La convivencia óptima esta relacionada con reconocer cuando erramos y cuando mentimos.

La mentira hace referencia a situaciones en las cuales decimos algo en circunstancia de que sabemos, en el momento en que lo decimos, que lo que estamos diciendo no es válido. Que es mentira.

O sea que, cuando digo “Te Mentí”, quiere decir que en el momento en que te dije lo que te dije, podía afirmar que no era válido, aunque yo decía que era válido.

O sea, la mentira ocurre en el momento en que ocurre. Miento cuando miento.

El error es diferente. El error ocurre después del momento en que dije lo que dije. Porque pensaba, en aquél momento que era válido, pero me doy cuenta luego, por tales o cuales circunstancias, que no, que en realidad me equivoqué.

Por ello, cuando digo “Discúlpame, me equivoqué, cometí un error”, quiere decir que viví la experiencia que viví como válida en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia, es que pude calificarla como un error.

Tener presente esta diferencia es importante también por las consecuencias que produce.

Porque cuando me disculpo por un error, lo que pido es que se me reconozca mi honestidad, porque fui honesto al actuar como actué. No sabía que estaba equivocado. Y si bien la disculpa del error no deshace lo que hice o dije, me permite aprender de todo ello.

En cambio, en la disculpa ante una mentira estoy haciendo otra cosa. Como la mentira es una afirmación hecha en el intento de manipular a otro, al pedir disculpas estoy reconociendo mi deshonestidad, y en el mejor de los casos, prometo no mentir más.*

Esto es vital para una conviviencia óptima, porque la falta de confianza se nos genera cuando quien creemos que no debería fallarnos nos falla. Y más aun, cuando aquél en quien confiamos una vez porque aceptó no volver a mentirnos y le creímos, lo hace nuevamente.

Entonces corremos el peligro de que al final, no sólo lleguemos a perder la posibilidad de reconocer la diferencia entre mentira y error. De aprender de los errores. De generar confianza reconociendo deshonestidad y comprometernos con ser honestos. Sino que, peor aún, lleguemos a confiar en nadie ni nada. Con lo terrible que ello puede ser para cualquier persona y para cualquier sociedad.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

*Dr. H. Maturana. www.matriztica.org/

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