De conocidos, compañeros y amigos.

“Que un amigo me conozca no solo significa que está al tanto de lo que le he contado de mí. Significa, ante todo, que frecuenta el laberinto en que consisto. Ninguno de mis prejuicios, ninguno de mis temores – fundados o no- , ninguna de mis pobrezas, escapan a su discernimiento. Sabe de mí, muchas veces, más que yo. Ve en mí lo que no veo. Lo que no alcanzo a ver. Y viceversa, por supuesto. Nos rige la reciprocidad de los que se saben complementarios. Somos, en este punto, ciegos que se ayudan uno al otro a atenuar la penumbra en que vivimos. Ciegos que no fundan su mutuo afecto en la idealización. No se tiene amigos si se los idealiza. Si admiro a los míos por sus logros, también los quiero por la forma en que se combaten a sí mismos. Precisamente porque son lúcidos saben que esa lucidez no basta. Que es siempre insuficiente. No lo olvidan ni me dejan olvidarlo.” *

Nuestra vida social está poblada de muchos conocidos. Ellos son fruto de nuestra sociabilidad y cortesía. El trato amable atenúa la desconfianza mutua propia del desconocimiento, y  multiplica los conocidos que  nos rodean, entre los que podemos hacer graduaciones o jerarquizaciones.  Puede haber  algunos conocidos que son mejores que otros.

Asimismo, es a  través de un hacer en común, que  aparecen los compañeros. Es debido a la realizar algo juntos que conseguimos compañeros, y atento a la solidaridad que expongamos en esa tarea en común, es que los multiplicamos. También, entre muchos de ellos, podemos jerarquizarlos como unos  mejores que otros.

En cambio, no solo no tenemos muchos amigos, sino que  entre ellos, no se admiten graduaciones. Además la mera cortesía no existe entre amigos.

En la amistad, lo que nos une es la intimidad, lo que, desde un principio, no es compatible con un gran número de integrantes. Además, un amigo no puede ser mejor que otro precisamente porque en la amistad no se concibe una entrega parcial de intimidad.

Pero además, la amistad no responde a las leyes del buen trato y de la formalidad. Es solo desde una actitud amigable, plena de cordialidad, de calidez, y del amor que reconozca la plena validez del otro para convivir, de donde surgen los amigos y en donde pueden multiplicarse.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

*Fuente: Santiago Kovadloff. “El corazón de mis amigos es mi casa”. 1/04/2018. https://www.lanacion.com.ar/2121232-el-corazon-de-mis-amigos-es-mi-casa
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