3.2. El problema está en el modo en que vemos el problema.

La visión sólo puede ser clara cuando uno puede mirarse el corazón. El que mira hacia afuera, sueña; el que mira hacia adentro, despierta” Carl Jung.

Solemos sentirnos intrigados cuando vemos que suceden cosas buenas en las vidas de los individuos, familias o grupos de trabajo con principios sólidos.

Admiramos esa fuerza y madurez personales, esa unidad familiar o ese equipo de trabajo que tan bien sabe adaptarse. Y la pregunta que nos hacemos de inmediato es: «¿Cómo lo han hecho? Enséñeme la técnica.» Pero lo que en realidad estamos diciendo es: «Quiero un consejo o una solución rápida que mejore mi situación».

Algo nos dice que fuera de nosotros tiene que haber algo “fuera de nosotros” que nos ayude a controlar todas esas presiones de una manera más efectiva. Entonces a menudo encontramos personas que satisfacen nuestra demanda y nos enseñan habilidades y técnicas que por algún tiempo parecen dar resultado. Pero en realidad siempre subsiste el problema de fondo, y finalmente aparecen nuevos síntomas agudos.

Concretamente, cuanto más recurrimos a remiendos rápidos, y más nos centramos en los problemas superficiales y del momento, en mayor medida profundiza el problema de fondo. Necesitamos algo más que aspirinas y parches que resuelvan problemas del momento y superficiales.

En realidad, debemos ver ciertas cosas de una manera más profunda. Detectar algún paradigma[i] interior que afecta el modo en que vemos nuestra vida y nuestra propia naturaleza. Necesitamos un nuevo nivel, un nivel de pensamiento más profundo para superar esas preocupaciones profundas.

Para ello debemos trabajar «De adentro hacia afuera», empezar por la parte más interior de nuestra persona: nuestros paradigmas, nuestro carácter y nuestros motivos.

Mientras que el paradigma de afuera hacia adentro genera personas infelices que se sienten sacrificadas e inmovilizadas, concentradas en los defectos de otras personas y en las circunstancias a las que atribuyen la responsabilidad por su situación de estancamiento.

El enfoque de adentro hacia afuera dice que debemos hacernos promesas a nosotros mismos, y mantenerlas ante nosotros, y sólo después hacer y mantener promesas ante los otros. Dice también que es fútil tratar de mejorar las relaciones con los otros antes de mejorarnos a nosotros mismos.

Una vida centrada en principios[ii] es el fundamento más estable sobre el que podemos formarnos y es la clave para que todo salga bien en toso lo demás.  Si bien los mas comunes centros de vida de los jóvenes, y en los cuales centran sus paradigmas, son los amigos, los bienes de marca, novios, novias, colegio, padres, deportes, hobbies, héroes, enemigos, trabajo, y su propia persona. Pero todos estos centros resultan ser inestables. Sólo hay un centro que no puede fallarnos: los principios.

Intentemos trabajar de adentro hacia afuera y abrazar los principios fundamentales de la efectividad como centro de nuestra vida cotidiana.

Fuente:
Stephen R.Covey: Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Paidós, 2009. El líder interior: cómo transmitir e inspirar los valores que conducen a la grandeza. Paidós, 2009. El octavo hábito: de la efectividad a la grandeza. 2005. Primero lo primero: vivir, amar, aprender, dejar un legado. Paidós, 1997. El liderazgo centrado en principios. Paidós. 1996.
Sean Covey. Los 7 habitos de los adolescentes altamente efectivos. Fireside. USA. 1998. Las 6 mas importantes decisiones que los adolescentes deberán tomar. Fureside. USA. 2006.
[i] Un paradigma es la forma en que nosotros vemos algo, nuestro punto de vista, marco de referencia, o creencia. Nuestra percepción. Los paradigmas son como anteojos recetados. Estas lentes afectan como vemos todo. Y cuando tenemos un paradigma incompleto acerca de nosotros mismo, de otros, o de la vida en general, es como si usáramos anteojos con el aumento equivocado. Como resultado lo que vemos es lo que conseguimos o alcanzamos. Si creemos que somos lerdos tenemos algún retraso intelectual, esa creencia nos marcara como tales. Si creemos que nuestra hermana o hermano es lerdo, buscaremos evidencia para sostener nuestra creencia , y ella o él permanecerá como lerdo o retrasado a nuestros ojos. De  otra forma, su creemos que somos inteligentes, esa creencia cubrirá de buen onda todo lo que hagamos. Un modo simple de pensar los paradigmas, que se adecua a nuestros fines, consiste en considerarlos mapas. Todos sabemos que «el mapa no es el territorio». Un mapa es simplemente una explicación de ciertos aspectos de un territorio.
[ii] Hay principios que gobiernan la efectividad humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, tan constantes y que indiscutiblemente están tan «allí» como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física. Si arrojamos una manzana en Buenos Aires o en Pekín, ésta caerá al piso de la misma forma, hoy o hace 2000 años o más. La Honestidad, por ejemplo es un principio. Si somos honestos con otras personas, incrementaremos su confianza en nosotros. Seremos confiables. Si somos deshonestos, podemos engañar a los demás por algún tiempo, pero al final terminarán averiguándolo, siempre. Estos principios nunca fallan. Son evidentes por sí mismos y pueden ser comprobados fácilmente por cualquier persona. Como dijimos, los paradigmas son como mapas pero no son el territorio. El territorio en sí, está compuesto por principios o «faros» que gobiernan el desarrollo y la felicidad humana: leyes naturales entretejidas en la trama de todas la sociedades civilizadas a lo largo de la historia, y que incluyen las raíces de toda familia e institución que haya perdurado y prosperado. Y El grado de certeza que le demos a nuestros mapas mentales, no altera su existencia.
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