La violencia de genero y las relaciones entre adolescentes.

Muchos adultos que son maltratados por sus parejas descubren que la violencia había comenzado en el noviazgo a pesar que nunca lo habían percibido de ese modo. Eran muy jóvenes, llenos de vida y no las ataba ningún compromiso legal ni económico con su novio o novia. Sin embargo, vivieron como parte normal de su noviazgo malas contestaciones, insultos, gritos, amenazas y situaciones límite.

Ha sido una creencia socialmente aceptada por generaciones que el noviazgo es la época ideal de una pareja, donde se vive cada momento con intensidad, alegría y pasión. Sin embargo, es durante el noviazgo que algunas jóvenes parejas ya se enfrentan a situaciones traumáticas que poco tienen que ver con el amor o con lo que se espera de una relación que se está iniciando.

Las adolescentes soportan empujones, tirones de pelo, cachetadas, burlas o insultos. Que si bien son conductas que se presentan mas habitualmente de lo esperado, entre los adolescentes y que en general pasan desapercibidas o se las interpreta como juegos o expresiones de afecto; son sin duda, conductas violentas, y la repetición de este tipo de comportamientos es la característica de una relación violenta.

De la misma manera, entre los adolescentes es muy frecuente también el maltrato emocional, cuyos indicadores son, en general, amenazas de terminar la relación, acusaciones, descalificaciones y/o celos excesivos. En estos casos, al no haber golpes físicos, las adolescentes perciben aún menos que están viviendo una relación violenta y muchas hasta identifican esas conductas como indicadores de cariño.

Pero en concreto los noviazgos con violencia, tienen un patrón de conducta controladora, abusiva y agresiva que el abusador utiliza para obtener el poder físico y el control psicológico en una relación amorosa.

Todos los adolescentes que viven una relación de noviazgo violenta, pasan por un primera etapa, en la se manifiestan insultos, reproches, escenas de celos y control, silencios prolongados, burlas, malestar constante y en aumento. Se agregan incidentes que pueden incluir algunas formas de maltrato físico como empujones, apretones de brazo, o de cuello, tirones de cabello, etc. Pasan luego a una etapa de estallido de violencia que donde ocurren incidentes con todo tipo de agresión física, golpes, rotura de objetos y amenazas.

Además, seguidamente viven manifetaciones o expresiones de perdón, promesas de cambio, interés sexual, regalos y “tranquilidad”. 

Se establece así una cronicidad violenta, este ciclo se sucede, una y otra vez, donde el sistema de relación va construyendo una espiral y el tránsito entre las diferentes etapas es más rápido, modificando el grado de violencia en cada fase.

Ahora bien, cuando se pregunta a un adolescente maltratado, sea mujer u hombre ¿Por qué permanece con su novio?. En general, lo primero que contestan es que los quieren, pero luego hablan de su inseguridad, manifiestan sentirse culpables de no ser la mujer esperada por él o el hombre a la altuta de la jovén en cuestión, y además les tienen miedo. Pero también piensan que nadie les va a creer porque el novio es bueno con todo el mundo y se culpan pensando que algo habrán hecho para merecer el maltrato. Este es un cuadro de situación muy típico porque la persona abusiva desarrolla su comportamiento en privado mostrando hacia el exterior una fachada respetable que hace que las posibles denuncias en su contra sean poco creíbles y carezcan de verosimilitud.

Por ello mas allá de la ayuda que cada adolescente deba recibir según la situación vivida, que incluirá la adecuada información sobre la violencia de género, causas y origen, mitos, etc., el tratamiento basado en el fomento de la autonomía a través de un cambio de ideas distorsionadas sobre sí misma y su mundo, a nivel social, económico, etc, y la recuperación apoyos sociales y familiares; la manera más efectiva de enfrentar la violencia de género es la prevención.

Debemos prevenir situaciones de violencia en los noviazgos, detectar signos de “alerta” y revisar la relación en el interior de las familias involucradas.

El adolescente está muy desprotegido y no reflexiona en cuanto a su persona y su autocuidado. Tampoco se lo ha educado para pensar en los mandatos culturales ni en el cuestionamiento de los modelos de relación de su propia familia.

Esa es una de nuestras tareas como adultos responsables de personas jóvenes. La sensibilización y prevención dirigida a las y los adolescentes que están construyendo un vínculo con el proyecto de vivir juntos.

Debemos poder transmitirles que una persona no es violenta de la noche a la mañana, que existen actitudes que son síntomas, y que si son detectados, pueden evitar situaciones de riesgo o futuras uniones más difíciles, como la convivencia o el casamiento. Y que para poder analizar estas actitudes es indispensable que desde el principio les ayudemos a separar el amor de la posesión, donde el factor de los celos abusivos suele ser confundido con un positivo exceso de cariño.

Debemos también reflexionar con los jóvenes sobre  que la violencia es una conducta aprendida, previa a la formación de la pareja y no cambia espontáneamente por la voluntad o las promesas.

En definitiva el trabajo preventivo exigirá evitar el menosprecio de la situación.

Es fundamental que las y los adolescentes puedan replantearse sus elecciones y cuenten con personas en quien confiar lo que les pasa para pedir ayuda.

 Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:

*La violencia de género abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física. Puede manifestarse como violencia Física, como Psicológica por medio de amenazas, insultos, humillaciones, desprecio, desvalorizando su trabajo, sus opiniones… Implica una manipulación en la que incluso la indiferencia o el silencio provocan en la mujer sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último de la violencia de género. Dentro de esta categoría se incluyen otros tipos de violencia que llevan aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y manipulaciones para lograr sus fines, como la violencia “económica”, en la que el agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos. También es habitual que de manifieste como violencia “social”, en la que el agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos. Y hasta como violencia Sexual, mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión. Aunque podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el objeto es la libertad sexual de la mujer.

 

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