UN METODO: TRABAJAR, ESTUDIAR, PRACTICAR…AMAR.

II. EL METODO: TRABAJAR, ESTUDIAR, PRACTICAR…AMAR.

Una coincidencia importante -en realidad todas los son si sabemos observarlas, porque siempre indican o conectan algo que puede sernos útil- fue encontrarme con un libro del libro del Dr. Julio Decaro*, médico uruguayo y docente especialista en métodos alternativos de resolución de conflictos.

En esa obra leí un cuento breve, cuyo protagonista era “Nasrudín”, personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe, cuyas historias servían para ilustrar o introducir enseñanzas.

“Una delegación concurrió a casa de Nasrudín a pedirle que diera una charla a la gente del pueblo.
– ¿De qué quieren que les hable?, peguntó Nasrudin.
– Bueno, eso no tiene importancia, dijeron los delegados. Lo que queremos es que nos diga algunas palabras de sabiduría.
– Muy bien, contestó Nasrudin, por favor reúnan a la gente el viernes por la tarde en la plaza que voy a hablarles.
El viernes una multitud se agolpaba en la plaza y cuando Nasrudin apareció, un tremendo silencio comenzó a recorrerla.
–Tengo unas palabras de sabiduría para decirles, comenzó Nasrudín, y en aquel momento el silencio se hizo sepulcral.
–¿Querrían saber, ¿cómo se hace para ganar dinero sin trabajar, tener conocimientos sin estudiar y habilidad en algo sin practicar?
La gente comenzó a mirarse, primero sorprendida, después entusiasmada y luego empezó a decir cada vez más alto: Si, Si. ¡Por supuesto que queremos!
-Bueno contesto Nasrudín, Si alguna vez llego a saber cómo se hace, vengan hasta aquí y se los digo.”

Me identifiqué de inmediato con lo que estaba leyendo. Porque no conozco un método diferente. No encuentro otra forma de actuar que esté muy alejada de trabajar, estudiar y practicar, amando hacerlo. Visto de otro modo, no encuentro otra forma que no sea “poner manos a la obra”.

“Me siento frustrado”. “Me veo incapaz de salir adelante”. “¿Será que no tengo lo que hay que tener?”. “No puedo cambiar las cosas”. “Me siento vacío”. “Me falta algo”. “Estoy angustiado”. “Tengo miedo”. “No sé qué voy a hacer con mi vida”. “Me siento solo”. “Estoy muy estresado”. “Me aburro y me limito a cumplir”. “No tengo tiempo ni recursos para hacerlo todo”. “Los demás no me comprenden”, “no escuchan”. Son algunas de las voces de muchas personas que no encuentran un camino en el que se sienta bien, y se angustian por no saben con claridad hacia dónde se dirigen ni cuáles son sus principales prioridades. Se sienten estancados. Sobre todo, no creen que puedan cambiar mucho las cosas. Son algunas de las voces que, por supuesto también me rondaron más de una vez.

Ante un panorama así, siempre me sugerí entran en acción -sí, tal cual, nunca consideré inocuo el conversar con uno mismo-. Y poner manos a la obra, en mi caso siempre comienza tomando un papel y un lápiz y observándome a mí mismo, mirándome.

Entonces comienzo delineando cuatro columnas con los siguientes encabezados: Talentos, Pasiones, Necesidades, y Conciencia.

En la columna “Talentos” escribo aquellas cosas que hago bien y me sale fácil o casi sin esfuerzo realizarlas, aún aquellas que, si bien no las hago habitualmente, sé desde siempre, que me es fácil hacerlas. En la columna “Pasiones” ubico aquellas cosas que me encanta hacer más allá de si me es fácil o difícil realizarlas, me llenan de energía realizarlas, me motivan, o que frecuentemente me encuentro realizando por mucho tiempo, y no se bien porqué. En la columna de Necesidades expongo lo que creo necesito, y hasta las que estimo necesita mi entorno.

Finalmente, en la columna de la Conciencia, que es la vocecita interior y gobernadora de las emociones que me impulsan, marco o señalo cada una de las anotaciones que hice en las columnas anteriores, como positivas, como que merecen ser pensadas un poco más, o como negativas.

Concretamente, ante la confusión, pasar a la acción permitirá observar lo que surge, como indicios que pueden estar señalándonos alguna dirección hacia la que debamos dirigirnos. Pero, además, estaremos dedicándome a una actividad que puede llegar a aprovechar nuestros talentos, alimente nuestra pasión, y que servirá a nuestras necesidades propias y hasta las de los demás.

En definitiva, se tratará de trabajar, estudiar, practicar amándolo, mientras “Nasrudín” averigüe cómo se hace para ganar dinero sin trabajar, tener conocimientos sin estudiar y habilidad en algo sin practicar, y vengan y nos lo diga.

*”La cara humana de la negociación” Ed. McGrawHill, 2000.

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