Todos pueden estar sentados el tiempo suficiente para aprender algo.

Todos los jóvenes de hoy poseen la capacidad de sentarse horas y horas para tratar de almacenar el máximo de información posible. Algunos utilizarán más horas que otros, pero todos pueden estar sentados el tiempo suficiente para aprender algo. Y lo más probable que de esa forma, todos (en mi caso ha sido efectivamente así) aprueben cualquier examen de cualquier carrera e incluso, tal vez, obtengan las mejores calificaciones. Claro está que es muy probable que luego de unos años, no recuerden ni siquiera una quinta parte de aquellos saberes tan esforzadamente aprendidos. Lo que seguramente sucedió es que no hubo un vínculo directo con los contenidos. No se involucraron ni con ellos, ni con la materia y tampoco con la carrera. No hace falta más que preguntarle a un adulto, ¿qué recuerda de cuando iba a la escuela o a la universidad? Y Su respuesta siempre estará relacionada a cuestiones que se vincularon fuertemente con sus propias experiencias, con sus propios intereses, y con sus propias emociones.

Cómo sea, desde un principio, sin haber encontrado aún y sin seguir aquello que nos sale fácil hacer y nos apasiona hacerlo -base de una vocación inequívoca- y en base ese esfuerzo, todos tenemos la posibilidad de comenzar una carrera universitaria y obtener un título de grado. Un estudiante secundario puede sentir temor por la incertidumbre de una nueva etapa de estudios al comenzar la universidad, pero sin dudas, cualquier joven esforzado de hoy puede ingresar y culminar con éxito esa etapa.

Pero, en lo personal estoy convencido de que en general, los jóvenes de hoy representan la generación más brillante y con más talento que ha vivido en nuestro planeta. Tienen más capacidad de adaptación, más conocimientos, y más recursos que cualquier otra generación. Y estoy convencido también de que los jóvenes de hoy –si lo desean apasionadamente– formarán parte de los hombres y mujeres exitosos de su generación. Personas que no sólo contarán con logros académicos sino que también alcanzarán el éxito en sus vidas personales y profesionales.

Nadie puede saber con cierta certeza cómo será el mundo en el que les tocará actuar a los que hoy están dejando su escolaridad secundaria, pero aún sin tener que ser un visionario me puedo imaginar que será una aventura sin igual a otra anterior. Ya no los cambios, sino que también la velocidad en la que se dan, hacen una gran diferencia en pocos años. Ya no hablamos de cambios generacionales. Cambios profundos se dan aún en la misa generación. No obstante, tengo el convencimiento de que esos jóvenes se encaminan a una vida exitosa. Porque sé que cada uno de ellos, además de una base de buenos conocimientos en su memoria posee en su personalidad, arraigadas muestras de las competencias y cualidades necesarias para salir adelante en los desafíos que se les planteen en el futuro.

Hasta hace poco tiempo vivíamos en una era a la que me gusta denominar la era de la información meritoria. Y nosotros los padres de los estudiantes de hoy, somos resultado de ese período. Aquellos que pudimos acceder a la mejor información, y que guardamos la mayor cantidad de datos en nuestra memoria, tuvimos la oportunidad de “escalar en la vida”. Los adultos de hoy asistimos a escuelas y universidades que brindaban e inculcaban la mayor cantidad de datos posibles, que nos sirvieran para rendir los exámenes que nos permitiera terminar la escolaridad, ingresar a las universidades, y luego para acceder a los mejores puestos o cargos que permitiese nuestra profesión. Todo basado en la cantidad y calidad de datos a los que pudiéramos acceder.

Ahora bien, no obstante que la información basada en datos sigue siendo un factor clave de la supervivencia en el mundo, hoy ya no es suficiente. El conocimiento de los datos por sí mismos ya no marca la diferencia entre las personas que consiguen tener éxito y las que no. Dada su difusión masiva, los datos que hasta ahora eran secretos celosamente guardados, y que solo estaban al alcance los principales centros de estudios, en la actualidad son perfectamente accesibles en cualquier rincón del planeta. Pero además un mundo en permanente cambio, en el que el conocimiento se duplica cada vez en menor tiempo, y que está totalmente integrado e inter-relacionado indica que el futuro éxito de los jóvenes de hoy no sólo tendrá que ver con profundos conocimientos adquiridos por medio de una rigurosa educación formal, sino que mucho de ello estará relacionado con la personalidad. Con la capacidad creativa, con la capacidad de análisis, con el talento para anticiparse y adaptarse a lo cambios, y fundamentalmente con una notable capacidad para relacionarse con los demás y con la gestión de sus emociones.

Y en la convivencia con los jóvenes de hoy me transmiten que todos, cada uno de la forma y en la medida que su individualidad le indica o le permite, además de necesarios conocimientos en su memoria, poseen marcados indicios de éstas indispensables cualidades en su personalidad. Lo percibo especialmente si dejo de pensar en su futuro por un momento y observo su presente. Así puedo ver que ya hoy enfrentan suficientes desafíos y que toman decisiones a diario que los comprometen, que les generan más interés, y en ocasiones hasta mucha más angustia, que saber cómo será su vida profesional o de estudiante universitario. Puedo observar, que cada uno de ellos, en su medida y de alguna forma, ya es capaz de tomar decisiones relacionadas con los aspectos básicos de su vida. Son capaces de percibir que valen la pena, son capaces de hablar con confianza de sus necesidades, y absolutamente capaces de albergar sueños. Y todo ello es para mí un serio indicio de que estoy en presencia de un grupo de jóvenes; que reitero: si lo desean apasionadamente, serán sin duda, parte de los adultos exitosos del siglo 21.

D.O.

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