Mostrar a los jóvenes el camino ascendente es mostrar lo que hacemos en el nuestro.

Coincido con quienes sostienen que, en general, los jóvenes de hoy representan la generación mas brillante y con mas talento que ha vivido en nuestro planeta. Tienen más capacidad de adaptación, más conocimientos, y más recursos que cualquier otra generación anterior.

Ahora bien, el mundo en el que actúan estos jóvenes también es un mundo que podemos calificar como una aventura sin igual a otra anterior. Este mundo, el de ellos, exige competencias y cualidades indispensables en la personalidad de los jóvenes que les ayuden a encarar con éxito los constantes desafíos de su actualidad de cambios permanentes.

Es necesario que los jóvenes, básicamente, perciban desde chicos que son valiosos, que puedan hablar con confianza de sus problemas, y a que pueden soñar en grande, con grandeza. Pero no con la grandeza que se mide por la comparación entre las personas y se refiere a los cargos o los títulos, a premios, riqueza, fama, las graduaciones o los logros poco corrientes. Sino con la grandeza que tiene que  ver con la ética del trabajo, con el trato con los demás, con la motivación y con el grado de iniciativa que ejerzan. Y que está relacionada con la personalidad, la colaboración, el talento, la creatividad y la disciplina.

Ello no sólo tiene que ver solamente con los aspectos académicos de una buena educación formal, sino que mucho esta relacionado con fomentar el desarrollo de la personalidad y el conocimiento de las capacidades básicas de la vida cotidiana. Con la valoración adecuada de sí mismo, su autocontrol, el manejo de sus emociones, su adaptabilidad, iniciativa, y optimismo. Y en lo social, con el desarrollo de la empatía, del  servicio, de la creación de vínculos, el trabajo en equipo, la colaboración y la gestión de los cambios.

Ese es el desafío de los jóvenes actuales. Pero, ¿estamos atentos a reconocer y aceptar cual es el nuestro?, el de los adultos.

El panorama nos obliga a no quedarnos de brazos cruzados. Los adultos debemos comprometernos en ayudar a los jóvenes a desarrollar esas herramientas. No podemos esperar a que los jóvenes reconozcan sus problemas para recién mostrarles cual es el mejor camino que les permita relacionarse adecuadamente con los demás; enseñarles como deben organizar sus vidas, marcarse objetivos, cual es el modo de ser mas responsables.

Esa es la tarea de los adultos. La cual tiene posibilidades de éxito solamente si mostramos a los jóvenes el camino mostrándoles lo que hacemos nosotros en el el nuestro. Y ese es el verdadero desafío del adulto responsable. Porque no podremos mostrar lo que no hacemos

Piensa bien y saldrá bien!

D.O.

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