Las relaciones sociales.

La ley de causa y efecto (por cada acción hay una reacción igual y opuesta) y la ley del magnetismo (los objetos con cargas contrarias se atraen) son leyes de la física que, aplicadas a las relaciones humanas, estarían indicando que antes de entablar cualquier relación, le estamos abriendo la puerta con la energía que estábamos generando.

Pero, si bien desde la física, los seres humanos generamos modalidades de energía que atraerían a las personas que en cierto sentido son nuestros opuestas; y sin perjuicio de que, desde ese opuesto, se puede obtener un aprendizaje. La búsqueda de nuestro bien-estar y el de aquellos con quienes convivimos, implica el desafío de aprender a relacionarnos más conscientemente con los demás.

Enseña Maturana*, que ello incluye, necesariamente, hacernos cargo, de que son nuestras emociones -que se generan, precisamente, en el ejercicio de la convivencia- lo que guía lo que decimos y hacemos en la relación; y de que, para armonizar nuestro convivir, debemos reflexionar sobre tales fundamentos.

Son las emociones que sostienen y están detrás, siempre, de cada decir y hacer, las que finalmente realizan y posibilitan, un tipo u otro de actividad de convivencia humana. Mientras no nos hagamos cargo de que son los ámbitos emocionales que se generan en el fluir de la convivencia lo que en todo instante guía lo que hacemos, no dejaremos de confundirnos.

Porque, cuando esto no se comprende hay confusión en lo que se siente, se dice y se hace, en las distintas situaciones de convivencia. Confusión que se hace evidente en enojos y frustraciones por malentendidos y quejas por el incumplimiento de promesas, que, en general, nunca fueron hechas. Si no distinguimos los distintos espacios emocionales no podemos resolver adecuadamente las quejas, los desacuerdos y los malentendidos, porque en la confusión, cada uno de los participantes espera acciones desde en una emocionalidad distinta de aquel en el que el otro u otra se encuentra.

Lo único que nos permitirá disolver esa confusión, será la reflexión sobre los fundamentos desde donde decimos lo que decimos o hacemos lo que hacemos, moviéndonos en un espacio de convivencia en el respeto por nuestras diferencias, y en el deseo honesto de armonizar nuestro convivir. Y la emoción que sustenta lo social como un ámbito o espacio de relaciones de mutuo respeto y mutua confianza, es el amar, considerando al otro, sin expectativas, sin exigencias, como totalmente válido para convivir.

Piensa bien y Saldrá bien!

Fuentes:
“Convivencia social: ¿negociación, acuerdo, alianza,… amistad?”. REFLEXIONES INESPERADAS. DICIEMBRE 22, 2013. Humberto Maturana Romesín. Blog.matriztica.cl/blog/reflexiones-inesperada/
“Nuestras relaciones y el motivo de nuestras elecciones.” http://danielolguin.com.ar/?p=2523.

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