiona hacer, se encuentran realizando habitualmente por mucho tiempo, aunque no sepan bien porqué.  

Debemos asimismo acompañarlos a reflexionar acerca de cuáles pueden ser sus necesidades, las de su entorno cercano y hasta lo que creen que puede necesitar el mundo en general, y sobre que les está diciendo su voz interior al respecto.

En definitiva, cuando nos dedicamos a una actividad que aprovecha nuestro talento, alimenta nuestra pasión, que surge de una necesidad que nuestra conciencia nos impulsa a responder, allí se encuentra nuestra vocación.   Identifiquémosla.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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