Abogar éticamente.

El hacer de un abogado con preocupación ética, desde su asesoramiento legal, hasta la mejor representación judicial, debiera incluir la contribución, con soluciones adecuadas, integrales y definitivas, a la efectiva defensa de los intereses de las personas que solicitan sus servicios profesionales.

Ahora bien, estimo importante destacar que por efectiva defensa debiera entenderse a aquella actividad profesional que intenta facilitar la resolución de conflictos legales con el menor costo posible. Costo que no es sólo económico, sino que el costo de un conflicto legal incluye necesariamente otros valores a tomar en cuenta para que una solución legal pueda considerarse adecuada, integral y definitiva. En tal sentido, la efectiva defensa técnica legal debiera incluir entonces también, y sin duda, la preocupación del abogado por las consecuencias de sus acciones sobre el bien-estar de las personas que representan. Y hasta el de la totalidad de las personas involucradas en el conflicto.

Si nos despreocupamos o distanciamos de las consecuencias de las acciones que como abogados tomamos relacionadas con los involucrados en un conflicto legal, aunque digamos lo contrario, realmente no nos importan esos otros. Sólo cuando nos preocupan las consecuencias de nuestras acciones hacia los demás podemos decir que tenemos una preocupación ética. Y entonces podemos ocuparnos  por su bien-estar.

Es recién a partir de la reflexión ética sobre lo que hacemos en un caso legal y sobre las consecuencias de ese hacer sobre los involucrados, estaremos realmente “abogando” por una solución que comprenda en términos de justicia, la mejor, composición de intereses. Y que pueda considerarse adecuada, integral y definitiva.

Será fundamental entonces, que el abogado pueda crear un espacio emocional  además de técnico y racional, que comprenda la aceptación de unos con otros donde se desenvolverá la legalidad de las partes.

Si como abogados no contribuimos a acordar dicho espacio de convivencia, estableceremos un espacio en el que se impondrán en definitiva  los caprichos de uno sobre otros, sean técnicos legales o no, arribando entonces a supuestos acuerdos o a resoluciones judiciales, que serán acatadas u obedecidas por miedo o por las ventajas secretas o visibles que  les traen. Pero de ninguna forma serán definitivas y tendientes a procurar el bien-estar que las personas anhelan o anhelaban cuando requirieron los servicios de un abogado.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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