Académico no es sinónimo de inteligente.

“Académico” no  es sinónimo de “inteligente”. Por supuesto, el trabajo académico en la escuela (señalando como tal al trabajo intelectual, y teórico) es necesario e importante, pero la inteligencia humana abarca mucho más que la capacidad académica. Esto se hace evidente en la extraordinaria gama de logros humanos en las artes, deportes, tecnología, negocios, ingeniería, y otras vocaciones a la que la gente puede dedicar su tiempo y su vida.

La vitalidad de nuestras comunidades y economías depende de cultivar estos talentos o dones naturales más plenamente. Por ello considerar los programas llamados de formación practica, profesional o aplicada, como de segunda clase o alternativos, es uno de los problemas más corrosivos en la educación actual.

Distintos estudios arrojan que, en nuestro país, los jóvenes que ni trabajan ni estudian en la franja de 15 a 24 años, son más de 650.000. Y entre los jóvenes de 18 a 24 años la cantidad es aun mayor. Datos que se extienden a todo el continente: según las cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina y el Caribe viven 104 millones de jóvenes, y aproximadamente el 20% de ellos no estudian ni trabajan.

En Argentina, el fenómeno contrasta, con una década de apertura de la economía y la consecuente aparición de nuevas posibilidades laborales, y con planes de incersion laboral por parte del Estado, con una inversión educativa del 6% del PBI (uno de los mayores del continente y de la historia moderna de nuestro país), con el establecimiento de la obligatoriedad del secundario, con la extensión de la jornada educativa, con las medidas de apoyo educativo como la provisión de tres millones de netbooks a los estudiantes de las escuelas secundarias de todo el país.

Lo que pareciera indicar esta situación, es la existencia de una brecha cada vez mayor entre las habilidades que las escuelas están enseñando y la que se necesitan para realizar los actuales tipos de puestos de trabajo disponibles y necesarios. Que hay gran cantidad de trabajo por hacer, y a la vez, demasiadas personas carecientes de las habilidades para realizarlo.

En la práctica, nuestras comunidades y economías, dependen de una enorme diversidad de talentos, roles y ocupaciones. El trabajo de los electricistas, constructores, fontaneros, cocineros, paramédicos, carpinteros, mecánicos, ingenieros, personal de seguridad, todo absolutamente vital para la calidad de cada una de nuestras vidas.

Sin embargo, la oferta y a demanda educativa de un camino en único sentido: el académico: la medición de su éxito solo por el resultado de pruebas académicas: y el objetivo universitario: determina que las escuelas no sean capaces de centrarse en estas otras capacidades que las académicas e intelectuales. Las prioridades de la escuela se concentran firmemente en preparación para la universidad y en el éxito en los exámenes estandarizados. Y los programas de formación practica van quedando relegados.

A su vez, los programas de formación practica -como clases de carpintería, mecánica, electricidad, cosmetología, diseño textil, programación de computadoras o muchas de las otras áreas prácticas disponibles en algunas escuelas- son vistos como opciones de segunda categoría. Y el sistema de castas académico/practico que se instala es uno de los problemas más corrosivos en la educación.

Pero ademas, debe considerarse que restablecer el equilibrio entre los programas académicos y de formación práctica no es sólo acerca de la creación de empleo: se trata de elevar los niveles de logro en general.

Los programas de educación mal llamados alternativos o extracurriculares, apuntan a los estudiantes que lo están haciendo menos bien en la educación académica: los alumnos de bajo rendimiento, los alienados, los que tienen baja autoestima y poco optimismo por su propio futuro. Los estudiantes que han estado dormitando en la escuela se despiertan. Los que pensaban que no eran inteligentes descubren que lo son. Los que temían que no podían lograr nada descubrir que pueden. En el proceso, ellos construyen un mayor sentido de propósito y dignidad. Los niños que pensaban que tenían ninguna posibilidad de ir a la universidad por el camino académico pueden encontrar como hacerlo por caminos distintos. Y aquellos que no quieren ir a la universidad encuentran que hay otras rutas igual de gratificantes.

Estos programas apuntan a la formación a través de trabajar en proyectos prácticos para la comunidad. En colaboración y en grupos. En contacto con sus educadores regulares, y con personalidades de otros campos como mentores y modelos a seguir: ingenieros, científicos, tecnólogos, artistas, músicos, líderes empresariales.

Programas de este tipo que se están ejecutando actualmente demuestran que muchos estudiantes no eran incapaces de aprender o estaban destinados al fracaso. Y que el fomento de las distintas expresiones de la inteligencia humana en la escuela esta directamente relacionado con la verdadera inclusión educativa.
D.O.

Fuente: “Why Schools Need to Bring Back Shop Class”. Por Ken Robinson. Publicado en> TIME.com, 8 de Mayo de 2015 (http://time.com/?p=3849501?xid=tcoshare).

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