Vivamos cada momento con sentido es “sentir” lo que vivimos en cada momento.

Enfoquemos el aquí y ahora. Seamos plenamente conscientes de la actividad que estamos realizando en cada momento, ignoremos todo lo que vino antes y lo que habrá después.

A muchos de nosotros, nos sucede que, no obstante tener las mejores intenciones y las mas altas aspiraciones de lograr grandes cosas, y hasta contribuir con algo valiosos a nuestro mundo, no sabemos como hacerlo porque parece que vivimos cada día lleno de actividades cotidianas que no nos dejan espacio para nada mas. Para perseguir nuestros objetivos mas altos. Nuestros sueños.

Por ejemplo, si hiciéramos una lista de todas las cosas que hacemos habitualmente, podría quedar aproximadamente así: Nos levantamos, nos higienizamos, tomamos el desayuno, enviamos y recibimos los primeros mensajes y correos electrónicos, inclusive chateamos por algún tiempo antes de salir a realizar nuestras actividades habituales. También, alcanzamos a leer alguna página web, y escuchar la radio enterándonos del estado del tiempo. Luego, compartimos unos momentos agradables con otros. Almorzamos. Tuvimos conversaciones productivas, y algunas improductivas. Volvimos a casa, y volvimos a enviar y recibir mensajes y correos electrónicos, a chatear, buceamos en la web, participamos de alguna comunidad virtual,  realizamos alguna actividad como aprender un instrumento, a bailar, pintar, etc., hicimos algún deporte. Escuchamos algo de música, trabajamos en alguna tarea atrasada, cenamos, charlamos con la familia, vimos algún programa de televisión, leímos algún libro o revista, y nos fuimos a dormir.

Concretamente nuestro día está compuesto de fragmentos. Y, si bien el valor que le damos a un sólo de un día puede no ser muy grande, sumando las  piezas día a día, año tras año, tenemos una vida dividida en millones de fragmentos. Actividades fragmentadas que cubren los hechos realmente importante de nuestras vidas.

Cuando nos encontramos en una situación similar, no estamos reparando en el hecho de que lo que hacemos, por pequeño que sea, decide  lo que sucede después. De que todo lo que hacemos es importante como pieza vital del cuadro mas amplio de nuestra vida.

Obviamente es imposible eliminar las necesidades cotidianas básicas: hay que comer, dormir, cumplir con las obligaciones escolares, laborales, sociales. Pero podríamos comenzar otorgando un sentido nuevo a cada actividad cotidiana. Por ejemplo, dejar de hacer de memoria nuestras actividades diarias, descubriendo lo importante que hay en cada una de ellas. Desde alimentarse, encontrarse con amigos y familiares, y hasta ir a dormir por la noches pueden adquirir un sentido especial.

Alimentarse adecuadamente nos permitirá estar en mejor forma física y mas saludable. El encuentro con amigos y familiares forma parte de una interacción de la que nos podamos nutrir, partiendo de la base de que todos tenemos algo para dar o para recibir del otro. El sueño de cada noche es tomado como el necesario espacio reparador en el que todos nuestros sentidos y mecanismos recargan su energía, especialmente donde nuestra mente puede encontrar niveles de acción que no se dan en la vigilia.

De esta forma comenzamos a enlazar todos los fragmentos como parte de algo con un sentido, en una dirección. Y en lugar de ver cientos de fragmentos aislados, comenzamos a ver un cuadro general y las muchas piezas de que está compuesto.

Valoremos cada día. Cada minuto. Cada fragmento. Porque tienen que ver con el resto de los días y minutos de nuestras vidas.

Como cada paso que damos en nuestro viaje por el camino de la vida. Un paso nos llevará al siguiente. Sin el primero no habrá un segundo. El modo en que damos nuestro primer paso tiene que ver con el segundo y con la meta final. Sin importar lo lejos que pensemos que pueda estar.

Observemos lo que hacemos.

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.


Fuente: “Un Día de Vida” de Menajen Mendel Schneerson, incluido en “Hacia una vida plena de sentido”. Printing Books. Bs. As. 1999.
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