Intentar actuar responsablemente.

La evasión de cualquier obligación que no sea con nosotros mismos, parece ser un síntoma habitual de nuestra  forma actual de relacionarnos. ¡Me debo esto!, ¡me merezco esto otro!, ¿y yo?… ¿cuando voy a ser feliz?… ¿cuando voy a pensar en mi?, son algunas de las expresiones mas escuchadas.

Si bien, en cada ser humano existe el anhelo de alcanzar la felicidad, cada vez, con menor frecuencia, se observa que nos detenemos a reflexionar en qué medida dicha búsqueda personal podría dañar a un tercero inocente. Aún si éstos son cercanos, queridos, o por quienes debemos responsabilizarnos como adultos. Por ejemplo, nuestros hijos.

Según Ivan Klima*, entre el derecho a la felicidad personal y el egoísmo irresponsable hay una frontera, muchas veces difícil de reconocer, pero que se viola desde el momento en que nos consideramos liberados  de nuestra responsabilidad por las consecuencias de lo que hacemos, considerándonos neutrales e indiferentes ante el dolor y el daño que producimos. 

Lo cierto es que -si verdaderamente queremos-, siempre estaremos a tiempo de reflexionar sobre nuestros pasos a seguir y, en definitiva, de resguardar a los demás, de nuestras decisiones personales que puedan dañarlos. O para, en su caso, responder adecuadamente por los daños causados, por ejemplo… comenzando pidiendo disculpas.

Nos estaremos equivocando, además de mintiendo, si creemos que un verdadero estado de bien-estar o felicidad personal se puede lograr infligiendo un daño.

Piensa bien y saldrá bien!

DO.

 

*Ivan Klíma (Praga, 1931). Narrador y profesor de filología, en su obra “Between Security and Insecutity”, Thames and Hudson, 1999, págs. 60-62.
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