Guía de Estudio: ¿CONOCEMOS DE QUE ESTAMOS HABLANDO?

1. Problema: ¿Conocemos de que estamos hablando?

2. Palabras clave: Etica. Política. Convivencia. Libertad. Responsabilidad. Justicia. Dignidad. Asistencialismo.

3. Texto: Fernando Savater – Ética para Amador. Capítulo noveno – Elecciones Generales

4. Estrategia metodológica de trabajo: 1. Leer con atención el texto. 2. Anotar los elementos (palabras, frases, párrafos) que no se comprendan totalmente o presenten alguna dificultad para ser comprendidos. 3. Investigar aquellos elementos que no pudieron esclarecer. 4. Realizar una reflexión sobre tales elementos investigados, expresando el porqué de no  haberlos comprendido y/o desconocido. Para el caso de no haber encontrado elementos incomprendidos y/o desconocidos, la reflexión se referirá a las palabras claves del trabajo, y el porqué de su comprensión y/o conocimiento. 5. Cada alumno podrá tener que manifestar al curso, en forma oral,  los elementos investigados y sus reflexiones.

5. Presentación: En hoja A4 (210 mm x 297 mm). Escrito Impreso (no manuscrito). Sin perjuicio de la extensión total del trabajo (que podrá contener una o más hojas), la extensión de la reflexión final no excederá una carilla de hoja A4. Tipo y tamaño de la letra: Arial 12. Interlineado espaciado 1,5. Señalar las fuentes bibliográficas que se utilicen.

6. Formas de entrega del trabajo: el cumplimiento del trabajo se podrá hacer: A) personalmente al profesor en la fecha programada; B) Vía on-line a la dirección de correo: daniel@estudioolguin.com.ar, hasta la fecha programada inclusive.

TEXTO: Extracto del Capítulo Noveno (Elecciones Generales) del libro “Ética para Amador” de Fernando Savater.

..la ética y la política tienen mucho que ver y se relacionan. En cuanto a su finalidad, ambas parecen fundamentalmente emparentadas: ¿no se trata de vivir bien en los dos casos? La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible; el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene. Como nadie vive aislado…, cualquiera que tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse olímpicamente de la política. Sería como empeñarse en estar cómodo en una casa pero sin querer saber nada de las goteras, las ratas, la falta de calefacción y los cimientos carcomidos que pueden hacer hundirse el edificio entero mientras dormimos…
Sin embargo, tampoco faltan las diferencias importantes entre ética y política. Para empezar, la ética se ocupa de lo que uno Mismo (tú, yo o cualquiera) hace con su libertad, mientras que la política intenta coordinar de la manera más provechosa para el conjunto lo que muchos hacen con sus libertades. En la ética, lo importante es querer bien, porque se trata de lo que cada cual hace porque quiere (no de lo que le pasa a uno quiera o no, ni de lo que hace a la fuerza). Para la política, en cambio, lo que cuentan son los resultados de las acciones, se hagan por lo que se hagan, y el político intentará presionar con los medios a su alcance para obtener ciertos resultados y evitar otros. Tomemos un caso trivial: el respeto a las indicaciones de los semáforos. Desde el punto de vista moral, lo positivo es querer respetar la luz roja (comprendiendo su utilidad general, Poniéndose en el lugar de otras personas que pueden resultar dañadas si yo infrinjo la norma, etc.); pero si el asunto se considera políticamente, lo que importa es que nadie se salte los semáforos, aunque no sea más que por miedo a la multa o a la cárcel. Para el político, todos los que respetan la luz roja son igualmente «buenos», lo hagan por miedo, por rutina, por superstición o por convencimiento racional de que debe ser respetada; a la ética, en cambio, sólo le merecen aprecio verdadero estos últimos, porque son los que entienden mejor el uso de la libertad. En una palabra, hay diferencia entre la pregunta ética que yo me hago a mí mismo (¿cómo quiero ser, sean como sean los demás?) y la preocupación política porque la mayoría funcione de la manera considerada más recomendable y armónica.
Desde un punto de vista ético, es decir, desde la perspectiva de, lo que conviene para la vida buena, ¿cómo será la organización política preferible, aquella que hay que esforzarse por conseguir y defender?
a) Como todo el proyecto ético parte de la libertad, sin la cual no hay vida buena que valga, el sistema político deseable tendrá que respetar al máximo ‑ o limitar mínimamente, las facetas públicas de la libertad humana: la libertad de reunirse o de separarse de otros, la de expresar las opiniones y la de inventar belleza o ciencia, la de trabajar de acuerdo con la propia vocación o interés, la de intervenir en los asuntos públicos, la de trasladarse o instalarse en un lugar, la libertad de elegir los propios goces de cuerpo y de alma, etc. Nuestro mayor bien ‑particular o común‑ es ser libres. Desde luego, un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones y omisiones de cada uno (digo omisiones porque a veces se hace también no haciendo). Por regla general, cuanto menos responsable resulte cada cual de sus méritos o fechorías (y se diga, por ejemplo, que son fruto de la «historia», la «sociedad establecida», las «reacciones químicas del organismo», la «propaganda», el «demonio» o cosas así) menos libertad se está dispuesto a concederle. En los sistemas políticos en que los individuos nunca son del todo «responsables», tampoco suelen serlo los gobernantes, que siempre actúan movidos por las «necesidades» históricas o los imperativos de la «razón de Estado».
b) Principio básico de la vida buena, es tratar a las personas como a personas, es decir: ser capaces de ponernos en el lugar de nuestros semejantes y de relativizar nuestros intereses para armonizarlos con los suyos. Si prefieres decirlo de otro modo, se trata de aprender a considerar los intereses del otro como si fuesen tuyos y los tuyos como si fuesen de otro. A esta virtud se le llama justicia y no puede haber régimen político decente que no pretenda, por medio de leyes e instituciones, fomentar la justicia entre los miembros de la sociedad. La única razón para limitar la libertad de los individuos cuando sea indispensable hacerlo es impedir, incluso por la fuerza si no hubiera otra manera, que traten a sus semejantes como si no lo fueran, o sea que los traten como a juguetes, a bestias de carga, a simples herramientas, a seres inferiores, etc. A la condición que puede exigir cada humano de ser tratado como semejante a los demás, sea cual fuere su sexo, color de piel, ideas o gustos, etc., se le llama dignidad. Y fíjate qué curioso: aunque la dignidad es lo que tenemos todos los humanos en común, es precisamente lo que sirve para reconocer a cada cual como único e irrepetible. Pues bien, todo ser humano tiene dignidad y no precio, es decir, no puede ser sustituido ni se le debe maltratar con el fin de beneficiar a otro. Cuando digo que no puede ser sustituido, no me refiero a la función que realiza (un carpintero puede sustituir en su trabajo a otro carpintero) sino a su personalidad propia, a lo que verdaderamente es; cuando hablo de «maltratar» quiero decir que, ni siquiera si se le castiga de acuerdo a la ley o se le tiene políticamente como enemigo, deja de ser acreedor a unos miramientos y a un respeto. Es la dignidad humana lo que nos hace a todos semejantes justamente porque certifica que cada cual es único, no intercambiable y con los mismos derechos al reconocimiento social que cualquier otro.
c) Tomarse al otro en serio, poniéndonos en su lugar, consiste no sólo en reconocer su dignidad de semejante sino también en simpatizar con sus dolores, con las desdichas que por error propio, accidente fortuito o necesidad biológica le afligen, como antes o después pueden afligimos a todos. Enfermedades, vejez, debilidad insuperable, abandono, trastorno emocional o mental, pérdida de lo más querido o de lo más imprescindible, amenazas y agresiones violentas por parte de los más fuertes o de los menos escrupulosos… Una comunidad política deseable tiene que garantizar dentro de lo posible la asistencia comunitaria a los que sufren y la ayuda a los que por cualquier razón menos pueden ayudarse a sí mismos. Lo difícil es lograr que esta asistencia no se haga a costa de la libertad y la dignidad de la persona. A veces el Estado, con el pretexto de ayudar a los inválidos, termina por tratar como si fuesen inválidos a toda la población. Las desdichas nos ponen en manos de los demás y aumentan el poder colectivo sobre el individuo: es muy importante esforzarse porque ese poder no se emplee más que para remediar carencias y debilidades, no para perpetuarlas bajo anestesia en nombre de una «compasión» autoritaria.
Quien desee la vida buena para sí mismo, de acuerdo al proyecto ético, tiene también que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, la justicia y la asistencia.
La democracia moderna ha intentado a lo largo de los dos últimos siglos establecer (primero en la teoría y poco a poco en la práctica) esas exigencias mínimas que debe cumplir la sociedad política: son los llamados derechos humanos cuya lista todavía es hoy, para nuestra vergüenza colectiva, un catálogo de buenos propósitos más que de logros efectivos. Insistir en reivindicarlos al completo, en todas partes y para todos, no unos cuantos y sólo para unos cuantos, sigue siendo la única empresa política de la que la ética no puede desentenderse.
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2 respuestas a Guía de Estudio: ¿CONOCEMOS DE QUE ESTAMOS HABLANDO?

  1. Denise dice:

    “…Cualquiera que tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse olímpicamente de la política.”
    “Razón del Estado” (Definición)
    “…Insistir en reivindicarlos al completo (…) sigue siendo la única empresa política de la que la ética no puede desentenderse.”

    La realidad es que la ética no puede esperar a la política. Si las noticias dicen que un país o el mundo se tornan políticamente invivibles, habrá que esforzarse el doble para detectar a estos pequeños grupos que en todos los tiempos se han empeñado en encontrar de nuevo el camino para tratar de vivir bien. Ponerse en el lugar de aquellos a quienes necesito en el equipo también es un recurso para vivir bien. Hacer del medioambiente de trabajo un espacio para “aprender el buen vivir”, por ejemplo, nos ayuda a llevar a cabo el día a día con otra actitud. Por lo tanto, la buena vida y la política van de la mano SIEMPRE. Mi desentidimiento de esta frase se debió al hecho de que no interpreté las palabras de manera correcta.
    la razón de Estado es un término empleado para referirse a las medidas que ejerce un gobernante para conservar la salud y fuerza de un Estado. En este caso, lo que desconocía era la definición exacta.
    En mi opinión, esta frase se refiere a que, en el caso de los derechos humanos, la ética y la política están netamente conectadas. Quizás por el hecho de que aquí se establece que la ética DEBE estar presente en la reivindicación de los derechos humanos y su cumplimiento. Y al estar relacionados con el buen vivir y las exigencias de la sociedad, se conectan con la política, que intenta ir por el camino más conveniente para la comunidad en su totalidad.

  2. Monja Lucas dice:

    Si no me confundo ni me saltee ninguna parte creo que todos los términos en el texto me fueron claros, así que paso a explicar los dados en la consigna con mis palabras y soporte de definición exacta de la palabra. La ética es la capacidad de cada individuo por su parte de elegir lo que a él le parece bien con respecto a cómo fue criado y como fue absorbido por la sociedad en la que vivió. Tal y como dice el libro la política es parecida a la ética en cuanto a su fin, pero tiene diferencias. Yo la definiría como la forma de organizar una sociedad formando una “ética común”, es decir, reconocer lo que a todos nos parece ético y organizar una sociedad basado en esa ética común. El próximo término es convivencia, yo lo definiría como la capacidad de las personas de adaptarse a otra y viceversa y vivir en forma organizada (o no) a su forma. La libertad es un derecho que muy pocos tenemos (me animaría a decir nadie), nosotros tenemos una libertad parcial, ya que la libertad es la posibilidad de elegir lo que yo quiero, hacer lo que me parezca y sin recriminación alguna y creo que para llegar a esto tendríamos que vivir en anarquía. Me voy a quedar ahí con las definiciones porque si no me paso (si necesitas que te de las que me faltan, no hay problema).
    Para concluir, voy a dar una pequeña reflexión del texto leído. Creo que desde el principio hasta el fin, estoy totalmente de acuerdo, la forma en que llega a explicar cada término y compara unos con otros te aclara mucho en caso de que no supieras que era cada cosa. Por mi parte, también creo que la ética es algo simple porque es muy cotidiano, pero si ponemos el ejemplo de que juntamos a 10 personas de lugares diferentes, religiones diferentes, experiencias diferentes y apariencias diferentes, sería muy complicado hacer política y con esto me refiero a lo antes nombrado de crear una ética común. Es decir que la ética puede ser fácil, como puede ser difícil de comprender y ejercer, todo depende del contexto. También quería recalcar que las palabras clave están totalmente conectadas una con la otra aunque escritas al aire parezcan 5 cosas diferentes. (Seguramente es por eso que son las palabras clave). Como dije anteriormente, me entretuve mucho leyendo el texto porque era un tema bastante interesante y, a medida que leía, me iba dando cuenta que empezamos con la ética, pasamos por todos lados y terminamos en la ética y esto me generó pensar todo lo que pude expresar en este trabajo.

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