No todo lo que sentimos tiene que ser real por que lo sentimos.

No todo lo que sentimos tiene que ser real por el hecho de sentirlo. Siempre existe una brecha entre la forma en que vemos las cosas y la forma en que realmente son. Pasa que somos adictos a nuestros estados emocionales,.

De esta forma mantenemos, sin darnos cuenta, a nuestro cerebro en acción. Utilizamos los programas grabados en nuestro cerebro y por medio de los cuales accionamos una y otra vez, siempre.

Pero podemos cambiar la forma en que funcionan nuestros cerebros al interrumpir y quitar espacio al uso de sus programas grabados, creando nuevas conexiones y circuitos que irán prevaleciendo sobre las anteriores. Conformando nuevos programas de trabajo y nuevos hábitos para responder a las circunstancias de nuestra vida.

Nuestro cerebro posee la habilidad de cambiar su alambrado sináptico. De construir nuevas conexiones. Y el proceso comienza con práctica mental de pensar en quién queremos convertirnos, quién queremos ser.

En  practicar mentalmente una acción antes de hacerla. Imaginar ya realizada una nueva habilidad, y reproducirla constantemente en nuestra mente forma nuevas conexiones, construye nuevos circuitos.

Insistir y decirnos una y otra vez nuestro nuevo pensamiento, con una férrea intención, se convertirá en una señal más fuerte, sólida, hacia las células. Y una vez que ésta sea la señal más fuerte que llega a la célula, el circuito va a tener que cablearse de manera permanente.

Podemos creer que no podemos experimentar con nuestros pensamientos y nuestra imaginación,  precisamente porque ya está mapeada esa creencia en nuestro cerebro. Pero nuestro cerebro ya no tiene porqué ser un registro del pasado, sino que puede convertirse en un mapa hacia nuestro nuevo futuro.

Si cambiamos nuestra mente, nuestra vida cambia.

D.O.

Fuente: Notas sobre la presentación de Joe Dispenza durante el seminario “El Poder de la Ciencia y Espiritualidad. Fuente: http://www.conversandoenpositivo.cl/
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