La violencia en las relaciones de parejas adolescentes.

Muchos adultos que padecen maltratos en su vida en pareja, descubren que la violencia había comenzado en el noviazgo a pesar que nunca lo habían percibido de ese modo. Eran muy jóvenes, llenos de vida y no las ataba ningún compromiso legal ni económico con su novio o novia y vivieron como parte normal de su noviazgo las malas contestaciones, los insultos,  los gritos, y las amenazas.

El noviazgo es considerado el período ideal de una pareja, donde se vive cada momento con intensidad, alegría y pasión. Sin embargo, es también durante el noviazgo que algunas jóvenes parejas ya se enfrentan a situaciones traumáticas que poco tienen que ver con el amor o con lo que se espera de una relación de pareja que se está iniciando.

Entre novias y novios adolescentes se pueden observar empujones, tirones de sus cabellos, burlas, insultos o hasta golpes, que son interpretados como juegos o hasta expresiones de afecto. Cuando son sin duda, conductas violentas, y su repetición es la característica de una relación con violencia.

De la misma forma, entre novias y novios adolescentes es muy frecuente observar también el maltrato emocional, cuyos indicadores son, en general, las  amenazas de terminar la relación, las acusaciones, las descalificaciones o los celos excesivos. En estos casos, al no haber agresión física, las adolescentes perciben aún menos que están viviendo una relación violenta y hasta llegan a identificar esas conductas como indicadores de cariño.

En realidad, esos noviazgos son relaciones con violencia. Tienen un patrón de conducta controladora, abusiva y agresiva que el abusador utiliza para obtener el poder físico y el control psicológico en una relación amorosa.

Todos los adolescentes que viven una relación de noviazgo violenta, pasan por un primera etapa, en la pueden existir insultos, reproches, escenas de celos, burlas. Se agregan con el tiempo incidentes que pueden incluir algunas formas de maltrato físico como empujones, apretones de brazo, o tirones de cabello. Para pasar luego a una etapa de estallido de violencia que donde ocurren incidentes con todo tipo de agresión física, golpes, rotura de objetos y amenazas

En general, a las conductas violentas le siguen manifestaciones o expresiones de perdón, promesas de cambio, interés sexual, y obsequios. Se establece así un círculo de violencia, que se sucede una y otra vez, y el tránsito entre las diferentes etapas ,cada vez es más rápido, aumentando también el grado de violencia en cada fase.

Además,  un adolescente maltratado, manifiestan sentirse culpable de no ser la persona esperada por su pareja violenta, sintiendo que son merecedores del maltrato. 

Un reciente estudio realizado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires en el mes de febrero del corriente año, arrojó que de 14.000 jóvenes (de los cuales 11.900 fueron mujeres), 3600 confirmaron haber sufrido situaciones de riesgo con sus parejas, también  3600 jóvenes reconocieron haber accedido a los deseos sexuales de sus parejas por temor o presiones, 2.100 manifestaron haber sido obligados sexualmente y 2.240 sufrieron golpes. 8.820 jóvenes reconocieron ser pertinazmente controlados por sus parejas. Casi 6.900 admitieron haber perdido contacto con amigos o familiares a partir de su vínculo de pareja, mientras 6.000 aseguraron que a sus parejas les molesta que salgan con amigos. Otro preocupante indicador es el menosprecio y la crítica encarnados por el compañero o compañera debido a la apariencia o a la su simple opinión, reconocida por más de 4.900 de los participantes en el relevamiento.

Por ello mas allá de la ayuda que cada adolescente deba recibir según la situación vivida, que deberá incluir la adecuada información sobre la violencia de género, causas y origen, mitos. Sin perjuicio de un tratamiento basado en el fomento de la autonomía a través de un cambio de ideas distorsionadas sobre sí mismo y su mundo. Y de la recuperación apoyos sociales y familiares. La manera más efectiva de enfrentar tal violencia es la prevención. 

El adolescente por ser tal no reflexiona en cuanto a su persona y su autocuidado. Tampoco se lo ha educado para pensar en los mandatos culturales ni en el cuestionamiento de los modelos de relación de su propia familia.

Como adultos responsables de personas jóvenes, deberíamos poder transmitirles que una persona no es violenta de la noche a la mañana, que existen actitudes que son síntomas, y que si son detectados, pueden evitar situaciones de riesgo o futuras uniones más difíciles, como la convivencia o el casamiento. Debemos poder reflexionar con los jóvenes sobre  que la violencia es una conducta aprendida, previa a la formación de la pareja y no cambia espontáneamente por la voluntad o las promesas.

Y fundamentalmente poder  asegurarles que cuentan con personas en quienes confiar lo que les sucede y pedir ayuda.

 Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

Fuentes:
NOVIAZGOS VIOLENTOS, Sandra Barilari – 2009. http://institutoninezyadolescenciacam.blogspot.com
NOVIAZGOS VIOLENTOS, 26/05/2018. https://www.lanacion.com.ar/2138093-noviazgos-violentos

 

 

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